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¿Cambiará el modelo?

José Antonio Martín Pereira | 30 de octubre de 2015 a las 11:56

A principios de la presente semana se conocía que el Crucificado de las Cinco Llagas de la hermandad de la Trinidad será la imagen que presida el Vía Crucis que organiza el Consejo de Cofradías, en ésta que será la cuadragésimo primera edición desde que se celebra el piadoso ejercicio bajo las naves de la Santa Iglesia Catedral y que tendrá lugar el próximo 15 de febrero de 2016.

Nada más lejos la noticia más que por sorpresa lo que vino fue a confirmar las quinielas, siguiendo la tendencia de los últimos tiempos en la que el bucle gira en función a dos factores: la compensación y el carácter cíclico; ambos estrechamente conectados a la mirada al pasado, eliminando prácticamente al cien por cien la opción del factor sorpresa. Cabe citar que el Sábado Santo era la jornada que más tiempo llevaba sin ser protagonista de dicho acto, concretamente desde que en 1998 lo hiciera con el conjunto escultórico de la Piedad de Los Servitas.

La elección del Vía Crucis se ajusta de este modo nunca mejor dicho a lo políticamente correcto, y es producto de un molde al que se le va dando forma a fuego lento. Eso no quiere decir que el modelo sea ni bueno ni malo, pero lo que sí evidencia es una pérdida absoluta de interés por el desenlace ya que, filtraciones aparte, bastante antes a la designación oficial es posible intuir casi a ciencia cierta cuál será el resultado. El procedimiento a posteriori se identifica en la justificación del hermano mayor de turno respecto al redescubrimiento al que se someterá la imagen en cuestión por la Sevilla cofrade, argumento manido que, en circunstancias como la del Cristo de las Cinco Llagas (que cada Miércoles de Ceniza celebra su propio Vía Crucis) cae por su propio peso.

Con esta última designación quedarán 27 hermandades por hacerlo a los que hay que sumar las 9 de Vísperas, o lo que es lo mismo, salvo que el modelo cambe necesitaremos ver pasar más de tres décadas para contemplar estampas de devoción mayúscula entorno al Señor del Gran Poder, absoluto aglutinador del sevillano credo. Tal vez no esté de más que la oportunidad se presente mucho antes, ahora justamente que el ejercicio público de la fe está en tela de juicio no habría mayor efecto que el de reencontrar al Señor con su pueblo fuera de la Madrugá del Viernes Santo y de su Basílica.

Via Crucis Gran Poder
El Señor del Gran Poder durante el Vía Crucis de 1979/Consejo de Cofradías de Sevilla

La oportunidad, ahora

José Antonio Martín Pereira | 20 de septiembre de 2012 a las 14:56

Recién levantaos los zancos del nuevo curso, con el Año de la Fe marcando el izquierdo (su inauguración en nuestra Diócesis tendrá lugar el próximo 14 de octubre en la Catedral), varias son las cuestiones que identificarán el que será un recorrido que, como marcan los cánones, concluirá toda vez atravesemos el dintel que separa la primavera del verano. Las fechas, con la Semana Santa como telón de fondo, están más que claras: el 15 y el 27 de octubre respectivamente, se elegirán al cartelista y al pregonero; en cuanto a la imagen que presidirá el Vía-Crucis, se sabrá (filtraciones aparte) llegado el 5 de noviembre.

Con respecto a esto último, abierta queda la posibilidad, anhelo de una gran corriente, de que el Gran Poder pudiera repetir el encuentro con sus fieles en tan remarcada cita, como ya hiciera en las ediciones de 1979 y en 1987. Si de lo que se trata, y así parece pretenden fomentar desde el Consejo de Cofradías, es de evangelizar a través de las Imágenes, en Sevilla las miras no deben sino fijarse en la viva representación del Dios humilde y bondadoso que carga la pesada Cruz de nuestros pecados, por mucho que la devoción pueda o quiera pesar por otro lado. Basta acudir a la Basílica para comprobarlo con certeza.

Precisamente por esto, argumentar una cierta cronología en el reparto de la distribución del acto implica hilar fino, y tratar de colocar a las Vísperas, cuando todavía restan Imágenes centenarias (al caso el Cristo de la Expiración del Museo por ejemplo) las cuales no han tenido lugar de ser protagonistas, aún lo es más. El Gran Poder no cabe la menor duda sería la llave que abriría la puerta de la fe de Sevilla al mundo, si bien todo parece indicar que esta gran oportunidad finalmente pasará de largo por la zona noble de San Gregorio.

Queda esperar, al menos, que de organizarse algún tipo de acto central por parte de las hermandades, éste se conciba lo más litúrgico y menos folclórico posible. Si así fuera, ya habríamos dado un paso adelante.

Pregones libres

José Antonio Martín Pereira | 28 de marzo de 2011 a las 17:54

No, si a partir de ahora los futuros pregones únicamente van resultar un acervo de rimas más o menos impecables pero si alterar la armonía de unos y otros, presentes y ausentes. Tomemos con cierta gracia los disgustos pululados desde la Plaza Nueva, vaya ser que sus preceptos contribuyan a desarmar la libertad adquirida hace décadas. Lícito es que el arzobispo suministre su criterio a los miembros del Consejo cuando se trate de designar al pregonero, pero de ahí a implicar a los poderes políticos dentro de esa elección existe un trecho que debería mantenerse distante.

Pregonar es, según la primera acepción del diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, «decir algo en voz alta para conocimiento de todos». Qué pensaría de lo anterior D. Federico García Sanchís, aquel que pronunciara en el desaparecido Teatro “San Fernando”, un 20 de marzo del año 1937, la primera exaltación a los días de la Gloria sevillana. Es innegable que cada persona atesora su propio gusto entorno al pregón y, llegado al caso, lo materializa en función a sus sentimientos. No sería necesario indagar en los anales, bastaría remontarse un año atrás para hallar un estilo extraordinario, singular, y superior literariamente al inmenso repertorio de escritos, paradójicamente incomprendido por la mayor parte de un público que entiende por ideal aquel que repasa cada una de las hermandades. García Barbeito abrió su corazón manifestando una serie de vivencias personalísimas representadas en el campo desencantando a algunos pero siendo fiel a sus convicciones, porque de eso se trata.

Comprendan los representantes públicos que el ejercicio de sus cargos limita entre la frontera de lo grato e ingrato, de lo placentero y lo incómodo, y que precisamente su autoridad tiene el cometido de saber discernir presiones. Cualquier añadidura que coarte la autodeterminación de quien se enfrenta al peso del atril será poner en riesgo la celebración de un acto señero en el inconfundible calendario cuaresmal según Sevilla.