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Los ojos que NO nos ven

José Antonio Martín Pereira | 22 de marzo de 2018 a las 17:39

Si ayer me remitía a la perpleja percepción que dispensan los visitantes que la ciudad recibe durante la celebración de su Semana Mayor, aludiendo a la admiración que produce el derrame grandioso de belleza como medio para hurgar respuestas que nos propongan una mejora del sentido que tratamos de expresar religiosa y culturalmente, hoy propongo trasladar los derroteros al polo opuesto.

Tomando la otra arista del prisma, porque la Semana Santa sevillana esconde la esencia que reiteradamente intentamos descifrar incluso allí, en los entornos más lejanos y hostiles a la conciencia generalizada. Y se hace el silencio, inmenso vacío que destrona el languidecer del reloj sin ataduras del diputado mayor, silencio que precede a la cofradía más austera y a la que nadie en pleno uso de facultades solicitaría ser listado. La Semana Santa que divaga por los pasillos es fría, desconocida y asediada por las mutilaciones del olvido. Conviene siempre, pero más si cabe ahora que la cercanía se colma de evidencias acordarse del que sufre, especialmente de los enfermos que en estos días que llegan elevarán con sus pensamientos la magistral pieza de Font de Anta cuyo título enlaza con el Domingo de Ramos en forma de Dolorosa de rostro sereno.

La de los hospitales es una Semana Santa distinta. Y es que allí lo más parecido a la Cuaresma que hoy reluce son los improvisados retablos levantados a base de estampas en lo alto del cabecero de la cama, o el color albo de los uniformes del personal sanitario que rememora las túnicas de La Cena, San Gonzalo o Los Negritos. Allí donde la crudeza se alivia con el recuerdo de tiempos mejores también está presente la Palabra de Cristo; allí donde la incertidumbre y el pronóstico se dan la mano, la luz supera cualquiera de los modelos meteorológicos que en estos días nos esforzamos por adivinar; allí donde nadie imagina ver los días que conducen al gozo, la Mocita que está en San Gil, la que sonríe de vuelta por Parras y Escoberos, se presenta en cada gesto de consuelo de los familiares y amigos que hacen del infortunio una penitencia llevadera; allí donde un grupo de pequeños representan un mural pictórico con la Semana Santa más perfecta, aquella idealizada que con los años se escapa, el azahar viaja en diferente peana; allí donde la sonrisa se convierte en maniguetera del paso que conduce al restablecimiento; allí, en los hospitales, centros de recuperación y penumbra en los que la vida rachea a base de pasos cortos, la Cuaresma también perderá su ropaje de hebrea para recibir a la Gloria en menos de lo que la imaginación alcance.

Entre tanto, papeletas de sitio con destino al domicilio esperan ser prontamente retiradas. Como selladas por el mayordomo de la cofradía del Viernes Santo, la de los nazarenos de los ojos que no nos ven sueña también con ser testigo del caminar de Dios desde San Lorenzo al Monte Calvario, en estas noches en las que el aroma de los naranjos despunta las esquinas de la inmediatez.

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La Esencia de la Cuaresma

José Antonio Martín Pereira | 5 de marzo de 2018 a las 14:02

Podremos cubrir la Cuaresma con relatos que describan hasta el último de sus detalles; contemplar altares, exposiciones o acudir a numerosos cultos, pero ni con todo ello elevado a su máximo exponente habremos sido capaces de alcanzar los pequeños gestos en los que asoma el Dios humilde y cercano, los que nacen de la felicidad de un niño.

Ocurría en la mañana de ayer, tercer domingo del período litúrgico presente, cuando los componentes de la Banda de Cornetas y Tambores Esencia acudían al Hospital Infantil del Virgen del Rocío de Sevilla, gracias a la implicación del grupo Lluvia de Estrellas, integrado por un grupo de profesionales del hospital.

La Banda interpretó durante una hora algunos temas de su repertorio clásico en la entrada del Hospital Infantil de Virgen del Rocío, así como en el patio exterior de la planta de Oncología Pediátrica.

La Esencia de la Cuaresma fue plena por un momento para los pequeños ingresados en el Hospital Infantil cuando, tras el repertorio, integrantes de la formación musical repartieron pulseras con la identificación corporativa de la banda.

