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Hoy volveremos a encontrarnos

José Antonio Martín Pereira | 5 de abril de 2020 a las 11:36

Despertó el Domingo con la alegría desmedida de unos rayos de sol que brotaban impacientes sobre el inconfundible marco azul preparado con esmero por la primavera. Ajena la luz al improvisado escenario que Dios ha dispuesto para nosotros, derramando sobre la tierra de María Santísima la más hiriente melancolía.

Nostalgia que se entiende al fin y al cabo como el anhelo de personas, hechos, lugares o cosas del pasado, de situaciones vividas que nos hicieron felices. La diferencia entre la nostalgia y el recuerdo es la intensidad, que en la nostalgia es más acentuada e incluso tal y como sostienen diversas teorías psicológicas posee la capacidad de producir bienestar. Ventura que encuentra acomodo en la liturgia que inicia para los católicos este tiempo de Pasión, multiplicando su magnitud hasta cotas de largo alcance. La Semana Santa no es pasado y, aunque los contraluces amenacen con dominar los principales análisis en un intento por exponer la antítesis a lo que debió ser, el mensaje que los integrantes de las cofradías debemos lanzar al mundo en este día es precisamente todo lo contrario, un mensaje de esperanza.

Para los cofrades, la Cuaresma amén de un escenario de preparación personal destinada al encuentro con Dios conlleva también un profundo interés por el tiempo en todas las vertientes de su acepción. Sin embargo, es precisamente el conteo de los días el que nos invita a levantamos con celeridad acosando con la mirada al calendario, porque en el fondo somos conscientes de que el caudal de la cuenta atrás desembocará en un mar amurallado de vida. Y no importa que se escape, casi sin quererlo abrimos de par en par portalón para darle salida alimentando el ansia con la que los dominios del silencio ceden pausadamente paso a la algarabía propia de una ciudad que tiende, con la más precisa de las naturalidades, su mano al fulgor de la primavera.

Así llega el Domingo de Ramos, y con esos nervios saldré a buscarte. Allí donde los viejos y cobrizos muros de la muralla despedirán tus sombras para dejarte marchar por la estrecha vértebra que te conducirá al corazón de la ciudad, como queriendo abrazarte intentando secuestrar la grandeza de la que gozan en tu barrio los 364 días del año restantes. Te esperaré ahí, invisible entre la multitud, deseoso de oler el incienso que te precede y las flores que te engalanan, ávido por escuchar esos tambores que marcan el compás de tus bambalinas al viento. Ya es Domingo de Ramos, y en la esquina donde me robaste el corazón volveremos a encontrarnos, porque Tú no olvidas mis promesas ni yo el lugar donde siempre nos citamos para renovarlas. Te esperaré ahí, de corazón lo haré Madre Hiniesta.

Virgen_hiniestaFoto: Azul y Plata

El hábito nazareno

José Antonio Martín Pereira | 2 de abril de 2020 a las 10:39

Se conoce con el gentilicio de nazarenos a todos los penitentes que forman parte de la estación de penitencia, debido a que es la Hermandad de Jesús Nazareno de Sevilla, el Silencio, la primera que adapta la túnica con reminiscencias medievales que se usaba anteriormente al estilo actual. Dicho estilo será el que posteriormente se exporte a otras muchas localidades.

Vestir la túnica de nazareno por tanto, se envuelve de un rico ceremonial cargado de simbología y cada uno de los elementos que la componen tiene su propio significado.

Si hablamos del capirote, éste era empleado por la Inquisición para que aquellas personas que tenían que cumplir penitencia, sufrieran además de una mortificación física, la vergüenza pública al ser reconocido por todos como pecadores, llevándolo por las calles y plazas que tenía que recorrer, siendo este capirote de gran tamaño y muy vistoso.

También se daba a conocer el pecado que la persona había cometido, a través de un trozo de tela en el que iba escrito y que le colgaba por el pecho y la espalda, llamado sambenito. De ahí proviene el actual escapulario que forma parte de muchas indumentarias.

Otro elemento es el cinturón o fajín de esparto, usado en muchas partes de España para realizar penitencia provocando sufrimiento físico, formado por gruesas cintas o cuerdas de cáñamo o esparto unidas y anudadas a la cintura apretándola moderadamente, vestigio de aquellos hermanos disciplinantes que formaban parte de los cortejos, que con su espalda descubierta se infligían dolor corporal azotándose con flagelos o látigos.

La prenda fundamental de la indumentaria penitencial es la túnica, no siendo ésta más que una sotana que viste al nazareno, al igual que las que llevó Nuestro Señor Jesucristo.

