Archivos para el tag ‘crispación’

Las cofradías, sostén de la Crisis

José Antonio Martín Pereira | 14 de julio de 2012 a las 23:21

Ni que decir tiene mencionar la manita de tizne que ha recibido el horizonte de nuestro país en la presente semana. Futuro incierto, hipotecado a los designios del binomio banca-Europa, que sin embargo algunos insisten en separar de un pasado reciente, adscrito a un apellido que responde como oficio milenario, el cual descansará en los libros de Historia, toda vez los años pasen, como una de las etapas más desastrosas desde que España es tal.

Y pese a ello, entretanto la mayor parte de la sociedad asimila sucesivos malos tragos cual desayuno diario, no faltan los empeñados en seguir maltratando la dignidad de la Iglesia exigiendo, desde posturas cargadas de odio, que los recortes a poder ser acaben con esta institución que tanto bien a cambio de nada realiza en sus labores diarias. No obstante, ése mensaje de sinrazón y despropósito, amparado en la radicalización impune consentida por el aparato legislativo, no deja de ser el mismo con la que desde hace algún tiempo determinados grupos hacen alusión al respeto, siempre bajo sus principios absolutistas.

En estas circunstancias, inmersos en una realidad que reclama a gritos un mensaje de esperanza, es momento de que las cofradías en Sevilla jueguen uno de los principales roles por los que fueron concebidas. Se determina necesario pues el máximo ahínco en pos de la solidaridad con el prójimo, dicho lo cual será preciso redoblar esfuerzos en el apartado caritativo, porque al final ya se sabe, merece infinitamente más la pena ayudar a una persona que ver concluida cualquier aspiración material destinada a incrementar patrimonios de por sí difíciles de mejorar. En definitiva hablamos de labor conjunta, porque las Hermandades son la suma de sus hermanos, y en las Diputaciones de Caridad cabemos todos.

Es un clamor

José Antonio Martín Pereira | 3 de noviembre de 2011 a las 8:53

Es un clamor, de síntomas por segundos más agudos, el que supuestamente han desatado parte de un sector de los hermanos mayores de penitencia contra la actual junta superior del Consejo de Cofradías. El culmen parece encontrarse en el más que probable anuncio de la cesión de San Hermenegildo al propio Consejo sin contar con la autorización previa de los dirigentes corporativos, no obstante, el cúmulo de infructuosas gestiones con las que desde San Gregorio llevan deleitando al personal en los últimos tres años constantemente venía poniendo a prueba la paciencia del personal, hechos que han trascendido definitivamente casi a la par que las innumerables filtraciones dejaban al descubierto los sinsabores de un borrador, el de los nuevos estatutos, que ahora reposa en variopintos lugares.

Quizás lo que deba ser puesto sobre el tapete, de una vez por todas, sea la necesidad o no de mantener una institución, el Consejo de Cofradías, que a día de hoy únicamente representa a las hermandades honoríficamente, pero cuya gestión fundamental versa entorno al fondo ligado al alquiler de las sillas, y a un escaso protagonismo en la confección de los horarios. Luego pare de contar, porque el resto del papel relacionado con dicho órgano, al menos durante los últimos tres años, ha permanecido anclado en la confusión y el alimento de dos variables muy importantes: el rechazo generalizado de la opinión pública cofrade, y las animadversiones entre cofradías en función a determinadas decisiones.

Como quiera que las cosas probablemente no vayan a cambiar demasiado, al menos esperemos, por el bien de las cofradías de Sevilla, que la candidatura que se monte entorno al actual presidente, Adolfo Arenas, de cara a las elecciones a ocho meses vista, cuente como mínimo con algún competidor. De no ser así, el futuro pinta como el color de túnica de los nazarenos de Pasión.

