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La “inexplicable” historia de los cuadros del Cachorro

José Antonio Martín Pereira | 28 de diciembre de 2018 a las 12:36

«La casualidad es la manera que tiene Dios de mantenerse en el anonimato». Esta frase no pertenece a ningún teólogo o religioso reconocido, sino que fue pronunciada por Albert Einstein. Sí, Albert Einstein, figura icónica de la ciencia admirada hasta el presente por sus innumerables aportaciones no sólo en lo referente a la teoría de la Relatividad, sino también por sus conocimientos políticos, históricos y filosóficos.

Precisamente una de las muchas controversias que planean aún hoy día sobre el pensamiento de Einstein en materias fuera de la física teórica es si era ateo o creía en Dios. La cuestión sea como fuere, es que sus razonamientos matemáticos escapan a determinados hechos excepcionales como ocurren a diario en nuestras vidas.

De este modo, cuando no existe ninguna posibilidad estadístico-matemática que pueda explicar ciertos fenómenos, éstos se sitúan, según los parámetros científicos, en el campo de lo imposible. Ni siquiera alcanzan el rango de hipótesis de trabajo. Es ahí donde aparece la única respuesta admisible, que no es otra que la Providencia de Dios.

Toda esta exposición previa calza con una visita a la aldea almonteña en la jornada previa al nacimiento del Pastorcito Divino. Parada obligada en Bollullos par del Condado (Huelva) para disfrutar de la rica gastronomía que ofrecen sus tradicionales bodegones, elegimos por recomendación el del Abuelo Curro. Más que aconsejable en todos los sentidos, máxime al conocer la “inexplicable” historia de los dos cuadros que presiden el segundo de los salones, uno del Santísimo Cristo de la Expiración, el Cachorro, y otro de su Madre Bendita del Patrocinio.

Fue Esteban, una de las personas que con tanta amabilidad atiende a sus comensales, quien ante mi curiosidad justo antes de marcharnos me relató aquello que un infausto día les heló el alma. Ocurrió a mediados de 2007 y así lo constatan las crónicas de la época. «Un incendio declarado en el interior del establecimiento dejó completamente calcinado el mismo, aunque sin causar daños personales». Según contaba Esteban «no se salvó nada, ni las máquinas ni ningún tipo de enser quedó en uso, tuvimos que empezar completamente de nuevo». Lo único que escapó al fuego, y así lo relataba esta persona, «fueron los cuadros del Cachorro y la Virgen del Patrocinio, que inexplicablemente yacían en el suelo del local, con el marco abrasado y sin el cristal que los cubría pero con la estampa de las imágenes en perfecto estado. Al comprobarlo no dimos crédito, parecía un milagro que el  fuego no los hubiera devorado».

Un caso extraordinario que ha servido a sus propietarios de estímulo para que once años después de la tragedia el negocio camine viento en popa y goce de una salud inmensa. El Cachorro, no cabe lugar a dudas, siempre estará con ellos.

Cuadro_Cachorro_Patrocinio