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¡La espera ha terminado!

José Antonio Martín Pereira | 24 de diciembre de 2015 a las 10:32

La espera de la acción divina ha terminado, hoy el final del Adviento abre de par en par las puertas a la llegada de la Navidad. Una Navidad, eso sí, mutilada por la ausencia de valores que caracterizan a la sociedad de la que formamos parte. En este sentido los símbolos religiosos que hacen honor al Nacimiento de Jesús son altamente cuestionados, incluso erradicados en algunos puntos significativos del país como alimento de una clase política que utiliza el ataque a la religión católica como argumento para sembrar el caldo de cultivo del odio extremo. La cuestión aquí es que ni los propios católicos alzamos la voz, y ésa es precisamente nuestra condena.

Por esta razón, y aunque ahora lo políticamente correcto sea obviar cualquier referencia cristiana, no debemos ceder nosotros a la corriente negacionista de la Navidad, aquella que pretende vaciar de contenido religioso estos días santos, convirtiéndolos en las vacaciones blancas, en la celebración del solsticio de invierno y, especialmente, en las fiestas del consumismo y el derroche.

Así las cosas, no estaría de más que, como creyentes, reservemos unos minutos a plantearnos qué se celebra en Navidad, o cuál es el auténtico mensaje que Dios nos envía con la llegada de su Hijo al mundo. La Navidad es la celebración del Nacimiento de Jesús, es el cumpleaños de Jesús. Curiosamente en los cumpleaños, los regalos son para el festejado, pero éste es el único cumpleaños en el mundo, en donde la mayoría se acuerdan de todo y de todos menos del festejado.

De este modo, y rodeados del espíritu de las buenas intenciones que a menudo esconde su naturaleza durante el resto del año, algo grande está a punto de suceder y los católicos estamos en la obligación moral de dar buena cuenta de ello, evitando caer en la simpleza a la que tan magnífico hecho ha sido relegado. Esta noche nacerá el Mesías, el Salvador, el Hijo de Dios, y toda la humanidad será testigo.

La Adoración de los Magos
La Adoración de los Magos (Rubens, 1609). Museo del Prado, Madrid

 

Más que un Belén

José Antonio Martín Pereira | 2 de diciembre de 2015 a las 10:59

El Puente de la Constitución, o de la Inmaculada, da pie entre otras cosas para que la Navidad de la que los comercios y la publicidad hacen gala en las últimas semanas se asiente definitivamente en lo cotidiano de los ciudadanos.

En Sevilla, pese a quien le pese, de las raíces emana un acervo de representaciones que dotan de singularidad a la celebración de la fiesta, son sus populares belenes. Los hay de toda índole, más o menos curiosos en su concepción, pero todos válidos en lo que al estímulo de la fe se refiere.

Uno de ellos precisamente es el conocido Belén de la Solidaridad, un original Nacimiento de estilo sevillano que instalan personas trasplantadas en el Convento de Santa Rosalía (calle Cardenal Spínola nº 8 ) bajo el lema “Un trasplante es otro nacimiento”, y que este año celebra su decimocuarta edición.

En ésta ocasión concretamente se recrea el Nacimiento alrededor de los tres edificios que fueron derribados en la Plaza del Duque, durante los años 60, para construir en su lugar un centro comercial. Los visitantes disfrutarán de este particular Belén que, además, pretende sensibilizar a los sevillanos sobre la conservación de su patrimonio histórico.

De este modo se han reproducido fielmente el Palacio del Marqués de Palomares, que tras su venta se convirtió en “Almacenes El Duque”, el espectacular Palacio de Sánchez-Dalp, construido a principios del Siglo XX, y el Colegio Alfonso X el Sabio.

Rafael Álvarez, trasplantado de hígado, es el Maestro Belenista que ha dirigido al equipo técnico de 30 personas trasplantadas que han construido, a escala y con todo lujo de detalles, las excepcionales maquetas.

Para este período de Navidad, la organización espera superar las 55.000 visitas de las ediciones anteriores. Asimismo informan que los niños recibirán caramelos y globos, mientras que los adultos podrán solicitar información o Tarjetas de Donantes a las personas trasplantadas, siempre presentes en el Belén.

Belén de la Solidaridad
Entrada gratuita.
Abierto desde el 8 de Diciembre al 5 de Enero.
Horarios de visita: de 11h a 14h y de 17h a 20.30h.
Cerrado el 25 de Diciembre y el 1 de Enero.
Más información en www.belendelasolidaridad.es

La Navidad del Cachorro

José Antonio Martín Pereira | 24 de diciembre de 2014 a las 12:08

Inmersos en una profunda crisis social y de valores, la Navidad, más allá del bombardeo publicitario, aparece como todos los años con mensajes y deseos de paz verdadera fundamentados en el nacimiento del Mesías.

