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Una nueva oportunidad

José Antonio Martín Pereira | 5 de septiembre de 2018 a las 12:06

Llegó septiembre. Mes de cambios, de vuelta a la rutina para casi todos, tiempo de dejar atrás los vaivenes sustanciales del verano e incorporamos radicalmente a los hábitos y obligaciones. Septiembre trae también, además del innumerable concurso de coleccionables que colorean el escaparate de kioskos y librerías, la apertura de un nuevo curso pastoral y cofrade, alentado por la actitud «entusiasta y decidida» con la que nos invita monseñor Asenjo en su última carta.

Se abre así una nueva oportunidad para nuestras hermandades, insertas en el escenario cada vez más difícil que plantea la desaforada ruptura Iglesia-Estado, y en el cada vez menor número de cofrades comprometidos, que sepan ir más allá del mar de medallas al viento cuando se celebran los cultos o el día que la cofradía realiza su estación de penitencia.

Vivimos, como oí decir a un cura recientemente, en tiempos de conformismo con Dios, de limitarnos a volcar toda creencia en la intimidad, y por ello no nos sorprende encontrarnos cada domingo los mismos rostros en misa. Si a esto unimos un marco incuestionablemente adverso, la responsabilidad para intentar voltear la situación no queda en otras manos que no sean las nuestras.

Se plantea pues una nueva ocasión para las hermandades, auténticos ejes vertebradores de la Iglesia no sólo en Sevilla, sino en cualquier parte de España, para intentar alcanzar nuevas cotas. Innegable se traducen la labor social y caritativa diaria que éstas realizan o la exquisita forma con la que celebran sus cultos ordinarios y extraordinarios, pero hace falta más y eso nos compete a todos. Lo ideal sería trasladar ese buen hacer a la formación integral de los hermanos, partiendo de dejar a un lado aquellos cotos y egos personales que provocan divisiones internas y conflictos fuera de lugar. Quizás entre todos, poniendo cada uno la parte que nos corresponda, podamos revertir sobre el tablero la partida que como cristianos nos toca jugar.

Semana_Santa_Sevilla

Sevilla renace

José Antonio Martín Pereira | 12 de marzo de 2018 a las 14:38

La Cuaresma no es sólo un tiempo litúrgico destinado a la preparación de la llegada del Misterio Pascual. Una vez más, el cartapacio que contiene los secretos de la primavera sevillana abrió sus pastas, como viene ocurriendo cada año desde hace siglos, para que multitud de albares láminas vean la luz, esa cuyo color se asemeja al que desemboca sobre el firme de la Bética proveniente de olivareras campiñas. Así en invierno, como si el almanaque mutara sus complejidades, la Cuaresma, con su rigor irreprochable y sus primeros signos recupera la ciudad en la que el Barroco sembró plenitudes, cimentando los vacíos dejados por el recuerdo y renovando planteamientos y esquemas mentales.

Y dentro de la desnaturalización que rodea a la fe del día a día, oculta tras la Semana Santa de todo el año ahormada para ocio y disfrute por el cofrade de hoy, la ciudad en su conjunto a través del ejercicio diario de sus hermandades ha adquirido la necesaria madurez que la lleva a alcanzar las virtudes del tiempo presente transformándolas en el desarrollo de lo estrictamente cotidiano.

De este modo, la lenta transmutación que ejecuta el molde del escenario idílico con el que nos levantaremos en la mañana del ansiado Domingo de Palmas, aquel que invitará a ensartar con hilo blanco el alfiler con el que bordaremos en oro y plata un nuevo capítulo de la memoria, postula síntomas que invaden incluso el propio deterioro estructural y sentimental donde se ahogan a diario viejas riquezas.

Es precisamente por ello que la Cuaresma se convierte en llave maestra del enigma con el que Dios se acerca sin vestimenta ociosa, sólo a través de la Palabra, para proponernos la conversión. Y lo es incluso por encima de aquello que creemos descifrar por nosotros mismos, o más allá de hacia dónde nos pretendan dirigir. La espera es armonía sobre la que descansa el ajetreo, es mansedumbre que refleja en la inspiración con la que el color de las nuevas tardes trasluce aquello que pretendemos experimentar pero aún guarnece. A veces sin buscarlo lo encontramos, y es entonces cuando las respuestas brindan por sí mismas la correcta vereda. Sevilla tiene su propia llave, la llave que descubre un horizonte marcado y que conformamos entre todos, la llave que inspira su renacer durante cuarenta días y cuarenta noches.

