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Vía Crucis: más rezar, y menos tuitear

José Antonio Martín Pereira | 15 de febrero de 2016 a las 11:53

Sevilla vive bajo la jurisprudencia de las nuevas corrientes de pensamiento cofrade que sólo tienen motivación por pisar el mármol de una iglesia para fotografiar imágenes y altares, así como por el estado de los alfileres de los tocados de las dolorosas y por la meticulosa colorcación de las piezas de cera. En realidad son los mismos, pero han mejorado sus medios. Antes se dispersaban con la agenda en la memoria y una camarita del tres al cuarto camuflada en el interior de horteras bandoleras, y ahora utilizan dispositivos móviles de última generación (algunos no han dejado las bandoleras) que les permiten inflar con relativa regularidad temporal las redes sociales, relegando a los protagonistas a la simplicidad de banales obras de arte, y obviando muy a menudo su verdadero carácter de imágenes sagradas.

Lo cierto es que tales generaciones de capillitas de smartphone, a los cuales no debemos caer en el error de encasillar en un grupo de edad determinado, han invadido con sus acciones actos hasta ahora solemnes como el traslado del Señor de las Penas de San Vicente o de la Soledad de San Lorenzo a sus respectivos altares de cultos, o el Vía Crucis y posterior traslado interior del Cristo del Calvario bajo las bóvedas de la Real Parroquia de Santa María Magdalena por citar algunos de los ejemplos más recientes; y masificado tradicionales Vía Crucis como el del Señor de la Sentencia, agolpados en busca del ángulo perfecto que les lleve a 140 caracteres de gloria hueca y frágil. Serán los mismos a los que veamos cuando la Semana Santa más íntima trate de resucitar uno de sus momentos desgraciadamente perdidos, la entrada de la cofradía del Cristo de Burgos en la irrupción de la madrugada del Jueves Santo.

La última viene siendo la de tuitear en tiempo real el desarrollo de los mencionados solemnes y piadosos ejercicios de fe que a lo largo de la Cuaresma se desarrollan por toda la geografía de la ciudad. Vía Crucis que otrora evocaban recuerdo, memoria histórica, enlace amoroso con aquel primogénito que, desde el pretorio del gobernador romano hasta el monte Calvario, recorrió Jesús de Nazaret, y que hasta no hace tanto impulsaban de manera muy fructífera la preparación del alma, día tras día, semana tras semana, al encuentro con el Divino Paciente. Sin embargo ahora se retransmiten en directo, sin pudor, elevados al tono de auténticas procesiones extraordinarias. De otra manera no se explica la extrema masificación de los recientemente acontecidos con el Cristo de las Tres Caídas, el ya mencionado del Sentencia de la Macarena, o el que celebran las hermandades del Aljarafe en el imponente recinto de Itálica. El efecto llamada se propaga por la propia condición humana de suscitar el interés del yo estuve ahí y lo conté.

Y he aquí el contexto que nos ha llevado a lo que brillantemente argumentaba Carlos Colón el pasado viernes en su columna de Diario de Sevilla, la inflación de tales actos hasta alcanzar los más de 40, con una circunstancia curiosa, y es que cuanto más desciende el número de católicos practicantes, más aumenta el número de piadosos participantes y de Vía Crucis. Se ora menos (o nada), y se tuitea más. La conclusión no hace falta relatarla.

Vía Crucis ItálicaImagen del XXVI Vía Crucis del Aljarafe, celebrado el pasado sábado

“Panini Cofrade”

José Antonio Martín Pereira | 6 de noviembre de 2015 a las 12:01

Las redes sociales y gran parte de los portales digitales dedicados a la temática cofradiera local rebosan en estos primeros días del recién estrenado mes de noviembre de fotografías que recogen a las diferentes Dolorosas sevillanas ataviadas de luto, en consonancia al escenario espiritual que aguarda la llegada del Adviento, y más tarde de la Navidad.

Pero esta circunstancia, al contrario de lo que se pudiera pensar, no es sino parte del magma que impide alcanzar el núcleo, dentro de la desnaturalización que rodea a la fe del día a día, que solapa a la Semana Santa de todo el año moldeada para ocio y disfrute por la sociedad de la Sevilla de hoy. Cabe preguntarse si verdaderamente nos detenemos a interiorizar el por qué de la simbología que nos rodea durante este mes, o simplemente captamos instantáneas para añadir al álbum como si de una colección de Panini Cofrade se tratara. La sensación es que a menudo se obvia el paso por lugares de culto, eliminando al mismo tiempo lo que significa encontrarse ante imágenes sagradas, envueltos por la vorágine que ansía primicias que no conducen a nada. La tendencia mentada es fruto de un comportamiento cada vez más peligrosamente extendido.

