Archivos para el tag ‘Palabra’

La inmensidad

José Antonio Martín Pereira | 1 de marzo de 2019 a las 12:28

Corren tardes entremezcladas con nuevos aromas. Matices de la vida, argumentos y razones revisten de singularidad estos días en los que la conciencia despierta del letargo invernal. Y un ritual que se repite en sus formas, pero cuyo contenido es distinto cada año.

La inmensidad del Cachorro ha vuelto a rodearse de fugaces puntos de luz, elementos que motivan la contemplación y fomentan piadosos rezos. Sus brazos abiertos de par en par apuntan directamente a la conciencia, al encuentro de uno mismo con Dios como elemento central, epicentro que es invitación directa y sin rodeos al reciclaje del alma. En esa necesidad vivimos abrumados por la velocidad de lo cotidiano, y es por ello que no debemos desaprovechar ni uno solo de los segundos con los que el Señor nos reclama en estas noches de Quinario.

El olor, la luz, la Palabra y la meditación se unen fomentando una atmósfera de recogimiento que eleva el ejercicio personal de conciencia, así como la ilusión por segar las malas hierbas que a diario plantamos. Cinco noches de liturgia para acercar nuestro espíritu a Su bondad y Misericordia; cinco momentos con los que hurgar en nuestro interior; cinco instantes para darle gracias en silencio; cinco oportunidades, también, para conocer al Cachorro e interpretar que necesita Él de cada uno de nosotros.

Quinario_Cachorro_2019Foto: Hermandad del Cachorro

Sevilla renace

José Antonio Martín Pereira | 12 de marzo de 2018 a las 14:38

La Cuaresma no es sólo un tiempo litúrgico destinado a la preparación de la llegada del Misterio Pascual. Una vez más, el cartapacio que contiene los secretos de la primavera sevillana abrió sus pastas, como viene ocurriendo cada año desde hace siglos, para que multitud de albares láminas vean la luz, esa cuyo color se asemeja al que desemboca sobre el firme de la Bética proveniente de olivareras campiñas. Así en invierno, como si el almanaque mutara sus complejidades, la Cuaresma, con su rigor irreprochable y sus primeros signos recupera la ciudad en la que el Barroco sembró plenitudes, cimentando los vacíos dejados por el recuerdo y renovando planteamientos y esquemas mentales.

Y dentro de la desnaturalización que rodea a la fe del día a día, oculta tras la Semana Santa de todo el año ahormada para ocio y disfrute por el cofrade de hoy, la ciudad en su conjunto a través del ejercicio diario de sus hermandades ha adquirido la necesaria madurez que la lleva a alcanzar las virtudes del tiempo presente transformándolas en el desarrollo de lo estrictamente cotidiano.

De este modo, la lenta transmutación que ejecuta el molde del escenario idílico con el que nos levantaremos en la mañana del ansiado Domingo de Palmas, aquel que invitará a ensartar con hilo blanco el alfiler con el que bordaremos en oro y plata un nuevo capítulo de la memoria, postula síntomas que invaden incluso el propio deterioro estructural y sentimental donde se ahogan a diario viejas riquezas.

Es precisamente por ello que la Cuaresma se convierte en llave maestra del enigma con el que Dios se acerca sin vestimenta ociosa, sólo a través de la Palabra, para proponernos la conversión. Y lo es incluso por encima de aquello que creemos descifrar por nosotros mismos, o más allá de hacia dónde nos pretendan dirigir. La espera es armonía sobre la que descansa el ajetreo, es mansedumbre que refleja en la inspiración con la que el color de las nuevas tardes trasluce aquello que pretendemos experimentar pero aún guarnece. A veces sin buscarlo lo encontramos, y es entonces cuando las respuestas brindan por sí mismas la correcta vereda. Sevilla tiene su propia llave, la llave que descubre un horizonte marcado y que conformamos entre todos, la llave que inspira su renacer durante cuarenta días y cuarenta noches.

Llave1

Te estaba esperando

José Antonio Martín Pereira | 14 de febrero de 2018 a las 9:54

Como cada año has llamado de nuevo a la puerta, para acomodarte en casa. Solapando al Carnaval, traes el comienzo de una nueva etapa, un nuevo ciclo para los cristianos que recibimos atentos y emocionados, un tiempo de preparación y también un buen momento para que nos iniciemos a vivir plenamente el verdadero sentido y significado de lo que es una hermandad o cofradía. Todo empieza como terminó, con la ceniza que devuelves; el polvo que somos y el polvo en que nos convertiremos; y con la conversión, la que aceptamos plenamente al recibir su imposición.

