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¿Qué está pasando en las elecciones en las hermandades?

José Antonio Martín Pereira | 23 de junio de 2019 a las 13:40

Hoy en día a nadie se le escapa que las hermandades viven rodeadas de un componente político que en muchos casos empaña la gran labor que realizan a diario, especialmente en el área que compete a la caridad. En este sentido, recientemente estamos siendo testigos de episodios que en nada benefician a la imagen que tenemos los propios cofrades desde dentro, y especialmente contribuyen a la percepción negativa que proyectamos de puertas hacia fuera. No es cuestión de enjuiciar con nombres y apellidos, o de citar a las hermandades implicadas, puesto que hacerlo no conduciría a nada, lo que sí que debemos tener grabado a fuego los cofrades es que formamos parte de una institución mucho más amplia y estructural que es la Iglesia, y como tal no todo vale a la hora de comportarnos.

En Sevilla es una realidad palpable, ser hermano mayor, se quiera o no, eleva el marco de relaciones y sitúa a los elegidos en un estatus al que en buena parte de las ocasiones no alcanzarían por méritos propios. No en vano, las hermandades gozan de una dimensión social, cultural, pública e incluso política innegable desde sus orígenes, de tal modo que estar al frente de las mismas supone un alza en la notoriedad, con lo que ello implica en cuanto a la participación en numerosos actos y eventos. No obstante, estos intereses contrastan claramente con el peligro de quiebra que generan cuando se pierden las formas con artimañas lamentables. Así, al más puro estilo CSI sesiones de investigación y documentación para tambalear a la candidatura contraria, lapidaciones públicas contra capataces o bandas, e incluso otras más novedosas como presentar proyectos de coronación y patrimonio a espaldas del respaldo mayoritario de sus hermanos. Por no decir de aquellos otros que con aireados excesos de velocidad, exponen públicamente su interés por ser la cara visible de su corporación sin respetar determinados plazos de cortesía no escritos pero tan necesarios.

Lo curioso del fenómeno es como la vorágine divulgativa irrumpe en el electorado y le motiva a acudir en masa a depositar el voto. Se refuerzan mensajes de unión y confraternización cuando a la vista de los movimientos nunca en el tiempo de la siguiente legislatura se alcanzará el óptimo estado de convivencia. Hay incluso quien utiliza la caridad para vender humo, como si el colectivo que forman las hermandades no cumpliera con creces un enorme papel en lo referente a uno de los pilares fundamentales de su existencia. Y los hermanos creen y participan, como si el bucle engullera toda capacidad de pensamiento.

De lo anterior se deduce, al hilo de tal dimensión cívica y cultural, la tendencia a la decadente gestión de las campañas político-cofrades, derivada de dos factores que a su vez sintonizan desde prismas similares: las nuevas tecnologías, especialmente el uso de las Redes Sociales, y el auge de los distintos medios que cubren la actualidad que generan las cofradías en la ciudad. La primera premisa dictamina novedosas formas de insinuación a los hermanos, que sin en cambio quedan expuestas al resto de los cofrades, cosa que ciertamente descubre dudas en cuanto a las intenciones de ciertos candidatos en cuestión (el afán por sentirse protagonista). La idea pasa por presentar candidaturas a hermano mayor por todo lo alto (en salas de hotel incluido) y actualizar la figura por medio de las posibilidades que ofrece Internet, llámese Web personal y diferentes perfiles en Redes Sociales, a los que sumar una amplia legión de aplaudidores incondicionales, de manera que todo el contenido de propuestas quede lo más público posible. La segunda tiene que ver con el condicionamiento, según afinidades, al que tratan de inducir distintos personajes dedicados a la información cofradiera. En lo último el tacto y la objetividad quedaron aparcados hace bastante.

Luego será el tiempo quien ponga o quite razones en función no ya solo del trabajo desarrollado por los máximos representantes visibles de las corporaciones, sino además por aquellos otros cuya teórica misión circula por mantener trabajo y compromiso bajo una segunda línea menos ostensible e igualmente cargada de responsabilidades. Existen para todos los gustos, en un tema cargado de variables y en el que, analizándolo superficialmente, es fácil caer en la cuenta del por qué de la coincidencia de diferentes candidaturas cuando llega la hora de escoger portavoz.

