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Se rompió la baraja

José Antonio Martín Pereira | 17 de octubre de 2021 a las 12:31

Fue el Señor hasta la parroquia de la Blanca Paloma, en los Pajaritos, y lo hizo arrastrando multitudes, despertándonos del mal sueño vivido por la adversidad de la pandemia, hurgando en la conciencia colectiva y poniendo de manifiesto que de esta monumental Sevilla también forman parte los humildes, los olvidados que a menudo solo encuentran consuelo en el seno de la Iglesia.

Se desbordó la emoción, pues la ciudad desde hace siglos entiende la grandeza de Dios de una manera más sencilla, más cercana y más humana. Una vez más queda atrás toda consideración previa, incapaz de ser interpretada por la Teología, la Filosofía o la Historia. El Gran Poder es infinitamente mayor, es una imagen capaz de humanizar la madera, es el mismo Dios hecho carne.

Y como es Dios, su mensaje proclama la esperanza y la salvación allá por donde su presencia alcanza, también en extramuros como sucedió ayer y tendrá continuidad durante las tres próximas semanas. La última vez que cruzó hasta Santa Teresa, estos barrios y la ciudad eran bien distintos. Realmente todos lo somos, no en vano hemos sobrevivido a la pandemia. Ayer volvimos a comprobar que el Todopoderoso nos hace empequeñecer, que ante su presencia no somos nada.

Hoy la ciudad amanece envuelta en crónicas que realzan lo vivido y alimentan la inquietud frente a los días venideros, pero la única certeza se halló en los rostros que contemplaron al Señor, cada cual distinto. Por tanto nadie será capaz de relatar con exactitud la magnitud de un día que quedará marcado para siempre en los anales de la ciudad. Se rompió la baraja, caminó el Señor.

Gran Poder traslado

Foto: Carlos García Lara.

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