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Hoy sale mi cofradía

José Antonio Martín Pereira | 10 de abril de 2020 a las 11:40

Hoy sale mi cofradía, que yo lo sé, y es por eso que de nuevo cientos de familias se han vuelto a reencontrar. Las túnicas descansan de las perchas para volver al origen. ¡Cuidado con no confundir los antifaces! La papeleta que no se arrugue. Un puñado de estampas, este año del rostro de la Virgen, y otro de caramelos. En casa las medallas se reparten según la oscuridad del cordón, la más gastada es la del abuelo. Alfileres al bolsillo, que nunca se sabe lo que puede pasar. Es día de nervios.

Hoy sale mi cofradía, que yo lo sé, porque las fachadas de la calle Castilla lucen tapizadas de colgaduras color sangre. Un mar de capas blancas ya inunda las arterias del barrio. Todas en la misma dirección, camino del templo por el trayecto más corto. Unos avanzan solos, otros lo hacen de la mano, y también los hay que titubean desordenadamente jugando con la varita que les prestó su Hermandad. Alguna que otra estampa, y caramelo, se pierde entre esos aledaños.

Hoy sale mi cofradía, que yo lo sé, que desde el Altozano vienen regueros de ver como la Esperanza se recogía. Refleja el sol en el metal de los instrumentos, mientras las aceras se llenan de público. La fachada resplandece. Al fondo, de donde bajan aires aljarafeños, un puñado de coloridos globos desafía las leyes de la gravedad.

Hoy sale mi cofradía, que yo lo sé, lo veo en la larga fila de capirotes que aguarda revisión del diputado. Dentro los primeros besos y abrazos. A mirar el listado. En uno o dos años cambiamos de tramo. Los mayores dan pellizcos en la cara en señal de afecto, mientras los pequeños, impacientes, coquetean con sus canastillas. Hay ejércitos de cirios en cada esquina. Impaciencia.

Hoy sale mi cofradía, que yo lo sé, ¡qué bonita está la Virgen! Primero nos hacemos la foto con el Cristo, que sino luego no se puede. ¡Cómo impone con potencias y corona! De pronto el hermano al que estabas buscando, tu diputado. Otro año más, aquí estamos. Hay nervios, pero por lo menos esta vez disfrutamos de la tranquilidad de no mirar al cielo. Ya verás el calor que pasamos cruzando el puente. Primeras llamadas, se disgrega el altar de insignias. Si ya te están doliendo los pies, mal asunto pues todavía nos queda un rato.

Hoy sale mi cofradía, que yo lo sé, ¡qué ya están repartiendo los cirios! No tengas prisa, que hay para todos. Se forman los primeros tramos. En la lejanía del templo, aquel hermano al que hace tiempo que no ves. Hace calor. Fuera se escuchan murmullos, y también a los músicos poniendo a punto sus instrumentos. Rezamos la oración conjunta. Todo está dispuesto.

Hoy sale mi cofradía, que yo lo sé, que las primeras parejas se sitúan ya junto a la puerta. Rostros que se cubren de manera secuencial. Primeros recuerdos, primeras lágrimas. Últimos abrazos. Una mano se posa en el hombro. De repente un golpe seco da paso a la luz brillante que procede del exterior. Aplausos y cornetería. La cruz de guía, escoltada por dos faroles, traspasa el dintel. Hoy sale mi cofradía, que yo lo sé, ¡ES VIERNES SANTO!

Cachorro_TrianaFoto: El Correo de Andalucía /Pepo Herrera

La cofradía de la bata blanca

José Antonio Martín Pereira | 29 de marzo de 2020 a las 13:04

¿Quién dijo que este año nuestros ojos no verían nazarenos? Desde hace unas semanas, una cofradía perfectamente uniformada, de interminables tramos del color de aquella otra con la que soñamos encontrarnos atravesando el parque, vela sin descanso por nosotros, haciendo gala de un anonimato que no necesita de telas que cubran las ojeras de sus agotados rostros.

Cirineos incansables, no dudan en sostener con ambas manos para ayudarnos a levantar la cruz de esta pesadilla; en poner ardiente luz, una llama viva que no desfallece en el empeño por alumbrar la salida de este oscuro túnel; la Esperanza que cada Madrgugá del Jueves Santo eclosiona en San Gil, aparece ahora cual mariquilla tintineante en los gestos de cariño que dedican a los pacientes, en el semblante al llegar a casa con el que disimulan a sus familias la tragedia que pasa a diario por su lado; los nazarenos de esta cofradía reparten estampas y caramelos en forma de sonrisas, sosteniendo en equilibrio los ciriales que anuncian que más pronto que tarde saldremos de esta.

Todos ellos, desde los médicos y enfermeros, hasta los auxiliares, celadores y farmacéuticos están dejándose la piel estos días para vencer un virus desconocido hasta la fecha. Su trabajo diario aboga para que miles de personas afectadas por el nuevo coronavirus puedan curarse, pero va más allá, también están haciendo un gran esfuerzo para ayudar a aquellos que responsablemente se quedan en casa y que necesitan del consejo médico.

Estos profesionales se exponen diariamente al virus para vencer lo antes posible esta pandemia y arriesgan su salud y la de los suyos para que, a la máxima brevedad, todos podamos volver a la normalidad y a salir de nuestras casas sin riesgo de contagio.

