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Más que altares y pasos

José Antonio Martín Pereira | 29 de marzo de 2017 a las 11:11

Afortunadamente la Cuaresma abarca más de lo que se desprende de altares y pasos. La semilla que toma su alimento del día a día no necesita de accesorios tangibles, se desarrolla en pequeños gestos y excede a cualquiera de las catequesis que en el tiempo presente decoran cada recoveco de la ciudad. La única premisa es tener abierto el corazón a Dios, confiando siempre en su voluntad y presencia.

La estampa que ilustra estas breves líneas fue tomada en una inhóspita habitación de hospital, allí donde cada día el diputado mayor que es el miedo precede a la cofradía más austera, en la que nadie solicita ser listado pero que en ocasiones reclama a formar parte de sus tramos. Donde no alcanzan los aromas del azahar que en estas noches dominan el aire, una medalla en la que se adivina el rostro de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder sirve de consuelo ahora que el corazón respira acelerado. Es, con todos sus argumentos, el extraordinario poder que despierta la fe, capaz de hacer frente a obstáculos y adversidades, capaz en definitiva de mantener siempre viva la llama de la esperanza.

hospital

Son sólo luces

José Antonio Martín Pereira | 5 de febrero de 2016 a las 11:14

Se elevan durante estos días numerosos altares de cera, auténticos prodigios transitorios que la arquitectura barroca más sevillana ha perpetuado a lo largo de los años merced al trabajo voluntarioso de priostes y grupos anónimos de hermanos. En este sentido, la tecnología y los medios de difusión digital tienen la particularidad de permitir la degustación inmediata de tales obras de arte sensorial que ya las quisieran para sí en el mismísimo Museo Arquitectónico del Poble Espanyol (sito en la ciudad de Barcelona).

La celebración de cultos internos en buena parte de las cofradías sevillanas se remite ahora, conforme al tiempo litúrgico presente y siempre en atención a sus propias reglas, a los ejercicios de cinco días a los que se les atribuye su origen en el recuerdo de las cinco llagas de Cristo (manos, pies y costado) y que se celebran tanto para el culto a Cristo, como a la Virgen. Y para la celebración de los triduos, quinarios, septenarios o novenas (según proceda), todo esmero parece quedar corto.

La cuestión a definir es si verdaderamente los portentosos aderezos que acostumbramos a ver fomentan la participación de los hermanos en las celebraciones y contribuyen a mitigar la distancia emocional entre Dios y su pueblo, o éstas quedan como ristra de mensajes y consagraciones que caen en saco roto. A nadie se le escapa que vivimos tiempos en los que al ultraje de la fe católica se le corteja fácilmente, sin necesidad de aspavientos, y es ahí donde radica el importante papel de los directores espirituales, de las juntas de gobierno, y de cada uno de los hermanos y devotos que a través de las cofradías toman contacto directo con la Iglesia. Los altares son sólo abrumadoras sucesiones de luces extremadamente bien dispuestas, pero si la Palabra no alcanza al objetivo no sirven de nada.

Quinta AngustiaAltar de Quinario de la Hermandad de la Quinta Angustia, uno de los más imponentes.

Foto: Hermandad de la Quinta Angustia

Cinco minutos

José Antonio Martín Pereira | 26 de febrero de 2015 a las 11:41

Lleva tatuada la agenda de cultos de la semana. Admira retablos de cera como si de éstos nacieran los amaneceres. Se jacta de su habilidad para recorrer cada besapié o besamano con su cámara de fotos bajo el brazo. Suma varios meses viendo vídeos, y expone públicamente a diario la cuenta atrás hacia el Domingo de Palmas. Seguro que no han quedado inadvertidos en su conciencia los últimos movimientos en cuanto a la configuración de horarios e itinerarios. Conoce cada particularidad o nuevo estreno. Repasa cada día las marchas y sones más característicos. Devora letras moradas. Se cataloga incluso como buen cofrade, porque no pierde detalle de una Cuaresma que avanza sin demora. ¿Pero ha dedicado cinco minutos a Dios? Es posible que en esa corta delimitación del minutero se hallen multitud de respuestas.

La Cuaresma es, no cabe duda, tiempo de reencuentro con Dios en esa búsqueda de equilibrio cristiano en tantas ocasiones necesitada. Aún falta camino por recorrer, y por tanto oportunidad latente. Tal vez cinco minutos al día superen con creces los cánones presentes del cofrade capillita. Es cuestión de probar…