Archivos para el tag ‘Adviento’

Más solsticio, menos Navidad

José Antonio Martín Pereira | 1 de diciembre de 2019 a las 12:42

La contradicción llevada a su máximo exponente tuvo lugar hace unos días con el encendido del alumbrado navideño en las diferentes ciudades. Cientos de miles de personas agolpadas esperando a que el interruptor, al más puro estilo de la Feria de Abril, activara las luminarias y con ello se diera paso, un año más, al despropósito de conmemorar el Nacimiento de Jesús sin invitarle a su fiesta.

Es curioso como cada vez la Navidad toma más auge recurriendo a prácticas paganas y pecaminosas, provocando el desagrado y la repugnancia de Dios, preponderando el solsticio de invierno respecto al Misterio de Belén. Lo observamos en el adelanto incomprensible del calendario, que no respeta los límites del Adviento; en las propias luces que adornan las calles y que nada tienen que ver con el auténtico motivo que se celebra; o en los belenes institucionales, que en unos casos desaparecen y en otros, peores aún, quedan transformados en auténticos mamarrachos levantados para provocar más que para otra cosa.

Y habrá quien se remonte al origen pagano de la fiesta, ya sea recordando a los celtas y nórdicos, a los romanos o a los persas, y con ello justifique que la Navidad tiene realmente otros propósitos distintos a los de honrar a Dios o recordar que Cristo vino al mundo para salvarnos. En ese estado estamos como alertaba monseñor Asenjo el pasado año en su carta pastoral de 2018 por estas fechas, en la que ilustraba que estas fiestas se están convirtiendo en las “vacaciones de invierno” o “en las del derroche y el consumismo”. Una tendencia que se evidencia “en la ambientación navideña de muchas de nuestras ciudades, en la que se prescinde del misterio que estos días celebramos”, una eliminación de la que han sido testigos numerosas capitales.

Corren por tanto tiempos en los que a los cristianos nos toca dar un paso adelante, invitando así a la sociedad de la que formamos parte a no olvidar las tradiciones que nos dieron rostro propio y una cultura humanizante. Ojalá abunden en nosotros esos sentimientos de Jesús en esta Navidad que comenzamos a preparar hoy, primer domingo de Adviento.

navidad_sevillaFoto: Ayuntamiento de Sevilla

Patrimonio

José Antonio Martín Pereira | 5 de diciembre de 2016 a las 12:29

Con frecuencia recurrimos a la puesta en valor del esplendoroso patrimonio artístico que conforma para la ciudad la Semana Santa a través del desarrollo de sus hermandades desde siglos atrás. La sucesión temporal de ponencias, charlas, exposiciones o publicaciones evidencia un interés que ha dejado de ser incipiente, y que a día de hoy marca en gran medida el campo de acción al que se ciñen los cofrades.

No obstante, la llegada del Adviento inspira que la Navidad está cerca y refuerza los diques de otro patrimonio, el humano, tantas y tantas veces menospreciado desde los alrededores del entorno cofradiero. Es perfectamente visible que durante estos días y hasta la llegada de sus Majestades de Oriente las corporaciones sevillanas despliegan todo su arsenal caritativo en forma especialmente de recogidas de alimentos y juguetes, con intenciones de atender el mayor número de necesidades posibles. Gran parte de esos esfuerzos van dirigidos expresamente a los que más intensamente viven este tiempo señalado, los niños, con idea de combatir carencias básicas por todos conocidas. Además conviene hacer hincapié en el importante papel que desarrolla la juventud de las propias cofradías para que estas acciones obtengan sus frutos, así como el de colectivos tan dispares como bandas de música, costaleros o corales.

Probablemente la Navidad tal y como hoy la conocemos no existiría sin el esfuerzo y la dedicación desinteresada de estos grupos exponenciales que cada año dan sin pedir nada a cambio lo mejor de sí mismos. Las personas son el mayor patrimonio de las hermandades.

