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¿Lo merecen 500 años?

José Antonio Martín Pereira | 19 de septiembre de 2011 a las 17:43

Lo que sí parece, antes de hacer alusión al apartado en cuestión, es que el nuevo curso cofrade ha arrancado rebosante de incertidumbres, buena prueba de la complejidad anclada al particular firmamento sobre el que transitan las cofradías de Sevilla. De este modo a diario pruebas palpables, fundamentalmente en lo relativo al procedimiento de elaboración y aprobación de los nuevos Estatutos del Consejo, cuyo anteproyecto reposa actualmente en manos de la Junta Superior, a la espera de ser entregado a las hermandades, envuelto en una controversia que se prevé agite la actualidad durante meses.

Introducidos brevemente, llama poderosamente la atención otro tema, el que tiene que ver con el empeño que desde San Vicente, con la Hermandad de las Siete Palabras como protagonista, siguen mostrando por sacar su paso de Misterio el próximo mes de octubre, y así conmemorar la efeméride de los cinco siglos que cumple la Corporación del Miércoles Santo. Eso al menos es lo que reafirmaba días atrás su hermano mayor, Antonio Sánchez Padilla, utilizando el argumento de la voluntad de los hermanos.

Al hilo de ello, en la memoria aquellas declaraciones del Delegado Episcopal, Teodoro León, allá por el mes de febrero, en las que aseguraba que uno de sus objetivos en el cargo era el de regular los motivos y las razones por las que las hermandades puedan efectuar salidas extraordinarias. Claro que, casualidad o no, ha resultado ser una Hermandad modesta (entiéndase el término) la perjudicada por los excesos. Después de haber conocido Coronaciones sin devoción o celebraciones de escuetos aniversarios, algunos muy recientes, en la Hermandad de las Siete Palabras probablemente difieran de la puesta en marcha de dicha «sugerencia», refrendada además en las sucesivas negativas con las que Manuel Soria, Delegado Diocesano de hermandades, ha recibido los propósitos descritos.

Se da la circunstancia, apelando al estricto sentido, de la extrañeza que significaría que una conmemoración sacramental fuera presidida por la imagen de un crucificado, máxime cuando además la actual Hermandad de las Siete Palabras no cumple 500 años, más bien 45, ya que la última fusión, con la Sacramental de San Vicente, se produjo en 1966, integrando de este modo las seis corporaciones diferentes que identifican la historia de la citada Corporación. Lo justo sería afirmar que en 2011 se cumplen cinco siglos del primitivo origen de la misma, de ahí que el argumento de poner en la calle el paso de Misterio apenas se sostenga con solvencia.

Dicho lo anterior, cuesta igualmente comprender la postura de la Mitra a este respecto, teniendo en cuenta los numerosos esfuerzos, precisamente con la figura de Manuel Soria a la cabeza (¿por qué será?), enfocados para que la Virgen de Regla representara a Sevilla en el Vía Crucis de la Jornada Mundial de la Juventud, celebrada como recordarán en Madrid hace escasamente un mes. Asimismo, la contradicción de consentir la Coronación de la Virgen de los Dolores, de la localidad vecina de Camas, en la Catedral de Sevilla, dentro de aproximadamente dos años. ¿Distinta vara de medir? Ya veremos que ocurre cuando La Macarena y Los Gitanos cumplan sendos aniversarios de Coronaciones, hechos que tendrán lugar curiosamente también en 2013.

Añoranza con la Virgen de los Reyes

José Antonio Martín Pereira | 15 de agosto de 2011 a las 16:10

Imagínese que estaría siendo del mes que nos ocupa, así como del pasado, sin la anclada referencia a la Jornada Mundial de la Juventud. El estío ya se sabe, en lo relacionado a las cofradías disminuye el candelero de temas dejando paso a otros esquemas de realización espiritual más necesarios, o simplemente acordes al impasse vinculado a la propia liturgia.

No obstante, la escueta línea que separa el camino entre tregua y añoranza a menudo amaga estirarse hasta casi el punto de fracturar la divisoria, uniendo entonces tempos y variables. Sucede, ya lo citaba en uno de los últimos artículos, con el extenso repertorio de posibilidades enmarcadas en la Red, igualmente cuando lo que comienza siendo amigable tertulia desemboca en charla de tintes cuaresmales, y ocurre del mismo modo en el instante que las raíces otorgan beneplácito a la confusión entre pasado, presente y futuro.

En el día de la Virgen, la de los Reyes repuso la estela de gloria que encandila y rodea a la tierra en la que fue proclamada Reina. Corrían las 8 de la mañana de un día 15, y la Puerta de los Palos era nuevamente testigo del enaltecimiento sencillo de Fe. Apenas hora y media de gentío y arrope a la Patrona de la Archidiócesis bastaron para demostrarlo. Desde mañana martes se celebrará la octava en su honor, con la novedad de que será, debido a las obras que se llevarán a cabo en los próximos meses en la Capilla Real, en la Parroquia del Sagrario.


Foto: EJV

Sevillano modo

José Antonio Martín Pereira | 13 de marzo de 2011 a las 15:59

Ahora caigo en la cuenta que llevo obrando incorrectamente desde que tengo uso de razón. Craso error autodenominarme «cofrade», esperpéntica osadía por mi parte la cual espero sepan perdonar aquellos que me conocen. Puedo asegurarles que vine haciéndolo sin intención, a partir de este momento me comprometo fielmente a corregir la funesta conducta de la cual me siento arrepentido. Ofrezco mi espalda para una flagelación pública en la Plaza Virgen de los Reyes. Me han dicho que no soy cofrade al sevillano modo.

«Me gusta la Semana Santa, y más las vísperas. Soy cofrade al sevillano modo, de las que no pisan nunca una iglesia. Cofrade del Tremendo y alrededores. Como lo son muchos sevillanos digan lo que digan». Aquí tienen las desacertadísimas declaraciones de una señorita (suficiente publicidad como para encima publicar su nombre) que pareciera necesitar de un insensato titular como lanzadera a la venta de su primera novela. Desde luego un servidor no va a ser quien le toque las palmas animándola a bailar, seguramente su pseudo-intelectualidad no haya encontrado aún el momento para descubrir ni el interior de las Hermandades, ni por supuesto el de la Santa Iglesia Católica (eso demuestra), lo que sí puedo afirmarle con rotundidad es que las puertas siguen (y se mantendrán) abiertas de par en par por si algún día pretendiera dar un giro a sus intenciones.

Obviamente el motivo de mentecatas disquisiciones reside en la propia estirada de la acepción del término «cofrade», sujeto al luctuoso vagar del desconocimiento. A ello vendría a añadirse lo populoso que resultan los guiños a la progresía fundamentados en la desacreditación de los quehaceres de la Iglesia. ¡Ojo!, la responsabilidad en parte es nuestra, porque quien calla otorga, así que intentemos demostrar con hechos lo equivocados que están algunos, la Cuaresma nos lo pondrá más fácil.

Por cierto, y a modo de conclusión, yo, que soy cofrade al sevillano modo de los que pisan habitualmente la Iglesia, les propondría a personajes de esta calaña una ruta por los diferentes centros asistenciales sufragados por la Archidiócesis de Sevilla. Ahí queda.