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Bofetada a la Historia de las cofradías de Sevilla

José Antonio Martín Pereira | 29 de febrero de 2016 a las 11:18

El pasado viernes muchos sevillanos se manifestaban a las puertas del Consistorio, como respuesta a una convocatoria espontánea y en un alarde de identidad ante las amenazas de la extrema izquierda con representación política en el Ayuntamiento de Sevilla (Participa Sevilla, marca blanca de Podemos, e Izquierda Unida), tras conocerse que llevarían al pleno ocho medidas para una supuesta laicidad. Un alarde de fuerza y contundencia que sin embargo no tiene que quedar ahí, porque como bien sabemos el enemigo de las propias cofradías, de la propia Semana Santa y de los propios católicos no está fuera, sino muy adentro.

Hablamos de un fenómeno que experimenta sus orígenes a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa, pero que en los últimos años se ha desmadrado especialmente durante el transcurso de los últimos fines de semana de Cuaresma. Se trata de las asociaciones cofrades civiles, que tienen hasta su particular órgano de unión, la Federación de Asociaciones Cofrades de Sevilla (FECO), y que en las últimas semanas de Cuaresma proliferan cual hongos especialmente por los barrios del extrarradio de Sevilla, si bien también las hay que utilizan las calles del centro de la ciudad para sus exposiciones públicas de lo que quiera que sea lo que hacen. Todas tienen en común el dar rienda suelta a sus intenciones fuera del amparo de la autoridad eclesiástica.

Ya en su día, allá por el año 2012, el Vicario de la Archidiócesis, Teodoro León, con buen criterio dirigió una carta a parroquias y Hermandades y Cofradías, instando a que no acoger a las este tipo de cofradías civiles, urgiendo a buscar una real inserción eclesial, y abriendo el debate sobre la conveniencia o no de estas asociaciones de fieles o cofrades de procesionar al margen de la Iglesia.

No obstante, lo que parece evidente es que no se ha hecho lo suficiente y estas salidas lejos de agotarse cada vez extienden con mayor énfasis un modelo que no representa el concepto con el que a partir del siglo XVI, como culminación de un proceso que trasladó la contemplación de Jesús desde su divinidad hasta el sufrimiento, germinó hasta evolucionar en la Semana Santa que hoy conocemos. Como defensa, sus participantes se escudan en el desarrollo de una supuesta labor social que se puede hacer de mil medios, pero no a cambio de abofetear la Historia (en negrita y con mayúscula), la dignidad y el esfuerzo que durante siglos han llevado a cabo las cofradías en Sevilla. En el fondo, lo que da que pensar es que son gente que evita la integración en los colectivos ya existentes, para saciar su ansia de protagonismo alrededor de algo, y aún a costa de que ése algo perjudique a la imagen de la ciudad y a su patrimonio cultural y sentimental.

Nos debe incluso dar que pensar la facilidad que poseen un grupo de chavales (y no tan chavales) para congregar nada menos que dos cuadrillas de costaleros, mientras que durante la celebración de cualquier quinario en hermandades de más de 2000 hermanos, salvo en las Funciones Principales de Instituto, se cuentan los asistentes por unas cuantas decenas. Y peor aún, debe asustarnos la habilidad con la que contratan una banda, reclaman la atención del friki de turno para que les mueva las redes sociales, consiguen los permisos del CECOP, y hasta les abren las puertas del convento las Hermanas de la Cruz. En consecuencia, salta a la vista el papel de costaleros y bandas de música como principal reclamo de esta tipología eventos.

Lo de ayer domingo, con las calles del centro abarrotadas por las buenas condiciones meteorológicas y por la jornada festiva, celebrábamos el Día de Andalucía, se hace complicado de calificar. Conste que no pensaba ilustrar con ninguna imagen, pero es que a veces sólo con ver un ejemplo es suficiente. Todo lo que se diga, sobra.

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CcU-4YNXIAAT5QO_002Fotos: Antonio Casado