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Cuando el crucificado de la Buena Muerte estuvo en una caseta de Feria

José Antonio Martín Pereira | 25 de abril de 2020 a las 20:12

Las cofradías de Sevilla atesoran historias cargadas de curiosidades. Una de tantas quedó en los anales gracias al presente documento gráfico, que recoge al Cristo de la Buena Muerte de los Estudiantes bajo las lonas de una caseta de Feria.

La citada estampa tuvo lugar en el año 1965, coincidiendo con las Santas Misiones en las que dicha corporación participaría junto al resto de hermandades y asociaciones de fieles de la Archidiócesis. En aquel entonces, la hermandad de los Estudiantes residía en la Anunciación, mientras en la antigua Fábrica de Tabacos lo hacía las Cigarreras.

No obstante algo más de una década antes, en 1950, la Universidad de Sevilla decidió trasladarse desde la calle Laraña a la Fábrica de Tabacos y, con ello, la hermandad acordó también trasladarse con ella el 7 de febrero de aquel año, llevando al Señor en hombros al año siguiente para presidir la inauguración del Rectorado.

Sin embargo el traslado definitivo de la hermandad a su nueva sede no se produjo hasta 1966, concretamente el 26 de noviembre de dicho año, ya que estaba condicionado a la marcha de las Cigarreras de allí y a que debían hacerse obras de ampliación de la capilla del Rectorado. La cofradía de las Cigarreras había permanecido en esta sede desde 1904.

Por ello, como experiencia previa al traslado definitivo, el Cristo de la Buena Muerte participó en las Misiones Generales de 1965, trasladándose a la caseta permanente que el Real Círculo de Labradores tenía montada durante todo el año en la Feria, que por entonces estaba en el Prado de San Sebastián.

Aprovechando la cercanía del mencionado centro misional con la sede de la nueva Universidad, se celebraron actos dentro de la Antigua Fábrica de Tabacos con los estudiantes, presididos por el crucificado de la Buena Muerte, los cuales sirvieron de anticipo al traslado definitivo a la calle San Fernando que se llevaría unos meses más tarde.

Misiones-1965_HDADFoto: hermandad de los Estudiantes

Semana Santa y Feria: problemas comunes

José Antonio Martín Pereira | 27 de abril de 2015 a las 11:34

Sevilla posee la particular habilidad para cambiar capirotes por volantes, incienso por farolillos y marchas por sevillanas en los apenas catorce días en los que confluyen análisis cofradieros con el montaje y puesta a punto de la ciudad efímera y lo que de ella  desciende. Es precisamente esa dualidad el timón al que se aferran los responsables políticos para sacar punta a los vaivenes de la economía local, tan dependiente de ambas celebraciones que exige de respuestas contundentes ante las profundas alteraciones que se están padeciendo.

Y los problemas no pasan precisamente por esa Semana Santa o esa Feria de diez días, culmen de la mutación de caracteres que encuentra hueco en la heterogeneidad de una ciudad que ronda (guardando las distancias) el millón de residentes, sino que plantea inquietudes que habrían de ser atajadas de raíz y no con la poda de ciertas hojas como hasta ahora viene siendo la tónica predominante.

En los alrededores del Real (y también en puntos estratégicos del propio) hemos vuelto ser testigos de botellones como los que sembraban las esquinas del casco histórico en la pasada Madrugá del Viernes Santo, con esa masa humana (porque no son unos pocos) que tiene muy claro a lo que va y lo que se les permite, que es casi todo. Y derivado de esas formas descontroladas de ingerir alcohol, fomentado en sí porque a los textos normativos se les aparta con sutileza, destrozo del mobiliario urbano, ríos de basura y un largo séquito de peleas, tal cual sucede en la Semana Santa de los últimos tiempos.

Llegados a este punto a nadie se le escapa que la cepa es esa sociedad de la que somos partícipes, desenfrenada e inmersa en una falta de civismo crónica, que expone lo peor de sí misma cuando se congrega en multitud. Para qué limpiar, si yo pago mis impuestos para que los recoja otro; o para qué guardar la educación, si aquellos también están molestando y nadie les advierte nada. Lo que está claro es que el nivel de inseguridad roza un listón muy alto, y ello es algo que compete estrictamente a los responsables de que las dos fiestas más importantes de la ciudad transcurran dentro del orden y la normalidad y no a expensas de que ocurra algo grave que obligue a sustituir los parches de la rueda por la rueda completa. La clave está en encontrar los mecanismos para aplicar las normas, aunque la contundencia no sea políticamente correcta.

basura_feria

El segundo análisis

José Antonio Martín Pereira | 26 de abril de 2012 a las 10:59

De la mano de una actualidad cofradiera entumecida, en el Real de la Feria los hay dispuestos a atiborrarse de tertulias de ruán y esparto, emulando síntomas propios de la Cuaresma. En este sentido, si la de Pascua fue concebida como la semana de las primeras impresiones, no cabe duda que el segundo análisis, toda vez digerido lo que acaeciera en la inaugural de abril tiene lugar, fundamentalmente, entre el polvo del albero y las típicas sillas de asiento tapizado en enea y decoradas a mano (con tela de arte). Así pues, son días de encuentro y charla en los que el objetivo entrelaza el vaivén de los tempos con sus correspondientes aires de guasa. La ciudad de los dos semblantes en estado puro.

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Venia al Real

José Antonio Martín Pereira | 24 de abril de 2012 a las 13:50

Ocurrió como si se tratara de un retorno. Las puertas del Salvador volvían a situarse en el vértice de una ciudad traicionada anoche por su propio subconsciente, actuando esta vez como pórtico de la Feria de Abril 2012. Y sin la ingente necesidad de mirar al cielo, la nostalgia pronto desaparecería entre papelones de pescaíto frito y manzanilla de Sanlúcar, cual preludio a una semana que instaura rimero de colores para redimir la fugacidad, económica y sentimental, con la que abril deshizo las maletas de la primavera a orillas del Guadalquivir.

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