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Una Cuaresma distinta, pero igual

José Antonio Martín Pereira | 16 de febrero de 2021 a las 22:36

Se hace presente un tiempo nuevo, el tiempo de conversión que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. En un momento marcado por las circunstancias que nos han tocado vivir, la Cuaresma de este año irremediablemente aspira a ser distinta, si bien su contenido litúrgico no tiene por qué variar.

Cuando comenzó la pandemia, hace más o menos un año, ninguno éramos conscientes de la revolución que iba a suponer el coronavirus para nuestras vidas. Nos parecía algo lejano (en el tiempo y el espacio) y ajeno a lo cotidiano, que es precisamente lo que más echamos de menos. Hoy tal vez, amparados en la difusión de las vacunas, avistamos un futuro distinto al presente, mientras recordamos aquellos momentos que desearíamos estar viviendo y que aún se harán esperar.

Lo cierto es que volveremos a ser testigos de la mutación de la ciudad, experimentaremos la llamada que traerán aquellos signos con los que solemos trazar el camino que desemboca en la jubilosa mañana de un domingo de primavera que nada tiene que ver con el resto de los días del año, y lo haremos tal vez con la esperanza de que todo esto acabe pronto, con la experiencia de la última Semana Santa vivida y por supuesto con el deseo de no conocer ninguna más rodeada por este tipo de eventualidades. Nadie dijo que fuera fácil.

«CONVIÉRTETE Y CREE EN EL EVANGELIO (Mc 1;1,15)»

capirotes

Vacío

José Antonio Martín Pereira | 6 de abril de 2020 a las 11:04

La Semana Santa tiene su fundamento en el Triduo Pascual, que celebramos entre el Jueves Santo y el Domingo de Resurrección. Pero es el Domingo de Ramos el día del primer encuentro con las cofradías y los misterios que éstas representan de la Pasión y Muerte, el primero también en esa preparación vivencial que, unida a los Evangelios, nos conducirá a la Resurrección del Señor.

Sin embargo el Domingo de Ramos de 2020 quedará para siempre grabado a fuego en la memoria de todos. El guión estaba escrito desde hacía semanas, e incluso se podría decir que habíamos disfrutado del tiempo suficiente para asimilarlo. Sería imaginábamos, una Semana Santa mucho más reflexiva, más intensa en lo personal, sin añadidos externos, una Semana Santa simplemente sin procesiones.

Y en parte el día inaugural con el que se inicia la celebración vino cargado de aire fresco para los pulmones, oxígeno para la mente confundido entre los habituales deseos de reencuentro. Pero también dejó en todos y cada uno de nosotros un inmenso vacío creciente conforme pasaban las horas, similar en parte al que debió sentir Cristo cuando fue traicionado por Judas y abandonado por sus discípulos. Soledad que es uno de los grandes temores de los que huimos por naturaleza como seres racionales, y que atrapa diariamente a muchas personas por distintas causas. Tristeza como la que está marcando a innumerables familias la crisis global que nos está azotando. Melancolía creciente.

Por ello precisamente hoy más que nunca debemos mirarnos en el desamparo del Cautivo, forzar ese acercamiento por medio del pensamiento para que las circunstancias dolorosas por las que atravesamos, también las personales y las de quienes nos rodean, se vuelvan menos amargas. Valorar la vida. Al fin y al cabo la historia de la Semana Santa tiene un final conocido, la Resurrección de Cristo, y un mensaje de esperanza que no defrauda.

Cautivo_Santa_GenovevaFoto: Jesús Giraldo

La Iglesia en tiempos del coronavirus

José Antonio Martín Pereira | 31 de marzo de 2020 a las 13:46

Inmersos como vivimos ante uno de los mayores desafíos a los que se ha enfrentado el ser humano en los últimos tiempos. Una pandemia de lejanos precedentes que amenaza con tumbar los pilares de la sostenibilidad para las sociedades presentes, y que desde luego va a cambiar nuestra percepción de cara al futuro.

Y en este contexto los templos guardan silencio entre sus muros y bóvedas, contrapunto a una Iglesia que habla en voz alta, lanzando mensajes de caridad y confraternización que nos ayuden a superar los efectos de este panorama.

