La Esencia de la Cuaresma

José Antonio Martín Pereira | 5 de marzo de 2018 a las 14:02

Podremos cubrir la Cuaresma con relatos que describan hasta el último de sus detalles; contemplar altares, exposiciones o acudir a numerosos cultos, pero ni con todo ello elevado a su máximo exponente habremos sido capaces de alcanzar los pequeños gestos en los que asoma el Dios humilde y cercano, los que nacen de la felicidad de un niño.

Ocurría en la mañana de ayer, tercer domingo del período litúrgico presente, cuando los componentes de la Banda de Cornetas y Tambores Esencia acudían al Hospital Infantil del Virgen del Rocío de Sevilla, gracias a la implicación del grupo Lluvia de Estrellas, integrado por un grupo de profesionales del hospital.

La Banda interpretó durante una hora algunos temas de su repertorio clásico en la entrada del Hospital Infantil de Virgen del Rocío, así como en el patio exterior de la planta de Oncología Pediátrica.

La Esencia de la Cuaresma fue plena por un momento para los pequeños ingresados en el Hospital Infantil cuando, tras el repertorio, integrantes de la formación musical repartieron pulseras con la identificación corporativa de la banda.

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¡Dejen de meter miedo!

José Antonio Martín Pereira | 2 de marzo de 2018 a las 13:25

La seguridad se ha convertido en uno de los objetos de debate prioritarios para cualquier equipo de gobierno que se preste. La extrema sensibilidad con la que los ciudadanos afrontamos el tema sitúa a las Administraciones ante una responsabilidad sin precedentes hasta ahora, y a la Semana Santa de Sevilla, expuesta a una encrucijada de intereses peligrosamente contrapuestos.

Partiendo de la base que en la Semana Santa de Sevilla son casi 3.000 los agentes de la Policía Local y fuerzas de seguridad del Estado quienes integran el operativo puesto en marcha para la ocasión, fruto de la colaboración entre la Delegación del Gobierno en Andalucía, el Ayuntamiento y la Delegación de la Junta en Sevilla, los graves incidentes acaecidos durante la pasada Madrugá han determinado un giro radical de cara a este año, concretado en una serie de medidas destinadas a evitar situaciones similares.

En este sentido, amén de ciertas innovaciones técnicas preventivas añadidas a algunas modificaciones de horarios e itinerarios, hemos pasado, radicalmente, de intentar buscar las causas y los culpables de aquellos desgraciados incidentes, que los hubo (y sino que pregunten a los Diputados Mayores de Gobierno de las distintas cofradías implicadas), a la última de todas, es decir a que nos intenten hacer creer que una serie de mensajes en cadena difundidos a través de WhatsApp y Twitter van a salvarnos de la histeria colectiva que genera la propia naturaleza humana ante lo gravemente desconocido.

Todo en mitad de una Semana Santa cada vez más encorsetada, la de los últimos años, en la que los cortejos atraviesan calles desiertas o, en su defecto, caminan en el sentido que marcan las vallas de color limón. Una Semana Santa gobernada por una falta de educación exacerbada, por la constante desacralización de sus otrora fervientes signos, y por la escasa unión que demostramos los cofrades cuando se trata de afrontar aspectos básicos. Una Semana Santa, además, en la que interesadamente el pánico ya derrama chorreones de cera hirviente, en la que se ponen parches a no se sabe el qué, pero que hábilmente están consiguiendo fermentar entre intereses personales para, tal vez, dejar constancia de algo que para nada necesitamos.

Llegados a este punto nos preguntamos, ¿qué pasará?; ¿a quién debemos temer?; ¿quién es nuestro enemigo?; ¿contra quién saldremos a luchar?. Miedo, si repasamos la Historia, pasarían nuestros hermanos en tiempos de la Segunda República, por citar sólo un ejemplo de uno de los períodos más infaustos a los que han sobrevivido nuestras cofradías, porque lo que ahora se observa más bien se entiende como relativización de intereses de cara a colocar a la Semana Santa y a sus cofradías una bomba de ventilación para insuflar respiración asistida ante determinados problemas de salud que no se corresponden como mal endémico de la celebración, sino que más bien pertenecen a la degradación colectiva de la sociedad que formamos parte.

Y es que desgraciadamente , los problemas a los que se enfrentan las cofradías no son exclusivos a la celebración de la fiesta, sino que afectan a lo cotidiano y precisamente por ello pasan desapercibidos a la conciencia universalizada. La Semana Santa en general, la Madrugá de Sevilla en concreto como principal objeto de debate, se alza como un simple altavoz por la dimensión que obtiene todo cuanto se le interpone.

