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Julio no entiende de cofradías

José Antonio Martín Pereira | 20 de julio de 2016 a las 11:28

Tras la intersección entre quincenas, y bajo la insondable sensación de aridez y ruido de obras en la que la ciudad queda sumida cuando el verano evidencia su extremo más señalado, se extiende entre los cofrades la percepción de que julio es un mes que no entiende de cofradías. Descanso agradecido, solamente alterado por la insipidez que vive en permanente estado de realidad alrededor de los que suspiran por hacer del invento su entretenimiento diario. No hay más, el curso quedó cerrado y la toma de oxígeno se torna más que en imprescindible, para buscar a Dios no se necesita más que la propia voluntad de encontrarlo.

En este sentido además, si algo tiene de buena la pegajosa etapa estival es la armonía que se respira en los templos, entre el frescor de sus pesados muros. A un lado el ajetreo y la vulnerabilidad con la que el día a día rodea de espinas la cercanía que intentamos mantener con Dios. Es momento para abrir nuevas rutas, para tender la mano a Aquel que nunca falla. Entre tanto las chicharras (o cigarras) convocan conciertos mañaneros allí donde las sombras de los espigados verdosos ofrecen cobijo, avivando la existencia de un tiempo que no merece ser despreciado.

La nostalgia, y el futuro

José Antonio Martín Pereira | 13 de abril de 2015 a las 11:53

La nostalgia podría entenderse como el anhelo de personas, hechos, lugares o cosas del pasado, de situaciones vividas que nos hicieron felices. La diferencia entre la nostalgia y el recuerdo es la intensidad, que en la nostalgia es más acentuada e incluso tal y como sostienen diversas teorías psicológicas posee la capacidad de producir bienestar. Ventura que encuentra acomodo en la liturgia Pascual, multiplicando su magnitud hasta cotas de largo alcance. La Semana Santa es pasado y, aunque los contraluces hayan dominado los principales análisis en un intento por exponer la antítesis a lo que debió ser, el mensaje que los integrantes de las cofradías deben grabarse a fuego es el de la unidad como camino de futuro. Se determina necesario remar al unísono en pos de hallar soluciones para detener la hemorragia. La crítica constructiva enriquece, pero es momento ya de cambiar el discurso y renovar pensamientos.

Nazarenos Sevilla

En el recuerdo

José Antonio Martín Pereira | 5 de marzo de 2015 a las 11:35

El Miércoles de Ceniza queda ya lejos. La vida es un tránsito constante sin vuelta atrás alimentado de retentiva y esperanzas que pesan sobre una balanza de fino vértice cuya tendencia a uno u otro lado bascula en consonancia a los estados de ánimo, los miedos, las inquietudes, satisfacciones o placeres.

Conviene siempre, pero más si cabe ahora acordarse del que sufre, y especialmente de los enfermos. Si el destino le ha llevado a acompañar a un familiar en el hospital, o a verse postrado en una cama en una fecha señalada del almanaque sabrá entender el por qué. Allí lo más parecido a la Cuaresma que podrá encontrar son los improvisados retablos levantados a base de estampas, y el color albo de los uniformes del personal sanitario que tanto recuerda a las túnicas de una hermandad del Domingo de Ramos. En esos lugares la mocita de San Gil, la que sonríe de vuelta por Parras y Escoberos, se aparece en cada gesto de consuelo de las personas que hacen que la infausta estancia se haga más llevadera.

Podemos hablar hasta la desidia de cambios de horarios e itinerarios, de la magnificencia de los últimos altares en el anuncio de la realidad próxima, o de los vaivenes de la atmósfera que tanta incertidumbre generan; pero no apartemos el recuerdo por aquellos que desde una habitación de hospital también aspiran a contemplar una Semana Santa plena. Da la sensación de que en ocasiones nos perdemos entre futilidades.

