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La involución de las primeras comuniones

José Antonio Martín Pereira | 12 de mayo de 2019 a las 12:38

Mayo, entre otras cosas, es el mes por excelencia de las primeras comuniones. Ocurre que en estos tiempos de inexcusable crisis de fe, las iglesias se llenan como nunca en estos días. Un fenómeno difícil de analizar sin su correspondiente trabajo de campo antropológico, pero que a nadie escapa se ha convertido en una soberana exhibición de poderío económico familiar que mueve cientos de miles de euros al año.

Cierto es que en muchas diócesis se ha aumentado el recorrido catequético que hay que seguir para poder recibir el sacramento de la eucaristía, como también lo es que en muchos otros casos la Iglesia ha tenido que rebajar sus pretensiones ideológicas con tal de hacer caja y así poder seguir sufragando sus innumerables costes asistenciales y patrimoniales.

Respecto a esto último, hay parroquias y colegios religiosos que tratan de corregir ciertos aspectos relacionados con el consumismo y la estética del preciado día, por ejemplo, determinando por norma que todos los niños vayan con el uniforme escolar. De este modo se evitan esos vestidos carísimos que solo se usarán un rato. En otros casos, también se están proponiendo ágapes comunes en los salones parroquiales, en un intento de dotar de un contenido más humanizador, colectivo y sencillo la celebración de lo que no deja de ser para el niño un día de fiesta cargada de simbolismo.

Del mismo modo, es evidente que, al igual que ha sucedido con otras celebraciones religiosas como las bodas, la Navidad o la propia Semana Santa, las comuniones evidencian dos de los aspectos esenciales de la transformación de la sociedad española: el laicismo y el consumismo. Si bien muchos de los autodenominados creyentes, no siempre advierten la incoherencia grave que supone convertir ese día en un monumento al despilfarro. Dentro de esta nueva concepción, el momento central como no podía ser menos se ha desplazado de la iglesia al restaurante. En estas estamos.

Lo que está claro es que la Eucaristía o la Sagrada Comunión, en la Iglesia católica, significa recordar y volver a celebrar aquella última Cena de Cristo junto con sus apóstoles. Es incluso lógico que, como todo en la vida, las connotaciones de este día se adapten a los tiempos en su forma, pero lo que no se puede dejar al margen es su marcada esencia. Así con más asiduidad somos testigos de exageraciones como espectáculos de dj´s, castillos hinchables o coches de caballos, por no decir ya como ostentosos regalos han relegado a aquellos otros que hasta no hace mucho se orientaban al cambio de niño a adolescente y a la educación, como juegos de escritura y libros. Las comuniones, por tanto, se mantienen, pero su involución es manifiesta.

comunionesFoto: El Diario Cantabria

Aprendices

José Antonio Martín Pereira | 18 de marzo de 2019 a las 13:42

El futuro de la Iglesia, en general, y de las hermandades, en particular, depende de la participación de todos sus miembros sin excepción. Así, desde las juntas de gobierno debe existir la prioridad por integrar a sus hermanos en el conocimiento cercano de la idiosincrasia, organización, funcionamiento y vida de hermandad.

En el caso concreto de los niños se necesita incluso ir algo más allá, teniendo en consideración que ellos son el verdadero activo que poseemos para conseguir que el trabajo que ahora se realiza llegue a dar el fruto esperado a largo plazo. Del esfuerzo con esa juventud dependerá que los futuros hermanos mayores y demás gestores mantengan vivos los valores de esta tradición centenaria como es la Semana Santa.

En este sentido, el pasado sábado miembros del Grupo Infantil de la hermandad del Buen Fin participaron de una excepcional jornada de convivencia, palpandode cerca la labor del equipo de priostía y participando activamente en la limpieza de los enseres de cara al próximo Miércoles Santo. Una labor brillante en todos sus sentidos que cada vez se extiende más entre nuestras cofradías durante estas fechas.

peque-priostiaFoto: Hermandad del Buen Fin

Los niños del Buen Fin

José Antonio Martín Pereira | 19 de marzo de 2018 a las 9:57

La Semana Santa de Sevilla se conforma quizás exclusivamente en el imaginario de nuestros sentimientos, de la memoria. Es un sueño avivado por el ideal armónico, simbólico y abstracto mediante el cual la belleza se exhibe ante nuestros sentidos sin que podamos retenerla. Tan exacta y precisa que es capaz de tumbar los designios de la nostalgia y el recuerdo, trasladándonos el perpetuo deseo de contemplar una ciudad perfecta, en esa búsqueda compulsiva del éxtasis como director de un proceso histórico que clava sus raíces en los dobleces más abisales de nuestra religión y de nuestra cultura. Así ha sido a lo largo de los siglos de ritos repetidos, y así se sigue dibujando desde la soledad interior de los cientos de miles de capirotes que esgrimen la liturgia cada año con la luz esperanzadora de una primera vez.

