Archivos para el tag ‘horarios’

Domingo de Ramos 2015: memorias

José Antonio Martín Pereira | 30 de marzo de 2015 a las 11:38

Queríamos sol… ¡pues dos tazas! El Domingo de Ramos recordó a aquel último Jueves Santo en los cirios arqueados que portaban al cuadril un gran número de nazarenos. La ciudad, desde temprano, se había echado a la calle en respuesta a la tradicional visita a parroquias, iglesias y capillas que conmemoran el año nuevo en la singular liturgia cofradiera. Ningún Domingo de Ramos, a pesar de las similitudes propias, es igual a otro salvo en un matiz: el derroche de ilusión no cambia con el paso de los años.

La nota desafortunada de la jornada la puso la Hermandad de la Hiniesta, a causa del problema que sufrió el varal delantero derecho cuando el paso de palio se encontraba en la calle Sierpes. Desde ahí y hasta la Catedral el paso se tuvo que levantar a pulso aliviado y una vez allí se pudo reparar definitivamente. El suceso provocó un descuadre horario de en torno a 20 minutos, además de que que la cofradía del Amor optara por salir de su templo media hora más tarde de su horario previsto con idea de no castigar a su cuerpo de nazarenos con parones innecesarios.

A destacar, en cuanto a lo positivo, el extraordinario discurrir de la Hermandad de la Cena en su regreso al templo atravesando una zona tan complicada como la Alfalfa sin que el numeroso público que allí se congrega habitualmente consiguiera desmembrar un cortejo perfectamente organizado. Y sublime, como siempre, el equipo de operarios de Lipassam, limpiando las primeras vergüenzas de una ciudad que no aprende a quererse.

Cristo del Amor Sevilla

Semana Santa 2014: confirmada involución

José Antonio Martín Pereira | 21 de abril de 2014 a las 13:10

Dejó escrito Núñez de Herrera, en su extraordinaria obra Semana Santa: Teoría y Realidad, clásico de la literatura cofradiera que todos deberíamos leer, que «la Semana Santa no había existido nunca. Que las otras Semanas Santas pertenecen a la Historia, es decir, al recuerdo». Y es precisamente en un recuerdo en lo que la hemos transformado, porque de aquella Semana Santa referida en la literatura señera, que es la misma con la que fuimos inculcados, poco o nada queda, la hemos entregado. La Semana Santa de Sevilla sufre las consecuencias de sus propios excesos, y agoniza esplendores por mucho que los números den la razón al gremio de los hosteleros.

Las sillitas portátiles, de las que llevamos hablando desde 2008 (que ya ha llovido), y cuya ordenanza municipal está vigente desde la propia primavera de de dicho año (por iniciativa de los entonces delegados de Convivencia y Seguridad, Alfonso Mir, y de Fiestas Mayores, Rosamar Prieto-Castro), asestaron en 2014 la estocada definitiva a una fiesta religiosa que vaya usted a saber hacia qué abismo camina. Se ha perdido la mesura, y las sillitas suponen una clara involución en materia movilidad. Sevilla ha sido en estos días una ciudad impracticable, donde las faltas de civismo y educación han evidenciado la urgente necesidad de que las autoridades se planteen seriamente hacer algo, porque ésta es la carta de recomendación que se llevan los cientos de miles de visitantes.

Fíjese que hoy deberíamos estar hablando de una Semana Santa radiante en lo que a la meteorología respecta, de esa celebración que apela a nuestra dimensión espiritual y trascendente en la que prima la belleza, y sin embargo resaltamos lo negativo como quien realiza el último intento por reanimar al enfermo que yace sobre el suelo. Sobre el suelo, precisamente, vimos levantar auténticos muros de carga inflados por los malos modales que no fueron sino producto de una sociedad divagante y desequilibrada. La Semana Santa, afortunadamente, llegó hasta nuestros días sorteando las innumerables trabas a las que la expuso la Historia, pero este salto es más elevado, y precisa de un profundo ejercicio de conciencia común. Este hábito, dibujado en asentamientos (ilegales) a lo largo y ancho de la práctica totalidad de los recorridos fijados por las hermandades, marca ya seriamente el comportamiento del público en la calle y esboza lo peor del ser humano. Así nunca se han visto las cofradías en Sevilla.

Asociado a este imparable fenómeno está la suciedad, el vergonzoso estado en el que quedaba cualquier calle tras el paso de una cofradía. Ríos de basura, con botellas de alcohol incluidas, evidenciando lo expuesto anteriormente en lo que al comportamiento de una sociedad supuestamente civilizada se le presupone y que no fue tal. Las cáscaras de pipas habrían dado para asfaltar la futura S-40. Inmenso el trabajo de los profesionales de Lipassam.

En otro orden de cosas, la Semana Santa de 2014 deja también el extremo intento de las hermandades por cumplir los horarios sugerido por la presión del conteo oficial de nazarenos y por las sanciones contempladas en los nuevos estatutos del Consejo. El éxito de la medida dependerá de los resultados, no obstante salta a la vista que estamos jugando con la identidad y ello supone entrar en terreno pantanoso. En una época en la que los cortejos crecen (es curioso a pesar de la manifestada crisis de fe), tal vez existan otros medios que contribuyan a que las cofradías no generen retrasos, tales como la reordenación de las jornadas o la modificación de los itinerarios. Claro que aquí, como en los apartados anteriores, al menos por ahora es difícil pensar en positivo.

resumen Semana Santa 2014