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Más que altares y pasos

José Antonio Martín Pereira | 29 de marzo de 2017 a las 11:11

Afortunadamente la Cuaresma abarca más de lo que se desprende de altares y pasos. La semilla que toma su alimento del día a día no necesita de accesorios tangibles, se desarrolla en pequeños gestos y excede a cualquiera de las catequesis que en el tiempo presente decoran cada recoveco de la ciudad. La única premisa es tener abierto el corazón a Dios, confiando siempre en su voluntad y presencia.

La estampa que ilustra estas breves líneas fue tomada en una inhóspita habitación de hospital, allí donde cada día el diputado mayor que es el miedo precede a la cofradía más austera, en la que nadie solicita ser listado pero que en ocasiones reclama a formar parte de sus tramos. Donde no alcanzan los aromas del azahar que en estas noches dominan el aire, una medalla en la que se adivina el rostro de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder sirve de consuelo ahora que el corazón respira acelerado. Es, con todos sus argumentos, el extraordinario poder que despierta la fe, capaz de hacer frente a obstáculos y adversidades, capaz en definitiva de mantener siempre viva la llama de la esperanza.

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En el recuerdo

José Antonio Martín Pereira | 5 de marzo de 2015 a las 11:35

El Miércoles de Ceniza queda ya lejos. La vida es un tránsito constante sin vuelta atrás alimentado de retentiva y esperanzas que pesan sobre una balanza de fino vértice cuya tendencia a uno u otro lado bascula en consonancia a los estados de ánimo, los miedos, las inquietudes, satisfacciones o placeres.

Conviene siempre, pero más si cabe ahora acordarse del que sufre, y especialmente de los enfermos. Si el destino le ha llevado a acompañar a un familiar en el hospital, o a verse postrado en una cama en una fecha señalada del almanaque sabrá entender el por qué. Allí lo más parecido a la Cuaresma que podrá encontrar son los improvisados retablos levantados a base de estampas, y el color albo de los uniformes del personal sanitario que tanto recuerda a las túnicas de una hermandad del Domingo de Ramos. En esos lugares la mocita de San Gil, la que sonríe de vuelta por Parras y Escoberos, se aparece en cada gesto de consuelo de las personas que hacen que la infausta estancia se haga más llevadera.

Podemos hablar hasta la desidia de cambios de horarios e itinerarios, de la magnificencia de los últimos altares en el anuncio de la realidad próxima, o de los vaivenes de la atmósfera que tanta incertidumbre generan; pero no apartemos el recuerdo por aquellos que desde una habitación de hospital también aspiran a contemplar una Semana Santa plena. Da la sensación de que en ocasiones nos perdemos entre futilidades.

Otra Cuaresma, otra Semana Santa

José Antonio Martín Pereira | 21 de marzo de 2013 a las 11:43

Ni la Semana Santa es solo de calle, ni la Cuaresma que ya remata puntadas muestra los mismos signos para todos. En los hospitales, con sus fríos pasillos, la que se va y la que viene se interpretan en el añoso tacto de una estampa del Gran Poder presidiendo la mesilla junto a la piltra, en el consanguíneo que guarnece el lento tránsito de las agujas del redondeado reloj de pared, o en el profesional sanitario de bata nívea que actúa como cortés velador de la convalecencia.

Allí donde la crudeza se alivia con el recuerdo de tiempos mejores también está presente la Palabra de Cristo; allí donde la incertidumbre y el pronóstico se dan la mano, la luz supera a cualquiera de los modelos meteorológicos; allí donde nadie imagina ver los días que conducen al gozo, los pilares de la fe robustecen en la Esperanza de la que aguarda junto al Arco; allí donde un grupo de pequeños representan un mural pictórico con la Semana Santa más perfecta, aquella que con los años escapa a nuestros ojos, el azahar viaja en diferente peana; allí donde la sonrisa se convierte en maniguetera del paso que conduce al restablecimiento; allí, en los hospitales, centros de recuperación y penumbra en los que la vida roza el suelo a base de pasos cortos, también la Cuaresma perderá su ropaje de hebrea para recibir a la Gloria. Entretanto, papeletas de sitio con destino a casa esperarán ser retiradas.

A todos los enfermos: «Aquel que tiene fe no está nunca solo» (Thomas Carlyle, historiador, pensador y ensayista inglés).