Festejamos un hecho religioso: Dios se hizo un ser humano, y quiso nacer en el seno de una familia, en una gruta de Belén, hace 2014 años, después de que una joven doncella, María de Nazaret, diera a luz al hijo que había concebido virginalmente. Este Niño, que lleva por nombre Jesús, es Dios que entra al mundo como hombre de verdad.

En Jesucristo, Dios quiso vivir nuestra vida humana. Desde entonces todo lo humano quedó elevado al plano divino. Y la puerta por la que Dios quiso asumir nuestra condición humana es la familia. De este modo, los relatos bíblicos del Nacimiento de Jesús tienen como epicentro a la familia.

Ésta es la realidad que celebramos en la Navidad. En la Nochebuena nos reunimos en familia, y a través de ella redescubrimos la cercanía de ese Niño Dios al que posteriormente pondremos el rostro del Cachorro trianero. Y es que solo Jesucristo, el Cachorro, es capaz de reunir en familia incluso a los que repudian su doctrina y atacan a los creyentes de su Palabra.

La familia es pues, la protagonista universal del día de hoy por encima de razones morales o doctrinistas contrarias al verdadero sentido de la fiesta que conmemoramos. Aunque la situación social, la cuestión económica o la enfermedad son problemas reales, de la mano de Jesús, y en la cercanía de nuestras familias, encontraremos la verdadera fuerza interior para no caer en la desesperanza. La familia, en definitiva, es y seguirá siendo la principal valedora de la Navidad del Cachorro por mucho que pasen los años.

Feliz Pascua de la Natividad de Nuestro Señor.

NavidadFoto: Nacimiento de la Hermandad de La Macarena

Reflexión de Navidad

José Antonio Martín Pereira | 23 de diciembre de 2012 a las 21:33

El final del Adviento desemboca en un tiempo de celebración acorde para el reencuentro afable con amigos y familiares, reservando el lugar a los que se fueron y por siempre pervivirán en nosotros. La Navidad invita a rodearnos del espíritu de las buenas intenciones que a menudo se esconde durante el resto del año, algo grande se intuye y los católicos estamos en la obligación moral de dar buena cuenta de ello, evitando caer en la simpleza a la que ha sido condenada, fruto de la comercialidad, una de nuestras celebraciones (junto a la Resurrección y Pentecostés) más significativas. Es, pues, momento idóneo para dar sentido a una ilusión que debe prosperar por encima de los efectos de la luz y el color que en estos días toman las principales calles en la inmensa mayoría de los núcleos urbanos.

No estaría de más que, como creyentes, reservemos unos minutos a plantearnos qué se celebra en Navidad, o cuál es el auténtico mensaje que Dios nos envía con la llegada de su Hijo al mundo. La Navidad es la celebración del Nacimiento de Jesús, es el cumpleaños de Jesús. Curiosamente en los cumpleaños, los regalos son para el festejado, pero éste es el único cumpleaños en el mundo, en donde la mayoría se acuerdan de todo y de todos menos del festejado. ¿Felices Fiestas, o Feliz Navidad? Ahí queda eso.

Por supuesto, partamos del valor del respeto, tanto a los no creyentes, como a los agnósticos, como a los que profesan otras religiones. Pero, realmente, si en la Navidad no se celebra el nacimiento del Niño Dios, que es la esencia de estos días, habrá que preguntarse: ¿son solo unas sencillas fiestas, unas fechas aptas para cambiar el chip, olvidarse un poco del trabajo y de todo, reunirse con la familia, regalarse muchas cosas y bailar, comer y beber mucho? Lo cierto aquí, es que el sentido de la Navidad (el real, no el infundado) no es negociable, no es evaluable, no es almacenable, no es comerciable, no es transaccionable, no está a la venta en unos grandes almacenes ni en un todo a un leulo, y ni mucho menos se puede poner en rebajas. No; es algo, infinitamente más grandioso, más revelador, más maravilloso, más trascendente, que debe llenarnos por dentro y no por fuera.

Queda abierta esta reflexión, no sin antes invitarle directamente a que se plantee: ¿cómo vive usted la Navidad? ¿ Qué regalo le va a hacer en este año a Jesús? ¿Cómo se va a preparar para festejarlo? Sin más, Feliz Pascua de la Natividad de Nuestro Señor.

Bartolomé Esteban Murillo. Descanso durante la Huída a Egipto. 1665. The State Hermitage Museum. Saint Petersburg, Rusia

 

A la Navidad, por su nombre

José Antonio Martín Pereira | 12 de diciembre de 2012 a las 11:58

Se agitaba la mañana de ayer de la mano del desembarque del Congreso de los Diputados en la red social Twitter, y el mensaje de su presidente, Jesús Posada, felicitando la Navidad en castellano y las lenguas cooficiales del ámbito autonómico, catalán, euskera y gallego, incluyendo una imagen del Portal de Belén en dicha felicitación oficial. Con celeridad (no se esperaba menos), Diputados del PSOE y el grupo de Izquierda Plural (IU-ICV-CHA), envalentonados ellos, reprochaban públicamente al presidente del Congreso por haber elegido la Navidad para el primer mensaje del perfil institucional de la Cámara Baja en Twitter, dado el carácter religioso de la celebración y de la imagen empleada para acompañar su felicitación. Así va eso.

