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La vergüenza ahora es lástima

José Antonio Martín Pereira | 28 de agosto de 2011 a las 9:38

Probablemente no debería entrar al trapo de las provocaciones, al fin y al cabo es lo que buscan los amparados en pseudónimos de la cobardía. No obstante, ni mucho menos sobra aclarar que éste en el que usted se encuentra es un Blog católico-cofrade, actuando lo primero de base y directriz sobre lo segundo, y significando por ende que un servidor ni por asomo se plantee remar en contra de los principios que asientan base en El Vaticano. Califíqueme, si le apetece, de retrógrado y carca, sin olvidar que no represento ni soy portavoz de nada ni nadie.

Y sepa que aún sigo perplejo. Durante la semana que consuma he experimentado en primera persona sensaciones similares a las que atravesaron el asombro de los peregrinos que durante Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) paseaban por las inmediaciones de la Puerta del Sol en la fecha y hora en la que se produjeron los altercados previamente respaldados por la pasividad del Ministerio de Interior (quede bien remarcado). Todo por un artículo en el que expresaba mi opinión, fundamentada, acerca de los desproporcionados ataques perpetrados sin consideración a cargo de grupos extremistas camuflados bajo el apelativo de “indignados”. Lástima me dan, porque no distinguen que “indignarse” negando los derechos de otros es totalitarismo, no tolerancia.

Lo paradójico es que ya lo advirtió el propio Jesús: «Pero antes de todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre» (Luc 21:12). Y siendo así, desde los Apóstoles y hasta nuestros días la tendencia, en diferentes escalas, ha tratado de atravesar las murallas que resguardan los cimientos de la Palabra. Y opino ciertamente que parte de culpa, en la disposición actual y en lo referente a nuestro país (el del “todovale” o “valetodo”), por significar el escenario más cercano y por lo tanto mejor interpretable, la tenemos los propios católicos, por permanecer impasibles ante hostigamientos del tipo “os vamos a quemar como en el 36”, manifestados abiertamente a lo largo del atentado a la democracia anteriormente referido. ¿Acaso esto no es suficiente para hacernos reaccionar? El resto, en similar porcentaje, se halla en la omisión de responsabilidades por parte de un ámbito político al que se le deberían exigir respuestas antes necesitar otro encargo de etiquetas de “perturbado” para todo aquel que en el futuro (esperemos no suceda) ejecute un macabro plan perfectamente diseñado contra la Iglesia Católica o sus fieles. En Sevilla, a la memoria por aquello de la repercusión mediática, la brutal agresión al Señor del Gran Poder. En España una holgada lista.

Y a los “valientes” que, o bien se esconden tras una pantalla (aburriéndose demasiado), o bien se dedican a dar muestras de obstinación contra todo lo que pueda oler a católico, recordarles un contundente dato: la Iglesia Católica, la que tratan de despedazar, ahorró el pasado año 2010 al Estado una cifra superior a los 31.186 millones de euros. Además, en lo relativo a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), la cual lentamente va siendo desmenuzada, sepa que nueve de cada diez extranjeros recomendarán visitar España tras haber participado en la misma. Que no lo digo yo, lo expone el avance de resultados de la encuesta realizada por la consultora de investigación sociológica y comunicación GAD3, por encargo de la organización de la JMJ, a juicio de las respuestas de 2.800 peregrinos (la mitad españoles) que han contestado al cuestionario enviado por Internet a los más de 400.000 participantes inscritos. Y aún hay más, y es que las estimaciones sitúan en unos 160 millones de euros los beneficios que se han llevado los hoteles, el transporte y los comercios madrileños con motivo del mencionado evento mundial católico. Y no lo digo yo, lo expresaba el presidente de la Cámara de Comercio de Madrid y de la Confederación de Empresarios de Madrid (CEIM), Arturo Fernández, hace varios días. Asimismo, tampoco lo digo yo, en esta ocasión lo resaltaba el pasado martes el director general de la Asociación Empresarial de Hostelería de la Comunidad de Madrid ‘La Viña’, Juan José Blardony, con motivo de la  JMJ se repartieron tres millones de tickets de comidas y cenas para los peregrinos lo que ha supuesto, según sus estimaciones, beneficios alrededor de 22,5 millones de euros.