Además su jornada laboral no termina al finalizar su turno, sino que muchos de ellos continúan en sus casas atendiendo a otros muchos pacientes que requieren de asesoramiento sanitario y lo hacen a través de las redes sociales, en un alarde de compromiso profesional digno de acaparar un sinfín de elogios.

Pero la cofradía de la bata blanca no está sola. En sus tramos constan también las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, militares, transportistas, cajeros de supermercado, agricultores, reponedores, personal de limpieza y tantos otros miles de anónimos servidores que desde su posición y sus medios también están arrimando el hombro como nunca antes habíamos conocido las generaciones presentes. Sin olvidarnos de la Iglesia, sí la denostada y vieja Iglesia a la que diariamente dedican ataques y menosprecios desde cierto sector, que en un alarde de compromiso y caridad, nada nuevo, está contribuyendo con lo mejor de sí misma a combatir los efectos derivados de esta crisis.

Cuando todo esto pase, que pasará, la inmensa mayoría de la sociedad valoraremos todo ese esfuerzo, y probablemente muchos hayamos recogido el testigo que nos está lanzando la cofradía de la bata blanca para convertirnos en mejores personas, más solidarios, más responsables con el presente que nos ha tocado vivir.

A todos los que están exponiéndose en las trincheras, ¡GRACIAS!

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Participar de la cofradía

José Antonio Martín Pereira | 6 de abril de 2017 a las 12:11

Participar de la cofradía es para todos motivo de orgullo. Una sensación indescriptible recorre el cuerpo cuando, después de un largo año, volvemos a sentirnos partícipes del momento soñado, pero que a la vez vierte sobre nosotros un altas dosis de responsabilidad cristiana, de ferviente compromiso a pesar del silencio público.

A menudo durante la Semana Santa y tras ella, las redes sociales que se han convertido en altavoces rápidos e implacables, con jueces que sentencian sin antes mirarse al espejo, donde se martiriza el trabajo de las cofradías por comportamientos o malas prácticas puntuales las cuales, eso sí, degeneran la buena acción que realizan las hermandades a diario. No obstante, podemos afirmar con rotundidad que participar de la cofradía es algo muy serio, sea cual sea el puesto que ocupemos en ella el motivo esencial es hacer Estación de Penitencia por todo aquello que nos impide parecernos a Cristo.

Precisamente hacer referencia a esto último, la Estación de Penitencia, que consiste en ir en procesión desde los distintos templos la hasta la Santa Iglesia Catedral, y a su vez determina el saber entender muy bien el significado de este gesto. La Catedral es símbolo de la Iglesia del Cielo hacia la que todos los cristianos nos dirigimos, como peregrinos, con cirios que son signos de la eternidad, tras la Cruz del Redentor.

Es por ello que debemos estar preparados para el sufrimiento que conlleva el alcanzar esa meta. Nadie dijo que realizar la penitencia fuese tarea fácil, hay que vencer al cansancio, a la incomodidad prolongada, al calor o al fío, en un ejercicio de resistencia que nos debe servir para ahondar en la conversión al Evangelio, y también para fomentar la fe entre quienes asisten al tránsito de nuestros amados Titulares. De nada sirve el esfuerzo que otros hayan puesto inculcándonos la tradición o el recogimiento, si luego a la hora de la verdad nos dejamos vencer por nosotros mismos. Con la mirada puesta en lo que está por venir, dejemos el listón bien alto.

Los gitanos Sevilla

La ilusión por volver

José Antonio Martín Pereira | 30 de enero de 2017 a las 10:47

Nada como una maravillosa ilustración. Aquella que, integrada en el extraordinario poder que le confieren la unión entre el testimonio gráfico y el recuerdo en primera persona, contribuye a mitigar el peso de la carga que todos en nuestro día a día afrontamos.

En el interior del gran templo, sobre el frío mármol y bajo la atenta mirada de muros centenarios, la cofradía se rearma de valor para afrontar el largo trecho de vuelta, y completar una vez más el círculo anual de los deseos de sus hermanos. Así con las indicaciones de una brújula cuyo norte señala Triana, la llama del Viernes Santo comienza lentamente a desvanecerse, dejando paso a lo que nunca podrá borrarse: la ilusión por volver.

Cachorro Catedral

Foto: Fran Silva

Ritual

José Antonio Martín Pereira | 3 de abril de 2014 a las 13:56

No deja de ser un papel, pero qué papel. Folio tintado que significa un porte a los sueños por cumplir. La tradición ejecuta sus formas en cada una de las entregas. El ritual, alargado en la vida de los días de hermandad, encumbra y fortalece la yuxtaposición de las horas que restan para alcanzar los Días del Gozo. La papeleta de sitio es la señal más fidedigna de que al calendario le quedan menos días por tachar, y ya nada ni nadie tiene que recordarnos cuánto falta para que se abran las puertas en la Colegial del Divino Salvador. Ahora es simple objeto impreso, pero mañana servirá como prueba de fidelidad devocional enmarcando y reforzando el propio sello de la cofradía de la que nos sentiremos partícipes y transmisores de fe. Y aquí la tecnología igual no nos beneficia aún del todo, porque no hay nada mejor que sentir la textura cortando el aire en estas noches bajo las que se diluyen vivencias y recuerdos. A la vuelta de la esquina asoma la primera Cruz de Guía, mientras un sinfín de emociones descansa en repisas y mesitas de noche.

Papeleta de sitioPapeleta de sitio de la Hermandad del Cachorro para la Semana Santa de 2014