Por ello pienso que si no se atajan de raíz las verdaderas inquietudes en materia de seguridad que como vecinos nos intimidan en nuestro día a día, los que se evidencian provocados por la masificación de las calles en Semana Santa, buena parte o todo lo que intentemos caerá en saco roto, porque los problemas no vienen cuando una cruz de guía traspasa el dintel de su templo y pisa la calle, ni tampoco lo traemos los cientos de miles de personas que tranquila y educadamente, como por cierto se viene haciendo desde que las cofradías tienen su origen, salimos a conversar con Cristo y su Bendita Madre contemplando serenamente el milagro de cada primavera y disfrutando de la ciudad a la que amamos; los problemas los traen, y reitero no exclusivamente en Semana Santa, quienes ponen su ausencia de civismo y valores al servicio de la ley que los ampara, protege y acoge.

¿O es que acaso los botellones y las peleas ocurren sólo cuando hay hermandades en la calle? Siendo así, es decir, utilizando a la Semana Santa como gran laboratorio de pruebas, hemos de reconocer que la mayor preocupación para muchos de los que salimos, insisto tranquila y educadamente, a participar de la protestación colectiva de fe que es la Semana Santa, pasa por las dichosas sillitas plegables, las cuales cumplen una década entre nosotros y a las que nada ni nadie parece poner remedio.

Dejando claro, pues, que toda acción formativa debe tener como principal objetivo ser de utilidad, y que algo es útil cuando satisface una necesidad, y la seguridad no sólo es necesaria, sino obligatoria para todos, resulta evidente también que la Semana Santa de Sevilla requiere de una reforma integral en la que participen de manera unánime cada uno de sus agentes. Cierto es, y así lo reconocemos quienes participamos de ella durante los 365 días del año, que las hermandades son reticentes a cambios drásticos inmediatos, pero no es menos cierto que si no hubieran sabido adaptarse a los vaivenes del tiempo con toda seguridad no habrían llegado al presente, con lo cual ese cambio, en el que a menudo se omite a Dios, no pasa ni de lejos por el control de las redes sociales ni tampoco puede ser guiado por agentes externos ajenos en buena parte a la integridad moral y sustancial de nuestras cofradías, y que han visto aquí un extraordinario filón de negocio.

Empecemos a construir por abajo, y no desde arriba, fomentando la educación en valores en casa, en los centros educativos o en las propias hermandades, puesto que ahí reside la clave, permitiendo dicho sea de paso a la Semana Santa aprovecharse de la modernidad que nos rodea sin renunciar a la esencia y al compromiso cristiano que la sostienen. Abracemos su combinación. ¡Dejen de meter miedo!

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Te estaba esperando

José Antonio Martín Pereira | 14 de febrero de 2018 a las 9:54

Como cada año has llamado de nuevo a la puerta, para acomodarte en casa. Solapando al Carnaval, traes el comienzo de una nueva etapa, un nuevo ciclo para los cristianos que recibimos atentos y emocionados, un tiempo de preparación y también un buen momento para que nos iniciemos a vivir plenamente el verdadero sentido y significado de lo que es una hermandad o cofradía. Todo empieza como terminó, con la ceniza que devuelves; el polvo que somos y el polvo en que nos convertiremos; y con la conversión, la que aceptamos plenamente al recibir su imposición.

Se abre por tanto, con Tu llegada, un nuevo horizonte enmarcado en cuarenta días y cuarenta noches que aceptamos pensando en el ribete de emociones que nos quedan por vivir hasta que entregues el testigo, a las puertas del Salvador, en la gloriosa tarde en la que un mar de diminutos capirotes decida medir qué queda aún de niños en nuestro interior.

Suerte nos queda que tiempos de desproporciones cofradieras, de estériles debates avivados y de hipocresía vulgar, todavía existan lunares rojos sobre el almanaque, puntos de partida inviolables como el que Tú, apoyada en el Evangelio, nos inspiras. Por ello pasa, querida Cuaresma, te estaba esperando, rejuvenece la inquietud contenida que llevo amasando desde que en San Lorenzo se apagaron las luces para dar paso a la Resurrección del Señor, y muéstrame cada día diferente; así llenándolos de signos, estímulos y coincidencias como quien ansía una gota de agua en medio del desierto, actúa como tilde que acentúa la pausa con la que Dios aparece en lo cotidiano de las preocupaciones. Marca Tú el camino, que yo te sigo.

