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Calma recuperada

José Antonio Martín Pereira | 6 de abril de 2011 a las 19:34

Sepa usted que en San Bernardo han recuperado la calma después del desafortunado incidente. La rápida eficacia del Cuerpo Nacional de Policía ha logrado esclarecer la sustracción de dos copones que se encontraban en el interior del Sagrario de la iglesia parroquial, hecho por el que ha trascendido la detención de una persona, un mendigo que solía frecuentar el templo y el propio barrio para pedir limosna, y que el mismo día del suceso (según testigos) había mostrado una actitud violenta hacia el párroco.

Como recordarán, el robo era descubierto el pasado sábado por el Vicario Parroquial de San Bernardo y sólo afectó al Sagrario, una obra fechada en el siglo XVIII con puerta de plata realizada en madera tallada y dorada por el imaginero sevillano Pedro Duque Cornejo. La circunstancia de que el ladrón solo apuntara al Sagrario, sin tocar cualquier otro elemento, ha sido clave para esclarecer la hipótesis. Cabe apuntar que muchas de las Sagradas Formas aparecieron esparcidas en el suelo y sobre el altar del templo a la llegada de los miembros de la Policía Científica.

Por suerte las dos piezas han sido recuperadas y entregadas en buen estado a la Corporación del Miércoles Santo, y lo que es más importante, confirmando el carácter aislado del suceso. No obstante, episodios como el acontecido vuelven a poner de manifiesto dos cosas: la primera es que cualquier precaución siempre es poca; y la segunda tiene que ver con el silencioso acomodo de los capillitas, excesivamente preocupados por lo superficial.

Ocurría el viernes

José Antonio Martín Pereira | 5 de abril de 2011 a las 9:41

No crea que llego tarde a los hechos, esta reflexión nace de una conversación reciente aunque por mi cabeza rondaba incluir determinada referencia. Ocurría el viernes, pero poco se ha comentado más allá de breves narraciones y alguna que otra crónica valiente de periodistas de los que ya no se fabrican. Al capillita de turno se lo perdonamos, estará muy ocupado preparando su disfraz (dicho alto y claro) y probablemente no tenga en consideración la gravedad de lo sucedido. Al hilo, se hecha también en falta un posicionamiento contundente de la iglesia sevillana, aunque obviamente es entendible la cautela mientras no se esclarezcan datos.

Les decía sin decirles que el pasado viernes el barrio de San Bernardo amanecía conmocionado. Rumores y confusión venían lentamente a confirmar el robo en la parroquia. Era el Vicario Parroquial quien, poco antes de las nueve de la mañana, descubría que la puerta del Sagrario que preside la capilla sacramental había sido forzada. Por el suelo se esparcían las Sagradas Formas, guardadas hasta entonces en dos copones sustraídos. Nada más faltaba, de ahí que cobre fuerza la hipótesis del escarnio a la Religión Católica. Con lo acontecido en Madrid semanas atrás, me pregunto si aún pensamos mantener una mejilla azotada por golpes. Qué triste es el silencio.

A la espera de que la investigación de la Policía Científica aclare los hechos, cabría preguntarse cuál es la Cuaresma que vivimos. Relucientes los pasos, hermosas las imágenes, apetitosa gastronomía, pero ni un momento para proclamar una terminante repulsa cuando atentan contra Dios. Una decepción que añadir al pinturero círculo capillita para seguir demostrando lo lejos que queda el conocimiento de la Fe transmitida a golpes de pecho una Semana al año.