El origen de la tradición

Una buena forma de conocer el origen de lo que hoy interpretamos como tradición es la que propone el investigador Eduardo Fernández Merino, en su libro La Virgen de Luto. La obra narra como en el año 1565 doña María de la Cueva, condesa viuda de Ureña y Camarera Mayor de Isabel de Valois, dona uno de sus propios trajes de luto para vestir la imagen de la Soledad que tallara el escultor Gaspar Becerra a instancias de la reina. Según dicho autor, «tal fue el impacto de esta nueva iconografía que pronto se extendió a las dolorosas de toda la península y los territorios conquistados por España, pudiéndose encontrar aún hoy una larga muestra de estas imágenes de la Virgen vestida como una viuda castellana noble de la corte de Felipe II, no sólo dentro de nuestras fronteras, sino en diversas capitales europeas y americanas que pertenecieron a la corona española, aunque en la actualidad prácticamente se ha olvidado el origen y significado de tales vestidos».

Fuente: Youtube; Usuario: La Virgen de luto

El enemigo está dentro

José Antonio Martín Pereira | 10 de abril de 2015 a las 12:15

En el tiempo en que la nostalgia busca su propio espejo en el recuerdo, y en los que la aliviada sombra de la Palabra, rica y esperanzadora en la Pascua que conmemoramos, es siempre motivo de alegría, multitud de análisis tratan de abrirse camino entre una maleza cofradiera en la que cada vez resulta más complicado encontrar brotes frescos. Con la popularización de perfiles en las distintas redes sociales, y en los numerosos blogs y portales webs que encuentran cabida en los distintos alojamientos, la Semana Santa de todo el año ha desbancado con creces a los días señalados del calendario litúrgico, relegados al uno más en medio de la mediocridad y el frikismo.

Es la vivencia de la religiosidad popular como una afición sin Dios la que no deja de asombrarnos al comprobar como en los conciertos de Cuaresma no se cabe y en muchos de los cultos que celebran las hermandades el público se cuenta en apenas en tres o cuatro de decenas de asistentes. Y precisamente de la Cuaresma y de algunos de sus actos los friki-frades han tomado absoluta posesión y control, por ello observamos retransmisiones de Vía Crucis o panales de pantallitas iluminadas enfocando algunos de los solemnes traslados de sagradas imágenes a sus altares itinerantes de culto, con el peligro incluso de que empiezan a resultarnos situaciones normales.

Y no digamos ya de esa Semana Santa transfigurada en la que la música, las flores, los costaleros o la vestimenta de las veneradas imágenes centran debates en los que se olvida proporcionalmente lo que significan las salidas procesionales que ejercen nuestras cofradías. La continuación de este fenómeno cae por su propio peso y se torna evidente en las desagradables estampas que parte del cuerpo de nazarenos, costaleros, músicos y demás componentes de las cofradías reparten a lo largo de sus estaciones de penitencia y que, merced al uso generalizado de los dispositivos móviles, son captadas y entregadas a una masa que se enfurece sin preocuparse por poner remedio para que ello no adquiera continuidad en el futuro.

La clave es la formación en el seno de las hermandades, y por supuesto que se apliquen las reglas. Toda vez alcancemos o nos aproximemos a ese punto, podremos rendir cuentas a lo que nos rodea. Mientras tanto la tendencia invitará a pensar que el mal endémico o el enemigo de las cofradías no está fuera de las mismas sino dentro.

carrera oficial sevilla

La paja en el ojo ajeno

José Antonio Martín Pereira | 21 de agosto de 2014 a las 12:36

El revuelo en las redes sociales ha vuelto a salpicar a las cofradías sevillanas, en este caso a la Hermandad de la Sagrada Lanzada. El motivo, una publicación en Twitter en la que un usuario respaldado en el anonimato de la red comparaba al cortejo de la cofradía del Miércoles Santo con un desfile militar nazi. La denuncia por parte de la corporación de San Martín unida a la de otros muchos usuarios particulares terminaba por conseguir su objetivo y dicha cuenta, en la que se recogían una larga serie de alusiones a modo de mofa pública contra los católicos en España, desaparecía de la red social en la jornada de ayer.