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¡Dejen de meter miedo!

José Antonio Martín Pereira | 2 de marzo de 2018 a las 13:25

La seguridad se ha convertido en uno de los objetos de debate prioritarios para cualquier equipo de gobierno que se preste. La extrema sensibilidad con la que los ciudadanos afrontamos el tema sitúa a las Administraciones ante una responsabilidad sin precedentes hasta ahora, y a la Semana Santa de Sevilla, expuesta a una encrucijada de intereses peligrosamente contrapuestos.

Partiendo de la base que en la Semana Santa de Sevilla son casi 3.000 los agentes de la Policía Local y fuerzas de seguridad del Estado quienes integran el operativo puesto en marcha para la ocasión, fruto de la colaboración entre la Delegación del Gobierno en Andalucía, el Ayuntamiento y la Delegación de la Junta en Sevilla, los graves incidentes acaecidos durante la pasada Madrugá han determinado un giro radical de cara a este año, concretado en una serie de medidas destinadas a evitar situaciones similares.

En este sentido, amén de ciertas innovaciones técnicas preventivas añadidas a algunas modificaciones de horarios e itinerarios, hemos pasado, radicalmente, de intentar buscar las causas y los culpables de aquellos desgraciados incidentes, que los hubo (y sino que pregunten a los Diputados Mayores de Gobierno de las distintas cofradías implicadas), a la última de todas, es decir a que nos intenten hacer creer que una serie de mensajes en cadena difundidos a través de WhatsApp y Twitter van a salvarnos de la histeria colectiva que genera la propia naturaleza humana ante lo gravemente desconocido.

Todo en mitad de una Semana Santa cada vez más encorsetada, la de los últimos años, en la que los cortejos atraviesan calles desiertas o, en su defecto, caminan en el sentido que marcan las vallas de color limón. Una Semana Santa gobernada por una falta de educación exacerbada, por la constante desacralización de sus otrora fervientes signos, y por la escasa unión que demostramos los cofrades cuando se trata de afrontar aspectos básicos. Una Semana Santa, además, en la que interesadamente el pánico ya derrama chorreones de cera hirviente, en la que se ponen parches a no se sabe el qué, pero que hábilmente están consiguiendo fermentar entre intereses personales para, tal vez, dejar constancia de algo que para nada necesitamos.

Llegados a este punto nos preguntamos, ¿qué pasará?; ¿a quién debemos temer?; ¿quién es nuestro enemigo?; ¿contra quién saldremos a luchar?. Miedo, si repasamos la Historia, pasarían nuestros hermanos en tiempos de la Segunda República, por citar sólo un ejemplo de uno de los períodos más infaustos a los que han sobrevivido nuestras cofradías, porque lo que ahora se observa más bien se entiende como relativización de intereses de cara a colocar a la Semana Santa y a sus cofradías una bomba de ventilación para insuflar respiración asistida ante determinados problemas de salud que no se corresponden como mal endémico de la celebración, sino que más bien pertenecen a la degradación colectiva de la sociedad que formamos parte.

Y es que desgraciadamente , los problemas a los que se enfrentan las cofradías no son exclusivos a la celebración de la fiesta, sino que afectan a lo cotidiano y precisamente por ello pasan desapercibidos a la conciencia universalizada. La Semana Santa en general, la Madrugá de Sevilla en concreto como principal objeto de debate, se alza como un simple altavoz por la dimensión que obtiene todo cuanto se le interpone.