Como quiera que lo relativo a la Teología escapa de las competencias intelectuales de la mayoría de nosotros, acudamos al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, para que nadie se lleve a engaño: Navidad (Del lat. nativĭtas, -ātis). Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. 2.f. Día en que se celebra. 3.f. Tiempo inmediato a este día, hasta la festividad de Reyes.

Dicho esto, conviene argumentar el por qué, mentando a las voces autorizadas para ello. Tal es el caso del padre Marcelino Manzano, quien en su Blog El Espejo de Sevilla nos dejaba escrita una reflexión (de obligada lectura) hace varios días, bajo el título Navidad, no solsticio. Cito textualmente, e invito a leer el texto completo: «y aunque ahora lo políticamente correcto sea obviar cualquier referencia cristiana, no debemos ceder nosotros a la corriente negacionista de la Navidad. Por eso, permíteme un llamamiento, ahora que estamos a tiempo: al menos, pon el belén en tu casa».

De este modo, no queda más que manifestar lo que se deduce, y es que la responsabilidad recae en nosotros como miembros de la Iglesia, poniendo en evidencia que el verdadero significado de la Navidad recaiga en nuestras acciones. Como escribiera San Gregorio Magno: «en la Santa Iglesia, cada uno sostiene a los demás, y los demás lo sostienen a él, de tal manera que el bien de todos se convierte en el bien de cada uno, y el bien de cada uno se convierte en el bien de todos».

Singular representación del Nacimiento de Jesús. Francisco Vilachao

Adventus Redemptoris

José Antonio Martín Pereira | 27 de noviembre de 2011 a las 10:58

Los Católicos iniciamos un año más el primer periodo del año litúrgico, es decir, en el presente día damos la bienvenida al Tiempo conocido como Adviento (del latín: Adventus Redemptoris, “venida del Redentor”), con el que comienza la preparación para la Navidad. Durante este periodo, los católicos nos dispondremos para celebrar la conmemoración del nacimiento de Jesús, renovando la fe en la segunda Venida de Cristo al final de los tiempos (Parusía).

El Adviento se traduce, tal y como se apuntaba, en Tiempo de esperanza y preparación, en el cual recordar como las profecías acerca de la llegada de Jesucristo fueron cumplidas a través del tiempo y la distancia. Es también momento propicio para reflexionar sobre el amor de Dios, preparando el espíritu para recibir en nuestro corazón la venida del Señor. Comienza el domingo más cercano al 30 de noviembre (festividad de San Andrés), que es el inicio del año litúrgico, terminando con las vísperas de Navidad, o lo que es lo mismo, conformándose a partir de cuatro semanas.

En este sentido, los grandes testigos del Adviento son tres: El profeta Isaías, Juan el Bautista y la Virgen María. Isaías anuncia cómo será el Mesías que vendrá. Sacude la conciencia del pueblo para crear en él actitud de espera y exige pureza de corazón. Juan el Bautista señala quién es el Mesías, que ya ha venido. Él mismo es modelo de austeridad y de ardiente espera. Por su parte María es la figura clave de este período litúrgico. En ella culmina la espera de Israel. Es la más fiel acogedora de la Palabra hecha carne. La recibe en su seno y en su corazón. Ella le prestó su vida y su sangre. María es Jesús comenzado. Ella hizo posible la primera Navidad y es modelo y cauce para todas las venidas de Dios a los hombres. María, por su fidelidad, es tipo y madre de la Iglesia.

Siendo así, las lecturas bíblicas de este Tiempo están tomadas sobre todo del mencionado profeta Isaías (primera lectura), además también se recogen los pasajes más proféticos del Antiguo Testamento que señalan la llegada del Mesías. Así pues, Isaías, Juan Bautista y María de Nazaret son los modelos de creyentes que la Iglesia ofrece a los fieles para preparar la Navidad.

Además, una corona denominada “de Adviento”, hecha a base de ramas verdes que simbolizan la esperanza en la venida de Cristo al mundo, sirve de reflejo a la espera. El círculo de la misma es símbolo de la eternidad, porque no tiene principio ni fin, así como Dios que no tuvo principio ni tendrá fin, mientras que las cuatro velas colocadas a su alrededor representan las semanas de preparación para el nacimiento de Jesús, nuestro Salvador. Las luces de estas cuatro velas, que se van encendiendo cada domingo, muestran temas de la vida cristiana. La quinta vela, que va al centro de la corona, recuerda a Jesucristo como la luz del mundo.