El génesis aún resplandece a través de los rescoldos que han hecho perdurar la fiesta. Los dos tramos de niños de la cofradía del Buen Fin representan esa Semana Santa añorada a la que intentamos recurrir constantemente, y que tal vez exista únicamente en los vagos recuerdos que nos quedan de aquel tiempo en el que también jugamos a ser nazarenos vestidos con la túnica de la hermandad desde que los primeros rayos de sol despegaban las hojas de la persiana. El testimonio más certero de la exposición de la fe es el que realizan ellos, desde sus carritos empujados o de la mano de sus padres y madres, abuelos y abuelas, como si la transmisión de emociones no entendiera de edades ni de circunstancias personales.

Probablemente ajenos a la exquisita sensación que dejan a su paso, entre el amplio despliegue de caramelos y estampitas repartidos sin filtro al público que presencia el discurrir de hábitos franciscanos en primera fila, e indiferentes al extraordinario poder de admiración que producen su Cristo dormido y su Virgen de tímida sonrisa, este grupo de pequeños perfectamente organizados realizan cada año una demostración perfecta de la revelación colectiva, curiosamente enfundados en la idiosincrasia de una Hermandad que ejecuta una grata labor con el grupo infantil que más lo necesita a través de su Centro de Estimulación Precoz.

Esa Semana Santa natural que no ha sido corrompida y que no entiende de la exigencia de horarios e itinerarios, se desarrolla con la escrupulosa plenitud de la ilusión llevada a su máximo exponente. Y lo es porque estos niños nos enseñan que a lo establecido sólo le cabe un traje, con menos costuras, y que a pesar que la sociedad derive situando los valores frente a un peligroso acantilado los cristianos seguimos llamados a acudir a Cristo constantemente. La metáfora de los niños como vehículo conductor hacia el Dios Verdadero de los Sagrarios. Si me pidieran que resumiera lo que está por venir, lo haría mil veces tomando el mismo ejemplo. Los niños del Buen Fin me cautivaron.

Cristo_BuenFin

Que no se pierdan

José Antonio Martín Pereira | 12 de mayo de 2015 a las 12:00

Mayo viene cargado de Cruces, en el ambiguo sentido con el que la Sevilla de nuestros días escenifica el otrora carácter popular de la fiesta de las Cruces, cuyo origen tuvo lugar en los extintos corralones de vecinos que con la llegada del presente mes engalanaban sus patios con una gran Cruz, macetas, flores y guirnaldas para disfrutar de varios días de convivencia entre el frescor de los sombríos patios; y se prolongaba en la nobleza de aquellos grupos de niños que con sus propios medios sacaban a la calle su Cruz para pasearla por el vecindario imitando los desfiles de la Semana Santa.

Como casi todo en la vida, el concepto se ha distorsionado con el paso del tiempo y hoy cada vez cuesta más el contemplar alguna representación que rememore el sentido de las Cruces de Mayo de nuestra niñez, e incluso los patios de vecinos por los que suspiraba el genuino Francisco Palacios (El Pali) en sus siempre añoradas coplillas sevillanas.

Fuente: Youtube; usuario Selu Martín M.

En este sentido el intrusismo de las propias hermandades ha terminado por liquidar prácticamente los últimos vestigios de una fiesta a la que muy poco le queda del carácter popular que la hizo diferente, respaldadas eso sí por el entorno cofradiero que ansía llenar portadas digitales con fotografías y crónicas desacralizadas. Tanto es así que actualmente lo común nos sitúa ante un calendario perfectamente organizado compuesto de selectos ambigús repartidos por los distintos barrios de la ciudad, y por innumerables pasos desafiando al calor de media tarde con adultos cuyo interés dista en gran medida del germen que dio luz a este fenómeno de desarrollo infantil.