Y a modo de epílogo, la misma invitación que ya realizara en semejantes circunstancias. Pásese usted, enemigo de la Iglesia, por cualquier despacho de Caritas, y luego juzgue y valore habiendo comprobado el por qué muchas familias subsisten en estos tiempos de dificultad y precariedad. Quizás su objetivo cambie.

Saldo positivo

José Antonio Martín Pereira | 21 de agosto de 2011 a las 15:29

A pesar de los denigrantes comentarios que pululan encendiendo mechas por las malcriadas redes sociales, el comportamiento ejemplar de los casi dos millones de peregrinos (las cifras varían de una fuente a otra) otorga saldo positivo a la visita del Santo Padre Benedicto XVI sobre la ciudad de Madrid, al menos considerando impresiones desde la vertiente que cree y sigue a Cristo. Por cierto, la intolerancia del laicismo totalitarista fermentado y avivado con virulencia durante los últimos tiempos en éste el país del “todovale”, y refrendado especialmente en estos días a base de violencia (física y verbal), lo que ha venido es a hacernos más fuertes. Vuelvo a preguntarme, al hilo de todo el revuelo que colea, el por qué de la intransigencia de ciertos grupos sobre una multitud que simplemente exponía sus pareceres, de la forma más pacífica posible, situándonos a la vez como epicentro del mundo. Obviamente la respuesta se halla en una España vacía, carente de principios y con una juventud sin dirección, síntoma claro de hacia dónde nos dirijimos como Estado. Hágase la siguiente pregunta: ¿Quién se hubiera manifestado contra una concentración de budistas? De antemano apuesto a que nadie.

En cuanto a los actos, marcados como bien sabrán por las inclemencias meteorológicas (excesivo calor y fuertes aguaceros), cabría resaltar el sobrecogedor silencio profesado por los centenares de miles de asistentes durante la adoración eucarística, prueba palpable de la magnitud del evento. Mensajes claros y rotundos, necesarios, que exigen por sí mismos ser tenidos en cuenta y que eso sí, poco o nada encajaban con un acto, el del Vía Crucis con imágenes representativas de las diferentes Diócesis españolas, al que se le presuponía escaso éxito llegado el momento, como así ha ocurrido.

Y dedicado a los amantes de los números, un apunte: Cáritas ha vuelto a dar de comer hoy a casi 800.000 ciudadanos de este país, como hizo ayer y hará mañana, gracias a Dios.

¡Qué vergüenza!

José Antonio Martín Pereira | 18 de agosto de 2011 a las 23:43

Vergüenza de país. Lastimosa ausencia de civismo, cultura, compostura, respeto y conocimiento de la realidad. No estamos en la Edad de Piedra, pero por una parte de la sociedad, la de los “salvamundos de sofá” y el sector político que le da carroña, como si lo pareciera. De este grupete, asignándoles un apelativo jocoso que supla el ya manido y descubierto de “indignados”, vinculado a las pasadas elecciones municipales y regionales, poco queda esperar. Infectados cantares contra la democracia, que ya no se cree nadie. Se acabó la mentira, cortina con la que cubrían falsos ideales, o más bien antihigiénicas tiendas de campañas, y definitivamente dejan paso a la intolerancia y falta de ética. Una pena que desde Moncloa sigan claudicando, más por un puñado de votos que por futuros contribuyentes para tratar de ver la luz sobre el espeso lodo. Tenemos lo que nos merecemos.

Y aquí no valen comparaciones. Madrid se ha llenado de peregrinos que en defensa de su Fe ni causan daños ni interfieren en molestias contra los ciudadanos, más allá de las propias del tráfico. Y si alguien está interesado en hacer números, ahí están las cuentas para demostrar que tanto el Estado como la ciudad de Madrid son altamente beneficiarios de un acontecimiento mundial como es la visita del Santo Padre Benedicto XVI. Y en el supuesto que no lo fueran vayamos al ejemplo, yo con mis impuestos tampoco quiero financiar a los sindicatos, ¿eso me da derecho a escupir a la cara a cualquier sindicalista? Menuda imagen tercermundista la que mostramos ayer al mundo, agrediendo a todo lo que se movía por allí y olía a católico (niños y jóvenes por supuesto incluidos). Si la manifestación laica, prohibida de antemano (y denunciada por los sindicatos policiales) aunque haciéndose vista gorda, buscó la excusa del gasto del Estado ante la visita del Papa, ¿por qué no protestan, por ejemplo, por los miles de millones de euros que han recibido los sindicatos y que no revierten en el desempleo? Es más, le puedo asegurar que no conozco un solo sindicalista activo en paro. Quizás estén es indignados por comprobar que existe otra juventud que defiende unos valores muy contrarios a los suyos y sin necesidad de vivir de “Papá” Estado.

