Archivos para el tag ‘Basílica del Cachorro’

La inmensidad

José Antonio Martín Pereira | 1 de marzo de 2019 a las 12:28

Corren tardes entremezcladas con nuevos aromas. Matices de la vida, argumentos y razones revisten de singularidad estos días en los que la conciencia despierta del letargo invernal. Y un ritual que se repite en sus formas, pero cuyo contenido es distinto cada año.

La inmensidad del Cachorro ha vuelto a rodearse de fugaces puntos de luz, elementos que motivan la contemplación y fomentan piadosos rezos. Sus brazos abiertos de par en par apuntan directamente a la conciencia, al encuentro de uno mismo con Dios como elemento central, epicentro que es invitación directa y sin rodeos al reciclaje del alma. En esa necesidad vivimos abrumados por la velocidad de lo cotidiano, y es por ello que no debemos desaprovechar ni uno solo de los segundos con los que el Señor nos reclama en estas noches de Quinario.

El olor, la luz, la Palabra y la meditación se unen fomentando una atmósfera de recogimiento que eleva el ejercicio personal de conciencia, así como la ilusión por segar las malas hierbas que a diario plantamos. Cinco noches de liturgia para acercar nuestro espíritu a Su bondad y Misericordia; cinco momentos con los que hurgar en nuestro interior; cinco instantes para darle gracias en silencio; cinco oportunidades, también, para conocer al Cachorro e interpretar que necesita Él de cada uno de nosotros.

Quinario_Cachorro_2019Foto: Hermandad del Cachorro

Arte espontáneo

José Antonio Martín Pereira | 1 de febrero de 2016 a las 11:45

El arte podría catalogarse de un modo superficial como el producto de una serie de habilidades innatas a las que el tiempo y el desarrollo personal moldean y estilizan, siendo capaz de aflorar allí donde existe de la manera más espontánea y distendida. En este sentido Friedrich Nietzsche dejó contundentemente escrito que «sin arte la vida sería un error». El don, en ocasiones, sólo necesita de una simple servilleta y de un estilográfico de punta fina.

Sucedió cuando el último viernes del recién agotado mes traía semblanzas de marzo en el acogedor ambiente de una casa de hermandad. A lo largo de una conversación relajada de tintes casi cuaresmales, el artista utiliza los recursos disponibles y sin perder el hilo del diálogo crea una obra que desde el momento de su entrega se elevó hasta engrosar los anales donde reside la más austera de las sensibilidades. He aquí el resultado.

el_Cachorro_triana

En agradecimiento a mi buen amigo Pepe, hermano de Viernes Santo

Pátina sombreada

José Antonio Martín Pereira | 18 de octubre de 2012 a las 11:21

Pátina sombreada. Contraluces conformando un paisaje de misterio, movimiento y plasticidad, desembocan en la inapelable representación del Hijo de Dios hecho hombre. Barroco en su máxima expresión. La bondad de una mirada entregada a su suerte sigue siendo, tres siglos después de su concepción, camino directo entre lo terrenal y lo divino. Brazo extendido sobre el que cuelgan cientos de promesas no escritas, que son en sí mismas reflejo de la Historia de la ciudad. Mano dignificada por el dolor de la vida, cuyo secreto es guardado y descifrado entre lo abstracto y lo concreto. Desafío rehúso a las leyes teologales. Símbolo cuya firmeza supera los propios límites del barrio, y que es amalgama entre la sevillana fe y el sumo respeto del que no teniéndola reconoce el legado sentimental y artístico recibido. Silueta perfecto tapiz para que el corazón se entregue. Contemplarlo es suficiente, si lo que se pretende es creer. A Tí. Cachorro, te imploramos.

Foto: Juanma García

Relativo al relevo en calle Castilla

José Antonio Martín Pereira | 23 de julio de 2012 a las 12:09

Mar en calma reina allí donde la calle Castilla empieza o termina según la óptica del receptor, dejando atrás repuntes de acciones desmedidas y algún que otro intento por alterar el norte. Toda vez el verano arranca hojas al descanso o al trabajo (porque también aquí es heterogénea la raíz), el equilibrio comienza a servirse como anticipo de lo que será la línea de futuro, destapando pues el tarro del que brotarán proyectos y directrices. En estos casos ya se sabe, la honradez y el lado humano deben alzarse como permanente telón frontal contribuyendo a la unión bajo un mismo escudo, que no es sino aquel que los mayores nos siguen enseñando a comprender y valorar, que sin lugar a dudas parte de la fe adeherida a los Sagrados Titulares que representan a Jesús y a su Bendita Madre, el Cachorro y la Señora del Patrocinio.