Se abre por tanto, con Tu llegada, un nuevo horizonte enmarcado en cuarenta días y cuarenta noches que aceptamos pensando en el ribete de emociones que nos quedan por vivir hasta que entregues el testigo, a las puertas del Salvador, en la gloriosa tarde en la que un mar de diminutos capirotes decida medir qué queda aún de niños en nuestro interior.

Suerte nos queda que tiempos de desproporciones cofradieras, de estériles debates avivados y de hipocresía vulgar, todavía existan lunares rojos sobre el almanaque, puntos de partida inviolables como el que Tú, apoyada en el Evangelio, nos inspiras. Por ello pasa, querida Cuaresma, te estaba esperando, rejuvenece la inquietud contenida que llevo amasando desde que en San Lorenzo se apagaron las luces para dar paso a la Resurrección del Señor, y muéstrame cada día diferente; así llenándolos de signos, estímulos y coincidencias como quien ansía una gota de agua en medio del desierto, actúa como tilde que acentúa la pausa con la que Dios aparece en lo cotidiano de las preocupaciones. Marca Tú el camino, que yo te sigo.

Centuria Macarena

Foto: Jesús Giraldo

La fuerza de lo efímero

José Antonio Martín Pereira | 3 de abril de 2017 a las 10:54

El tiempo pasa, Ella permanece. No existe mejor definición que describa el milagro que cada año nos regala la primavera. La Macarena ya aguarda una nueva luna llena en su paso, señal inequívoca del inexorable transitar del tiempo, preludio inigualable de la fuerza que es capaz de despertar lo efímero, como si todo el año lo pasáramos esperándola. El ciclo, una vez más, se ha consumado en el desvanecer lento que ofrece el epílogo de la Cuaresma para alcanzar la conclusión, el teorema indescifrable que es Ella. Con la Esperanza en su altar de calle por encima de la belleza lo que brota de nuevo es la luz de la Palabra, en lo que se deduce como una invitación clara, concisa y directa para que mantengamos viva la llama de la fe.

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Foto: Hdad. de la Macarena. Álvaro Heras

Alcanzamos la Cuaresma

José Antonio Martín Pereira | 10 de febrero de 2016 a las 11:11

Alcanzamos un tiempo nuevo. Desde hoy y hasta que el Domingo de Ramos rejuvenecerá la inquietud contenida y absolutamente todo nos parecerá diferente. Buscaremos signos, estímulos y coincidencias como quien ansía una gota de agua en medio del desierto. Pero la Cuaresma se alza mucho más alto, es la tilde que acentúa la pausa que nos solicita Dios en lo cotidiano de las preocupaciones como invitación directa encaminada a encontrar la senda verdadera. Las exuberantes certezas y la admiración que nos producen no deben nublar de polvo el camino.

Hoy Miércoles de Ceniza dan comienzo cuarenta días y cuarenta noches que deben inspirarnos en la conversión, así cuando la Soledad transite regreso a San Lorenzo nos hallaremos preparados para recibir la Gloria de Jesús Resucitado. Por ello mismo, la liturgia nos recuerda que el acercamiento a Dios no se logra sin más por la cercanía física o por la familiaridad con los lugares, las imágenes y los actos en los que Dios se significa o se hace presente. En las homilías además, se nos hará hincapié en que no echemos a perder la gracia de este tiempo propicio para salir al encuentro de Dios. Que así sea.

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El enemigo está dentro

José Antonio Martín Pereira | 10 de abril de 2015 a las 12:15

En el tiempo en que la nostalgia busca su propio espejo en el recuerdo, y en los que la aliviada sombra de la Palabra, rica y esperanzadora en la Pascua que conmemoramos, es siempre motivo de alegría, multitud de análisis tratan de abrirse camino entre una maleza cofradiera en la que cada vez resulta más complicado encontrar brotes frescos. Con la popularización de perfiles en las distintas redes sociales, y en los numerosos blogs y portales webs que encuentran cabida en los distintos alojamientos, la Semana Santa de todo el año ha desbancado con creces a los días señalados del calendario litúrgico, relegados al uno más en medio de la mediocridad y el frikismo.

Es la vivencia de la religiosidad popular como una afición sin Dios la que no deja de asombrarnos al comprobar como en los conciertos de Cuaresma no se cabe y en muchos de los cultos que celebran las hermandades el público se cuenta en apenas en tres o cuatro de decenas de asistentes. Y precisamente de la Cuaresma y de algunos de sus actos los friki-frades han tomado absoluta posesión y control, por ello observamos retransmisiones de Vía Crucis o panales de pantallitas iluminadas enfocando algunos de los solemnes traslados de sagradas imágenes a sus altares itinerantes de culto, con el peligro incluso de que empiezan a resultarnos situaciones normales.