¡La espera ha terminado!

José Antonio Martín Pereira | 24 de diciembre de 2015 a las 10:32

La espera de la acción divina ha terminado, hoy el final del Adviento abre de par en par las puertas a la llegada de la Navidad. Una Navidad, eso sí, mutilada por la ausencia de valores que caracterizan a la sociedad de la que formamos parte. En este sentido los símbolos religiosos que hacen honor al Nacimiento de Jesús son altamente cuestionados, incluso erradicados en algunos puntos significativos del país como alimento de una clase política que utiliza el ataque a la religión católica como argumento para sembrar el caldo de cultivo del odio extremo. La cuestión aquí es que ni los propios católicos alzamos la voz, y ésa es precisamente nuestra condena.

Por esta razón, y aunque ahora lo políticamente correcto sea obviar cualquier referencia cristiana, no debemos ceder nosotros a la corriente negacionista de la Navidad, aquella que pretende vaciar de contenido religioso estos días santos, convirtiéndolos en las vacaciones blancas, en la celebración del solsticio de invierno y, especialmente, en las fiestas del consumismo y el derroche.

Así las cosas, no estaría de más que, como creyentes, reservemos unos minutos a plantearnos qué se celebra en Navidad, o cuál es el auténtico mensaje que Dios nos envía con la llegada de su Hijo al mundo. La Navidad es la celebración del Nacimiento de Jesús, es el cumpleaños de Jesús. Curiosamente en los cumpleaños, los regalos son para el festejado, pero éste es el único cumpleaños en el mundo, en donde la mayoría se acuerdan de todo y de todos menos del festejado.

De este modo, y rodeados del espíritu de las buenas intenciones que a menudo esconde su naturaleza durante el resto del año, algo grande está a punto de suceder y los católicos estamos en la obligación moral de dar buena cuenta de ello, evitando caer en la simpleza a la que tan magnífico hecho ha sido relegado. Esta noche nacerá el Mesías, el Salvador, el Hijo de Dios, y toda la humanidad será testigo.

La Adoración de los Magos
La Adoración de los Magos (Rubens, 1609). Museo del Prado, Madrid

 

Tiempo de espera

José Antonio Martín Pereira | 29 de noviembre de 2015 a las 11:34

La preparación para la Navidad llega de la mano del primer período del año litúrgico, el Adviento (del latín: Adventus Redemptoris, “venida del Redentor”). Para los teólogos, el tiempo litúrgico del Adviento es, pues, aquel que conforma la espera de la acción divina, la espera del gesto de Dios que viene hacia nosotros y que reclama nuestra acogida con fe y amor. Por ello insisten en que el desarrollo de este tiempo no es sólo el aguarde de un acontecimiento, sino más bien la espera de una persona. Así, el acontecimiento aguardado es esa intervención de Dios en la historia que coincide con la venida del Hijo de Dios, de Cristo.

De este modo, desde ahora y hasta la Navidad la Iglesia nos invita a la preparación a través de la reflexión, sin embargo y a la vista del escenario que se nos presenta, el Adviento requiere de los católicos algo más que eso. Necesita que alcemos la voz como hijos de la Iglesia; que hablemos alto y claro de la necesidad de incluir a Cristo como eje fundamental de la Navidad que se aproxima; que hagamos de este tiempo una luz de esperanza para nuestros hogares; que utilicemos el poder infinito de la oración; y que, en la medida que cada uno pueda, no nos olvidemos del prójimo.

Vivamos pues con interés el gran Misterio que celebramos, contemplando al Dios que se hace uno de los nuestros, no en la opulencia sino en la pobreza y humildad.