Centuria Macarena

Foto: Jesús Giraldo

«Si quitamos a Jesús, ¿qué queda de la Navidad?»

José Antonio Martín Pereira | 23 de diciembre de 2017 a las 19:39

Respiramos sumidos en el vértigo que nos produce la velocidad aplicada a nuestra vida cotidiana. El tiempo que nos ha tocado vivir no admite pausas, ni tampoco distracciones. Suscritos a la caída permanente de valores, a la agudización de la iniquidad, del desaliento colectivo, de la crisis mundial de identidad, sin que los remedios pasen de simples parches de quita y pon, aparece cada año la figura de un Niño en la humildad de un pesebre, esencia del amor representado por la Sagrada Familia (José y María junto al Niño Dios) en un establo acompañados por el calor de unos animales y varios pastores.

Es precisamente ahora, cuando cientos de miles de cristianos son perseguidos por su fe a lo largo y ancho del planeta, y en otros caso cuando aún manteniendo vivas las tradiciones, éstas son vulneradas de sus propios principios y vulgarizadas hasta extremos cada vez más ilógicos, cuando impera la necesidad por recobrar ese espíritu con el que la Historia del ser humano cambió radicalmente. De ahí que las palabras del Papa Francisco durante la bendición de los Niños Dios en San Pedro el pasado domingo, tercero del tiempo de Adviento, deban estar presentes para cualquiera de nosotros si de verdad pretendemos que tan valioso tesoro como es la Navidad no caiga en saco roto.

«Si quitamos a Jesús, ¿qué queda de la Navidad? Una fiesta vacía. La alegría del cristiano no se compra, no la perdamos tampoco en las dificultades», afirmó Francisco durante el Ángelus. «El cristiano, habiendo encontrado a Jesús, no puede ser un profeta de desventura, sino un testimonio y un heraldo de una alegría contagiosa que debe ser compartida con los demás y que hace menos cansado el camino de la vida», advirtió. «La alegría, la oración y el agradecimiento son tres actitudes que nos preparan para vivir la Navidad auténticamente».

Tomemos, pues, conciencia y no dejemos escapar esta nueva oportunidad que Dios nos brinda.

 

¡Feliz Navidad!

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Henry Siddons Mowbray – La Adoración de los Magos (1915)

Fariseos cofrades

José Antonio Martín Pereira | 15 de diciembre de 2017 a las 21:31

La hermandad de la Macarena ha dado a conocer en la tarde de este viernes los nombramientos de sus cargos de confianza una vez que ha tomado posesión la nueva junta de gobierno presidida por José Antonio Fernández Cabrero, y con ello lo que a lo largo de los últimos días se venía especulando con fuerza, el cese del hasta ahora capataz general de la cofradía, Antonio Santiago, puesto que desde hoy pasa a desempeñar José María Rojas Marcos.

Hasta ahí todo normal, ya que los nuevos gestores de la hermandad (faltaría más) están en su soberano derecho de decidir sobre éste y el resto de funciones para las que han sido encomendados. Pero esto es Sevilla, y además la Macarena, así que el revuelo que se ha montado no nos coge por sorpresa.

Verá usted, no voy a ser yo quien defienda al señor Santiago, entre otras cuestiones porque durante mis años del costal no tuve la oportunidad de trabajar con el, pero sólo hay que fijarse en su dilatada trayectoria para intuir la dificultad que conlleva mantenerse tantos años al frente de algunas de las cofradías más señeras de la ciudad. No obstante, y eso es innegable, la decisión del nuevo hermano mayor ha sido valiente, la Macarena (y ahí están los documentos gráficos) había perdido esa gracia, esa coquetería para la que fue diseñado su extraordinario paso de palio, pero eso es una cosa y otra bien distinta la de burradas (sí, burradas) que están colmando las redes sociales (en muchos casos desde la valentía que otorga el anonimato) a raíz del asunto, entrando en cuestiones personales que desvirtúan completamente un hecho que deberíamos tomar con mayor naturalidad y sensatez.

¿Acaso nos hemos parado a pensar en cómo estarán esa persona y su familia viviendo estas horas? Por muy poco que nos pueda gustar como capataz (y sus virtudes no tienen discusión), y por mucho que pensemos que en el mundo de la faja y el costal está ya está todo inventado, que lo está, Sevilla que es una ciudad muy de besos y abrazos cuando de cofradías estamos, también posee la innata capacidad que entre todos le damos para fustigar con el látigo del olvido a las primeras de cambio. Y eso, si de verdad nos consideramos personas de Iglesia, nos deja en un lugar lamentable. Sigamos buscando la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el propio.

