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Movimiento ciudadano en favor de Santa Catalina

José Antonio Martín Pereira | 8 de mayo de 2012 a las 10:19

Hoy 8 de mayo, 2891 días desde que fuera cerrada al culto la Iglesia de Santa Catalina, joya gótico-mudéjar del siglo XIV, se ahoga entre sus propios sollozos. Muros que vieron desfilar ante sí parte de la Historia reciente de una ciudad que incomprensiblemente adolece de amor propio en cuanto a la defensa de su propio patrimonio se refiere.

Es conocido que el templo se hunde, ya que las únicas reparaciones llevadas al efecto concluyeron en diciembre de 2010, con la reparación de las cubiertas. Por aquel entonces se trató de garantizar una seguridad estructural que ahora, año y medio después, queda en evidencia a razón de los hundimientos detectados en sus pilares, de entre 6 y 8 centímetros, con el correspondiente riesgo de desplome que ello implica.

A tenor de esta situación, y del silencio administrativo y eclesiástico que cerca inquietudes, la plataforma ciudadana Restauración de la Iglesia de Santa Catalina de Sevilla, con sede en la red social Facebook, convoca a todas aquellas personas comprometidas con el patrimonio y la cultura de nuestra ciudad a una concentración pacífica y reivindicativa, el próximo 18 de mayo a las 20 horas delante de la fachada principal del templo. Se pretende utilizar Santa Catalina como un gran muro de las lamentaciones donde dejar constancia escrita acerca del delicado estado de este bien cultural ejemplo inigualable del barroco andaluz.

Competencias o responsabilidades aparte, alguien o alguna institución debería tomar nota antes de que sea demasiado tarde. Luego, si ocurre lo que nadie desea, verdaderamente será demasiado tarde para lamentarse.

Relativo a la seguridad

José Antonio Martín Pereira | 21 de enero de 2012 a las 12:10

Lo sucedido hace un par de días en Las Siete Palabras ha vuelto a poner de manifiesto el valor de lo sentimental, por encima de lo patrimonial. Pierde Sevilla, perdemos todos. El recuerdo de los que ya velan desde el más glorioso de los atriles, de la mano del derecho que poseen aquellos que vendrán cuando los que ahora damos cabida al presente dejemos sitio. Hoy sin embargo no es el mejor momento para progapar alarmas, por lo tanto lo mejor será guardar la calma e idear la forma idónea de solucionar amenazas que ya forman parte del propio devenir de los días.

Sucede, y a todos alguna que otra vez nos ha pasado, el hecho de observar, en la soledad de algunos templos, como enseres de incalculable cuantía se encuentran mínimamente vigilados y al alcance de quien tenga intención de tomarlos. Cierto es que ni las hermandades ni la propia Iglesia podrían asumir los costes, e incluso ni aún con la colaboración de las administraciones, dada la precaria situación de éstas, es por ello que quizás la pelota se aloje en el tejado de la jurisprudencia, en el hecho de reclamar un endurecimiento de las penas. Si no está a nuestro alcance la posibilidad de conseguir limitar el campo, sí que podríamos al menos vallarlo, ya que desgraciadamente la situación económica y de valores actual, unido al incierto futuro, no cabe duda generarán desagradables acontecimientos en los próximos años. Ca siendo hora de tomar la palabra…