AdvientoFoto: www.guadalupeparroquia.com

La Esperanza

José Antonio Martín Pereira | 17 de diciembre de 2013 a las 11:43

Enebro de diciembre que es desliz de otro tiempo. La buena nueva se adelanta a través de la mano de la que nunca debe faltar. María, en su advocación más necesaria para la condición humana, abre las puertas a la Navidad invitándonos a la reflexión y a la oración. Entretanto, a punto están de unirse Antiguo y Nuevo Testamento, acabando con las sombras y dando pie al brillo que irradia la verdad de las profecías. La espera en virtud de la presencia. El Tiempo de Adviento toca su fin cual certeza escondida en el seno de María. Y en Sevilla, María es La Esperanza, emblema que escenifica y hace comprender el por qué de la perpetuidad relativa a la Fe en Cristo en tiempos del dominio de la sinrazón. En San Lorenzo el mismo Dios que se venera al final de la calle Castilla, en el interior de la capilla universitaria o bajo las indescriptibles bóvedas de la Colegial del Divino Salvador. Y en San Gil…, en San Gil, como cada día, la Esperanza.

Esperanza Macarena
Foto: Carmen Pérez

 

Otro Tiempo…

José Antonio Martín Pereira | 3 de diciembre de 2013 a las 15:35

Portal de sinfonías de color donde acomodan las tardes. Hervidero en las esquinas. Manta para los primeros fríos de otoño. Hojas a la deriva que traen los nuevos aires. La ciudad respira enternecida en su propia puesta a punto, en el despegue del Año Litúrgico de la mano del Adviento. Desde ahora y hasta la Navidad, en el periodo que conforman cuatro domingos, la Iglesia nos invita a la preparación a través de la reflexión. Por tanto, el cambio de tonalidad de estos días dará vitalidad a las celebraciones, ayudando a redescubrir matices importantes y quizá un tanto olvidados de la vida cristiana e incluso contibuyendo para alejar la rutina de unas celebraciones siempre idénticas, o por lo menos, muy parecidas. Tal vez en la contemplación encontremos la respuesta para seguir abriéndonos camino.

 

A la Navidad, por su nombre

José Antonio Martín Pereira | 12 de diciembre de 2012 a las 11:58

Se agitaba la mañana de ayer de la mano del desembarque del Congreso de los Diputados en la red social Twitter, y el mensaje de su presidente, Jesús Posada, felicitando la Navidad en castellano y las lenguas cooficiales del ámbito autonómico, catalán, euskera y gallego, incluyendo una imagen del Portal de Belén en dicha felicitación oficial. Con celeridad (no se esperaba menos), Diputados del PSOE y el grupo de Izquierda Plural (IU-ICV-CHA), envalentonados ellos, reprochaban públicamente al presidente del Congreso por haber elegido la Navidad para el primer mensaje del perfil institucional de la Cámara Baja en Twitter, dado el carácter religioso de la celebración y de la imagen empleada para acompañar su felicitación. Así va eso.

Como quiera que lo relativo a la Teología escapa de las competencias intelectuales de la mayoría de nosotros, acudamos al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, para que nadie se lleve a engaño: Navidad (Del lat. nativĭtas, -ātis). Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. 2.f. Día en que se celebra. 3.f. Tiempo inmediato a este día, hasta la festividad de Reyes.

Dicho esto, conviene argumentar el por qué, mentando a las voces autorizadas para ello. Tal es el caso del padre Marcelino Manzano, quien en su Blog El Espejo de Sevilla nos dejaba escrita una reflexión (de obligada lectura) hace varios días, bajo el título Navidad, no solsticio. Cito textualmente, e invito a leer el texto completo: «y aunque ahora lo políticamente correcto sea obviar cualquier referencia cristiana, no debemos ceder nosotros a la corriente negacionista de la Navidad. Por eso, permíteme un llamamiento, ahora que estamos a tiempo: al menos, pon el belén en tu casa».

De este modo, no queda más que manifestar lo que se deduce, y es que la responsabilidad recae en nosotros como miembros de la Iglesia, poniendo en evidencia que el verdadero significado de la Navidad recaiga en nuestras acciones. Como escribiera San Gregorio Magno: «en la Santa Iglesia, cada uno sostiene a los demás, y los demás lo sostienen a él, de tal manera que el bien de todos se convierte en el bien de cada uno, y el bien de cada uno se convierte en el bien de todos».