Y añadiendo un último apunte, para concluir, las Jornadas Mundiales de la Juventud no significan exclusivamente movilizarse para ir a ver al Papa, sino que se tratan de multitudinarios encuentros de jóvenes que llegados de todos los continentes se reúnen para compartir ideas y valores comunes. Los viajes se los pagan ellos, y las Diócesis, en esta ocasión las españolas, actúan como meras organizadoras. En definitiva, lo que falta es cultura, de ahí que no conozcan informaciones.

Una sugerencia publicitaria

José Antonio Martín Pereira | 11 de agosto de 2011 a las 15:55

Circunstancialmente, y por causas que no vienen al caso, a diario un servidor observa más de una avioneta surcando el cielo colindante a una de las playas próximas a la ciudad que posee por epicentro a la Giralda. Sonido que invita a la curiosidad, instando a alzar la vista al cielo. Hecho éste singular y sintomático especialmente durante el mes que nos ocupa, sin embargo menos frecuente que a la misma altura de otras temporadas, efecto ya saben o se imaginan de qué.

Al hilo de ello, y ocurrido hace un par de mañanas, tal vez por la mezcla entre aburrimiento e indignación, entronizaba mis pensamientos una idea tan irreal como quizás no demasiado descabellada, teniendo en cuenta fundamentalmente el sinfín de críticas proporcionadas y malintencionadas con las que cierto sector, el conformado por aquellos “salvamundos” que resguardan comodidades bajo asentamientos ilegales de tiendas de campañas, intenta deteriorar la imagen de los católicos de éste el país del “todovale”, ante la inminente llegada del Santo Padre, Benedicto XVI, con motivo de la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud. Pensaba, quería decirle, que bien podría la Iglesia costear la ruta de unas cuantas avionetas y pasearlas por toda la geografía española, a modo de aclaración visual para los que viven de ojos cerrados.

Y es que sepa usted que la Iglesia Católica ahorró el pasado año 2010 al Estado una cifra superior a los 31.186 millones de euros. Este escandaloso apunte es el que tendría que costear la Administración Pública española si tratara de sustituir la labor social que realiza la Iglesia, en el hipotético caso que ésta desapareciese o dejase de hacerse cargo de sus colegios, hospitales, ambulatorios, dispensarios, organizaciones no gubernamentales y muchas otras organizaciones eclesiásticas las cuales no son necesarias enumerar. Y que conste, el dato lo aportaba en su día el profesor Catedrático en Economía D. José Barea, aquel que diseñara y desarrollada políticas económicas durante el gobierno de José María Aznar, y uno de los más prestigiosos economistas españoles.

Cierto es, igualmente, que la Iglesia recibe 250 millones de euros a través del IRPF, proporcionado por los católicos voluntariamente, así como otras ayudas que no llegan a 20 millones de euros, pero no lo es menos que da a la sociedad muchísimo más que lo que propiamente recibe de las arcas de “Papá” Estado. Son datos, como por ejemplo los ligados a la financiación del 80% del patrimonio histórico y artístico de España, o la manutención de 5.882 (2008) centros entre guarderías, Educación Infantil, Primaria, ESO, Bachillerato y centros Universitarios, en cuyas aulas se sientan 1.578.609 alumnos (actualizado ejercicio 2008) y 81.000 profesores. A la última circunstancia añadan los casi 3 millones de euros que supondría construir un centro de enseñanza, con lo cual el Estado debería invertir 15.423 millones para ofrecer el mismo servicio que le proporciona la Iglesia, cifra similar al coste anual de los Ministerios de Interior, Defensa y Fomento juntos.