La túnica originariamente estaba realizada con telas de modesta calidad y bajo coste, acentuando así el carácter ascético del ejercicio que se realizaba. Con ella se trataba de hacer a todas las personas iguales por unas horas al año, sin importar su condición social o económica. En un principio eran cortas, no llegaban a cubrir más allá de las rodillas.

Las túnicas tenían una prolongación de tela por su parte posterior conocida por cola, (que simbolizaban nuestros pecados) que se llevaba recogida del brazo y que en momentos concretos del recorrido se dejaba caer al suelo acentuando así el carácter penitencial y de duelo.

Posteriormente por motivos más prácticos se anudará o introducirá por dentro del esparto. También se le daba utilidad como tela empleada para amortajar a los difuntos, siendo enterrado éste con su hábito nazareno, práctica que aún hoy se conserva.

Por su parte el cubrerrostro o morrión cumple la función de mantener el anonimato. Los nazarenos solían realizar su penitencia descalzos, y posteriormente comienzan a usar alpargatas.

Por último, señalar que el atuendo del nazareno no sufre grandes modificaciones, hasta que en 1888 un bordador y dibujante sevillano, Juan Manuel Rodríguez Ojeda, diseña una revolucionaria túnica para la Hermandad de la Macarena. Los elementos de la túnica se van modificando; los altos capirotes se sustituyen por otros más pequeños, la tela de mala calidad pasa a ser de lana pura de oveja merina, cambiando en algunos casos sus colores por otros más vivos.

dulce_nombre

Foto: Hermandad del Dulce Nombre

La Iglesia en tiempos del coronavirus

José Antonio Martín Pereira | 31 de marzo de 2020 a las 13:46

Inmersos como vivimos ante uno de los mayores desafíos a los que se ha enfrentado el ser humano en los últimos tiempos. Una pandemia de lejanos precedentes que amenaza con tumbar los pilares de la sostenibilidad para las sociedades presentes, y que desde luego va a cambiar nuestra percepción de cara al futuro.

Y en este contexto los templos guardan silencio entre sus muros y bóvedas, contrapunto a una Iglesia que habla en voz alta, lanzando mensajes de caridad y confraternización que nos ayuden a superar los efectos de este panorama.

Así la Iglesia católica es, junto a muchos Estados, la institución más capilar y más encarnada en la realidad de las diferentes naciones. Es evidente, asimismo, que el Papa Francisco está preocupado por la actitud que debe imprimir a la institución eclesial. Por un lado, cierra el Vaticano y se recluye como cualquier ciudadano y, por el otro, sale a la calle y visita al Cristo de los Milagros y a la Virgen de la Salud, para contagiar esperanza. Por un lado, apoya las decisiones de las autoridades y, por otro, dice a sus curas que no se encierren, que salgan a las calles a acompañar y consolar a la gente.

En Italia, uno de los países mayormente golpeados por el coronavirus, la Iglesia eleva diversas iniciativas para ayudar y sostener a la población ante esta pandemia. Una de ellas proviene de la Asociación de Hospitalidad Religiosa Italiana, que informa que las estructuras e instalaciones de hospitalidad permanecerán abiertas para acoger a quienes necesitan desplazarse por motivos de trabajo, salud o emergencia.

Por su parte los Obispos de la Conferencia Episcopal Húngara escriben en un comunicado que, “el período de la epidemia pone de manifiesto nuestra fragilidad y el hecho de que debemos proteger nuestra propia vida y la de los demás. Con nuestras oraciones y ejemplo fortalecemos nuestra confianza en Dios y en los demás. Practiquemos la magnanimidad y prestemos especial atención a los demás en esta situación, especialmente a nuestros próximos enfermos y ancianos. Respetuosamente pedimos a nuestros hermanos sacerdotes y sacerdotes ancianos que presten especial atención a su propia salud en la situación actual”.

La España la Iglesia también se moviliza ante la emergencia sanitaria y las consecuencias sociales de la pandemia del Covid-19 y pone en marcha todos sus recursos para ofrecer servicio, acompañamiento, ayuda y oración a todos los afectados y a toda la sociedad. El objetivo es: servir al bien común, y éste proviene de acompañar a enfermos en hospitales hasta coser mascarillas.

De este modo se suceden cientos de iniciativas de la Iglesia en las diócesis enfocadas a atender necesidades de todo tipo. Así algunas han ofrecido los edificios de los seminarios, casas de espiritualidad y otros para que las autoridades sanitarias puedan utilizarlos en caso de que sea necesario por el número de contagiados.

