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Juventud, divino tesoro

José Antonio Martín Pereira | 23 de septiembre de 2018 a las 11:44

Los últimos estudios sociológicos revelan que España es el país europeo con más jóvenes que ni estudian ni trabajan. Efectivamente la realidad es preocupante, y el futuro incierto, pero no todo es tan negro como lo pintan. En Sevilla siguen despuntando brotes verdes. Son jóvenes, cofrades sin miedo a expresar abiertamente que forman parte activa de la Iglesia, todos estudiantes y con una formación personal altamente esperanzadora.

Lo mismo les vemos carretilla en mano recogiendo alimentos en una mañana de un día cualquiera de Navidad, que haciendo lo propio periódicamente a las puertas de un supermercado cuando alguna campaña caritativa así lo requiere. Limpian plata, colaboran en los montajes de los cultos de sus respectivas hermandades, participan en las actividades que se desarrollan en las casas de hermandad, y se reúnen todo el año. La última foto de grupo del II Encuentro de jóvenes del Miércoles Santo, celebrado el pasado fin de semana, es altamente reveladora. Lástima de aquellas juntas de gobierno que en ocasiones les dan la espalda, o simplemente se acuerdan de ellos cuando les interesa, porque sin quererlo desechan el bien más preciado que poseen las hermandades. Juventud, divino tesoro. 

 

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Pentecostés

José Antonio Martín Pereira | 12 de junio de 2011 a las 11:41

Originalmente conocida como la “Fiesta de las Semanas” se recoge tenía lugar siete semanas después de la fiesta de los primeros frutos (Lv 23 15-21; Dt 169), al término de la cosecha de la cebada y antes de comenzar la del trigo, contando por entonces con un sentido movible que dependía del momento en el que llegara la recolección anual a su sazón, cosa que solía suceder durante el mes judío de Siván, equivalente a nuestro Mayo/Junio. Siete semanas que son en realidad cincuenta días, de ahí el nombre de Pentecostés (= cincuenta) que recibiría más tarde. Una celebración que si bien en su origen tuvo un sentido fundamental de acción de gracias por los frutos recogidos, pronto tomaría un sentido histórico ya que pasó a celebrarse el hecho de la alianza y el don de la ley.

En el marco de esta fiesta judía, el Libro de los Hechos coloca la efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles (Hch 2 1.4). A partir de éste acontecimiento, Pentecostés quedaba convertido también en conmemoración cristiana de primera categoría (Hch 20 16; 1 Cor 168). Por tanto, conviene insistir que la Fiesta de Pentecostés significa para los cristianos el segundo Domingo más importante del año litúrgico, así como la oportunidad de vivir intensamente la relación existente entre la Resurrección de Cristo, su Ascensión y la venida del Espíritu Santo. Es bueno tener presente entonces que todo el Tiempo de Pascua es igualmente del Espíritu Santo, Espíritu que es fruto de la Pascua, que estuvo en el nacimiento de la Iglesia y que, además, siempre estará presente entre nosotros, inspirando nuestra vida, renovando nuestro interior e impulsándonos a ser testigos en medio de la realidad que nos corresponde vivir.

Celebremos pues la llegada del Espíritu Santo ya que su presencia se sigue posando hoy día sobre quienes creemos que Cristo vino, murió y resucitó por la humanidad, sabiendo que somos parte y continuación de aquella pequeña comunidad ahora extendida por tantos lugares así como responsables de la extensión del primitivo Reino de Amor, Justicia, Verdad y Paz entre los hombres.