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Semana Santa y Feria: problemas comunes

José Antonio Martín Pereira | 27 de abril de 2015 a las 11:34

Sevilla posee la particular habilidad para cambiar capirotes por volantes, incienso por farolillos y marchas por sevillanas en los apenas catorce días en los que confluyen análisis cofradieros con el montaje y puesta a punto de la ciudad efímera y lo que de ella  desciende. Es precisamente esa dualidad el timón al que se aferran los responsables políticos para sacar punta a los vaivenes de la economía local, tan dependiente de ambas celebraciones que exige de respuestas contundentes ante las profundas alteraciones que se están padeciendo.

Y los problemas no pasan precisamente por esa Semana Santa o esa Feria de diez días, culmen de la mutación de caracteres que encuentra hueco en la heterogeneidad de una ciudad que ronda (guardando las distancias) el millón de residentes, sino que plantea inquietudes que habrían de ser atajadas de raíz y no con la poda de ciertas hojas como hasta ahora viene siendo la tónica predominante.

En los alrededores del Real (y también en puntos estratégicos del propio) hemos vuelto ser testigos de botellones como los que sembraban las esquinas del casco histórico en la pasada Madrugá del Viernes Santo, con esa masa humana (porque no son unos pocos) que tiene muy claro a lo que va y lo que se les permite, que es casi todo. Y derivado de esas formas descontroladas de ingerir alcohol, fomentado en sí porque a los textos normativos se les aparta con sutileza, destrozo del mobiliario urbano, ríos de basura y un largo séquito de peleas, tal cual sucede en la Semana Santa de los últimos tiempos.

Llegados a este punto a nadie se le escapa que la cepa es esa sociedad de la que somos partícipes, desenfrenada e inmersa en una falta de civismo crónica, que expone lo peor de sí misma cuando se congrega en multitud. Para qué limpiar, si yo pago mis impuestos para que los recoja otro; o para qué guardar la educación, si aquellos también están molestando y nadie les advierte nada. Lo que está claro es que el nivel de inseguridad roza un listón muy alto, y ello es algo que compete estrictamente a los responsables de que las dos fiestas más importantes de la ciudad transcurran dentro del orden y la normalidad y no a expensas de que ocurra algo grave que obligue a sustituir los parches de la rueda por la rueda completa. La clave está en encontrar los mecanismos para aplicar las normas, aunque la contundencia no sea políticamente correcta.

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Semana Santa 2015: a olvidar

José Antonio Martín Pereira | 8 de abril de 2015 a las 11:55

La organización de la Madrugá

La Madrugá fue un caos. Desde el Cabildo de Toma de Horas y su posterior corrección (circunstancia surrealista), y hasta que las Esperanzas detuvieron la incomprensible batalla de relojes (nada más y nada menos que a las tres de la tarde), en esa pugna por alzarse con el dudoso honor de convertirse en la última cofradía en cerrar una jornada para el olvido, la Madrugá de Sevilla evidenció un estado de decadencia que requiere de inapelable solución conjunta. Hubo carreritas en distintos puntos del centro de la ciudad que evocaron episodios pasados, retrasos acumulados en el palquillo de la Campana (por encima de la media hora), un escape de gas en la calle Feria que obligó a La Macarena a tomar un itinerario alternativo, y sobretodo una extrema sensación de inseguridad ciudadana. El modelo está agotado, sin embargo a día de hoy aún esperamos alguna respuesta oficial (y creíble) para no pensar que lo acontecido volverá a repetirse en un futuro.

Las sillitas portátiles

La tomadura de pelo. Nadie creía antes del comienzo de la Semana Santa, cuando se instalaron las famosas señales, que con simples “recomendaciones” se conseguiría atajar el profundo problema de movilidad y seguridad que a la postre ha afectado (un año más y viene ocurriendo desde 2008) al centro de la ciudad y a los principales enclaves por los que pasaban las cofradías durante los días que dejamos atrás. Las señales y las “recomendaciones”, más que nada, han supuesto motivo de mofa entre las redes sociales en forma de imágenes clarividentes. La plaga, ésa que nos permite hacernos con un trocito de calle “porque la calle es de todos y aquí me siento y no me muevo” se ha extendido a razón de 2,90 euros. Y ahora que venga quien quiera a decir que no es necesario prohibir.

La basura

Si bien pasado cualquier evento la basura es utilizada como indicador para medir la cantidad de público asistente, también puede servir para caer en la cuenta de la degeneración de una sociedad avocada a la desconsideración cívica más categórica. Papeleras vacías como meros adornos en calles cubiertas de desperdicios al paso de todas y cada una de las cofradías. Los empleados del servicio público de recogida de basuras no dieron a basto desde las vísperas y hasta bien entrado el Domingo de Resurrección.