Por ello pienso que si no se atajan de raíz las verdaderas inquietudes en materia de seguridad que como vecinos nos intimidan en nuestro día a día, los que se evidencian provocados por la masificación de las calles en Semana Santa, buena parte o todo lo que intentemos caerá en saco roto, porque los problemas no vienen cuando una cruz de guía traspasa el dintel de su templo y pisa la calle, ni tampoco lo traemos los cientos de miles de personas que tranquila y educadamente, como por cierto se viene haciendo desde que las cofradías tienen su origen, salimos a conversar con Cristo y su Bendita Madre contemplando serenamente el milagro de cada primavera y disfrutando de la ciudad a la que amamos; los problemas los traen, y reitero no exclusivamente en Semana Santa, quienes ponen su ausencia de civismo y valores al servicio de la ley que los ampara, protege y acoge.

¿O es que acaso los botellones y las peleas ocurren sólo cuando hay hermandades en la calle? Siendo así, es decir, utilizando a la Semana Santa como gran laboratorio de pruebas, hemos de reconocer que la mayor preocupación para muchos de los que salimos, insisto tranquila y educadamente, a participar de la protestación colectiva de fe que es la Semana Santa, pasa por las dichosas sillitas plegables, las cuales cumplen una década entre nosotros y a las que nada ni nadie parece poner remedio.

Dejando claro, pues, que toda acción formativa debe tener como principal objetivo ser de utilidad, y que algo es útil cuando satisface una necesidad, y la seguridad no sólo es necesaria, sino obligatoria para todos, resulta evidente también que la Semana Santa de Sevilla requiere de una reforma integral en la que participen de manera unánime cada uno de sus agentes. Cierto es, y así lo reconocemos quienes participamos de ella durante los 365 días del año, que las hermandades son reticentes a cambios drásticos inmediatos, pero no es menos cierto que si no hubieran sabido adaptarse a los vaivenes del tiempo con toda seguridad no habrían llegado al presente, con lo cual ese cambio, en el que a menudo se omite a Dios, no pasa ni de lejos por el control de las redes sociales ni tampoco puede ser guiado por agentes externos ajenos en buena parte a la integridad moral y sustancial de nuestras cofradías, y que han visto aquí un extraordinario filón de negocio.

Empecemos a construir por abajo, y no desde arriba, fomentando la educación en valores en casa, en los centros educativos o en las propias hermandades, puesto que ahí reside la clave, permitiendo dicho sea de paso a la Semana Santa aprovecharse de la modernidad que nos rodea sin renunciar a la esencia y al compromiso cristiano que la sostienen. Abracemos su combinación. ¡Dejen de meter miedo!

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Más que altares y pasos

José Antonio Martín Pereira | 29 de marzo de 2017 a las 11:11

Afortunadamente la Cuaresma abarca más de lo que se desprende de altares y pasos. La semilla que toma su alimento del día a día no necesita de accesorios tangibles, se desarrolla en pequeños gestos y excede a cualquiera de las catequesis que en el tiempo presente decoran cada recoveco de la ciudad. La única premisa es tener abierto el corazón a Dios, confiando siempre en su voluntad y presencia.

La estampa que ilustra estas breves líneas fue tomada en una inhóspita habitación de hospital, allí donde cada día el diputado mayor que es el miedo precede a la cofradía más austera, en la que nadie solicita ser listado pero que en ocasiones reclama a formar parte de sus tramos. Donde no alcanzan los aromas del azahar que en estas noches dominan el aire, una medalla en la que se adivina el rostro de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder sirve de consuelo ahora que el corazón respira acelerado. Es, con todos sus argumentos, el extraordinario poder que despierta la fe, capaz de hacer frente a obstáculos y adversidades, capaz en definitiva de mantener siempre viva la llama de la esperanza.

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La Navidad está viva

José Antonio Martín Pereira | 23 de diciembre de 2016 a las 12:59

Corren días de vorágine mediática y consumista. Prácticamente podría decirse que la Navidad aterriza en nuestros salones con la llegada del mes de noviembre, la publicidad y los escaparates se encargan de recordarnos un adelanto tan inapropiado como recurrente, que con el paso de los años está calando en la manera de interpretar una festividad a la que ciertamente le sobran matices, y no necesita de añadidos secundarios.

Luego están los que quieren eliminar cualquier signo o elemento cristiano de la Fiesta, que viene a ser algo así como si a la persona que cumple años se le prepara una gran celebración cargada de adornos y repleta de mensajes pero se prohíbe tajantemente invitar al festejado. Curiosa manera de alterar los caminos que, por otra parte, responde a un guión repetido a lo largo de la Historia por las diferentes sociedades.