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Foto: Diario de Sevilla. Juan Carlos Muñoz

El númerus clausus no es la solución

José Antonio Martín Pereira | 21 de noviembre de 2017 a las 21:12

Se viene hablando recientemente, más concretamente durante los últimos días, de la imperiosa necesidad por dimensionar la Semana Santa actual conforme a las limitaciones que se deducen de la indivisible conjunción espacio-tiempo.

Nada más lejos, y sea cual sea cada parecer, todos los que nos sentimos integrantes de la misma en mayor o menor medida participamos de esa percepción, admitiendo que el modelo tal y como se concibe actualmente urge de retoques incuestionables. Pero es que además, si es la propia Policía la que recomienda al Consejo adoptar medidas como el númerus clausus para solventar (junto con otro tipo de propuestas) los graves problemas que rodean a la Madrugá, la cosa no sólo se complica sino que requiere de un análisis mucho más profundo.

El tema, como otros muchos de los que rodean a una de las manifestaciones culturales y religiosas más conocidas del mundo como es la Semana Santa de Sevilla, ni es nuevo ni de llevarse a la práctica solucionaría el conjunto que inquietudes que hoy día alteran la celebración. Es más, a la vista de las numerosas de opiniones vertidas al respecto, unas con más acierto que otras, podría inclusive conllevar efectos contraproducentes.

Lo que es irrebatible, como decía anteriormente, es que razones no faltan para tener en cuenta ésta o cualquier otro tipo de alternativa que repercuta en mejoras en la seguridad, pero siempre con matices porque si nos quedamos sólo ahí estaríamos cayendo en un grave error. Sirva como elemento de partida que (aunque se esté llevando especialmente la cuestión para las hermandades de la Madrugá) no todas las cofradías llevan una línea ascendente en cuanto al número de hermanos que componen sus cortejos, como tampoco todas cuentan con un exceso de nazarenos en sus filas en proporción a sus respectivas nóminas, y mucho menos aún si derivamos esa perspectiva desde la óptica de una ciudad que cuenta con aproximadamente 700.000 habitantes (sólo su núcleo, sin contar su área metropolitana).

Llama poderosamente la atención, y no es casualidad, que haya quien secunde esta teoría desde su posición de acomodado de silla en la Campana. Es lógico, hasta el mayor de los capillitas puede aburrirse viendo pasar cortejos con 2000 y 3000 nazarenos. Pero la situación en las calles es otra, amén de los embotellamientos que se forman en lugares de sobra conocidos, permitidos por el uso de las sillitas plegables y otras malas prácticas recientes (ahí es donde verdaderamente habría que actuar), moverse como se ha hecho toda la vida sigue siendo relativamente fácil (sobretodo en ciertas jornadas y en determinadas horas). De modo que aquí lo que sobra es cierto público que no sale a ver cofradías sino a pasar una tarde de camping en el centro de la ciudad y rodeado de pasos.

Dicho esto, se antoja temerario plantear límites sobre el derecho de los hermanos (que recordemos son los que con sus cuotas sustentan a las hermandades y con ello a todo lo que sale de ellas), máxime si destapando la cortina nos asomamos fuera de la ciudad y comprobamos como en muchas otras localidades los cuerpos de nazarenos, los costaleros, las personas que quieren ser miembros de junta y hasta el público escasean de manera preocupante. No es menos cierto, en el polo opuesto, que la Semana Santa de Sevilla está de moda, para lo bueno y para lo malo, y nuestra obligación es la de contribuir de cara al auge en la formación dentro y fuera de las hermandades, para que ésta repercuta en favor de una sociedad en valores. Miremos al pasado, echemos mano a los libros o tiremos de memoria, quizás así aprendamos que para asestarle puñaladas ya vendrán otros.

Los gitanos Sevilla

‘Stop’ Halloween

José Antonio Martín Pereira | 29 de octubre de 2017 a las 10:08

Pasan los años y la irrefutable realidad es que la americanada celebración de Halloween, vulgo noche de los muertos vivientes, sigue acomodándose en las entrañas de nuestra rutina al punto inclusive de haber adelantado por la derecha a la mayor parte de las fiestas de nuestro calendario particular.

