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Primeras Comuniones: transmutación religiosa

José Antonio Martín Pereira | 5 de mayo de 2015 a las 12:25

Mayo es, entre otras cosas, el mes de las Comuniones. Sin embargo el hecho de celebrar la Primera Comunión hace tiempo que ya dejó de tener el significado con el que se implantó en la sociedad española. El concepto religioso ha quedado relegado definitivamente a un segundo o tercer plano en la mayoría de las celebraciones, en las que lo que más importa es el vestido, el banquete y, sobretodo, los regalos. Cabe puntualizar que en sus orígenes, allá por el siglo XIII, la Primera Comunión no poseía carácter de acto socialmente relevante, pero a partir del siglo XX y hasta la actualidad las circunstancias a la hora de llevar a cabo la celebración han cambiado sustancialmente, hasta tal punto de que limousines, coches de caballos o espectáculos de dj´s formen parte cada vez con más asiduidad de los excesos a la hora de conmemorar tal día.

Tanto es así que existen hasta comuniones por lo civil (así como bautizos de la misma índole), en lo que viene a concluir la transmutación de la ceremonia religiosa por una exhibición de poderío económico familiar que mueve cientos de miles de euros al año. De este modo la Primera Comunión, al igual que ha sucedido con otras celebraciones religiosas como las bodas, la Navidad o la propia Semana Santa, evidencia dos de los aspectos esenciales de la transformación de la sociedad española: el laicismo y el consumismo. Y dentro de esta nueva concepción, el momento central como no podía ser menos se ha desplazado de la iglesia al restaurante.

Lo que está claro es que la Eucaristía o la Sagrada Comunión, en la iglesia católica, significa recordar y volver a celebrar aquella última Cena de Cristo junto con sus apóstoles. La Eucaristía es en sí misma la fuente y culmen de la vida de todo cristiano. Es el sacramento del cuerpo y de la sangre de Jesucristo, con el pan y vino, y ello es algo que habría que recordar a muchos padres y madres. A la vista está, da pena comprobar en lo que nos estamos convirtiendo…

Rizar el rizo

José Antonio Martín Pereira | 20 de julio de 2014 a las 12:04

Ni los calores propios de la estación presente delimitan los desvaríos propios de cierto sector de las cofradías sevillanas. De este modo, el pasado martes pudimos conocer que la Virgen del Rosario de la hermandad de Montesión visitará la capilla de la Estrella en su anual rosario de la aurora, que tendrá lugar el próximo 1 de noviembre de 2014, toda vez dicho acuerdo emitido por la junta de gobierno de la corporación de la calle Feria fuese acogido positivamente (como se preveía) por la hermandad de la Estrella.

Nada nuevo bajo el sol. Mucho se ha hablado en los últimos años sobre la proliferación de las salidas extraordinarias en las cofradías, y de los excesos en ciertos de los denominados actos de culto externo tradicionales cuyos orígenes, en alguno de los casos, se cuentan con los dedos de una palma. Hasta la autoridad eclesiástica ha intervenido en determinadas ocasiones, sin embargo la falta de equidad en sus decisiones no ha hecho más que avivar un debate de posturas cada vez más alejadas.

En realidad pudiera decirse que lo que se ha producido es una desorbitada alteración de fundamentos. Si bien en los primeros siglos de vida de las cofradías las salidas extemporáneas se debían a hambrunas, epidemias, riadas o sequías, en la actualidad se busca justificación en la veintena de años de la hechura de una imagen o en el buen estado de relaciones entre corporaciones, circunstancias aplicadas sin pudor a cualquier tipo de actos de culto externo.

En este sentido, cabe recordar que la exposición pública de la fe por parte de las cofradías sevillanas siempre ha sido entendida como una forma de demostrar que éstas mantienen su vitalidad no obstante, qué sentido tiene que la Virgen del Rosario cruce el puente para visitar Triana. Es de suponer que la percepción de aquellos que lo buscan o lo ven no andará muy lejos de lo que defendían algunos allá por el mes de mayo, donde la Macarena en salida extraordinaria acumulaba retrasos de cuatro horas haciendo visitas a templos donde los titulares se montaban en pasos para recibirla. Rizar el rizo es la moda que impera en estos tiempos en los que no se apuran bien los motivos y se da pie a los excesos. Luego nos quejamos…

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