No obstante son precisamente estas circunstancias contrarias las que fortifican el período que viviremos intensamente durante estas fechas, porque la magia y los buenos deseos una y otra vez terminan imponiéndose. El abrazo de un ser querido, las felicitaciones desde la lejanía, la riqueza de la Palabra o los cientos de miles de voluntarios que dedican parte de su tiempo a aliviar la situación de otras personas siempre superan y siempre superarán los puntiagudos cercos que acechan la llegada del Mesías. En base a ello nos hallamos en posesión de afirmar que la Navidad está viva, muy viva.

Al hilo de esto último oía la otra tarde en un retiro de Adviento que para los cristianos es tiempo de gozo, de comprender qué necesita Dios de nosotros y cuánto podemos ofrecerle. En este sentido quizás en los pequeños detalles a nuestro alcance logremos acoger como merece la llegada del Salvador, ésa es sin lugar a dudas la mejor respuesta contra quienes ansían aniquilar su presencia ocultando símbolos y despreciando sus mensajes.

¡Feliz Navidad para todos!

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La adoración de los pastores. El Greco (1612). Museo del Prado

Julio no entiende de cofradías

José Antonio Martín Pereira | 20 de julio de 2016 a las 11:28

Tras la intersección entre quincenas, y bajo la insondable sensación de aridez y ruido de obras en la que la ciudad queda sumida cuando el verano evidencia su extremo más señalado, se extiende entre los cofrades la percepción de que julio es un mes que no entiende de cofradías. Descanso agradecido, solamente alterado por la insipidez que vive en permanente estado de realidad alrededor de los que suspiran por hacer del invento su entretenimiento diario. No hay más, el curso quedó cerrado y la toma de oxígeno se torna más que en imprescindible, para buscar a Dios no se necesita más que la propia voluntad de encontrarlo.

En este sentido además, si algo tiene de buena la pegajosa etapa estival es la armonía que se respira en los templos, entre el frescor de sus pesados muros. A un lado el ajetreo y la vulnerabilidad con la que el día a día rodea de espinas la cercanía que intentamos mantener con Dios. Es momento para abrir nuevas rutas, para tender la mano a Aquel que nunca falla. Entre tanto las chicharras (o cigarras) convocan conciertos mañaneros allí donde las sombras de los espigados verdosos ofrecen cobijo, avivando la existencia de un tiempo que no merece ser despreciado.

¿Vacaciones con o sin Él?

José Antonio Martín Pereira | 2 de agosto de 2015 a las 12:42

En el intermedio veraniego que determina el cambio en la hoja del almanaque, inmersos en ese breve paréntesis en el que se cruzan los que van con quienes vuelven, y a tenor del panorama social que nos envuelve a todos, cabe preguntarnos cómo de grande es la distancia que guardamos con Dios en estas jornadas de tardes alargadas y calurosas noches.

De este modo y por mucho que, por causas naturales relacionadas con la crisis económica, el concepto vacacional haya variado para muchas personas y no puedan disfrutar de unas vacaciones como otras veces las habían tenido, lo cierto es que culturalmente asociamos el verano al tiempo de descanso, de tal manera que con viajes o sin viajes lo irrefutable es que caminamos sobre un tiempo de ocio que, sin embargo, no puede ser sinónimo de abandono de Dios.

Pero ese peligro existe, e inconscientemente podemos caer en vivir la longitud del verano en ausencia de Dios, aparcando la fe cristiana para los días ordinarios como si el desarrollo de la misma se tratara de algo más en medio de la vorágine de cosas que ocupan nuestra mente en otras etapas del año. Pensar en el verano como una especie de balsa a la que le cabe todo tipo de olvido es un lujo que como cristianos no podemos ni debemos permitirnos, máxime cuando un leve ejercicio de reflexión puede encontrarse a golpe de click, en una de las numerosas aplicaciones que nos permiten mantener el seguimiento de las lecturas diarias. Además, si en tiempo vacacional contamos con más tiempo libre no es poco cierto que, por eso mismo, deberíamos estar más dispuestos a acordarnos más de Dios mediante la oración, o visitándole en la piel de un enfermo, o simplemente acudiendo al Sagrario de la localidad de paso. En cada uno de nosotros queda…