Singular representación del Nacimiento de Jesús. Francisco Vilachao

Adventus Redentoris: espera y reflexión

José Antonio Martín Pereira | 2 de diciembre de 2012 a las 11:56

Parafraseando a monseñor Juan del Río Martín, Arzobispo Castrense de España, muchos son los frentes a los que se enfrenta la Iglesia en el siglo XXI. El relativismo y secularismo dominante ha hecho mella en el seno de nuestras comunidades. Estamos asistiendo a una apostasía silenciosa de la fe, a un cansancio en la vida cristiana, a un desaliento paralizante en las nuevas generaciones motivado no sólo por la crisis económica, sino sobre todo por la carencia de fundamentos. En medio de todo este panorama los católicos no debemos vivir como hombres sin esperanza, porque el impulso a seguir esperando, frente a tantas dificultades, nos preserva del egoísmo y nos capacita para seguir aferrados a tres grandes verdades que vertebran el acto de fe: Dios es omnipotente, Dios me ama inmensamente, Dios es fiel a las promesas. Ante esta realidad, no me siento ni solo, ni inútil, ni abandonado, sino implicado en un destino de salvación que nunca se apaga. No deberíamos olvidar, que cuando desaparece la esperanza del alma, se eclipsa el propio hombre.

Siendo así, el comienzo del Año Litúrgico viene de la mano del Adviento. Desde ahora y hasta la Navidad, en el periodo que conforman cuatro domingos, la Iglesia nos invita a la preparación a través de la reflexión. Por consiguiente, el cambio de tonalidad de estos días dará vitalidad a las celebraciones, ayudando a redescubrir matices importantes y quizá un tanto olvidados de la vida cristiana e incluso servirá para alejar la rutina de unas celebraciones siempre idénticas, o por lo menos, muy parecidas.

A este respecto, el Santo Padre Benedicto XVI explica muy bien el sentido cristiano y la exigencia espiritual de la palabra adventus de la siguiente manera: la palabra latina «adventus» se refiere a la venida de Cristo y pone en primer plano el movimiento de Dios hacia la humanidad, al que cada uno está llamado a responder con la apertura, la espera, la búsqueda y la adhesión. Y al igual que Dios es soberanamente libre al revelarse y entregarse, porque sólo lo mueve el amor, también la persona humana es libre al dar su asentimiento, aunque tenga la obligación de darlo: Dios espera una respuesta de amor. Durante estos días la liturgia nos presenta como modelo perfecto de esa respuesta a la Virgen María, a quien el próximo 8 de diciembre contemplaremos en el misterio de la Inmaculada Concepción.

El tiempo litúrgico del Adviento es, pues, aquel que conforma la espera de la acción divina, la espera del gesto de Dios que viene hacia nosotros y que reclama nuestra acogida de fe y amor. Por ello, los teólogos insisten en que el Adviento no es sólo el aguarde de un acontecimiento, sino más bien la espera de una persona. Así, el acontecimiento aguardado es esa intervención de Dios en la historia que coincide con la venida del Hijo de Dios, de Cristo.

Volviendo a las indicaciones de monseñor, los elementos esenciales del Adviento nos conducen, en primer lugar, a los grandes creyentes que como Abraham y los Profetas depositaron su confianza en Dios en medio de las adversidades. Luego, nos señala como el camino para suscitar la fe en el pueblo no es la prepotencia y la opulencia, sino la humildad y la austeridad del Bautista. Por último, lo que más se admira y provoca la adhesión a Jesucristo, no es un cristianismo facilón y mediocre, sino la alegría del testimonio de fe de los santos y de aquella que es la Santa de los santos Maria, la Madre del Mesías, ¡El Señor! Haciendo nuestro este trípode espiritual del Adviento, podemos seguir afirmando aún hoy: Ésta es la fuerza victoriosa que ha vencido al mundo: nuestra fe. (1Jn 5,4).