Lo cierto y verdad es que a este estado hemos llegado, sin que la autocrítica contribuya para hacer desaparecer uno de los estigmas a los que se agarran desde el exterior de las cofradías en la búsqueda permanente de su desacreditación como herramientas casi imprescindibles en la sociedad actual. De momento sigue valiendo más rl pasar unos añitos con la vara dorada. Todo por el voto.

 

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Foto: Artesacro/Alberto García Acevedo

Los peligros del electoralismo morado

José Antonio Martín Pereira | 17 de junio de 2015 a las 12:10

La cuestión electoral en el orbe de las cofradías sevillanas se ha convertido en un tema recurrente en los últimos años. De este modo, por mucho que pretendamos obviar tal circunstancia las redes sociales, auténticas catapultas de expresión en todos los sentidos, y la permanente incursión en los distintos medios digitales que cubren la actualidad morada nos recuerdan diariamente que el escenario capirotero sevillano roza en muchas ocasiones una batalla política en la que casi todo vale por alcanzar la vara dorada.

Tal vez en la propia permisividad eclesial se halle una de las principales razones que motivan la delicada desnaturalización con la que las cofradías se acercan a otros terrenos, pero también participan de ello y son actores principales los hermanos y devotos que confunden a la persona o al grupo electoral con la institución. La conclusión reciente de estos movimientos de ideales megalómanos enfundados bajo distinto hábito se reduce habitualmente a hermandades sesgadas por puntos de vista similares que hacen lo posible y lo imposible por divergir sobre el papel.

Lo curioso del fenómeno es el como la vorágine divulgativa irrumpe en el electorado y le motiva a acudir en masa a depositar el voto. Se refuerzan mensajes de unión y confraternización cuando a la vista de los movimientos y acciones antes incluso de tomar posesión las cartas al descubierto demuestran que durante cuatro años nunca se alcanzará ese estado. Hay incluso quien utiliza la caridad para vender humo, como si el colectivo que forman las hermandades no cumpliera con creces un enorme papel en lo referente a uno de los pilares fundamentales de su existencia. Y los hermanos creen y participan, como si el bucle engullera toda capacidad de pensamiento.

A este estado hemos llegado, sin que la autocrítica contribuya para hacer desaparecer uno de los estigmas a los que se agarran desde el exterior de las cofradías en la búsqueda permanente de su desacreditación. De momento siguen valiendo más cuatro años en el sillón…

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El doble filo electoral

José Antonio Martín Pereira | 16 de octubre de 2013 a las 11:52

Fútbol, política… o cofradías, la cuestión es que la Semana Santa de Sevilla, en su gestación anual, vive inmersa en un periodo de desnaturalización peligrosamente delicado. Uno de los máximos exponentes en la merma de valores son los procesos electorales que acontecen periódicamente e inundan de polvareda el ambiente, congestionando el buen aire de las acciones sociales a base de confrontaciones y desacuerdos públicos.

De este modo, uno puede pensar que una hermandad que siempre ha sido modelo de señorío y categoría a nivel nacional e internacional, pionera en mil materias y referente devocional gracias a la universalidad de su titular mariana no entraría nunca en estos juegos delicados, pero no ha sido el caso. Ocurre, por si aún no lo sabe, en La Macarena. Al descubierto han quedado las intenciones en un vídeo de apoyo electoral que lo que hace es confirmar aquello del ascenso social en las esferas sevillanas, tan vinculado como incoherente en lo que a las cofradías respecta. Fanatismo y ansias de llaves de cortijo en estado puro, una prueba más de que el enemigo no está fuera sino en casa.

A todo esto, desde la propia candidatura continuista se desmarcan en cuanto a la creación del ya famoso en las redes sociales vídeo de apoyo, argumentando que forma parte de los jóvenes afines, si bien los días pasan y aquí nadie ha hecho nada por retirarlo. Entre lo más vergonzoso, el hecho de usar las dependencias de la hermandad, como el salón o la salas de juntas para que los simpatizantes de la candidatura muestren su inclinación. La cosa es que existen muchas formas de hacer campaña electoral, sin necesidad de parecerse más a un partido político que a una hermandad, por lo tanto si es cierto que está realizado por los jóvenes, miedo da plantearse el futuro. Todo lo que sea mirar a las personas por encima de lo que se guarda en los Sagrarios será seguir llamando a la involución.

Fuente: Youtube; usuario: David Medina