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18 de abril de 1992, el Santo Entierro Magno

José Antonio Martín Pereira | 18 de abril de 2020 a las 11:09

El 18 de abril de 1992, Sábado Santo, se celebró el Santo Entierro Grande para conmemorar el quinto centenario de la Evangelización de América. Se llevó a cabo curiosamente dos días antes de que se inaugurase la Exposición Universal de Sevilla (20 de abril de 1992), y sería la penúltima vez que se tendría lugar un evento de estas características en la ciudad de Sevilla.

Antonio Domínguez Rodríguez fue el hermano mayor al que le correspondió organizar el Santo Entierro Grande de 1992, cuando Sevilla centró las miradas de todo el mundo, de sus líderes políticos, culturales y religiosos.

Es preciso puntualizar que el Santo Entierro Magno no es más que la escenificación de la Pasión de forma secuencial con varios pasos de misterio que procesionan en Sevilla en Semana Santa. Este acontecimiento se ha celebrado en nueve ocasiones a lo largo de la Historia. En esta procesión, además de los tres pasos de la Hermandad del Santo Entierro, se integran otros de diversas cofradías ordenados según el relato de los Evangelios.

El último evento de estas características sería aquel de 2004, en el que se conmemoró el IV Centenario del Decreto del Cardenal Fernando Niño de Guevara, que instaba a todas las hermandades a realizar su Estación de Penitencia a la Santa Iglesia Catedral de Sevilla.

En el que nos ocupa, los pasos que recorrieron las calles sevillanas fueron, en este orden, los siguientes: Triunfo de la Cruz (Santo Entierro), Oración en el Huerto (Monte-Sión), Prendimiento (Los Panaderos), Desprecio de Herodes (Amargura), Columna y Azotes (Las Cigarreras), Coronación (El Valle), Presentación al Pueblo (San Benito), Tres Caídas (Esperanza de Triana), Penas (San Roque), Exaltación (Santa Catalina), Expiración (Museo), Amor (El Amor), Tres Necesidades (Carretería), Descendimiento (Quinta Angustia), Piedad (El Baratillo), la urna de Cristo Yacente y El Duelo (Santo Entierro).

A modo de curiosidad, la primera vez que tuvo lugar este singular evento sucedió el 29 de marzo de 1850. Esta procesión contó con el apoyo del entonces alcalde, Francisco de Paula Castro, y de los Duques de Montpensier, verdaderos ideólogos de dicha procesión. El cortejo salió de la Iglesia de San Pablo (actual Magdalena), y en él participaron trece pasos: los del Triunfo de la Cruz (La Canina), Oración en el Huerto, Prendimiento, Desprecio de Herodes, Jesús de la Pasión, Humildad y Paciencia, Exaltación, Expiración (Museo), Tres Necesidades (Carretería), Descendimiento (Quinta Angustia), Sagrada Mortaja, Santo Entierro y Duelo.

santo-entierro-199223_xoptimizadax-khKF--596x900@abcFoto: Archivo ABC

El ‘Cachorro’ de Popayán

José Antonio Martín Pereira | 6 de agosto de 2017 a las 11:12

Si de algo puede presumir la Semana Santa de Sevilla en virtud a sus hermandades, es de haber servido de iluminación a lo largo de los siglos a tantos ojos como la han contemplado. En este sentido, numerosas son las curiosidades que rodean a una celebración religiosa que aún hoy despierta un ferviente interés entre propios y extraños tal como se observa en sus calles a rebosar cada primavera.

Y dentro de ese aura, sobresalen imágenes que bien por su calidad artística, su devoción incuantificable o por ambas realidades, desde su concepción han sido erigidas como referentes fuera de las fronteras a las que el Giralillo alcanza con su figura. Una de ellas, el Santísimo Cristo de la Expiración, conocido popularmente como el ‘Cachorro’, sirvió incluso de inspiración para la imagen del mismo nombre que se venera en la localidad de Popayán (Colombia), capital del departamento del Cauca localizada en el valle de Pubenza, entre la Cordillera Occidental y Central al suroccidente del país.

Desde 1954 procesiona dicha imagen esculpida a semejanza de la obra creada por Francisco Antonio Ruiz Gijón para satisfacer el gusto de la cofradía trianera en 1682. El Cristo de la Expiración de Popayán es obra del artista español José Lamiel en 1952, respondiendo a los deseos del entonces Embajador en España Don Guillermo León Valencia, natural de dicha localidad y que incluso a la postre llegaría a ser máximo mandatario de su país entre los años 1962 y 1966. Según narra el erudito local Carlos Gustavo Wilches-Chaux, «habiendo asistido Don Guillermo León a la procesión de Sevilla, situado en un balcón alto y en una de las calles centrales de la ciudad, al desfilar el paso frente a su balcón la mirada del Santo Cristo, denominado El ‘Cachorro’, coincidió con la suya quien, extasiado ante aquellos dulces y penetrantes ojos, concibió la idea de obtener auténtica copia y traerla a Popayán para sus procesiones, anhelo que cumplió sigilosamente». Se da la circunstancia además de que la talla de Lamiel está concebida con corona de espinas, probablemente a similitud de como lo haría aquella tarde de Viernes Santo la imagen titular de la corporación de la calle Castilla.

Una obra que participa cada Jueves Santo como parte del cortejo de procesión del Santo Cristo de la Vera-Cruz, partiendo de la iglesia de San Francisco. De este modo, una parte de Triana siempre está presente al otro lado del Atlántico.

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Cristo de la Expiración de Popayán, año 2009. Fuente: Wikimedia

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Cristo de la Expiración de Popayán,  Altar Mayor de la Iglesia de San Francisco.

Fuente: Semana Santa en Popayán, Carlos Gustavo Wilches-Chaux

ES3IDk0U4AASlnCFotos: Paola Machuca / Juan Manuel Parra

Faltaba el balón

José Antonio Martín Pereira | 1 de octubre de 2012 a las 10:25

De ese tipo de escenas cada vez más habituales en el entorno de las cofradías. Carencias de formación y compostura al descubierto. Y luego están (en los foros de Internet) los que claman al cielo cada vez que nuestro arzobispo vincula folclore y cultos relacionados con las hermandades. En general, más nos valdría repasar ciertas conductas, sobretodo poniendo el ojo en el interior de los templos, lugares de culto y no salones de sillón y televisión. Visto lo visto, y éste es solamente uno de tantos ejemplos, aquí solo faltaba que la cámara de fotos hubiese sido el balón anaranjado, y el borde de la alfombra la línea de tiros libres.