Otras diócesis han creado un servicio de acompañamiento telefónico psicológico para ancianos, personas solas, enfermos o para aquellos quienes hayan perdido a algún familiar por la pandemia. Además, también ofrecen servicios de entrega de alimentos para familias sin recursos y comedores sociales con medidas de seguridad.

En tiempos de coronavirus, la Iglesia está volviendo a dejarnos un mensaje de solidaridad y oración con los que sufren, de compromiso ante la adversidad.

1362765_1Foto: Diariodecordoba.com

La Archidiócesis de Sevilla

- Seminario para acoger a las víctimas de la pandemia. La diócesis ha ofrecido las instalaciones del Seminario de Sevilla para acoger a los enfermos víctimas de la epidemia del coronavirus.

- 300.000 euros para material sanitario. El arzobispado de Sevilla ha ofrecido la cantidad de 300.000 euros para la adquisición de material sanitario. Un tercio de esta cantidad procede de la Administración diocesana; otro tercio del Cabildo Catedral, y el tercero del Fondo Diocesano de Cáritas.

- Cartas para acompañar a los presos. Dado que la situación de confinamiento impide a familiares y amigos visitar los centros de reclusión, la Delegación diocesana de Pastoral Penitenciaria de Sevilla propone hacer llegar cartas a los reclusos, con mensajes y demostraciones de apoyo y afecto, para promover así “una estrecha comunión de corazones”.

- Iniciativas cofrades para tiempos de aislamiento. Todas las cofradías están realizando actividades asistenciales y solidarias con el fin de atender las necesidades de las personas de la cofradía y de quienes viven en su entorno.

- Acompañamiento a jóvenes. La Delegación de Pastoral Juvenil ofrece actividades para jóvenes con el lema #EstoyContigo. Se busca que todos los usuarios se sientan acompañados y se crea un contenedor de recursos dedicados principalmente a alimentar su espíritu (formación, ocio, solidaridad y profundización de la fe.

La Semana Santa de 1649, el año de la peste

José Antonio Martín Pereira | 27 de marzo de 2020 a las 19:10

La epidemia de peste de 1649 fue la mayor crisis epidémica que ha padecido Sevilla, que supuso una gran quiebra de su población, en la que murieron entre 50 000 y 60 000 personas, lo que representaba el 46 % de la población de la ciudad.

La lluvia que inundó Sevilla entre marzo y abril de 1649, que impidió que saliera ninguna cofradía a la calle, propagó la epidemia que mató a la mitad de los sevillanos. Hasta tal punto que las crónicas de la época narran que podía llegarse en barco a la Alameda. Estas lluvias provocaron la pérdida de las cosechas, el desabastecimiento de la ciudad y una elevada desnutrición ante la dificultad de comprar alimentos por su encarecimiento.

En este sentido mientras duró la peste se multiplicaron las procesiones y rogativas, como la del Lignum Crucis, el Santísimo Sacramento, Corpus Cristi, Nuestra Señora de los Reyes o el Santo Cristo de San Agustín, que salió el 2 de julio hasta la Iglesia Mayor.

Precisamente a los pocos días de esta procesión en el citado hospital (conocido entonces como de la Sangre) ondeaba una bandera blanca como señal de que la epidemia había remitido. Por tal motivo se mantiene hoy día la acción de gracias a este Crucificado en esa fecha.

A modo de curiosidad, citar que la peste se llevó a muchos sevillanos y personajes ilustres, uno de ellos el insigne escultor Juan Martínez Montañés, autor de tallas como el Señor de Pasión o el Cristo de la Clemencia, el 18 de junio de 1649.

peste-sevillaObra Anónima. Museo del Hospital del Pozo Santo de Sevilla

Sé que volverás

José Antonio Martín Pereira | 17 de marzo de 2020 a las 10:57

Jamás pensé que aquello que días atrás nos contaban podría convertirse en certeza. Que la historia, aún por escribir, concluiría sin ni siquiera haber empezado. Que dejaríamos el libro de los sueños del mismo color de aquellos nazarenos con los que pretendíamos encontrarnos entre las sombras del parque, cuando los primeros rayos se entregaran a la tarde invitando a dejar atrás los nervios de la mañana.

Acabas de irte y ya se te extraña, porque la conciencia no acierta a comprender que los encuentros que habíamos pactado, ahora no habiten más que en lo recóndito de cada interior dejando un reguero de nostalgia sin consuelo.