El Silencio plantea un debate moral

José Antonio Martín Pereira | 3 de marzo de 2015 a las 11:56

La noticia saltaba a la luz en la jornada de ayer, segundo lunes de Cuaresma, de la mano de Juan Parejo para Diario de Sevilla, en relación al artículo que firman los censores de la Hermandad del Silencio,guardianes de la ortodoxia en San Antonio Abad, en el último boletín corporativo en el que instan a los hermanos a no publicar fotografías en las redes sociales vistiendo la túnica y a cara descubierta para salvaguardar el anonimato, «que es algo consustancial al hecho de vestir la túnica de los primitivos Nazarenos de Sevilla».

Desde la corporación sita en dicho templo céntrico, referencia en sus procederes para tantas otras dentro y fuera de la ciudad, buscan concienciar a sus hermanos en pos de evitar este tipo de actitudes desafortunadas cada vez más extendidas dado el uso masivo de las nuevas formas de comunicación virtual. Los censores añaden que publicar una foto de nazareno y a cara descubierta en Facebook, Twitter u otra red social, «equivale a algo así como desplazarse sin antifaz por las calles hasta San Antonio Abad», y apelan a la prudencia como vía para preservar el anonimato.

Se plantea de este modo un debate, pero no un debate de barras de bar o de tertulias con nombre propio, sino un debate que afecta directamente y sin caminos paralelos a la moralidad de cada persona que participa de la Semana Santa acompañando a sus titulares. El debate está en cada uno, sin objeciones, porque la intimidad del nazareno no puede ni debe ser vencida por otro tipo de intenciones, aunque en ocasiones éstas partan sin malicia y sin el ánimo de perjudicar a la hermandad.

Reflexionemos por un momento en el largo y sinuoso trayecto recorrido por las cofradías hasta la actualidad, y en la nueva visión aperturista con la que la iglesia presenta a diario sus credenciales al mundo, para caer en la cuenta de lo triste que resulta que una cofradía tenga que recordar este tipo de pautas a quienes visten su hábito. Obviamente las hermandades ni pueden ni aunque pudieran poseen los medios suficientes para contrarrestar y sancionar la conducta inadecuada de sus hermanos a través de Internet, pero luego que nadie se lleve las manos a la cabeza si alguna sanción tiene lugar porque el toque de atención está ahí. Al fin y al cabo la Cuaresma es tiempo de reflexión, así que esperemos que el mensaje cale con suficiente profundidad para que no tengamos que sacarlo de nuevo a la palestra.

nazareno silencio

Cuarenta días y cuarenta noches

José Antonio Martín Pereira | 18 de febrero de 2015 a las 11:09

El libro de las ilusiones echa el ancla sobre la Colonia Iulia Romula Hispalis que renaciera de la mano del emperador Julio César. Un invierno más, como si el calendario mutara sus complejidades, la Cuaresma, con su rigor irreprochable y sus primeros signos recupera la ciudad en la que el Barroco sembró plenitudes, llenando los vacíos dejados por el recuerdo.

El tiempo de Cuaresma rememora los cuarenta años que el pueblo de Israel pasó en el desierto mientras se encaminaba hacia la tierra prometida, con todas sus implicaciones, y no es sino una llamada más, que enraizada en la liturgia aboga por trazar y cimentar esa senda de la que a menudo solemos desviarnos. A menudo ocurre que caminamos demasiado deprisa, no tenemos tiempo para nada y obviamos circunstancias generales o particulares que suceden a nuestro alrededor. De este modo, es imposible darnos cuenta de los signos de Dios en cada paso que damos, ni de a qué nos llama, ni de cómo interviene en nuestra vida a través de la vida de los otros.

Se despliegan, a partir de hoy Miércoles de Ceniza, cuarenta días y cuarenta noches cargados de estímulos que deben aunar para esforzarnos en nuestra conversión. Camino corto e intenso que se resolverá en la conciencia, cuando el primer nazareno de túnica alba desnude nuestro interior con su pausado transitar.