Por desgracia este tipo de provocaciones que consisten en atacar ofensivamente la libertad religiosa alegando una cuestionable libertad de expresión, ya sea mediante éste u otros medios no dejan de ser un habitual en lo que respecta a la persecución del colectivo católico en los últimos tiempos en nuestro país, como bien dejan buena nota numerosos análisis publicados en torno a la materia. Sin embargo, desde la perspectiva de las cofradías sevillanas como de costumbre mucho más fácil resulta ver la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el propio. Y no es necesario echar la vista sobre otros escenarios, basta planear sobre Twitter para comprobar la existencia de numerosos perfiles que confunden la guasa con múltiples formas de desprecio o faltas de educación (cívica y religiosa). Y es que, en lo que al ámbito sevillano se refiere, estamos rodeados por jartibles, rancios y otro tipo de especímenes kofradieros que vienen a hacer lo mismo que rápidamente han denunciado, esconder su identidad y armarse de valor para criticar todo lo que les viene en gana sin ningún tipo de tapujos. Pero claro, a estos les reímos las gracias sin pararnos a pensar en que el arduo frikismo ultra que profesan no repercute ni un mínimo de bien sobre las cofradías en particular, y  sobre la defensa de la fe en general. Novelería sevillana en su capítulo de agosto.

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Captura de pantalla de la polémica

Costaleros profesionales

José Antonio Martín Pereira | 23 de julio de 2014 a las 12:39

Las cosas de la Sevilla capirotera. Dimite un grupo de capataces (la familia Ariza en San Esteban) y se arma la de San Quintín. Luego, claro está, nos llevamos las manos a la cabeza porque desde el arzobispado pretendan formar como es debido a futuros miembros de juntas de gobierno en cursos de tres años. Aun así el desaguisado al que ha quedado relegado el orbe de las cofradías sevillanas aparenta difícil solución, y no solo una buena formación encauzará las vías idóneas de futuro. El simple hecho de elevar a portada la renuncia del cuerpo de capataces en una cofradía debería hacernos plantear si la brújula de la coherencia ha perdido definitivamente el rumbo, o es hábito pasajero. Cierto es que pretender limitar el campo de privilegios y adoraciones al sector de las cofradías más protegido en los últimos tiempos no es nada sencillo y precisa de la colaboración de todos. La formación puede servir de impulso, pero igual no sería descabellado volver a las cuadrillas profesionales para arrancar de cuajo las malas hierbas.

Desenmascarando rancios

José Antonio Martín Pereira | 14 de enero de 2013 a las 11:10

Qué queda de la Sevilla inmutable a la que Antonio Burgos descifró en «un nazareno de El Silencio sobre un fondo de cal». Las cofradías no son más que una extensión de una sociedad que divaga en sí misma sin encontrarse, y como tal así se exponen siempre y cuando no profundicemos en la Caridad, parcela fructífera, ahora que más se la necesita, en base a múltiples y sostenidos esfuerzos.

Quizás parte de la descoordinación entre cofradías e Iglesia encuentre su origen en la propia reforma conciliar de 1969, redirigida por un ramal descristianizado que ha terminado por inundar a las hermandades de laicismo, falta de formación y un tanto también de déficit de cultura. Vale todo, y sobran etiquetas. Entre ellas, la más extendida y difundida en los últimos tiempos, la de rancio. Todo, absolutamente todo, es rancio, porque parece que el mero hecho bautizarse de este modo otorga caché, condecoraciones de falsa elegancia que, nada más lejos, en buena parte de los casos probablemente disimulen alto grado de complejos por el querer y no ser.

Siendo así, es decir, yendo sobrados de rancios en ésta la Muy Noble, Muy Leal, Muy Heroica, Invicta y Mariana Ciudad de Sevilla, supuestamente la Semana Santa, en su desarrollo como celebración religiosa vivida durante todo el año, debe o debería ubicarse acorde a dicha forma de pensamiento, no definida pero sumamente interpretada. Por tanto, pudieran ser calificados de rancios los menús del Macdona o el Burgueking un Domingo de Pasión; o las terrazas del Café de Indias, Los 100 Montaditos o La Sureña cuando lo que se busca es un remanso para los pies en el mediodía del Jueves Santo. Será rancio, por tanto, que se estrenaran más de 60 composiciones musicales durante la Semana Santa pasada, mientras permanecen en los cajones obras de Dorado, Gámez Laserna o Albero, entre otros; como lo es que una agrupación musical aparezca en ordinario, a primera hora de la tarde del Domingo de Ramos, interpretando Sevilla tiene un color especial; o el flautín al modo rociero detrás de los pasos de palio; tal cual los interminables solos de corneta; o la irrupción de Rocío o Esperanza de Triana Coronada en la penumbra de la noche del Viernes Santo. Y para rancio, el desproporcionado juego coreográfico de algunas cuadrillas; del mismo modo los costales multicolores (a la altura de la nariz); la circunstancia de que en algunas igualás se den cita más aspirantes (no hermanos) que nazarenos pone en la calle la respectiva cofradía; y por supuesto que un Misterio alegórico camine entre cambios cuando el Sábado Santo no es más que una llave que conduce a la puerta de la Resurrección. Rancia será entendida la interminable hilera de sillitas portátiles en la Cuesta del Bacalao; al igual que la reciente práctica de sustituir al clavel en los pasos de palio por flores de impronunciable nombre traídas de Sudamérica. Rancia es la idea de seguir estirando el campanódromo; y como no, las salidas extraordinarias para conmemorar los veinticinco años de una talla o el aniversario de alguna cuadrilla de costaleros. Rancia, se entiende, es la feroz trinchera de trípodes aficionados que se adueña de la primera línea en cada besamano y besapié. Rancio es que en los solemnes traslados por el interior de los templos la oscuridad quede en anécdota entre tanto disparo de flash. Rancias son las desordenadas disputas por la vara dorada cuando confluyen dos o más candidaturas. Rancios son los innumerables actos de irreverencia cuando lo que se expone es el Santísimo Sacramento. Rancio es desacreditar las indicaciones de nuestro Pastor. Rancias se interpretan tantas cosas, que hasta se pierde la cuenta intentando enumerarlas.

