Archivos para el tag ‘Miércoles de Ceniza’

Volver a lo esencial

José Antonio Martín Pereira | 5 de marzo de 2019 a las 21:37

Desde hoy y hasta la mañana del Domingo de Ramos, brotarán emblemas de un tiempo nuevo. Lustrosas muestras materiales, vivencias reconocibles o simples gestos naturales se sucederán hasta entonces, colmando ese vacío con el que la espera en ocasiones se apodera del recuerdo.

Siguiendo la tradición, una vez más Dios pedirá la venia en nuestros corazones ajeno a las estériles desproporciones cofradieras que a diario nos rodean. De la forma más simple, con la señal de la Cruz hecha con ceniza en nuestra frente, alianza de penitencia y purificación que rememora la antigua tradición hebrea, el Dios sin rostro que se venera en los Sagrarios nos propondrá una vez más volver a lo esencial, lo constitutivo, aquello sin lo cual este tiempo litúrgico que es de preparación ante la inminente llegada de la Semana Santa no tendría sentido, la conversión.

Esto sucede ahora precisamente que el mundo necesita de una respuesta contundente por parte de católicos convencidos ante la falta de cultura religiosa, unida a la nueva sociedad de la imagen y lo inmediato que tanto redunda entre los cofrades del siglo XXI. Es por ello que el período que iniciamos debe servirnos para alcanzar sin complejos por encima de lo accesorio, admitiendo además aquellas palabras del Papa Francisco en las que recordaba que la Cuaresma “no es un tiempo triste ni de luto”, de las que se desprende la necesidad por mantener siempre vivos la religiosidad y el folclore, elementos no excluyentes que dotan de sentido a nuestras cofradías, las cuales aún hoy mantienen aquella misión por la que fueron creadas, es decir, dar testimonio público de fe en las calles.

Por tanto disfrutemos, hagámonos pequeños ante la grandeza de estas tardes en las que la luz se resiste a marcharse, y dejémonos atrapar por la atmósfera sensorial con la que se prepara el camino. Al fin y al cabo el final de la historia es de sobras conocido, la vida triunfará con la Resurrección del Señor.

CapirotesFoto: Sebas Gallardo

Te estaba esperando

José Antonio Martín Pereira | 14 de febrero de 2018 a las 9:54

Como cada año has llamado de nuevo a la puerta, para acomodarte en casa. Solapando al Carnaval, traes el comienzo de una nueva etapa, un nuevo ciclo para los cristianos que recibimos atentos y emocionados, un tiempo de preparación y también un buen momento para que nos iniciemos a vivir plenamente el verdadero sentido y significado de lo que es una hermandad o cofradía. Todo empieza como terminó, con la ceniza que devuelves; el polvo que somos y el polvo en que nos convertiremos; y con la conversión, la que aceptamos plenamente al recibir su imposición.

Se abre por tanto, con Tu llegada, un nuevo horizonte enmarcado en cuarenta días y cuarenta noches que aceptamos pensando en el ribete de emociones que nos quedan por vivir hasta que entregues el testigo, a las puertas del Salvador, en la gloriosa tarde en la que un mar de diminutos capirotes decida medir qué queda aún de niños en nuestro interior.

Suerte nos queda que tiempos de desproporciones cofradieras, de estériles debates avivados y de hipocresía vulgar, todavía existan lunares rojos sobre el almanaque, puntos de partida inviolables como el que Tú, apoyada en el Evangelio, nos inspiras. Por ello pasa, querida Cuaresma, te estaba esperando, rejuvenece la inquietud contenida que llevo amasando desde que en San Lorenzo se apagaron las luces para dar paso a la Resurrección del Señor, y muéstrame cada día diferente; así llenándolos de signos, estímulos y coincidencias como quien ansía una gota de agua en medio del desierto, actúa como tilde que acentúa la pausa con la que Dios aparece en lo cotidiano de las preocupaciones. Marca Tú el camino, que yo te sigo.

Centuria Macarena

Foto: Jesús Giraldo

Alcanzamos la Cuaresma

José Antonio Martín Pereira | 10 de febrero de 2016 a las 11:11

Alcanzamos un tiempo nuevo. Desde hoy y hasta que el Domingo de Ramos rejuvenecerá la inquietud contenida y absolutamente todo nos parecerá diferente. Buscaremos signos, estímulos y coincidencias como quien ansía una gota de agua en medio del desierto. Pero la Cuaresma se alza mucho más alto, es la tilde que acentúa la pausa que nos solicita Dios en lo cotidiano de las preocupaciones como invitación directa encaminada a encontrar la senda verdadera. Las exuberantes certezas y la admiración que nos producen no deben nublar de polvo el camino.

Hoy Miércoles de Ceniza dan comienzo cuarenta días y cuarenta noches que deben inspirarnos en la conversión, así cuando la Soledad transite regreso a San Lorenzo nos hallaremos preparados para recibir la Gloria de Jesús Resucitado. Por ello mismo, la liturgia nos recuerda que el acercamiento a Dios no se logra sin más por la cercanía física o por la familiaridad con los lugares, las imágenes y los actos en los que Dios se significa o se hace presente. En las homilías además, se nos hará hincapié en que no echemos a perder la gracia de este tiempo propicio para salir al encuentro de Dios. Que así sea.

cuares

Cuarenta días y cuarenta noches

José Antonio Martín Pereira | 18 de febrero de 2015 a las 11:09

El libro de las ilusiones echa el ancla sobre la Colonia Iulia Romula Hispalis que renaciera de la mano del emperador Julio César. Un invierno más, como si el calendario mutara sus complejidades, la Cuaresma, con su rigor irreprochable y sus primeros signos recupera la ciudad en la que el Barroco sembró plenitudes, llenando los vacíos dejados por el recuerdo.