Los retrasos y las entradas tardías

Mal endémico de la Semana Santa de Sevilla en su concepción actual. Los retrasos marcaron una vez más el discurrir de las jornadas avivando la percepción que invita a pensar en que se ha alcanzado un punto de saturación que requiere de algo más que el quitar y poner minutos entre unas cofradías y otras del mismo día. Las soluciones parecen hallarse en la reconversión drástica del invento. Cosa distinta fueron algunas de las entradas tardías (con la parte del público que ronda las calles a esas horas), como las de La Candelaria o El Dulce Nombre, cuyos pasos de palio entraron entorno a las cuatro y media de la madrugada del Miércoles Santo; o las de La Estrella, San Gonzalo, Los Panaderos o La O, amén de las ya mencionadas de la Esperanza de Triana y La Macarena; por citar las más notorias. Ninguna de estas cofradías puede achacar su demorada entrada a los retrasos acumulados en sus respectivas jornadas porque esa justificación no tiene por dónde sostenerse.

Algunos usos de la tecnología

La tecnología en ocasiones puede llevar a la ceguera. Malgastamos un momento único, algo que sólo disfrutaremos una vez en la vida, en tomar una fotografía con el teléfono móvil que probablemente saldrá descuadrada, y que con casi toda seguridad caerá en un archivo del que no se hará uso nunca más. A los pasos le rodeaban multitud de manos alzadas con pantallas brillantes, y algún que otro (molesto) palito selfie. Y lo que era irrepetible, se escapó…

Madrugá Sevilla 2015

Semana Santa 2015: herida sin sutura

José Antonio Martín Pereira | 6 de abril de 2015 a las 12:27

Partamos de la base que la literatura de Núñez de Herrera o de José Sánchez Herrero deberían admitirse como asignatura obligatoria o requisitos indispensables a la hora de entregar papeletas de sitio en las casas de hermandad durante los días previos a la celebración que acabamos de dejar atrás. Eso sería como reconocer la parte de culpa de los cofrades, porque a la Semana Santa de Sevilla le persigue una lenta agonía, una gangrena que poco a poco siembra estigmas y que este año ha vuelto a poner en relieve síntomas de verdadera preocupación. El sol brindó una perfecta oportunidad y se lo devolvimos con asfaltos de cáscaras de pipas sobre el que dar reposo miles de kilos de basura como prueba palpable del comportamiento incívico y deteriorado que nos impregna, con una concepción de lo que significa el respeto que bebe sus aguas en una sociedad embrutecida y sin valores que exterioriza lo peor de sí misma cuando obtiene licencia para ejercer el descontrol. La hemorragia obedece a una herida sin sutura que lleva abierta varios años.

Lo cierto es que la Semana Santa de Sevilla tendrá que adaptarse a la sociedad actual, eso es irrefutable, al igual que ha conseguido hacerlo desde sus orígenes, y no huir de ella como parece ser el caso. Y la culpa no es sólo de los jóvenes, de los niñatos que una vez más consiguieron manchar una magia, la de la Madrugá, otrora referente y hoy punto neurálgico de la decadencia más absoluta, ya que en la calle y en los propios cortejos de las hermandades se observan comportamientos desacertados o irresponsables por parte de personas de todos los grupos de edad.

Cuando vemos los dirigentes que tenemos, miembros de juntas de gobierno con escasa formación vocacional, presidentes del Consejo sobrepasados por el cargo y políticos que, por no mancharse han preferido “recomendar” en lugar de aplicar sentido común y prohibir, como exigía la causa, el uso de las archiconocidas sillitas portátiles, al menos en los lugares donde bien se han encargado de contaminar visualmente con señales que no valieron para absolutamente nada, caemos en la cuenta de que tenemos lo que nos merecemos. Porque aquí estamos más preocupados por ensalzar a capataces y costaleros; por aplaudir los interminables solos de corneta (por suerte venidos a menos); por esos tres minutos de margen en la plaza de la Campana que parecen ser el fin de todo esto; por creerse periodistas cubriendo recorridos y poblar de fotografías inútiles las redes sociales; o por no dañar la imagen de esos “pobres” nazarenos que vistiendo hábito y en plenas facultades físicas salen de su tramo para tomarse un café (y lo que no es un café) asestando un mazazo a la Historia y al legado por el que muchas personas de bien dieron incluso lo que no tenían para entregárnoslo con la mayor dignidad posible. La Semana Santa de Sevilla, aunque nos duela, necesita de respiración asistida y de un cónclave entre sus actores principales, eso es obvio, pero también que se apliquen las leyes y normas antes de que lamentemos algo mucho menos agradable de relatar.

