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¡Cuánto hemos cambiado!

José Antonio Martín Pereira | 26 de enero de 2016 a las 11:18

Dentro de los nuevos esquemas con los que el público de hoy, sevillano y visitante, sale a la calle a contemplar el discurrir de las cofradías (circunstancia referida en otros artículos); e inmersos, además, en la progresiva adaptación que realizan las propias hermandades a través de sus diputaciones mayores de gobierno con el objetivo de cumplir los horarios sin descuidar la seguridad y dignidad de sus cortejos, existe un hecho implacable que es la memoria para recordarnos de dónde venimos y para tal vez poner en evidencia ciertas pautas de comportamiento actuales.

La estampa, cedida gentilmente para este espacio por el amigo Eugenio Borrego, nos traslada a un Domingo de Ramos que se encuadraría, según su propio autor, entre 1970 y 1975. El Misterio de la Hermandad de la Cena, con su antiguo apostolado, desciende por la calle Lasso de la Vega encarando el último tramo que le conducirá al inicio de la Carrera Oficial. Llama poderosamente la atención lo despejada que se encuentra la vía por la que discurre la cofradía, coyuntura impensable a día de hoy. Asimismo, la interminable escolta de cangrejeros que acostumbran a blindar el transitar de casi cualquier paso en la Semana Santa de hoy apenas se distinge entre los servidores de la cofradía hace cuarenta años. La limpieza del asfalto es otro de los hechos que saltan con fuerza a primera vista.

A menudo surgen críticas relativas al estado actual de la celebración (cada vez menos) religiosa que toma las calles de Sevilla durante siete días coincidiendo con el inicio de la primavera, y de la implacable degradación de términos sufrida especialmente durante los últimos años. La respuesta en ocasiones se circunscribe a la expresión de una instantánea que delata cuánto, y no siempre para bien, hemos cambiado.

misteriodelacena_antiguoFoto: Eugenio Borrego Páez

La Amargura: expresión de detalles

José Antonio Martín Pereira | 19 de noviembre de 2012 a las 10:20

Recobrando esplendor la otrora conocida como plaza de la Herrería. Acostumbrados a la penumbra dieciochesca, protagonista desmedida en multitud de ocasiones, se agradece la claridad testigo de la armonía de colores. Ornamentación secundaria, un pasillo largo y definido conduce hasta el final, que no es sino el origen de la vida. La Virgen espera. Es, el besamano por antonomasia.

Y en ello, una Corporación que cuida hasta el extremo los detalles, brinda tiempo y espacio a profesionales y aficionados a la fotografía. Corría la media tarde de ayer, domingo en el que la pastoral celebraba el Día de la Iglesia Diocesana, y antes de que se retomara el culto abierto al público, los amantes de la instantánea tuvieron tiempo de inmortalizar la extensión de buen gusto dispuesta cual regalo de abril. Método idóneo para no entorpecer el rezo de los fieles, hasta ahí es preciso ajustar la medida, porque es precisamente a esa altura donde se halla lo perfecto.

Cuestión de trípodes

José Antonio Martín Pereira | 19 de marzo de 2012 a las 11:20

Vaya por delante mi máxima admiración, definida en varias circunstancias que no vienen al caso, hacia la Hermandad en esta ocasión ejemplo de las malas prácticas extendidas hasta extremos aún desconocidos. En el fondo ésta, es decir la cuestión relativa a la proliferación de pseudo-fotógrafos sin compostura, asemeja más sus cualidades a un enigma antropológico que a cualquier otra condición. Lecturas todas las que a usted se le ocurran, no obstante lo irrefutable es que la masificación, refiriéndonos a las barreras de trípodes, primero dilapida la estética del momento, y segundo vulnera gran parte de la intimidad que subyace entre fieles e imágenes sagradas. E insisto, acciones del tipo a la descrita en la instantánea tienen lugar cada fin de semana, ya sea en cultos internos, fuera de las pertinences acotaciones horarias, o externos (llámense por ejemplo Vía Crucis).

El interrogante pasa por conocer si algún día alguien tomará medidas al respecto, o las puertas del coto seguirán gozando de libre albedrío, porque no es de recibo que todo aquel que plante el banco de tres patas de su respectiva cámara (fuera del tiempo fijado) se arme con el derecho a sacar doscientas fotos, la mayor parte desde similar perspectiva. En definitiva hablamos de educación…

El opuesto

La jornada de ayer, penúltimo domingo del tiempo litúrgico presente, creció también con otros ojos. Sobre el empedrado de la lonja universitaria, decenas de pequeños insuflaron el despertar de la Cofradía de Los Estudiantes. Rostros repletos de felicidad merced a la simple participación en su Hermandad. El montaje de los pasos transformado en un juego de niños.