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Semana Santa 2015: a destacar

José Antonio Martín Pereira | 7 de abril de 2015 a las 12:23

La visita del Rey

La Semana Santa de 2015 será especialmente recordada por la visita de Su Majestad Felipe VI, el cual aprovechó su estancia en la ciudad el pasado Lunes Santo con motivo del 75 aniversario de la empresa Persán para contemplar el discurrir de algunas cofradías que hacían estación de penitencia en la citada jornada.

Acompañado por la presidenta de la Junta de Andalucía en funciones, Susana Díaz y el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, Don Felipe contempló el paso de la Hermandad de Santa Genoveva desde el balcón de la sede que la Delegación de Gobierno de la Comunidad de Andalucía que tiene en la Plaza de España, e incluso realizó una llamada al paso de palio de la Virgen de las Mercedes. Posteriormente se trasladó a la plaza de la Campana para observar el discurrir de la primera mitad de un Lunes Santo marcado para el recuerdo.

Las altas temperaturas

La de 2015 fue la tercera Semana Santa en lo que va de siglo en la que la lluvia no hizo acto de presencia, tal como sucediera en las de 2001 y 2009. Se impusieron el sol, y sobretodo las altas temperaturas, casi veraniegas desde el Domingo al Jueves Santo, que motivaron esa imagen de los cirios doblados, alguna que otra lipotimia y el elevado consumo de agua y refrigerios.

El efecto clásico

Afortunadamente las hermandades siguen reforzando el cuidado sobre los repertorios musicales tras sus pasos, y desde 2014 la tendencia a este respecto, salvo contadas excepciones, está dejando buen sabor de boca. Cierto es que se siguen incorporando marchas nuevas, pero sólo a las creaciones de calidad se les está dando su sitio en un panorama dominado por lo clásico. Mención especial merecen aquellas bandas cuyos músicos han tocado todos o prácticamente todos los días de la Semana Santa (algunas incluyendo las vísperas) sin bajar un ápice el buen trabajo a la hora de interpretar las composiciones.

Los nazarenos

Los que van con su hermandad por devoción y no se quitan el capirote, ni vemos en los bares, por mucho calor que sufran ni por mucho que duelan los pies por los insufribles parones. De ellos es la Semana Santa, pese a que en ocasiones les hayamos visto desfilar como auténticas ovejas sin pastor. Enorme el esfuerzo de los que, aguantando no sólo el calor, sino empujones, cristales y cáscaras de pipas en el suelo y demás desconsideraciones propias del lamentable público que pisa las calles durante la Semana de Pasión, han sabido ejercer con dignidad ese papel penitencial que incluso las propias cofradías en numerosas ocasiones olvidan.

El impacto económico

Por si a alguien se le olvida y pretende convocar un referéndum sobre la idoneidad de la celebración que acabamos de dejar atrás, la Semana Santa, motivada por la ausencia de precipitaciones, ha supuesto para la ciudad un impacto económico de 280 millones de euros, según las cifras manejadas por el consistorio. Balón de oxígeno para los sectores de la hostelería y el comercio que ahora esperan su segundo agosto con la llegada de la Feria de Abril.

Semana Santa 2015La Cruz de Guía de la Hdad. de Las Cigarreras. Al fondo el termómetro marca 34º

¿Por qué?

José Antonio Martín Pereira | 25 de marzo de 2014 a las 13:09

Aquella Semana Santa, la de 1989, con el Cristo de la Salud a los sones de su marcha “Salud de San Bernardo”, sintonía inefable con la que la Agrupación Musical Santa María Magdalena de Arahal brindaba el recuerdo de lo que perdimos. Lástima que la involución en ciertos aspectos de las cofradías nos priven de volver a vivir, o mejor dicho de recuperar momentos como éste, ya que la formación que actualmente acompaña al Cristo que tallara Andrés Cansino en 1699 no lleva en su repertorio ni ésta ni otras marchas del mismo corte dedicadas a esta populosa cofradía del Miércoles Santo.

El ejemplo contrasta con la sevillana visión cofradiera de los Núñez de Herrera, Chaves Nogales o el profesor Isidoro Moreno, catedráticos de esa tradición cultural soberanamente definida según criterios personales, pero arraigada en virtud a un complot de pilares los cuales nos estamos empeñando en derribar. No obstante, ni la Semana Santa del ayer era mejor ni ésta que hoy concebimos es tan excelsa como desde fuera a veces pudiera parecer. Sin embargo la actual, con la música procesional adherida a las cornetas y tambores, es una Semana Santa que esboza con claridad la desnaturalización a la que ha sido sometida, vinculada a influencias no del todo honrosas y al intrusismo de ciertos modos de composición.

La pregunta es sencilla: ¿por qué? ¿Por qué esa falta de sensibilidad y criterio? ¿Por qué ese olvido por lo que nos hizo grandes? ¿Por qué ese desorden de pareceres? ¿Por qué ni el Consejo ni las Hermandades remedian situaciones de esta índole? ¿Por qué se guardan en los cajones grandes obras y sin en cambio damos la bienvenida a melodías que nada tienen que ver con la identidad religiosa? Quizás haya llegado el momento de contestar a las preguntas con hechos, y ahí indiscutiblemente entramos todos. La oportunidad aguarda cercana…