Síntoma evidente de las voraces garras de la Globalización, las modas y el consumismo, las mismas cuales vientos huracanados zarandean las ya descosidas raíces culturales que visten nuestro día a día, de igual forma que lo hacen las extraordinarias estanterías de mantecados que aguardan a la entrada de los supermercados a dos meses de la Navidad; o el cada vez mayor apego por la cocina de vanguardia que exponen las sacrílegas cartas de muchos nuestros restaurantes, capaces de destrozar hasta los encantos de la tortilla de patatas o el salmorejo a cambio de un puñado de ingredientes innecesarios y mucho reborde de plato blanco. La estandarización a la que socialmente estamos sometidos no parece tener límites.

Así entró Halloween, arrollando el entorno de nuestra conciencia colectiva tal vez porque no supimos, o simplemente no quisimos detenerlo como fenómeno voraz disfrazado con aires de libertad incontrolada. Puede sin embargo, que su introducción y asimilación únicamente se deba a que los tiempos de manera irremediable cambian, y como tal hay que saber adaptarse y convivir con estas circunstancias. Lo que está claro es que ahora es imposible detener la magnitud que ha alcanzado, al punto que ya cuenta hasta con sus propias vísperas. Surrealista.

Del mismo modo entristece, y mucho, comprobar como las nuevas generaciones ni siquiera tienen la posibilidad de elegir culturalmente hablando, ya que las propias administraciones, en unos casos por odio manifiesto a nuestras tradiciones, en otros por evidentes complejos para plantar cara y defenderlas, y siempre secundadas por los usos y el poder con los que cuentan los medios de comunicación, siembran cada vez con mayor ahínco un campo en favor de otros. Prueba sintomática es el calendario escolar, mediatizado al punto de que los niños entienden como de toda la vida una tradición que por lo menos aquí en España cuenta su profundidad con los dedos de la mano, y sin embargo toman con naturalidad que elementos propios de nuestra cultura sean silenciados e incluso prohibidos en favor de no se sabe muy bien qué.

Es absurdo pensar que las costumbres constituyen la idiosincrasia solo para un pueblo carca y manido, como lo es la insistencia de transformar el recuerdo de los que no están por un escenario virtual representado en la calle, el trabajo o en locales de fiesta, en el que los disfraces de brujas, diablesas, esqueletos y chamanes sajones, y el acopio calabazas huecas iluminadas con una vela dentro absorban totalmente la independencia que hemos adquirido como sociedad. No nos vendría mal hacer un poco de ejercicio de conciencia para intentar cambiar de tendencia.calabaza_de_halloween-540x405.

Detalles

José Antonio Martín Pereira | 5 de octubre de 2017 a las 20:08

Ante la convulsión política y social que nos rodea, compleja y temeraria se mire por donde se mire, existe otra realidad a la que pocas veces hacen frente los medios de comunicación, que en el fondo son los auténticos generadores de opinión para la sociedad en la que nos movemos. La caridad es el lema por el que la Iglesia y sus hermandades, aquí en Sevilla o en cualquier parte del mundo, trabajan incansablemente durante todos y cada uno de los días del año. Ejemplos hay miles, uno de ellos el que ha tenido como protagonista a la Hermandad de Jesús Despojado, la cual en el día de hoy y a través de su Bolsa de Caridad ha hecho entrega a Regina Mundi, institución benéfica del Sagrado Corazón de Jesús, la cantidad de 300 litros de leche, más zumos y batidos. Pensar en un mundo diferente es posible.

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El ‘Cachorro’ de Popayán

José Antonio Martín Pereira | 6 de agosto de 2017 a las 11:12

Si de algo puede presumir la Semana Santa de Sevilla en virtud a sus hermandades, es de haber servido de iluminación a lo largo de los siglos a tantos ojos como la han contemplado. En este sentido, numerosas son las curiosidades que rodean a una celebración religiosa que aún hoy despierta un ferviente interés entre propios y extraños tal como se observa en sus calles a rebosar cada primavera.

Y dentro de ese aura, sobresalen imágenes que bien por su calidad artística, su devoción incuantificable o por ambas realidades, desde su concepción han sido erigidas como referentes fuera de las fronteras a las que el Giralillo alcanza con su figura. Una de ellas, el Santísimo Cristo de la Expiración, conocido popularmente como el ‘Cachorro’, sirvió incluso de inspiración para la imagen del mismo nombre que se venera en la localidad de Popayán (Colombia), capital del departamento del Cauca localizada en el valle de Pubenza, entre la Cordillera Occidental y Central al suroccidente del país.