Así la Iglesia católica es, junto a muchos Estados, la institución más capilar y más encarnada en la realidad de las diferentes naciones. Es evidente, asimismo, que el Papa Francisco está preocupado por la actitud que debe imprimir a la institución eclesial. Por un lado, cierra el Vaticano y se recluye como cualquier ciudadano y, por el otro, sale a la calle y visita al Cristo de los Milagros y a la Virgen de la Salud, para contagiar esperanza. Por un lado, apoya las decisiones de las autoridades y, por otro, dice a sus curas que no se encierren, que salgan a las calles a acompañar y consolar a la gente.

En Italia, uno de los países mayormente golpeados por el coronavirus, la Iglesia eleva diversas iniciativas para ayudar y sostener a la población ante esta pandemia. Una de ellas proviene de la Asociación de Hospitalidad Religiosa Italiana, que informa que las estructuras e instalaciones de hospitalidad permanecerán abiertas para acoger a quienes necesitan desplazarse por motivos de trabajo, salud o emergencia.

Por su parte los Obispos de la Conferencia Episcopal Húngara escriben en un comunicado que, “el período de la epidemia pone de manifiesto nuestra fragilidad y el hecho de que debemos proteger nuestra propia vida y la de los demás. Con nuestras oraciones y ejemplo fortalecemos nuestra confianza en Dios y en los demás. Practiquemos la magnanimidad y prestemos especial atención a los demás en esta situación, especialmente a nuestros próximos enfermos y ancianos. Respetuosamente pedimos a nuestros hermanos sacerdotes y sacerdotes ancianos que presten especial atención a su propia salud en la situación actual”.

La España la Iglesia también se moviliza ante la emergencia sanitaria y las consecuencias sociales de la pandemia del Covid-19 y pone en marcha todos sus recursos para ofrecer servicio, acompañamiento, ayuda y oración a todos los afectados y a toda la sociedad. El objetivo es: servir al bien común, y éste proviene de acompañar a enfermos en hospitales hasta coser mascarillas.

De este modo se suceden cientos de iniciativas de la Iglesia en las diócesis enfocadas a atender necesidades de todo tipo. Así algunas han ofrecido los edificios de los seminarios, casas de espiritualidad y otros para que las autoridades sanitarias puedan utilizarlos en caso de que sea necesario por el número de contagiados.

Otras diócesis han creado un servicio de acompañamiento telefónico psicológico para ancianos, personas solas, enfermos o para aquellos quienes hayan perdido a algún familiar por la pandemia. Además, también ofrecen servicios de entrega de alimentos para familias sin recursos y comedores sociales con medidas de seguridad.

En tiempos de coronavirus, la Iglesia está volviendo a dejarnos un mensaje de solidaridad y oración con los que sufren, de compromiso ante la adversidad.

1362765_1Foto: Diariodecordoba.com

La Archidiócesis de Sevilla

- Seminario para acoger a las víctimas de la pandemia. La diócesis ha ofrecido las instalaciones del Seminario de Sevilla para acoger a los enfermos víctimas de la epidemia del coronavirus.

- 300.000 euros para material sanitario. El arzobispado de Sevilla ha ofrecido la cantidad de 300.000 euros para la adquisición de material sanitario. Un tercio de esta cantidad procede de la Administración diocesana; otro tercio del Cabildo Catedral, y el tercero del Fondo Diocesano de Cáritas.

- Cartas para acompañar a los presos. Dado que la situación de confinamiento impide a familiares y amigos visitar los centros de reclusión, la Delegación diocesana de Pastoral Penitenciaria de Sevilla propone hacer llegar cartas a los reclusos, con mensajes y demostraciones de apoyo y afecto, para promover así “una estrecha comunión de corazones”.

- Iniciativas cofrades para tiempos de aislamiento. Todas las cofradías están realizando actividades asistenciales y solidarias con el fin de atender las necesidades de las personas de la cofradía y de quienes viven en su entorno.

- Acompañamiento a jóvenes. La Delegación de Pastoral Juvenil ofrece actividades para jóvenes con el lema #EstoyContigo. Se busca que todos los usuarios se sientan acompañados y se crea un contenedor de recursos dedicados principalmente a alimentar su espíritu (formación, ocio, solidaridad y profundización de la fe.