Razón de estos tiempos (II)

José Antonio Martín Pereira | 28 de noviembre de 2012 a las 13:18

Respondiendo a uno de los fines principales en cuanto al origen y posterior desarrollo de nuestras hermandades, y en estrecha vinculación a la liturgia que, llegado el domingo, se escribirá de nuevo en presente, está previsto se desarrollen en las semanas venideras diferentes actos relacionados con la Formación, en su vertiente más espiritual.

De este modo, desde las diferentes Diputaciones de Formación y Culto, se hace hincapié en la importancia que adquieren los Retiros propuestos en correspondencia al transcurso del Tiempo de Adviento. Para el día 1 de diciembre, cuánto menos tres a la vista: en la Capilla de la Fábrica de Tabacos (a las 11:00 horas), dirigido por el Director Espiritual de la Hermandad de Las Cigarreras, Rvdo. D. Manuel Velázquez Limón; en la Alquería de Santa Eufemia de Tomares (a las 10:30 horas), promovida por la Hermandad de Santa Cruz, y bajo la dirección espiritual de D. Pedro Ybarra; y en la Casa de oración Madre de Dios Hermanas Dominicas de la localidad sevillana de Carmona (a las 10:30 horas), organizado por la Parroquia de San Sebastián, a cargo de su Vicario Juan Luis García de la Mata. Estos encuentros, tal cual otros de la misma índole, concluirán con una convivencia entre los participantes.

Cofradías en Adviento

José Antonio Martín Pereira | 12 de diciembre de 2011 a las 10:27

Adentrados en la grandeza de la liturgia del Tiempo, diversas son las iniciativas culturales y solidarias que rodean a las cofradías de Sevilla a lo largo de los presentes días. Y es que no existe mejor forma de preparar la llegada del Redentor que la que subyace cuando la vista se dirige por encima de altares y pasos, y más aún si se dejan atrás blondas, alfileres y flores, dedicando esfuerzos a la atención de los más necesitados. El fin primordial de las hermandades es la acción social, amén de la formación y el culto a Jesucristo y a su Bendita Madre de la Esperanza, y como tal ésta se desarrolla en consideración, aunque a menudo quede eclipsada por el conjunto de banalidades que rodean al complejo mundo cofradiero.

En este sentido, resulta gratamente admirable comprobar la inmensa batería de acciones desarrolladas o a punto de ser ejecutadas por los grupos de caridad que forman parte de las hermandades, labor que toma cuerpo y forma de manera más palpable durante las inmediaciones de la Navidad. Así pues, y dada la difícil coyuntura económica por la que atraviesa el país, y por ende Sevilla, ahora más que nunca adquiere una importancia vital el mero hecho de arrimar el hombro, convirtiéndose el trabajo altruista del voluntariado cofrade en pieza esencia del engranaje diario de la ciudad.

En relación a lo anterior, este pasado sábado 10 de diciembre, tuvo lugar la VII Caravana Solidaria de los Jóvenes Cofrades de Sevilla, la cual, partiendo desde la plaza de la Encarnación recorrió las calles del centro y el casco histórico teniendo por objetivo recaudar alimentos no perecederos, donativos y juguetes. En el desarrollo de la misma participaron 20 corporaciones, amén de la colaboración del Consejo General de Hermandades y Cofradías, estando acompañada por la Banda Juvenil de la Hermandad de Las Cigarreras. Asimismo, en esta ocasión los alimentos recogidos fueron destinados al Banco de Alimentos, los juguetes al Proyecto ‘Fraternitas’ y los donativos en partes iguales para la Asociación de Sordomudos y Ciegos y al propio Proyecto ‘Fraternitas’, inserto dentro de la Acción Social Conjunta que desarrollan las corporaciones sevillanas.