evangelizo.com

Captura de pantalla de la App móvil Evangelizo

Fuente de luz

José Antonio Martín Pereira | 10 de marzo de 2015 a las 12:29

Admiramos un tiempo transformado en sinfonía de actos y manifestaciones en el que el Verdadero protagonista es relegado en ocasiones al papel de actor secundario. Como en otras facetas de la existencia, la ceguera viene motivada por el don de elegir, y ello inspira a tomar vías las cuales aunque creamos alternativas distan mucho de la teoría que se intenta poner en evidencia. El vórtice de la Cuaresma trae respuestas, mientras la fuente de luz que emana permanentemente en San Lorenzo no deja secar el caudal del rumbo lógico.

Gran Poder Sevilla

Cinco minutos

José Antonio Martín Pereira | 26 de febrero de 2015 a las 11:41

Lleva tatuada la agenda de cultos de la semana. Admira retablos de cera como si de éstos nacieran los amaneceres. Se jacta de su habilidad para recorrer cada besapié o besamano con su cámara de fotos bajo el brazo. Suma varios meses viendo vídeos, y expone públicamente a diario la cuenta atrás hacia el Domingo de Palmas. Seguro que no han quedado inadvertidos en su conciencia los últimos movimientos en cuanto a la configuración de horarios e itinerarios. Conoce cada particularidad o nuevo estreno. Repasa cada día las marchas y sones más característicos. Devora letras moradas. Se cataloga incluso como buen cofrade, porque no pierde detalle de una Cuaresma que avanza sin demora. ¿Pero ha dedicado cinco minutos a Dios? Es posible que en esa corta delimitación del minutero se hallen multitud de respuestas.

La Cuaresma es, no cabe duda, tiempo de reencuentro con Dios en esa búsqueda de equilibrio cristiano en tantas ocasiones necesitada. Aún falta camino por recorrer, y por tanto oportunidad latente. Tal vez cinco minutos al día superen con creces los cánones presentes del cofrade capillita. Es cuestión de probar…

La Navidad del Cachorro

José Antonio Martín Pereira | 24 de diciembre de 2014 a las 12:08

Inmersos en una profunda crisis social y de valores, la Navidad, más allá del bombardeo publicitario, aparece como todos los años con mensajes y deseos de paz verdadera fundamentados en el nacimiento del Mesías.

Festejamos un hecho religioso: Dios se hizo un ser humano, y quiso nacer en el seno de una familia, en una gruta de Belén, hace 2014 años, después de que una joven doncella, María de Nazaret, diera a luz al hijo que había concebido virginalmente. Este Niño, que lleva por nombre Jesús, es Dios que entra al mundo como hombre de verdad.

En Jesucristo, Dios quiso vivir nuestra vida humana. Desde entonces todo lo humano quedó elevado al plano divino. Y la puerta por la que Dios quiso asumir nuestra condición humana es la familia. De este modo, los relatos bíblicos del Nacimiento de Jesús tienen como epicentro a la familia.

Ésta es la realidad que celebramos en la Navidad. En la Nochebuena nos reunimos en familia, y a través de ella redescubrimos la cercanía de ese Niño Dios al que posteriormente pondremos el rostro del Cachorro trianero. Y es que solo Jesucristo, el Cachorro, es capaz de reunir en familia incluso a los que repudian su doctrina y atacan a los creyentes de su Palabra.

La familia es pues, la protagonista universal del día de hoy por encima de razones morales o doctrinistas contrarias al verdadero sentido de la fiesta que conmemoramos. Aunque la situación social, la cuestión económica o la enfermedad son problemas reales, de la mano de Jesús, y en la cercanía de nuestras familias, encontraremos la verdadera fuerza interior para no caer en la desesperanza. La familia, en definitiva, es y seguirá siendo la principal valedora de la Navidad del Cachorro por mucho que pasen los años.

Feliz Pascua de la Natividad de Nuestro Señor.

NavidadFoto: Nacimiento de la Hermandad de La Macarena