Y no digamos ya de esa Semana Santa transfigurada en la que la música, las flores, los costaleros o la vestimenta de las veneradas imágenes centran debates en los que se olvida proporcionalmente lo que significan las salidas procesionales que ejercen nuestras cofradías. La continuación de este fenómeno cae por su propio peso y se torna evidente en las desagradables estampas que parte del cuerpo de nazarenos, costaleros, músicos y demás componentes de las cofradías reparten a lo largo de sus estaciones de penitencia y que, merced al uso generalizado de los dispositivos móviles, son captadas y entregadas a una masa que se enfurece sin preocuparse por poner remedio para que ello no adquiera continuidad en el futuro.

La clave es la formación en el seno de las hermandades, y por supuesto que se apliquen las reglas. Toda vez alcancemos o nos aproximemos a ese punto, podremos rendir cuentas a lo que nos rodea. Mientras tanto la tendencia invitará a pensar que el mal endémico o el enemigo de las cofradías no está fuera de las mismas sino dentro.

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Cuarenta días…

José Antonio Martín Pereira | 5 de marzo de 2014 a las 11:34

Inexorable transitar de relojes, certeza de almanaques de pared que esperan saetas a las puertas de lo efímero. Asoman albores entre calígines que preceden lluvias, entretanto el pausado despertar de los naranjos, invisible aún, distingue la hermosa senda que concluirá en explosión gozosa de aromas. Marzo reverdece envuelto en la profusión de heraldos donde se dictamina la ficticia frontera que la historia de nuevo entrega, para que sea el anhelo el encargado de descifrar misterios en una espera que exhala amaneceres definida en tinta sobre papiro.

Con la Cuaresma recibimos ese tiempo litúrgico que borda las postrimerías de su intervalo con distinto hilo según cada hogar con la siempre amenaza de lo anodino, venablo que asesta tajos sobre los movedizos sostenes que equilibran la Fe. Es, por mucho que pasen los años, momento para ejercicios de reflexión, para preguntarnos con la firme convicción de sentirnos hijos de la Iglesia si verdaderamente estamos abriendo paso a Cristo, o por el contrario le vemos pasar sin remover la conciencia. Cabe, por tanto, distinguir si, en estos días, pasamos por su lado agrietándola con la mirada clavada en la belleza inmóvil, o caminamos junto a Ella exponiendo sin miedo las aspiraciones a crecer como persona y, por ende como cristianos. En estas, es posible que Aquella que hoy conozcamos no se parezca a los primitivos términos que le dieron la venia, el ser humano tiene la dudosa virtud de renovar sus comportamientos y la Fe sujeta a las costumbres no escapa a sus razones, pero valga aún la magnitud de sus proporciones como método de encuentro con Cristo y a la vez con nosotros mismos, a través de la Palabra.

En definitiva, la Cuaresma retorna anticipando el solemne protagonismo de la Gloria, ahora que la humanidad más lo requiere. Seamos conscientes, la levedad de la llama que encendida alumbraba el anuncio y la llegada de Niño Dios tomará fuerza nuevamente al recibir el sombreo de la perecedera señal sobre la frente, convirtiéndonos en transmisores de la verdad y el gozo. Cuarenta días…

 

«Pulvis es et in pulverum reverteris» (Génesis 3,19).

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Foto: Fran Silva

Es Cuaresma

José Antonio Martín Pereira | 13 de febrero de 2013 a las 11:31

«Pulvis es et in pulverem reverteris» (Génesis 3,19). La reflexión acerca del deber de la conversión recuerda la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte. Hoy la ceniza, signo de penitencia intenso en la Biblia (cf. Jn 3, 6; Jdt 4, 11; Jer 6, 26), rememora una antigua tradición del pueblo hebreo, que cuando se sabían en pecado o cuando se querían preparar para una fiesta importante en la que debían estar purificados se cubrían de cenizas y vestían con un saco de tela áspera. De esta forma nos reconocemos pequeños, pecadores y con necesidad de perdón de Dios, sabiendo que del polvo venimos y que al polvo vamos.

Teológicamente el protagonista de la Cuaresma es Cristo (se retira al desierto a orar, se encuentra con la samaritana y la salva, cura al ciego, etc). Él es el dueño de la historia y avanza hacia la Pascua sembrando la Salvación. La Iglesia, por tanto, nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.