Mismas propiedades si atendemos al apartado sanitario, en el que la Iglesia católica española aporta 107 hospitales, 128 ambulatorios y dispensarios, 876 centros para ancianos, enfermos crónicos terminales, de sida y minusválidos. La cobertura asciende a 51. 312 camas, que atienden alrededor de 387.376 personas al año.

La lista podría estirarse y precisarse hasta el extremo, pero ésa considero es tarea de todos los que a pesar de la yacija a la que el (des)Gobierno parece estar conduciéndonos por el simple hecho de defender valores, nos sentimos enormemente orgullosos de mantener la firmeza en el camino espiritual hacia Dios.

Corpus Christi. Y brilló el sol

José Antonio Martín Pereira | 23 de junio de 2011 a las 12:07

No es estrictamente correcto argumentar que Sevilla madruga cada año para acompañar a la procesión del Corpus Christi, ya que la festividad se conmemora con ahínco desde la mismísima tarde previa, aquella cuyas postrimerías acogen esplendores de altares vivos de Fe.

Corrían las ocho y media de una mañana en la que el sol ya apuntaba intenciones cuando el arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, oficializaba las primeras palabras en la Santa Misa de la solemnidad del Corpus celebrada en el Altar del Jubileo. A partir de ése momento, Dios al reencuentro de la Sevilla eterna, fundiendo acero para revitalizar los eslabones de la tradición versada entre bermejas espigas y verdores de uvas, Cuerpo y Sangre del Divino.

Entorno a cuatro horas repletas de bullicio y majestuosidad, fermentadas en la conjunción religiosa y civil elevada sobre las fluctuaciones de la política, y colmadas de grandeza al transitar de la comitiva formada por los pasos de Santa Ángela, las Santas Justa y Rufina, San Isidoro, San Leandro, San Fernando, la Inmaculada, el del Niño Jesús de Martínez Montañés, de la Sacramental del Sagrario, el de la Santa Espina, que porta la reliquia más importante de la Catedral, y el de la Sagrada Custodia.

Jornada que al término de la procesión eucarística no concluye, tornándose en inexcusable la oportunidad para admirar los altares, escaparates y balcones exornados en el recorrido y calles aledañas. Ello bajo el sol que vislumbra la magnificencia del Santísimo.

Gran Poder, Dios Eterno

José Antonio Martín Pereira | 20 de junio de 2011 a las 10:44

Aciaga tarde del pasado 20 de junio de 2010. Crepúsculo de luces largas aferradas al albugíneo de la cal en los antiguos patios de vecinos, de jazmines, nardos, y golondrinas asoleadas buscando regazos umbríos. Crónica lacerante, repetida hasta la extenuidad, que aún reposa en las entrañas de la empírica perplejidad. Marcaban las 20:30 cuando el reloj que acompasa el transitar de la ciudad más importante en época de la Bética imperial contenía sus golpes. Convulsión generalizada, extendida como desatado reguero de pólvora, destronando la quietud. El Gran Poder, Señor de Sevilla, había sido atacado al término de la Eucaristía en su Basílica por un individuo —Luis C.O.—, el cual, acercándose al camarín por la parte izquierda del altar, de manera contraria a lo habitual, subía a la barandilla protectora para propinarle zarandeos y patadas en un intento por tumbar a la venerada Imagen del Dios sevillano.

Sin embargo, la suerte quiso que entre los feligreses se encontrara un agente de la Policía libre de servicio para actuar con diligencia reduciendo al agresor. Entretanto convergían incredulidad y angustia, devotos y demás presentes comprobaban el desgarro de la túnica y la camisa del Señor, del mismo modo, el brazo derecho había quedado descolgado al desprenderse de la propia articulación. Sobre las once y cuarto de la descarnada noche aparecía por la Basílica el imaginero D. Luis Álvarez Duarte, para realizar una primera exploración a la talla de Juan de Mesa, que se mantuvo en idéntico lugar, sobre su pedestal, una vez acabada la misa y cerradas las puertas. Duarte ya había practicado anteriormente intervenciones menores al Señor, además de formar parte de la comisión de seguimiento de la última restauración de la Imagen. Cinco días después del infausto episodio, último viernes de junio y primero de verano, el Gran Poder era devuelto al culto aguardando besos de honda devoción. El lento desfile, incoado a la aurora, únicamente fue interrumpido con el categórico repicar de las seis, momento en el que Monseñor Asenjo, Arzobispo de Sevilla, iniciaba el oficio de una Santa Misa henchida de emotividad.

