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Semana Santa 2016: la imagen

José Antonio Martín Pereira | 8 de abril de 2016 a las 12:07

Desde la insondable tranquilidad que otorga el reposo, dejando a un lado los desgastados pliegues del programa de mano que ya pasaron a formar parte de aquella caja de cartón que a modo de cofre sentimental trata de conservar esencias de lo que algún día nos hizo felices, y ahora que la brújula de la ciudad apunta sólidamente hacia otro rumbo bien distinto, una estampa sirve a modo de conclusión y cierre.

No es una elección al azar, posee una explicación que es la de recalcar esa Semana Santa que no vemos y que otras personas nos relatan en tenaces intentos por describirnos lo que allí, en el preciso instante capturado sucedió. Digamos que ésta podría ser de alguna forma la Semana Santa de Sevilla que muchos fieles percibieron por diversas razones desde la distancia. Una Semana Santa atípica para los que por determinados motivos faltaron a la cita con su ciudad, o tal vez soñada para otros los cuales, habiendo nacido en otra región de Andalucía o el mundo en un futuro pretenden desgranar lo que en Sevilla se experimenta. ¿Qué más da?

La Virgen de Loreto enfila el dintel de la histórica parroquia de San Isidoro cuando el Viernes Santo, consumido prácticamente, agoniza como una puñalada clavada donde más duele. Hoy estamos en posesión de poder decir que nada ocurrió en balde.

Virgen de Loreto

¡Cuánto hemos cambiado!

José Antonio Martín Pereira | 26 de enero de 2016 a las 11:18

Dentro de los nuevos esquemas con los que el público de hoy, sevillano y visitante, sale a la calle a contemplar el discurrir de las cofradías (circunstancia referida en otros artículos); e inmersos, además, en la progresiva adaptación que realizan las propias hermandades a través de sus diputaciones mayores de gobierno con el objetivo de cumplir los horarios sin descuidar la seguridad y dignidad de sus cortejos, existe un hecho implacable que es la memoria para recordarnos de dónde venimos y para tal vez poner en evidencia ciertas pautas de comportamiento actuales.

La estampa, cedida gentilmente para este espacio por el amigo Eugenio Borrego, nos traslada a un Domingo de Ramos que se encuadraría, según su propio autor, entre 1970 y 1975. El Misterio de la Hermandad de la Cena, con su antiguo apostolado, desciende por la calle Lasso de la Vega encarando el último tramo que le conducirá al inicio de la Carrera Oficial. Llama poderosamente la atención lo despejada que se encuentra la vía por la que discurre la cofradía, coyuntura impensable a día de hoy. Asimismo, la interminable escolta de cangrejeros que acostumbran a blindar el transitar de casi cualquier paso en la Semana Santa de hoy apenas se distinge entre los servidores de la cofradía hace cuarenta años. La limpieza del asfalto es otro de los hechos que saltan con fuerza a primera vista.

A menudo surgen críticas relativas al estado actual de la celebración (cada vez menos) religiosa que toma las calles de Sevilla durante siete días coincidiendo con el inicio de la primavera, y de la implacable degradación de términos sufrida especialmente durante los últimos años. La respuesta en ocasiones se circunscribe a la expresión de una instantánea que delata cuánto, y no siempre para bien, hemos cambiado.

misteriodelacena_antiguoFoto: Eugenio Borrego Páez

Semana Santa 2013: la imagen

José Antonio Martín Pereira | 5 de abril de 2013 a las 12:06

En el fondo, es la Semana Santa quien nos moldea a nosotros, y no viceversa. Brota maleza en estos días de Pascua, que sin embargo no alcanza el estado en el que alzan los recuerdos de lo que fue, o de lo que pudo ser. Se consumó, y a partir de ahora el alimento lo servirá, según cada proceder, la memoria a través de las vivencias acumuladas. Mar de altos capirotes, que vienen a interpretarse como cada una de las personas con las que fuimos testigos del gozoso transitar de cualquiera de nuestras cofradías. La arteria es espaciosa, porque por ella fluirá el paradigma de emociones sobre el cual, el valor de la Resurrección asentará hasta que se obre de nuevo el milagro, y Sevilla rece entre un océano de capas y cirios.