El tiempo de Cuaresma rememora los cuarenta años que el pueblo de Israel pasó en el desierto mientras se encaminaba hacia la tierra prometida, con todas sus implicaciones, y no es sino una llamada más, que enraizada en la liturgia aboga por trazar y cimentar esa senda de la que a menudo solemos desviarnos. A menudo ocurre que caminamos demasiado deprisa, no tenemos tiempo para nada y obviamos circunstancias generales o particulares que suceden a nuestro alrededor. De este modo, es imposible darnos cuenta de los signos de Dios en cada paso que damos, ni de a qué nos llama, ni de cómo interviene en nuestra vida a través de la vida de los otros.

Se despliegan, a partir de hoy Miércoles de Ceniza, cuarenta días y cuarenta noches cargados de estímulos que deben aunar para esforzarnos en nuestra conversión. Camino corto e intenso que se resolverá en la conciencia, cuando el primer nazareno de túnica alba desnude nuestro interior con su pausado transitar.

Iglesia de El SalvadorFoto: Fran Silva

«Pulvis es et in pulverem reverteris» (Génesis 3,19). La reflexión acerca del deber de la conversión recuerda la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

Cuarenta días…

José Antonio Martín Pereira | 5 de marzo de 2014 a las 11:34

Inexorable transitar de relojes, certeza de almanaques de pared que esperan saetas a las puertas de lo efímero. Asoman albores entre calígines que preceden lluvias, entretanto el pausado despertar de los naranjos, invisible aún, distingue la hermosa senda que concluirá en explosión gozosa de aromas. Marzo reverdece envuelto en la profusión de heraldos donde se dictamina la ficticia frontera que la historia de nuevo entrega, para que sea el anhelo el encargado de descifrar misterios en una espera que exhala amaneceres definida en tinta sobre papiro.

Con la Cuaresma recibimos ese tiempo litúrgico que borda las postrimerías de su intervalo con distinto hilo según cada hogar con la siempre amenaza de lo anodino, venablo que asesta tajos sobre los movedizos sostenes que equilibran la Fe. Es, por mucho que pasen los años, momento para ejercicios de reflexión, para preguntarnos con la firme convicción de sentirnos hijos de la Iglesia si verdaderamente estamos abriendo paso a Cristo, o por el contrario le vemos pasar sin remover la conciencia. Cabe, por tanto, distinguir si, en estos días, pasamos por su lado agrietándola con la mirada clavada en la belleza inmóvil, o caminamos junto a Ella exponiendo sin miedo las aspiraciones a crecer como persona y, por ende como cristianos. En estas, es posible que Aquella que hoy conozcamos no se parezca a los primitivos términos que le dieron la venia, el ser humano tiene la dudosa virtud de renovar sus comportamientos y la Fe sujeta a las costumbres no escapa a sus razones, pero valga aún la magnitud de sus proporciones como método de encuentro con Cristo y a la vez con nosotros mismos, a través de la Palabra.

En definitiva, la Cuaresma retorna anticipando el solemne protagonismo de la Gloria, ahora que la humanidad más lo requiere. Seamos conscientes, la levedad de la llama que encendida alumbraba el anuncio y la llegada de Niño Dios tomará fuerza nuevamente al recibir el sombreo de la perecedera señal sobre la frente, convirtiéndonos en transmisores de la verdad y el gozo. Cuarenta días…

 

«Pulvis es et in pulverum reverteris» (Génesis 3,19).

BhMBE-3CMAAvH-l

Foto: Fran Silva

La Cuaresma acaricia Sevilla

José Antonio Martín Pereira | 22 de febrero de 2012 a las 10:55

La Cuaresma, del latín quadragésima, «Cuadragésimo día (antes de la pascua)», acaricia el trono que le brindara la Giralda, desde lo más alto de la ciudad, para instaurarse nuevamente como el periodo del tiempo litúrgico destinado a la preparación de la llegada del Misterio Pascual. La puerta a la conversión de la mano del Miércoles de Ceniza, símbolo del número cuarenta en las Sagradas escrituras, que referencia los cuarenta días que duró el diluvio, los mismos que Moisés y Elías permanecieron en la montaña o el propio Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, y los 400 que duró la estancia del mismo en territorio egipcio.

A partir de ahora, al pie de un camino que invita a la reflexión, y tomando por testigo la responsabilidad gestada conforme a un pasado labrado en base a multitud de almas anónimas las cuales dedicaron su aliento a cultivar la Fe en Cristo según la Tierra de María Santísima, un cartapacio abre una vez más sus pastas, como viene ocurriendo cada año desde hace siglos, para que multitud de albares láminas vean la luz, ésa que cuyo color es similar al que desemboca sobre el firme de la Bética proveniente de las olivareras campiñas.

Y de aquí al Domingo de Palmas, el blanco se irá poblando de notas y apuntes, encauzado entre lo variopinto de los prismas que conforman la heterogenea Híspalis. Así pues, según el cálamo que se precie será objeto de Silencio, Torrija, San Lorenzo, Armao, Requiem, Calle Cuna, Parasceve, bacalao con tomate, esparto o Margot, de la misma forma que vestirá de ‘korneta‘, Historia de un Profeta, ‘kostal’, ‘Kaminando va por Tientos‘ o ‘izkierdo‘, aunque en esta ocasión, y sin que sirva de precedente, indistintamente los caminos conducirán al mismo eje, ése que delimitará la frontera entre lo humano y lo divino, lo real y lo ilusiorio, toda vez que Jesús, a lomos de un humilde borrico, vuelva a hacer entrada en la Jerusalén sevillana.