No ha venido aún la primavera y ya daría la vida por cambiarla, por llenar de intensidad estos silencios con el ajetreo de parihuelas de ensayo; de ejércitos de candelerías relucientes; de majestuosos altares desafiando las alturas; de repartos de papeletas de sitio; de túnicas por planchar y escudos esperando aguja e hilo; de capirotes que regresan tras el letargo en los altillos; y madrugadas, de largas madrugadas de casas de hermandad.

Acabas de irte con la fugacidad con la que acostumbras, pero esta vez sin que el incienso difumine perfiles por las esquinas. Los sentidos, todos los sentidos, quedaron vacíos, descompuestos sin el olor a cera mezclada con clavel; sin los aromas que desprende la miel de los pestiños; sin los crujidos de la madera y el rachear de las alpargatas de los costaleros; sin saetas ni cornetas; sin bullas ni pies cansados; sin programas de mano arrugados del salir y entrar en los bolsillos; sin alfileres en las solapas de las chaquetas; sin la luz de los cirios que tenían previsto anunciar, como solo ellos saben, el triunfo de la Vida.

Acabas de irte, y la contradictoria percepción del recuerdo se ha instalado sobre una realidad que exhibe primogénitos deseos, implorando refugio en el regazo de la Palabra, semilla que ya busca raíces en el delicado huerto que Sevilla reserva al anhelo, a la espera de que imperfecciones futuras deparen provechosas tardes de sol y éstas vuelvan a abrir de nuevo el ciclo que quedó por cerrar.

La melancolía se abre paso y de nada sirve que las confiterías sigan pregonando en sus cristaleras que “hay torrijas”. El bacalao este año no vivirá su apoteosis cuaresmal. Las túnicas no irán a las lavanderías y las insignias, perfectamente dispuestas, quedarán en el reposo oscuro de los armarios esperando que vuelvas con fulgores a reclamarlas. El azahar, que es más que una flor, ultima sus aromas desnudando los naranjos cuales muestras de aquello que pudo ser y no será.

Acabas de irte pero sabes qué, sé que volverás. Porque siempre vuelves, porque aunque esta crónica nunca haya sido escrita, la Esperanza, que en Sevilla tiene nombre de mujer y vive junto al Arco, habita cual primavera palpitante en el corazón de cada invierno, y amanece como aurora sonriente detrás de cada noche. Tal vez el que reside al final de la calle Castilla, haya dispuesto este guión diferente para hacernos comprender la suerte que tenemos de disfrutar del milagro de la vida que comienza en el Salvador entre palmas y varitas plateadas y concluye en el corazón de la ciudad a los pies de un sudario, demostrándonos así que esa fortuna no está al alcance de quienes sufren en hospitales, en residencias o en la más punzante soledad. Al fin y al cabo Dios siempre decide por nosotros, y sus designios son inescrutables.

Lejos quedan los últimos ecos con los que dijiste adiós en San Lorenzo, pero estoy seguro que podré volverte a esperar otros 377 días. Sé que volverás.

Semana Santa 2020

Sevilla, por primera vez sin procesiones de Semana Santa desde 1933

José Antonio Martín Pereira | 14 de marzo de 2020 a las 14:45

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, el Arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, y el presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla, Francisco Vélez, han mantenido esta mañana una reunión en el Ayuntamiento de Sevilla para analizar las decisiones tomadas por el Gobierno de España y la Junta de Andalucía en el día de ayer con motivo de la declaración del estado de alarma en todo el territorio nacional durante los próximos 15 días, así como las medidas tomadas por las tres administraciones para hacer frente a la evolución de los casos de coronavirus y frenar en la medida de lo posible su avance, conforme a las indicaciones y escenarios manejados por la Autoridad Sanitaria.

La evolución del virus en esta semana y las previsiones que conocíamos ayer por parte del Gobierno de España han llevado a la toma de medidas drásticas para concienciar a la población sobre la importancia de limitar al máximo los desplazamientos de personas en el territorio, así como recomendar que las personas permanezcan en sus domicilios el mayor tiempo posible.

La práctica paralización de la actividad las próximas dos semanas, la posibilidad de tener que prorrogar esta situación por más tiempo, así como la evidencia de que volver a recuperar la normalidad deberá llevar su tiempo y, por tanto, la presunción razonable de que las medidas sanitarias de prevención que se están adoptando tendrán vigencia por un periodo de tiempo más amplio, han llevado a las tres instituciones, a requerimiento del alcalde de la ciudad, a tomar una decisión para acabar con la incertidumbre sobre la viabilidad de celebrar los desfiles procesionales de la Semana Santa 2020.