Síncope ante el malogrado incidente pertrechado sobre un símbolo que extrapola su firmeza por encima de los propios límites de la ciudad, y que es amalgama entre la sevillana fe y el sumo respeto del que no teniéndola reconoce el legado sentimental admitido. Porque en el abolengo barrio de San Lorenzo el Gran Poder es concebido como un vecino más, ser divino de humano rostro que por todos va velando cual Padre de familia. A sus plantas presentaron respeto generaciones de sevillanos, ensombreciendo con anhelos y esperanzas la tonalidad de un rostro resanado allá por 2006. Imagen que ilumina habitaciones de hospital, noches de soledad, tabernas, disimulados entresijos de coches, pequeños y grandes negocios. El de la estampa deslustrada en los monederos de tantas madres. El de ricos y pobres. Devoción extendida por los cinco continentes, a la que compusieron Juan Antonio Cavestany, José María Izquierdo, Chaves Nogales, Núñez de Herrera, Romero Murube, y Manuel Machado entre otros egregios del ayer y hoy. El mismo Dios que en Las Misiones de 1965 fuera trasladado hasta Amate en un arrebato de convicción evangelizadora al modo de un pueblo particular en sus ademanes de culto. La Deidad impresa en infinidad de retablos repartidos por calles y plazuelas, auténticos altares populares hendidos a la oración.

Pesaroso designio deponer al que Todo lo puede, profanando el mismo brazo extendido al caminar durante buena parte de la historia de Sevilla. Aquel de mano dignificada por el dolor de la vida, cuyo secreto se guarda y se descifra entre lo abstracto y lo concreto. Auténtico desafío rehúso a las leyes teologales que, sin embargo, con el sacrilegio acontecido abría las puertas a interrogantes sobre el deber de su conservación como obra de arte o imagen de culto. Aproximar las sagradas imágenes a sus fieles o mantener a éstos alejados por razones de seguridad, he ahí la disyuntiva generada por los propios hermanos de las diferentes corporaciones sevillanas puesta en práctica en mayor o menor medida según el amplio abanico cromático de la casuística.

No obstante, antes de la agresión ya existían varias hermandades que contaban con sistemas de seguridad destinados a blindar a sus titulares ante posibles incidencias. La primera en adoptar esta tipología de medidas fue la Hermandad de la Macarena en el año 1974, insertando un telón cortafuegos que se activa dos veces al día durante las horas en las que la Basílica está cerrada al culto. Actualmente funciona con un sistema de elevación eléctrico tras sustituirse el anterior, que era hidráulico. Además, en el último quinquenio dispositivos semejantes se han implantado en otros templos. El inherente caso del Gran Poder, cuya Basílica cuenta con un telón cortafuegos desde las obras de mejora acometidas en 2008. O el utilizado antes del traslado corporativo, cuando las Imágenes residían en la Parroquia de San Lorenzo, contando en la que por entonces era su capilla, y donde ahora reciben culto los Titulares de la Hermandad del Dulce Nombre, con unas planchas de hierro que a modo de puertas protegían de cualquier acto vandálico. También poseen un sistema de protección similar las Imágenes Titulares de la Hermandad del Cachorro, tanto el Cristo de la Expiración como la Virgen del Patrocinio, instalados en 2007. Tras la corporación trianera fue la de La Amargura quien tomara la decisión de proteger a su Dolorosa y a la imagen de San Juan con un telón cortafuegos. La última corporación en adoptar análogos preceptos ha sido la de la Esperanza de Triana, aprovechando ampliación de la Capilla de los Marineros para construir un búnker al que es descendida cada noche la talla de la Dolorosa. A ello cabría añadir complejos sistemas de video-vigilancia (más generalizados), como el instalado a mediados del mes de enero en el Santuario de Los Gitanos, un circuito cerrado de televisión y cámaras con led infrarrojos para la visión nocturna que permite el control permanentemente del Templo donde se rinde culto a Ntro. Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias.