En respuesta a los ataques

José Antonio Martín Pereira | 19 de mayo de 2011 a las 16:27

Ríase usted de las recientes manifestaciones terminológicas de democracia y respeto expuestas en la sucesión de atentados (hablando alto y claro) impunemente enfilados hacia la Santa Iglesia Católica en éste el país del todo vale. Provocaciones, agitaciones, alteraciones o como quieran llamarlas, de las que a buen seguro un servidor, como usted, pudiera dar cuenta a tenor de lo expresado en los diferentes medios (unos más veraces que otros), e incluso en primera persona. Claro que eso sería valorar desde la publicidad a los infelices que atesoran las brillanteces de que los males de la decadente sociedad mal-llamada “del conocimiento” encuentran culpabilidad en la Misericordia de Cristo. Ineptos…

No obstante, si a algo está habituado el católico a lo largo de la historia es a salir airoso de las persecuciones a las que nuestra Doctrina se ha visto sometida. Fíjese usted, la primera, bajo la ordenanza del Emperador Nerón, sexto emperador de Roma, tuvo lugar en el año 67. Nerón reinó por espacio de cinco años de manera tolerable, dando rienda suelta luego al desenfreno y a las barbaridades. Así incendió Roma, culpando a los cristianos para luego inventar una variopinta tipología de castigos contra los ellos, haciendo que algunos fueran cosidos en pieles de animales salvajes, arrojados a los perros para que los atacaran, o cubiertos con cera y prendidos en fuego atados a postes para que iluminaran sus jardines como antorchas humanas. Al lado de esto, las profanaciones e insultos contra nuestra Fe desarrolladas a lo largo de los últimos tiempos en España, e instigadas en buena parte por un brazo de la política carente de ideas y necesitado de desviar atenciones, quedan relegadas a meras simplezas en el engrose del anecdotario.

Anécdotas, eso sí, que evidencian la necesidad de adaptación a los nuevos tiempos, aunque lógicamente sin entrar al juego de las provocaciones o la violencia. Urge pues que los católicos (y por ende los cofrades), encabezados por los directores espirituales, seamos formados para la realidad tristemente impuesta, en la cual situaciones como las recientes seguirán alimentando el caldo de cultivo de los que viven de ojos cerrados. Lo cierto es que ningún manifestante, grupo político e institución civil ha optado por darse una vueltecita por las calles vociferando contra los 36.000 millones de Euros que la Iglesia Católica ahorra a la maltrecha economía del Estado español, a través de sus centros de enseñanza, hospitales, ambulatorios, dispensarios, asilos, centros de minusválidos, de transeúntes, orfanatos, Misiones, Cáritas, mantenimiento del patrimonio histórico-artístico… ¿sigo?

Por todo ello usted, católico supongo, deje los golpes de medalla (con su correspondiente traje) a un lado y salga en defensa de la Fe en la que cree, siendo consciente de que lo que ciertamente vale es dar la cara ahora, y no poner maquillaje escondiendo vergüenzas una Semana al año.

Desmesurada crispación

José Antonio Martín Pereira | 23 de marzo de 2011 a las 10:54

Hágase a la idea, el Cristo de la Salvación, Titular de la Hermandad de la Soledad de San Buenaventura, no formará parte del cortejo de la Cofradía el próximo Viernes Santo, al menos aparte del paso de la Dolorosa. Demasiado revuelo y desmesurada crispación. Poco les puedo aportar que no hayan hecho los diferentes medios de comunicación cofradiera, los frailes del convento franciscano donde se erige la Corporación del Viernes Santo han sido explícitos y no se plantean el propósito de la junta de gobierno que pasaría por sacar al Crucificado sobre un paso la próxima Semana Santa. Y a partir de ahí, menos difamaciones por favor.

Párese a pensar, los franciscanos tendrán sus razones. Permítanme que dude, desde el profundo desconocimiento, de una obstinación falta de argumentos sostenida por los miembros de la citada congregación. Lo lamentable aquí es lo fácil que el kofrade (con “k”) de turno desenfunda su arma y empieza a despedazar cabezas. Si la Hermandad quiere poner a su Cristo en la calle está en su perfecto derecho, bien sea porque así lo recogen sus reglas, por tratarse de un anhelo, o por la razón que estimen oportuna, pero no sobredimensionemos las cosas y generando una hecatombe innecesaria. La realidad del Cristo de la Salvación no es la del pasado día 12, rodeado de curiosos y capillitas deseosos de ver un paso en la calle, siendo objetivos la verdad asoma al interior del Convento cuando se consagran los cultos ordinarios a la Imagen. A partir de este momento, y dejando a un lado prisas e improvisaciones, la solución al dilema obviamente transcurre por el diálogo flemático entre ambas partes. De no alcanzarse un acercamiento siempre quedaría la posibilidad de cambiar de sede, por mucho arraigo cimentado en la actual.

2011triduosalvacion6

Foto: RV