A partir de ahora, la ciudad hará de perfecto tapiz para que las vivencias se agolpen destronando el impávido protagonismo de los recuerdos. Es tiempo de víspera, y hasta el ceniciento color del cielo se ha empeñado en recordarlo. La Cuaresma retorna anticipando el solemne protagonismo de la Gloria, ahora que la humanidad más lo requiere. Sea, por tanto, consciente, la levedad de la llama que encendida alumbraba el anuncio y la llegada de Niño Dios, tomará fuerza nuevamente al recibir el sombreo de la perecedera señal sobre la frente, convirtiéndole en transmisor de la verdad y el gozo. Retenga, allí donde cobija sus delirios, cualquier grabado de los sentidos, y compártalo con su entorno para hacerles conscientes del periódico milagro. Es Cuaresma…

Esperanza Macarena

José Antonio Martín Pereira | 12 de abril de 2011 a las 11:06

Tiene Sevilla una Niña de tez morena que quita el “sentío”. Pregonarla, una osadía. Admirarla, sevillanía. Rogarle, necesario. Prendarse, reacción natural ante la delicadeza extrema. Regresar, ineludible. Olvidarla, imposible. Soñarla, deleitoso. La levedad de la llama que encendida alumbraba el anuncio y la llegada de Niño Dios tomaba suficiente fuerza nuevamente al recibir el sombreo de cenizas de viejas palmas sobre la frente, el resto lo puso el tiempo, la eclosión Ella. Porque la Semana Santa son sus ojos, o porque simplemente se resume en Esperanza. Semblante inmaculado, Haz de luz, Gracia sevillana, Clavel albo, Perfume en el ambiente, Sonrisa celestial, Madre soberana, Transmisora de verdad y gozo, Estrella de la Mañana… Spes Nostra.

La cuenta atrás finalizaba en el minucioso instante que su figura era dispuesta para completar la insuperable definición de altar de calle. Desde entonces, la realidad actúa por sí misma trazando sueños, y los sueños horadan su propia barrera aproximando al éxtasis sensorial. Ahora es entrar en la Basílica y hallarla de frente a baja altura, mirarla y sentir escalofríos, observar el brillo que desprende e inmediatamente abrir el corazón pergeñando imperfectas oraciones. Virgen que estás en San Gil, ruega por nosotros.

Se consuma el ciclo. Las Vísperas desvanecieron su apelativo desorientando el epílogo cuaresmal, y la conclusión es Ella. Broche indescifrable, insuperable, humanamente inalcanzable. La Esperanza Macarena aviva una vez más la luz, invitando a los corazones a mantener fidelidad a la Palabra mediante comprometidos testimonios de Fe. No pierdan la referencia…

Macarenapaso2011

Aclarando

José Antonio Martín Pereira | 15 de marzo de 2011 a las 15:09

Seguramente, estimados lectores, en la mañana de hoy esperaban encontrarse en el presente lugar virtual alguna referencia, más o menos breve, al Vía Crucis de las Cofradías celebrado en la tarde-noche de ayer. La actualidad manda, pero como entenderán El Muñidor no tiene la obligación de informar, sino que libremente dedica sus líneas a emitir pensamientos propios en voz alta, intentando precisamente esquivar las ramas de la cotidianidad, motivándoles a regresar, y alejado por completo del vulgar sensacionalismo. Solventando posibles dudas, quisiera añadirles algo por responsabilidad intrínseca: el aprovechamiento económico generado a partir de este Blog es cero. Quede claro.

Ésa breve introducción me va a servir, si ustedes me lo permiten, para encauzar la respuesta a los valientes amparados en pseudónimos de la cobardía que divagan por la dilatada Red que es Internet. Permítanme adicionar otro apunte, dado el conocimiento adquirido en los años que un servidor lleva conviviendo con Sevilla, que tiene que ver con los peculiares paradigmas que aquí se cuecen, por supuesto extrapolados a la órbita cofradiera. Sevilla es una plaza complicada para torear, sea dentro del ámbito que sea. Simplemente pregunto, ¿qué esperan encontrar en un Blog de temática cofrade? ¿Conciben la crítica a Cristo o a la Santa Iglesia como medio de actuación? Aquí, ni que decir tiene, no hallarán eso. Prefiero soportar críticas cobardes antes que achantarme por defender la Fe y los valores en los que creo. Por cierto, si está apuntando (particularizo a los cobardes) con la escopeta cargada del comentario fácil escudado en una libertad mal utilizada, absténgase, la manifestada desvergüenza implica que la moderación de comentarios abrace el límite, es decir, se cierre la veda (al menos) en esta entrada.

Obviamente quien dedica (tristemente) su tiempo a vituperar irracionalmente a través del tecleo detrás de una pantalla se identifica por sí mismo, sin necesidad de añadir paliativos. Contestar con clase también es una virtud, y eso parece no estar al alcance de todos. Reitero cualquiera de las palabras anteriores acogiendo mi defensa al derecho personal para tratar de ofrecerles mensajes en consonancia a la Palabra, puesto que aquí no escribe un cofrade sino que lo hace un católico convencido de que la mejor forma de reportar beneficios a la sociedad en la que vivimos pasa por seguir a Cristo.

He dicho.