Y con la cautela que subyace en afirmar que finalmente saldrá de los hechos el resultado de lo anteriormente referido, resultaría ingrato no dedicar un par de líneas a la labor de una de las personas que más huella ha dejado en la trianera Cofradía del Viernes Santo desde que ésta existe como tal, José María Ruiz Romero (‘Rosco’), el cual con sus aciertos y desaciertos, pero sobretodo con su entrega durante los últimos nueve años ha contribuido en alargar la impronta de una Historia que desde ahora se escribe con tinta basilical. Vayan además estas palabras desde el inestimable aprecio personal.

Monseñor Asenjo consagró la Basílica del Cachorro

José Antonio Martín Pereira | 3 de junio de 2012 a las 22:38

El arzobispo Asenjo presidió en la mañana de hoy la ceremonia de consagración del nuevo Altar de la primera basílica trianera

En la mañana de hoy, día 03 de Junio de 2012, ha tenido lugar la consagración del Templo del Santísimo Cristo de la Expiración como Pontificia Basílica Menor. Jornada que quedará en la retina de la multitud de fieles y personalidades allí presentes, así como en los anales del barrio y de la propia ciudad, la versada entorno a la ceremonia oficiada por el Arzobispo D. Juan José Asenjo Pelegrina, el cual procedía, durante el transcurso de la misma, a consagrar la nueva mesa de Altar que desde entonces ya preside dicho lugar de culto. De este modo, el Prelado cumplía aquello que él mismo anunciara en el segundo domingo de Cuaresma (el pasado 4 de marzo), durante el curso de la Solemne Funcion Principal del Quinario en honor y mayor gloria del Santísimo Cristo de la Expiración.

Se cumplía pues el viejo anhelo, entendido así en el seno de la hermandad trianera, que naciera a feliz propuesta del recordado y admirado D. Francisco J. Ruiz Torrent, por entonces Teniente de Hermano Mayor, ocupando D. Francisco de Asís Osorno el cargo de Hermano Mayor (1998-2004), y actuando curiosamente el propio Ruiz Romero (actual Hermano Mayor) como Mayordomo.

El acta de tan recordada efemérides fue rubricada por el propio Sr. Arzobispo, D. Juan José Asenjo Pelegrina; el Arcipreste de Triana-Los Remedios: Rvdo. D. Francisco Navarro Ruiz; el Rector de la Basílica: Rvdo. D. José Capitas Duran; el Capellán y Director Espiritual de la Hermandad: Rvdo. D. Marco Antonio Rubio Gracia; el sr. Hermano Mayor: D. José María Ruiz Romero; y por especialísimo deseo del sr. Arzobispo, el Teniente de Hermano Mayor: D. Jacinto Carlos Pérez Elliot, ‘alma mater’ del diseño de tan extrordinaria obra religiosa.

El vocablo basílica, proveniente de un término latino que a su vez deriva del griego βασιλική (fonéticamente, basiliké), significa regia o real (fem.), y viene a interpretarse como una abreviatura de la expresión completa βασιλική οικία (basiliké oikía), que quiere decir ‘casa real’. Este tipo de edificios obtuvo un gran valor en las culturas griega y romana, circunstancia que más adelante los cristianos aprovecharían derivando las funciones de dichas construcciones a las relativas de los templos en virtud a su particular concepción. Actualmente, y según la propia Archidiócesis de Sevilla, el título de basílica se concede en función a una serie de condiciones que se resumen en cuatro: ‘que la iglesia esté dedicada y sea en la diócesis centro ejemplar de vida litúrgica y pastoral; tener (el edificio) suficiente amplitud, así como su presbiterio, para el desarrollo adecuado de las celebraciones litúrgicas, así como que sus elementos principales (altar, ambón, sede) estén realizados de acuerdo con las exigencias de la reforma litúrgica; que la iglesia goce en la diócesis de cierta celebridad, sea histórico-religiosa, o por conservar el cuerpo o reliquias insignes del algún Santo o alguna sagrada imagen muy venerada. Valorándose también el valor monumental de la iglesia o su contenido artístico, y que para el desarrollo de las celebraciones durante todo el año litúrgico esté dotada la iglesia del congruo número de presbíteros dedicados a la cura litúrgico-pastoral, así como que esté garantizada la disponibilidad de confesores con un programa de atención a los fieles. Igualmente se requiere el suficiente número de ministros y una adecuada schola cantorum, para facilitar la participación de los fieles’.