Inquietudes que han perturbado la ingente comunión labrada durante siglos merced a la cercanía otorgada por Sevilla a Dios y su Santísima Madre. Barahúnda entre libertad y libertinaje que ha desatado el miedo de transformar lo aislado en asiduo. Tesitura intrincada que exige de la implicación directa ciudadana y política, sin subterfugios que evadan la responsabilidad intrínseca de preservar un patrimonio que es propiedad de la ciudad y sus futuras generaciones, además de elemento distintivo en la liturgia de la fe.

La que sobreviene será una Semana Santa ajena a estrenos, modificaciones en horarios e itinerarios, sillas, composiciones musicales, meteorología y todo aquello alcanzado por la mente. La ulterior adjudica, desde hace bastante, su protagonismo al Gran Poder, Dios Eterno.

Artículo publicado en la Revista cofrade “Último Tramo”,con fecha 15 de abril de 2011, Viernes de Dolores.

Pentecostés

José Antonio Martín Pereira | 12 de junio de 2011 a las 11:41

Originalmente conocida como la “Fiesta de las Semanas” se recoge tenía lugar siete semanas después de la fiesta de los primeros frutos (Lv 23 15-21; Dt 169), al término de la cosecha de la cebada y antes de comenzar la del trigo, contando por entonces con un sentido movible que dependía del momento en el que llegara la recolección anual a su sazón, cosa que solía suceder durante el mes judío de Siván, equivalente a nuestro Mayo/Junio. Siete semanas que son en realidad cincuenta días, de ahí el nombre de Pentecostés (= cincuenta) que recibiría más tarde. Una celebración que si bien en su origen tuvo un sentido fundamental de acción de gracias por los frutos recogidos, pronto tomaría un sentido histórico ya que pasó a celebrarse el hecho de la alianza y el don de la ley.

En el marco de esta fiesta judía, el Libro de los Hechos coloca la efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles (Hch 2 1.4). A partir de éste acontecimiento, Pentecostés quedaba convertido también en conmemoración cristiana de primera categoría (Hch 20 16; 1 Cor 168). Por tanto, conviene insistir que la Fiesta de Pentecostés significa para los cristianos el segundo Domingo más importante del año litúrgico, así como la oportunidad de vivir intensamente la relación existente entre la Resurrección de Cristo, su Ascensión y la venida del Espíritu Santo. Es bueno tener presente entonces que todo el Tiempo de Pascua es igualmente del Espíritu Santo, Espíritu que es fruto de la Pascua, que estuvo en el nacimiento de la Iglesia y que, además, siempre estará presente entre nosotros, inspirando nuestra vida, renovando nuestro interior e impulsándonos a ser testigos en medio de la realidad que nos corresponde vivir.

Celebremos pues la llegada del Espíritu Santo ya que su presencia se sigue posando hoy día sobre quienes creemos que Cristo vino, murió y resucitó por la humanidad, sabiendo que somos parte y continuación de aquella pequeña comunidad ahora extendida por tantos lugares así como responsables de la extensión del primitivo Reino de Amor, Justicia, Verdad y Paz entre los hombres.

Tardes de junio

José Antonio Martín Pereira | 10 de junio de 2011 a las 12:06

Una estación de penitencia frustrada traspasa la hondura del interior más infranqueable. Con tanto ahínco espera el cofrade que sus Titulares sirvan de testimonio público de Fe que resulta imposible digerir el dolor y la decepción cuando hechos de esa categoría sobrevienen. Incluso aquellos que manifiestan estar acostumbrados por razón de los años sienten el pellizco de la desilusión en el momento que llega la hora de poner la Cruz de Guía bajo el dintel y las puertas no se abren, mientras en el exterior enfurecidos canales recuerdan el estado del cielo. Suerte la que nos rodea y evoca lo efímero de un día que no es frontera sino puente en el acomodo continuo de la devoción y el orgullo de sentirse católico, miembro de la Iglesia y hermano de la cofradía.

Las tardes aledañas a la celebración de Pentecostés retozan perfilando la certeza que inundará el devenir cuando septiembre pierda su nombre. Al final de la calle Castilla una Virgen en ausencia de lágrimas aguarda y da cobijo a todo aquel cuya alma divaga entre la maleza de las preocupaciones. Los últimos compases de la Pascua equilibran con las sensaciones de la Cuaresma hasta consumar la dosis perfecta de optimismo e ilusiones. Ilusiones desprendidas del rostro de la Madre del Cachorro. Virgen del Patrocinio, ruega por nosotros.