Por esto y otras cosas, es motivo de alegría encontrar pequeños retazos de lo que lo que fue y ojalá nunca acabe por perderse. Un grupo de niños se prepara en el zaguán de una casa en el corazón de la trianera calle Pureza. Cierto es que el paso no es producto de sus habilidades, sin embargo aún podría decirse que conserva el fondo de la cuestión. Valga para hacer un alegato y un llamamiento que nos motive para que las tradiciones no caigan en el ostracismo.

Curz de Mayo Sevilla

Semana Santa 2014: a olvidar

José Antonio Martín Pereira | 24 de abril de 2014 a las 11:36

Las sillitas portátiles

Una de las principales cuestiones de fondo de la reciente Semana Santa vivida. Desde el Ayuntamiento son conscientes de que el problema se ha agravado y requiere de medidas. En este sentido, ya existe una ordenanza municipal de Medidas para el fomento y la garantía de la convivencia ciudadana en los espacios públicos de Sevilla, vigente desde 2008, cuyo artículo 26.3. es bien claro: «No podrá impedirse o dificultar, deliberadamente, el normal tránsito peatonal o de vehículos en las calzadas y aceras, respectivamente».

El mal ejemplo

De costaleros y nazarenos, porque siempre hay quien se disfraza. Los primeros, siempre en el ojo del huracán (costaba ver un costal de color blanco en el palio de La Estrella). Los segundos, dejando ver en algunos casos ejemplos poco honrosos como bien nos recuerdan durante estos días las numerosas fotografías que pululan por las Redes Sociales y vía mensajería instantánea en los dispositivos móviles.

Los lucimientos porque sí

Desde siempre los pasos en Sevilla se han lucido, y ése es precisamente uno de los encantos de su Semana Santa, pero no se puede con ello masacrar los cuerpos de nazarenos. La Capilla del Baratillo cada vez parece más la Basílica de San Pedro del Vaticano, y aquí nadie dice nada.

Las farolas encendidas en Cristo de Burgos

Murió uno de los momentos estelares de la Semana Santa sevillana. Farolas encendidas mientras al Cristo de Burgos le cantaba (extraordinariamente por cierto) Manuel Cuevas. Posteriormente se apagaron las de la propia plaza, pero no las del perímetro como venía siendo habitual. Luz que pareció alimentar los malos modales de parte del público allí congregado. Lo que antes era silencio absoluto ahora ya dejó de serlo.

Los nazarenos a cinco en La Macarena

Me comentaba un miembro de Junta de La Macarena que por qué sus nazarenos no tienen derecho a disfrutar como los demás, y lleva el hombre toda la razón. La Macarena dejó en Campana un minuto de adelanto sobre el tiempo previsto pero a qué precio, mitigando parte de su esencia con sus nazarenos de cinco en cinco. Está claro que urge una acción seria por parte del Consejo en lo que a la reestructuración de los tiempos de paso respecta.

Los niños en la calle Sierpes

La Semana Santa es de los niños, de esa ilusión que les crea ver transitar una cofradía, pero hay que enseñarles hasta dónde deben llegar. En Sierpes corren a sus anchas entres las filas de nazarenos molestando (MO-LES-TAN-DO) a los cortejos, evidencia de la falta de educación expresada en las calles durante los últimos días. Pedir cera o estampitas incluso a nazarenos de negro deja mucho que desear por la parte que a los padres corresponde.

Abucheos a Las Cigarreras

Ocurrió en la Avenida el Lunes Santo, tras el paso de Misterio de la Cofradía de San Gonzalo. Desde la propia Hermandad, e igualmente por parte de la formación musical, han aclarado que se tocaron las marchas previstas, siguiendo el guion establecido. Lástima que parte de ese público que no sale a ver cofradías sino a contemplar otro espectáculo, que además no era el que se sienta en las sillas de la Avenida y sí aquel otro que colapsa los canales de circulación cuando llegan los pasos, no comprendiera que también tiene su encanto visualizar un Misterio a tambor.

Los botellines

Sobre todo los que paseaban ciertos grupos de chavales el Domingo de Ramos. ¿Habrá algo más feo que ponerse delante de un paso con un botellín de cerveza en la mano?