Iglesia de El SalvadorFoto: Fran Silva

«Pulvis es et in pulverem reverteris» (Génesis 3,19). La reflexión acerca del deber de la conversión recuerda la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

Monseñor Asenjo se dirige a los cofrades

José Antonio Martín Pereira | 4 de marzo de 2013 a las 13:15

Monseñor Asenjo a corazón abierto frente al mundo cofrade sevillano. Ésa es la impresión que se deduce de la lectura de la última Carta Pastoral, emitida por nuestro arzobispo el pasado día 1 de marzo, y publicada como tal en el portal digital de la Archidiócesis de Sevilla. Una reflexión dedicada a las hermandades de Sevilla, y a todos los que, de algún u otro modo, formamos parte de ellas, en las que el prelado tiende una vez más la mano, en favor de una unión, la que nunca debe ausentarse, entre Iglesia y Cofradías.

Ejercicio de cordura no exento de profundas bases formativas las cuales, desde la llegada de nuestro Pastor siempre han presidido sus discursos, muy a pesar de ciertas voces. De tal modo, monseñor subraya y pone en primer plano del texto «la dimensión cultural de la vida de las Hermandades, con menoscabo de la entraña religiosa que les es propia. Es el peligro de la secularización interna, que conlleva el desvanecimiento de la propia identidad, que es la forma más sutil y menos repulsiva de vaciar de contenido la piedad popular».

Asimismo, de sus líneas se interpreta el valor de los misterios que las Hermandades ejecutan con sus estaciones de penitencia, instando «a todos los miembros de las Hermandades a cuidar especialmente este aspecto. Hemos de procurar que nada ni nadie solape con otras perspectivas o intereses lo que primariamente es un acto de piedad, de penitencia e invitación a la conversión, pues la contemplación de un Cristo barroco, descoyuntado, lacerado y exangüe, en el silencio de la noche del Viernes Santo, sólo entrecortado por la plegaria de una saeta, nos interpela, conmueve, toca el corazón y suscita en nosotros el arrepentimiento y la compunción del corazón».

En definitiva, más que a desgranar propiamente cada uno de los párrafos que componen el documento, la invitación del prelado sevillano hacia los cofrades, en este tiempo especial en sus connotaciones como es la Cuaresma, pasa por remitirnos hacia una reflexión austera y personal acerca de lo que, en escasas semanas, traduciremos en nuestras calles. Corren días de papeletas de sitio y puesta a punto, que no deben sino recordarnos la responsabilidad cristiana que nos ha sido otorgada, y que en acto personal hemos aceptado.

Jornada de reflexión

José Antonio Martín Pereira | 19 de noviembre de 2011 a las 11:40

Tal vez pueda insertarse como una óptima opción para desertar del sinfín de castillos de arena edificados a base de cuestionables generosidades políticas, alejadas buena parte de ellas de la realidad en la que el país se tambalea. Descansar y abstraerse, allí donde nuestro interior encuentre el remanso de plenitud necesario, sin atender, al menos circunstancialmente, al repertorio diario de obligaciones e inquietudes amenazantes del sueño. Focalizar los sentidos al encuentro de lo que a fin de cuentas transita por el día a día, en la intersección en la que cada cual pueda o quiera hacerlo, y que tiene por principio y final la añeja plaza de San Lorenzo.

La instantánea protagonista de las presentes líneas, remitida a un servidor desde las inmediaciones de la muralla cuyo arco es sinónimo de Esperanza, en resumidas cuentas cabría ser interpretada como muestra fiel de los diferentes estados que confluyen llegado el día de la Gloria, vulgo aquel denominado Domingo de Ramos. Tomada en la mañana de la referida jornada, el contraste versa entorno a los ramilletes de  palmas que emulan la recepción que los judíos hicieron a Jesús llegado éste a Jerusalén, y el contraluz que estiliza el contorno de la Gracia de Sevilla bajo palio, la Virgen del Dulce Nombre. A tal circunstancia añádale el transitar de fieles que busca poner cara al Señor, vecino de San Lorenzo y conocido desde 1620 como Jesús del Gran Poder.

Combinación digna de ser admirada…

Foto: Esteban Rivas