Desde 1954 procesiona dicha imagen esculpida a semejanza de la obra creada por Francisco Antonio Ruiz Gijón para satisfacer el gusto de la cofradía trianera en 1682. El Cristo de la Expiración de Popayán es obra del artista español José Lamiel en 1952, respondiendo a los deseos del entonces Embajador en España Don Guillermo León Valencia, natural de dicha localidad y que incluso a la postre llegaría a ser máximo mandatario de su país entre los años 1962 y 1966. Según narra el erudito local Carlos Gustavo Wilches-Chaux, «habiendo asistido Don Guillermo León a la procesión de Sevilla, situado en un balcón alto y en una de las calles centrales de la ciudad, al desfilar el paso frente a su balcón la mirada del Santo Cristo, denominado El ‘Cachorro’, coincidió con la suya quien, extasiado ante aquellos dulces y penetrantes ojos, concibió la idea de obtener auténtica copia y traerla a Popayán para sus procesiones, anhelo que cumplió sigilosamente». Se da la circunstancia además de que la talla de Lamiel está concebida con corona de espinas, probablemente a similitud de como lo haría aquella tarde de Viernes Santo la imagen titular de la corporación de la calle Castilla.

Una obra que participa cada Jueves Santo como parte del cortejo de procesión del Santo Cristo de la Vera-Cruz, partiendo de la iglesia de San Francisco. De este modo, una parte de Triana siempre está presente al otro lado del Atlántico.

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Cristo de la Expiración de Popayán, año 2009. Fuente: Wikimedia

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Cristo de la Expiración de Popayán,  Altar Mayor de la Iglesia de San Francisco.

Fuente: Semana Santa en Popayán, Carlos Gustavo Wilches-Chaux

El «efecto contagio»

José Antonio Martín Pereira | 16 de julio de 2017 a las 12:51

El pasado viernes conocíamos el primer avance de las conclusiones de la investigación en relación al origen de las carreras en la Madrugá, elaborado por la Brigada Provincial de Información de la Policía Nacional . Dicho informe se ha basado según las propias fuentes oficiales en 70 testimonios de agentes que estaban aquella noche, así como en 1.188 archivos de audio de las comunicaciones de la Policía Nacional durante un intervalo de tiempo determinado. Del mismo modo, se han tenido en cuenta también 40 llamadas al 112, 8 informes facilitados por el personal de seguridad privada que prestaba servicio en la Madrugá, 10 capturas de vídeo de las cámaras de videovigilancia repartidas por el Cecop por el casco histórico y 58 vídeos aportados por los medios de comunicación, amén de otros 15 seleccionados de la plataforma Youtube. Todo ello además, con las declaraciones de los 58 testigos que resultaron heridos que presentaron denuncia y, sobre todo, los datos objetivos presentados por las hermandades.

Al hilo de lo anterior, la conclusión a la que se ha llegado es que el ruido de una pelea en la calle Arfe provocó una primera avalancha a las 4.10 horas, la cual afectó a 62 calles del centro de Sevilla. Así lo confirmaba el jefe superior de la Policía Nacional en Andalucía Occidental, que apuntó que ese ruido fue el detonante de una situación previa de temor provocada por los recientes atentados terroristas de aquella fecha e incluso a una alarma producida anteriormente cuando un senegalés gritó «Alá es grande» a las 3.53 horas en Reyes Católicos. De igual modo, la Policía descarta absolutamente que hubiera «ningún tipo de planificación, coordinación ni connivencia» entre los sucesos distribuidos por los distintos puntos de la ciudad, cifran por tanto lo ocurrido en el «efecto contagio».

Llegados a este punto, al cofrade de a pie le asaltan más dudas que respuestas. A todos o a casi todos nos vino a la mente el carpetazo cargado de interrogantes con el que se cerraron los incidentes de la famosa Madrugá del 2000. El caso es que 17 años después, el río desemboca en el mar y aquí pasó lo que pasó que fue nada. Obviamente cuesta creer que así fuera, y lo cierto es que la decepción generalizada es inevitable a la vista de las explicaciones aportadas. Esperábamos más, esperábamos la primera piedra de entidad para solucionar una jornada que va camino del cuarto de siglo desangrándose, desmembrada y desprovista en buena parte del clima que la hizo única y que quizás nunca logremos restaurar. La pelota queda ahora en el tejado de las seis hermandades implicadas, si toman el informe como verdad irrefutable entonces perfecto, pero si no es así ya van tarde a la hora de exigir otro tipo de responsabilidades. De momento el miedo sigue por delante en el marcador.

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