La cuestión principal, dicho esto, es que ahora todo el mundo es rancio, ya sea por moda, o porque el concepto como tal, entronizado desde la perspectiva cofradiera, tan dispar a la definición que otorga la RAE, se desvirtúa al ritmo que lo hace el propio escenario que nos da cobijo. Por tanto, qué le queda de rancio a la Semana Santa de Sevilla, y qué, por consiguiente, permanece en el orbe de las cofradías durante el resto del año. La percepción, a la vista de ello, invita a pensar que, realmente, el ideal rancio ha sido o está siendo desbancado por las preponderancias frikis. Cuando ésa mutación culmine, de otra Sevilla estaremos hablando.

¿Devoción musical o frikismo?

José Antonio Martín Pereira | 17 de octubre de 2012 a las 10:52

He aquí unas imágenes cada vez más habituales en lo que a las cofradías sevillanas y su entorno se refiere. Decenas de dispositivos digitales en alza y una protagonista que no va sobre canastilla, la música. En este caso el documento gráfico corresponde a la vecina localidad de Dos Hermanas, concretamente a la procesión de su Patrona, Santa Ana, este pasado mes de julio, pero bien podrían extrapolarse a Sevilla a lo largo de cualquier fin de semana del año.

El patrón no engaña: banda de cornetas o agrupación musical, estrenando marcha preferiblemente, y rodeada por multitud de… ¿devotos musicales o frikis? Agolpados, ajenos al auténtico motivo, deseando escuchar un solo to wapo, como si éste fuera a salir de la garganta del mismísimo Louis Armstrong, los devotos o frikis (califique según su criterio) ejecutan sus particulares pautas de comportamiento.

Y es una pena que la reconocida e impagable labor que realizan las asociaciones musicales en nuestra capital y provincia, verdadera vía de escape en cuanto a motivación y superación personal de muchos jóvenes y no tan jóvenes, quede manchada por este tipo de prácticas comunes. Sin embargo, con la cuestión de las ‘cofradías civiles’ sobre la mesa de inquietudes de Palacio (monseñor Asenjo ya ha dado el primer golpe de martillo), no está de más poner cierto énfasis en este tipo de acciones, más o menos curiosas, las cuales, queramos o no, influyen y condicionan la imagen que se pretende dar mediante la celebración de cualquier culto externo.

Fuente: Youtube; usuario: 1patatacaliente

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Frikada ‘kostaleril’

José Antonio Martín Pereira | 27 de enero de 2012 a las 11:28

Como quiera que Internet es una Red tan amplia y espaciosa que acoge a todo aquel que mínimamente sea capaz de manejar un ratón, sin valorar aspectos de su conducta, acostumbrados estamos a toparnos con lo más variopinto en relación a la paleta de muestras que contiene las rarezas. En este sentido, basta echar un vistazo al servicio de alojamiento de vídeos que es Youtube para obtener multitud de ejemplos, muchos casi irreales, de hasta dónde llegamos a veces los seres humanos, aunque ése sea otro tema.

Por consiguiente, rueda por el mundo virtual un impreso que tal vez  encuentre su origen en uno de tantos iluminados de los que pululan por el ambiente kostaleril, ejemplo del gran grupo que aún mantiene en las canastillas la finalidad de una semana de primavera. La prueba o el sentido erróneo de un colectivo muy singular a la hora entender y precisar la Semana Santa (hablo desde la experiencia de las trabajaderas), sobre el cual, como es lógico, sería desacertado generalizar (quede bien claro). Posiblemente el panfleto no signifique más que una broma de mal gusto o un halago a la hombría, no obstante no cabe la menor duda de que hoy por hoy existirían muchos encantados de llevarlo a la práctica, desgraciadamente.

*El detalle: Llegada la Estación de Penitencia, ¿deberían ser más restrictivas las Hermandades en cuanto al consumo del alcohol de los costaleros?