Los vendedores ambulantes

Desde el Domingo de Ramos a primera hora, en El Porvenir, y hasta última hora del Sábado Santo, fuimos testigos de esos señores vociferando «botellitas de agua fresca» incluso cuando se hacían los silencios cerca de los pasos. Ojo, todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida como pueda o considere pero… ¿es esta la Semana Santa que queremos vender?

La basura

Otro de los temas candentes de la Semana Santa que nos dejó. El estado de las calles tras el paso de las cofradías habla del tipo de sociedad que conformamos. El análisis lo escribe por sí solo cualquier estampa recogida.

basura Semana Santa

En Las Aguas, un proyecto de interés

José Antonio Martín Pereira | 16 de junio de 2012 a las 9:39

La Hermandad de Las Aguas organiza uno de esos proyectos que, cargados de interés, venden menos a la opinión pública cofradiera y sin en cambio tanto bien nos hacen. Se trata de una escuela de verano para niños de infantil y primaria, con duración desde el 25 de junio hasta finales de julio, cubriendo de este modo las fechas en las que los más pequeños han terminado el curso y ofreciendo solución al consiguiente problema que supone compaginar sus vacaciones con la jornada laboral de los padres.

La Escuela de Verano ‘Hermandad de Las Aguas’ se desarrollará de Lunes a Viernes, de 9h. a 14h., en el local de la Corporación, contando con un equipo humano de monitores titulados, los cuales, a través de variadas actividades diarias, reafirmarán la formación académica de los pequeños de la casa, completándola en el plano psico-pedagógico, cultural, deportivo y religioso.

Así mismo, la cofradía del Arenal dispondrá un servicio de guardería, en horario de 8:00 a 15:00 horas, con una atención profesional de los menores. La inscripción se podrá hacer por todo el tiempo de duración, o por plazos inferiores previamente pactados.

Desde la Hermandad insisten en que «se trata de un proyecto ambicioso, cuidado, profesional, y pionero en las Hermandades de Sevilla, con objeto de dar solución al cuidado de los niños en la época estival». No cabe duda que están en lo cierto.

 

Visto en el Corpus de Triana

José Antonio Martín Pereira | 10 de junio de 2012 a las 17:47

La grandeza es la cualidad del grande y de su magnitud. Es la dignidad y excelencia. Es la calidad o bondad superior por la que algo o alguien goza de especial valor o estima. La naturaleza del hombre se puede observar de dos modos, según su propósito, que es cuando logra ser grande y diferente, y según la multitud, que es cuando se asemeja a cualquiera.

Y si grande era el día porque así lo quiso Dios con su Palabra, servida inmejorablemente por nuestro Pastor Monseñor Asenjo desde el atril de la Real Parroquia de la ‘Señá’ ‘Santana’, más grande fueron capaces de convertirlo los verdaderos protagonistas de la solemnidad, con la inocencia de la ilusión cual ramillete de romero recién cortado.

Visto en la calle San Jacinto, al paso de la comitiva del Corpus de Triana. Un altar hecho por niños, con la humildad que ello les caracteriza. Observándolo caemos en la cuenta: nos queda tanto por aprender…

Foto: Jesús Macarro

El Domingo es de los niños

José Antonio Martín Pereira | 13 de noviembre de 2011 a las 12:01

En el Evangelio del VI Domingo de Pascua, el Señor prometió a sus Apóstoles en la Última Cena: «Me voy y vuelvo a vuestro lado» (Jn 14, 28). Posteriormente como sabemos, sufriría la Pasión y Muerte, pero tal y como había consagrado volvió a verles tras Su Resurrección. Se fue a la diestra del Padre en la Ascención pero no nos dejó, sino que también permanece en la Eucaristía.

Así las cosas, el domingo pasado ocurría en la Capilla del Patrocinio, y éste hará lo propio en la Iglesia de la Anunciación. Entre un montón de padres y madres, los pequeños y la vez grandes protagonistas de Cristo aquí en la tierra, pertenecientes unos a la Hermandad del Cachorro, y otros a la Archicofradía del Valle, pueblan de vida los templos, realzando que su provecho dentro de las cofradías alcanza más allá de las contadas participaciones cuaresmales.

