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Tres cuartos de siglo después

José Antonio Martín Pereira | 29 de octubre de 2011 a las 13:07

En la jornada de hoy, sábado 29 de octubre, se conmemora el LXXV Aniversario de la llegada de la Esperanza Macarena al templo de la Anunciación, sito en la emblemática calle Laraña, como consecuencia de la oleada de incidentes que tuvieron lugar en Sevilla antes del estallido de la Guerra Civil. Cabe recordar igualmente que la Parroquia de San Gil Abad, y la Capilla propiedad de la Hermandad, había sido pasto de las llamas en la madrugada del 18 de julio de 1936.

Por aquel entonces en el citado templo, propiedad de la Universidad de Sevilla, radicaba la corporación de Los Estudiantes, cuyas reglas habían sido aprobadas apenas varios años antes (concretamente el 17 de septiembre de 1924). Ambas corporaciones estrechan lazos y La Macarena permanece en la céntrica parroquia durante seis años, regresando a la reconstruida iglesia de San Gil en la estación de penitencia de la Madrugada del Viernes Santo de 1942. Posteriormente, en 1974, la propia corporación de San Gil se refugiaría en el templo de la calle Laraña debido al inoportuno aguacero acaecido durante su estación de penitencia, aunque en dicha ocasión no confluyó con la Hermandad de Los Estudiantes puesto que en 1966 ésta ya se había trasladado hasta su actual sede, en la capilla de la Universidad.

Hoy, tres cuartos de siglo después del peculiar encuentro, ambas corporaciones celebran solemne Eucaristía para recordar una unión que aún persiste y es patente.

La Esperanza Macarena a su paso por el templo de la Anunciación, actual sede canónica de la Hermandad de El Valle, en la Madrugada de 2010.

Fuente: Youtube; usuario: danidi10o

Reordenando pareceres

José Antonio Martín Pereira | 19 de julio de 2011 a las 15:09

Casualmente el 75 aniversario del inicio de la barbarie, la Guerra Civil española, con su correspondiente multitud de alusiones, refrendadas en la jornada de ayer 18 de julio (fecha concreta en la que comenzara el conflicto), coincidía para un servidor con la relectura del libro de Jaime Passolas Jáuregui, “Doce Imagineros de la Semana Santa de Sevilla”. Sin ánimo de alimentar viejas batallas puestas en relieve a favor de los intereses del (des)Gobierno y sus secuaces desde hace algunos años, la conmemoración de tan trágico episodio a la vez que se descifra el susodicho y recomendable ejemplar me han producido una enorme lástima, no ya por los macabros efectos que un conflicto de ésas características indistintamente siempre genera (eso se sobrentiende), sino por el legado que perdimos. Cientos de miles de partidas de registro, así como otras tantas materialidades de la Sevilla que hoy contemplamos fueron pasto de injustas y crueles llamas, de criminales saqueos. Quiera El de San Lorenzo que las actuales corrientes extremistas no desaten futuras oleadas de terror.

Además de lo anterior, el segundo repaso al citado vademécum devuelve por enésima vez a mis pensamientos la percepción del antes y el después del utrerano Ruiz Gijón. Es ésa una opinión (quede resaltado) tan estrictamente personal como inadmisible según quien pretenda aproximarse, e incluso imprudente si así lo quiere usted ver, pero a la misma vez irrefutable atendiendo a partir de las máximas pautas del arte. La imaginería procesional tocó techo a la finalización del Barroco, por los aspectos humanos, expresividad y sentimentalismo que las imágenes poseían, cosa que a partir de ahí únicamente es posible encontrar en muy contadas obras puntuales, y no precisamente contemporáneas. Que no sean tomados a mal tales pareceres.

Con fajín o sin él

José Antonio Martín Pereira | 4 de abril de 2011 a las 10:46

«Muñidor, ¿te has enterado que la Macarena este año no saca el fajín de capitana? Lo anunciaron en un programa de radio. ¿Qué sabes?»

Estimada amiga, desde la humilde modestia de un servidor me va a permitir contestar a su breve correo electrónico públicamente, con dos puntualizaciones si no es excederme en demasía: la primera es que el susodicho fajín en todo caso sería de generala (qué palabra más malsonante). Imagino sabrá que Ésta y otras imágenes de la Virgen lucen fajines de general porque a la Virgen se le tributan honores propios, y No (en mayúscula y con dedicatoria) porque a los generales se les quiera con ello rendir homenaje. La segunda es que El Muñidor no tiene obligación de dar primicias, simplemente comparte lo que estima, de ahí que cite o profundice unos u otros temas sin guión previo.

Tenga en cuenta que la Esperanza Macarena no porta habitualmente el fajín militar de Queipo de Llano (dato fundamental), dado el delicado estado de conservación de la pieza, así que se debiera dar menos bombo a la decisión tomada por los miembros de junta puesto que entra dentro de los parámetros lógicos. Al respecto de las críticas vertidas cada vez que aparece el tema, ni siquiera merecen propaganda ya que provienen de la dirección radical y desconocedora germen de aquella Ley, de Memoria Histórica, habilitada al gusto del olvido. Los hay incorregibles en la deplorable y manida idea de las Dos Españas. El discursito ya lo conocemos.

Si desde el propio orbe cofradiero engordamos el retorcimiento y la confusión terminológica e histórica, qué esperar de los que guadaña en mano acarician cualquier descuido para reabrir heridas defendiendo justamente lo antagónico a sus ideales (qué curioso). Tengamos cuidado. Probablemente el sector de la censura ignora la Historia de Sevilla, y por ende las agitaciones sociales de la II República tras el levantamiento del 18 de julio. Haciendo Memoria Histórica, pudiera ponerse sobre la mesa todo cuanto perdieron las cofradías de Sevilla en los incendios revolucionarios de 1931 a 1936. Pobres los milicianos que trataban de oponerse al levantamiento, y que en vez de enfrentarse a las tropas sublevadas dedicaron sus fuerzas en actos de valentía sublime a quemar iglesias, ¿o no? Sí, eso, imágenes titulares, altares, patrimonio procesional, archivos… en lo que vino a ser un despedace al legado cultivado durante siglos. ¿Tiramos de Memoria? Mientras tanto, la Virgen de la Esperanza escapaba al sacrilegio gracias a que unos hermanos la sacaron de San Gil en un cajón y la escondieron en la calle Orfila.

Quiero decirle, mejor dejar de ahondar en juicios morales, la Macarena con fajín o sin él volverá a iluminar la Madrugá eterna de Sevilla.

FajinMacarena