sillitas Semana Santa

Semana Santa 2014: a olvidar

José Antonio Martín Pereira | 24 de abril de 2014 a las 11:36

Las sillitas portátiles

Una de las principales cuestiones de fondo de la reciente Semana Santa vivida. Desde el Ayuntamiento son conscientes de que el problema se ha agravado y requiere de medidas. En este sentido, ya existe una ordenanza municipal de Medidas para el fomento y la garantía de la convivencia ciudadana en los espacios públicos de Sevilla, vigente desde 2008, cuyo artículo 26.3. es bien claro: «No podrá impedirse o dificultar, deliberadamente, el normal tránsito peatonal o de vehículos en las calzadas y aceras, respectivamente».

El mal ejemplo

De costaleros y nazarenos, porque siempre hay quien se disfraza. Los primeros, siempre en el ojo del huracán (costaba ver un costal de color blanco en el palio de La Estrella). Los segundos, dejando ver en algunos casos ejemplos poco honrosos como bien nos recuerdan durante estos días las numerosas fotografías que pululan por las Redes Sociales y vía mensajería instantánea en los dispositivos móviles.

Los lucimientos porque sí

Desde siempre los pasos en Sevilla se han lucido, y ése es precisamente uno de los encantos de su Semana Santa, pero no se puede con ello masacrar los cuerpos de nazarenos. La Capilla del Baratillo cada vez parece más la Basílica de San Pedro del Vaticano, y aquí nadie dice nada.

Las farolas encendidas en Cristo de Burgos

Murió uno de los momentos estelares de la Semana Santa sevillana. Farolas encendidas mientras al Cristo de Burgos le cantaba (extraordinariamente por cierto) Manuel Cuevas. Posteriormente se apagaron las de la propia plaza, pero no las del perímetro como venía siendo habitual. Luz que pareció alimentar los malos modales de parte del público allí congregado. Lo que antes era silencio absoluto ahora ya dejó de serlo.

Los nazarenos a cinco en La Macarena

Me comentaba un miembro de Junta de La Macarena que por qué sus nazarenos no tienen derecho a disfrutar como los demás, y lleva el hombre toda la razón. La Macarena dejó en Campana un minuto de adelanto sobre el tiempo previsto pero a qué precio, mitigando parte de su esencia con sus nazarenos de cinco en cinco. Está claro que urge una acción seria por parte del Consejo en lo que a la reestructuración de los tiempos de paso respecta.

Los niños en la calle Sierpes

La Semana Santa es de los niños, de esa ilusión que les crea ver transitar una cofradía, pero hay que enseñarles hasta dónde deben llegar. En Sierpes corren a sus anchas entres las filas de nazarenos molestando (MO-LES-TAN-DO) a los cortejos, evidencia de la falta de educación expresada en las calles durante los últimos días. Pedir cera o estampitas incluso a nazarenos de negro deja mucho que desear por la parte que a los padres corresponde.

Abucheos a Las Cigarreras

Ocurrió en la Avenida el Lunes Santo, tras el paso de Misterio de la Cofradía de San Gonzalo. Desde la propia Hermandad, e igualmente por parte de la formación musical, han aclarado que se tocaron las marchas previstas, siguiendo el guion establecido. Lástima que parte de ese público que no sale a ver cofradías sino a contemplar otro espectáculo, que además no era el que se sienta en las sillas de la Avenida y sí aquel otro que colapsa los canales de circulación cuando llegan los pasos, no comprendiera que también tiene su encanto visualizar un Misterio a tambor.

Los botellines

Sobre todo los que paseaban ciertos grupos de chavales el Domingo de Ramos. ¿Habrá algo más feo que ponerse delante de un paso con un botellín de cerveza en la mano?

Los vendedores ambulantes

Desde el Domingo de Ramos a primera hora, en El Porvenir, y hasta última hora del Sábado Santo, fuimos testigos de esos señores vociferando «botellitas de agua fresca» incluso cuando se hacían los silencios cerca de los pasos. Ojo, todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida como pueda o considere pero… ¿es esta la Semana Santa que queremos vender?

La basura

Otro de los temas candentes de la Semana Santa que nos dejó. El estado de las calles tras el paso de las cofradías habla del tipo de sociedad que conformamos. El análisis lo escribe por sí solo cualquier estampa recogida.

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