De este modo, valores como solidaridad y respeto logran cimentar la base de los que a la postre serán el relevo en una u otra esfera de la sociedad. Y lo hacen de la manera más sencilla y humana, a través de una Eucaristía adaptada a su medida, es decir, omitiendo algunas lecturas y oraciones, y enfocada a partir de una participación acorde con su comprensión. Al fin y al cabo ya lo dijo el propio Jesús, «Dejad que los niños se acerquen a mí» (Mc 10,14), y ello nunca debería perderse.

Propio de mayo

José Antonio Martín Pereira | 28 de mayo de 2011 a las 13:04

Y mayo escudriñando los últimos retazos de aroma, antes de que junio deshaga maletas con las malas intenciones relativas a un calor que ya ha presentado candidatura al nuevo verano. El mes de María abandona la tierra en la que Ella y solo Ella es Reina, desde San Gil al Altozano, y lo hace como mejor sabe, vistiendo de protagonistas a los verdaderos Hijos de Dios, los niños.

La pena es que a veces cueste verles como tales, y en las hermandades únicamente encuentren acomodo cuando la plata necesita renovar esplendores. Un servidor es de los que abiertamente piensan que el valor patrimonial de las corporaciones bien pudiera ser cuantificado a través del número de jóvenes con el que cuentan, ello no me cabe la menor duda despejaría al descubierto buena parte de las intenciones futuras. Pero sin desviarnos, en el día de hoy quisiera reconocer públicamente el esfuerzo de tantos que dejan parte de su tiempo para el goce de unos críos que, reyes de sus respectivas Cruces de mayo, esbozan este año más que nunca los trazos de la Semana Santa verdadera, ésa en la que las confrontaciones no encuentran alojamiento.

Basta con darse un paseo por la Ciudad del Guadalquivir ahora cuando las tardes refrescan para comprender que existe otra Sevilla, la de los niños, y la de los que juegan a querer serlo renovando aquellas impresiones en las que la edad impuso efectos. Ejemplos cientos, repartidos prácticamente a diario, manifiestan la certeza de que el presente sobrevive con mejor cara de la que pintan. Vengo a detenerme, por razones propias, allí donde la calle Castilla pierde su nombre, utilizando la ilusión de mis hermanos como ilustración al breve comentario aquí expuesto. Ocurría en la tarde de ayer…

Un cartel singular

José Antonio Martín Pereira | 22 de febrero de 2011 a las 17:36

A la vista del revuelo, motivado por la ausencia de novedosos matices, con el que la crítica cofrade sevillana acoge últimamente a la inmensa mayoría de los carteles de Semana Santa (mi opinión me la reservo), démosle la responsabilidad a los niños. Evidentemente una afirmación de ese carácter, descontextualizada, implicaría que más de uno (y de dos) se llevara las manos a la cabeza en señal de aguda sorpresa, cosa que, tengan ustedes en cuenta, es posible suceda a tenor del cartel anunciador del Pregón de los Armaos 2011, presentado en la noche de ayer en la casa hermandad de La Macarena.

Un cartel singular por la sencilla razón de que ha sido realizado por una niña, elegida entre otros tantos que acudieron a la convocatoria presentada el pasado mes de diciembre. Deferencia curiosa utilizada como estímulo para acercar a los más pequeños a su Hermandad, desde una óptica distinta a la acostumbrada, que seguramente no tenga continuidad en los mismos términos (ojala se repitiera) pero que ya, como mínimo, ha servido para sentar precedente. Del mismo podrá decirse que es mejor o peor, pero que nadie olvide la ilusión con la que fueron confeccionados éste, por resultar el elegido, y la totalidad de los presentados, seguramente libres de obligaciones y gratitudes.

Por esa particularidad tal vez, antes de ceñirnos a la estricta formalidad con la que a menudo conjugamos las valoraciones dentro de la compleja esfera en la que se desarrollan las Cofradías, convendría alabar la oportunidad brindada a los verdaderos protagonistas del Reino de Dios («Dejad que los niños se acerquen a mí»). No ignoremos el presente, más si cabe teniendo en cuenta la desafiante corriente laicista con la que nos hemos visto forzados a convivir, porque la cosecha irá meticulosamente ligada a la siembra.

Para terminar, recordarles que la XVI Edición del Pregón de los Armaos tendrá lugar el día 12 de marzo, a las 21 horas, en la Basílica de Santa María de la Esperanza Macarena, corriendo a cargo del periodista Juan Miguel Vega Leal.


cartelarmaos2011