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Sorpasso cultural

José Antonio Martín Pereira | 31 de octubre de 2021 a las 10:56

La fiesta de Hallowen es ya una realidad indiscutible e irrevocable. Su celebración en España se encuentra totalmente incorporada si bien, como sabemos, es originaria de los Estados Unidos y no propiamente española (de ahí su propio nombre, un extranjerismo inglés). En España, esta festividad coincide con la noche anterior al Día de Todos los Santos, celebrado cada 1 de noviembre, un día dedicado a honrar a nuestros antepasados mediante su paso por el purgatorio, luego de haber superado totalmente este estado de purificación hasta convertirse en almas santas que gozan de la vida eterna en la presencia de Dios.

Sin entrar en sus orígenes, ni tampoco en debates entre paganismo y catolicismo, lo cierto y verdad es que Halloween cada vez se encuentra más vinculado al consumo, cosa fácil en estos tiempos, hasta el punto de haberse ido convirtiendo en una fiesta que consiste en comprar disfraces de duendes, fantasmas, demonios y demás seres que puedan ser terroríficos y pedir dulces y golosinas de casa en casa.

Pero eso no es todo, durante los días previos las calles se llenan de carteles con imágenes de calabazas, esqueletos, calaveras, fantasmas sangrientos, telas de araña… e incluso los centros escolares cambian su imagen habitual y adornan sus aulas con estos elementos permitiendo que los alumnos vayan disfrazados con vestimentas y caretas, cuanto más terroríficas mejor. Algunos ayuntamientos organizan una programación especial que acoge diferentes actividades, desde talleres de maquillaje terrorífico hasta teatralizaciones de lo más pintorescas. Es precisamente ahí donde se observa con claridad el sorpasso cultural que entre todos, como sociedad, hemos permitido sin oponer apenas resistencia, aquello que los antropólogos definen como transmisión cultural.

Podríamos afirmar por tanto que los niños y jóvenes de hoy han nacido con una tradición que compite en importancia con cualquiera de las de mayor arraigo de cuantas se cuentan a lo largo y ancho de nuestra geografía, y la preparan con ilusión durante semanas. Nuestro fracaso identitario queda al descubierto, pues mientras disfrutan de la festividad importada aumentan en su desconocimiento acerca de nuestras tradiciones. De este modo, hemos asimilado la aculturación con el respaldo cómplice de administraciones e instituciones, que ven la oportunidad perfecta para vender discursos de multiculturalidad y formación en valores a la vez que sepultan aquello otro menos rentable, más austero y sustancial como puede ser la celebración el Día de Todos los Santos. Quizás vaya siendo hora de aceptar la realidad…

halloweenFoto: El Universal / AFP

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