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La Esperanza

José Antonio Martín Pereira | 17 de diciembre de 2013 a las 11:43

Enebro de diciembre que es desliz de otro tiempo. La buena nueva se adelanta a través de la mano de la que nunca debe faltar. María, en su advocación más necesaria para la condición humana, abre las puertas a la Navidad invitándonos a la reflexión y a la oración. Entretanto, a punto están de unirse Antiguo y Nuevo Testamento, acabando con las sombras y dando pie al brillo que irradia la verdad de las profecías. La espera en virtud de la presencia. El Tiempo de Adviento toca su fin cual certeza escondida en el seno de María. Y en Sevilla, María es La Esperanza, emblema que escenifica y hace comprender el por qué de la perpetuidad relativa a la Fe en Cristo en tiempos del dominio de la sinrazón. En San Lorenzo el mismo Dios que se venera al final de la calle Castilla, en el interior de la capilla universitaria o bajo las indescriptibles bóvedas de la Colegial del Divino Salvador. Y en San Gil…, en San Gil, como cada día, la Esperanza.

Esperanza Macarena
Foto: Carmen Pérez

 

En San Gil, la Esperanza

José Antonio Martín Pereira | 18 de diciembre de 2011 a las 12:45

Por suerte Sevilla conserva, cual reducto infranqueable, diferentes emblemas que escenifican y hacen comprender el por qué de la perpetuidad relativa a la Fe en Cristo en tiempos del dominio de la sinrazón. En San Lorenzo el mismo Dios que se venera al final de la calle Castilla, en el interior de la capilla universitaria o bajo las indescriptibles bóvedas de la Colegial del Divino Salvador. Y en San Gil… en San Gil la Esperanza.

De la mano, recuerdos y costumbres levitan entorno a la médula de diciembre dando paso al inexorable poder que toma forma a partir de un rostro cuyo estado dispone por su propia belleza complejidades para ser descifrado. Se celebra la solemnidad de la Esperanza, y como tal en Sevilla largas colas de fieles aguardan para honrar y rendir tributo a la que es Reina celestial y terrenal.

En este sentido, la gramática toma cuerpo desde diferentes vertientes alrededor de la que es la Virgen, sin advocación, osando a destronar lo inalcanzable, aquello que descansa en los anales de la lírica y la prosa sevillana y difícilmente será suplantado, salvo por contadas excepciones. Se antoja por tanto el presente texto como uno más, escrito bajo el guión del grupo de discapacitados que fue presentado a la Virgen, y en el que constan las lágrimas de las abuelas del barrio, la inocencia de los pequeños presentados en brazos de sus madres, el rostro de los monaguillos que custodiaban la mano extendida al pueblo, el pañuelo impregnado de promesas o las oraciones al descubierto de las que un servidor fue testigo el pasado viernes durante el tiempo que tomó asiento en uno de los bancos de la que es Basílica y puertas del cielo.

En San Gil, la Esperanza Macarena ha vuelto a escribir un nuevo renglón en pos del sustento a la devoción ahora que el Adviento agota pinceladas y culmina razones. La Navidad está cerca…

Es presente

José Antonio Martín Pereira | 15 de diciembre de 2011 a las 12:21

Es presente, Sevilla inicia hoy el fin de semana dedicado a la Esperanza, aquel en el que sus Dolorosas más emblemáticas, una de Triana y otra de la Macarena, celebran su festividad con los cultos en su honor.

Valga como ejemplo de ello una imagen tomada hace escasos minutos en el interior de la Capilla de los Marineros, sede corporativa de la Hermandad de la Esperanza de Triana.

…Y como sintonía una de las marchas clásicas que enriquecen el repertorio de la Semana Santa de Sevilla, ‘Esperanza Macarena’, de D. Pedro Morales Muñoz (1969), interpretada en este caso por la Banda del Carmen de Salteras.

Fuente: Youtube; usuario:eltuba8

El mes de la Esperanza

José Antonio Martín Pereira | 2 de diciembre de 2011 a las 10:56

Diciembre remarca vehementes deseos cuyos propósitos el Adviento se encargará de componer y ordenar. Ni siquiera el sol, más tímido que por costumbre, es ajeno a tales razones, y desde las alturas toma buena nota para que llegado el día el líquido elemento no insista en trastocar la tarde del Jueves Santo. Atrás quedan aciagos recuerdos, paraguas en mano, de lo que pudo ser y no fue, o de aquello que no sucedió como se esperaba, tal cual la ilusión había ideado.

Hoy sin embargo el calendario afina por cotas bien distintas, y en la ciudad de Machado y Becquer se intuye la Navidad, recordada en sus calles a través de pequeñas bombillas asomando entre el bullicio cotidiano, algarabía que crecerá en proporciones en buena medida ajena al significado de la celebración. No obstante, antes de que el Mesías renueve su propio compromiso con un mundo deteriorado en valores, antes incluso de que muestre su verdadero rostro en San Lorenzo de la mano del nuevo año, la Esperanza despertará a la Fe del letargo masificado, reconduciendo la senda que a la postre unirá Belén y Jerusalén en escasos cien días.

Afirmó Séneca, y así consta, que «los deseos de nuestra vida forman una cadena cuyos eslabones son las esperanzas». Nada más lejos, en Sevilla es la Esperanza, Macarena, quien fortalece cada capítulo de la vida, y a la que desde la propia mañana del Viernes Santo aquí se la aguarda como preludio a lo que vendrá, en el que es su mes, el mes de la Esperanza.