Foto: MFR

Reflexión

José Antonio Martín Pereira | 21 de mayo de 2011 a las 13:39

Viene siendo la mejor opción para desertar del sinfín de castillos de arena edificados a base de cuestionables generosidades políticas. Descansar y abstraerse, allí donde el interior encuentre refugio pleno y necesario. Sin atender, al menos circunstancialmente, al repertorio diario de obligaciones e inquietudes amenazantes del sueño. Únicamente focalizando los sentidos al encuentro de Cristo Resucitado, en la intersección en la que cada cual pueda o quiera hacerlo.

Un servidor llega a casa ahora, desde San Antonio Abad, sede corporativa de la Hermandad del Silencio surgida de la unión, allá por el siglo XVIII, del templo del antiguo hospital de San Antonio y la capilla de Jesús Nazareno. Prefecto escenario de calma y paz. Por cierto, la estampa ilustrativa adjunta corresponde al Señor del Silencio tal y como figuraba en los días de Cuaresma, no se llamen a engaño.

Foto: MM

En respuesta a los ataques

José Antonio Martín Pereira | 19 de mayo de 2011 a las 16:27

Ríase usted de las recientes manifestaciones terminológicas de democracia y respeto expuestas en la sucesión de atentados (hablando alto y claro) impunemente enfilados hacia la Santa Iglesia Católica en éste el país del todo vale. Provocaciones, agitaciones, alteraciones o como quieran llamarlas, de las que a buen seguro un servidor, como usted, pudiera dar cuenta a tenor de lo expresado en los diferentes medios (unos más veraces que otros), e incluso en primera persona. Claro que eso sería valorar desde la publicidad a los infelices que atesoran las brillanteces de que los males de la decadente sociedad mal-llamada “del conocimiento” encuentran culpabilidad en la Misericordia de Cristo. Ineptos…

No obstante, si a algo está habituado el católico a lo largo de la historia es a salir airoso de las persecuciones a las que nuestra Doctrina se ha visto sometida. Fíjese usted, la primera, bajo la ordenanza del Emperador Nerón, sexto emperador de Roma, tuvo lugar en el año 67. Nerón reinó por espacio de cinco años de manera tolerable, dando rienda suelta luego al desenfreno y a las barbaridades. Así incendió Roma, culpando a los cristianos para luego inventar una variopinta tipología de castigos contra los ellos, haciendo que algunos fueran cosidos en pieles de animales salvajes, arrojados a los perros para que los atacaran, o cubiertos con cera y prendidos en fuego atados a postes para que iluminaran sus jardines como antorchas humanas. Al lado de esto, las profanaciones e insultos contra nuestra Fe desarrolladas a lo largo de los últimos tiempos en España, e instigadas en buena parte por un brazo de la política carente de ideas y necesitado de desviar atenciones, quedan relegadas a meras simplezas en el engrose del anecdotario.

Anécdotas, eso sí, que evidencian la necesidad de adaptación a los nuevos tiempos, aunque lógicamente sin entrar al juego de las provocaciones o la violencia. Urge pues que los católicos (y por ende los cofrades), encabezados por los directores espirituales, seamos formados para la realidad tristemente impuesta, en la cual situaciones como las recientes seguirán alimentando el caldo de cultivo de los que viven de ojos cerrados. Lo cierto es que ningún manifestante, grupo político e institución civil ha optado por darse una vueltecita por las calles vociferando contra los 36.000 millones de Euros que la Iglesia Católica ahorra a la maltrecha economía del Estado español, a través de sus centros de enseñanza, hospitales, ambulatorios, dispensarios, asilos, centros de minusválidos, de transeúntes, orfanatos, Misiones, Cáritas, mantenimiento del patrimonio histórico-artístico… ¿sigo?

Por todo ello usted, católico supongo, deje los golpes de medalla (con su correspondiente traje) a un lado y salga en defensa de la Fe en la que cree, siendo consciente de que lo que ciertamente vale es dar la cara ahora, y no poner maquillaje escondiendo vergüenzas una Semana al año.