En coherencia, por tanto, con la información que facilita la Autoridad Sanitaria a las Administraciones competentes, que ha ido gradualmente agravándose, para la toma de medidas limitativas de la concentración de personas en espacios públicos, o de los desplazamientos en el territorio nacional o procedentes de otros países, consideramos que hay motivos de salud pública suficientemente justificados para suspender los desfiles procesionales en la vía pública de las hermandades y cofradías de Sevilla en la Semana Santa 2020 y que además, según reza en el comunicado, «es nuestra obligación y la de todos los ciudadanos cooperar en la consecución de los objetivos que se plantea nuestro país en esta cuestión en la actual coyuntura».

Añaden además que «este es el sentir de la autoridad religiosa que, a través de la Conferencia Episcopal, manifestaba en el día de ayer su voluntad de suprimir procesiones para contener la propagación del coronavirus, evitar concentración de personas y tomar las medidas necesarias. Asimismo, en los últimos días y en consonancia con el crecimiento de los casos de afectados en todo el territorio y el llamamiento de las autoridades a la disciplina social más estricta para conseguir frenar esta evolución, constatamos el consenso social y la práctica unanimidad de convencimiento y compresión de la sociedad sevillana ante la necesidad de tomar una medida tan dolorosa como justificada como la de suspender los desfiles procesionales de la Semana Santa 2020».

Por último, desde el Consejo de Hermandades y Cofradías manifiestan su «pesar por las consecuencias de carácter religioso, emocional y económico que para muchas personas tiene esta situación, pero entendiendo que es la salud pública y el interés general lo que está en juego, tomamos por tanto la decisión de forma colegiada y corresponsable de suspender los desfiles procesionales en la vía pública en la próxima Semana Santa en Sevilla y procedemos a comunicar nuestra decisión a las Administraciones competentes, así como a las hermandades y cofradías y al pueblo de Sevilla a los efectos oportunos».

Semana Santa

Un tiempo nuevo

José Antonio Martín Pereira | 25 de febrero de 2020 a las 21:48

Un tiempo nuevo se abre paso, en el que la preparación espiritual aparece envuelta entre la fertilidad emocional y sensorial. Vuelven con él antiguos ritos tan iguales, tan distintos, que a su vez conjugan con la visión contemporánea de la fe y la tradición, hilando en esa fina línea con la que la realidad del momento dispone las cosas.

Las tardes con su moderado alargue comienzan desde ahora a erigirse cual invitación directa, recibiendo a los primeros vencejos que preceden a la estación aún por estrenar. Al engranaje no le faltan piezas, como tampoco le sobran horas. Todo empieza, de nuevo, a cobrar sentido.

Así de la forma más simple, con la señal de la Cruz hecha con ceniza en nuestra frente, alianza de penitencia y purificación que rememora la antigua tradición hebrea, el Dios sin rostro que se venera en los Sagrarios nos propondrá una vez más volver a lo esencial, lo constitutivo, aquello sin lo cual este tiempo litúrgico que es de conversión ante la inminente llegada de la Semana Santa no tendría sentido.

Como dejara escrito el recordado Papa Juan Pablo II: «¡No temáis! Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo». Es tiempo de Cuaresma.

Gran_PoderFoto: Jesús Giraldo

Relativo a los carteles de Semana Santa

José Antonio Martín Pereira | 27 de enero de 2020 a las 21:55

Se supone que los carteles de Semana Santa deben ser instrumentos gráficos que acerquen al espectador las emociones de lo que está por venir. Sin embargo sucede, y no solo en Sevilla, que el repetido uso de las vanguardias plásticas suscita cada vez mayor debate, y no precisamente por la calidad de las últimas obras, fuera de toda duda, sino más bien por el canon que se está tratando de imponer por medio de los excesos en simbología, los cuales sitúan la interpretación al alcance solo de los especialistas en la materia.

Y no quiero decir con ello que la Semana Santa deba permanecer inmóvil o tenga que renunciar a renovarse, de ser así no habría llegado en plenitud hasta nuestros días, pero ocurre y es evidente que si necesitamos un díptico explicativo para entender un simple cartel es que alguna pieza del engranaje está fallando. En este sentido, no estaría de más alternar de vez en cuando con la fotografía y que así puedan ver la luz otros conceptos.

Semana Santa SevillaFoto: Juanma De Cirez

Más solsticio, menos Navidad

José Antonio Martín Pereira | 1 de diciembre de 2019 a las 12:42

La contradicción llevada a su máximo exponente tuvo lugar hace unos días con el encendido del alumbrado navideño en las diferentes ciudades. Cientos de miles de personas agolpadas esperando a que el interruptor, al más puro estilo de la Feria de Abril, activara las luminarias y con ello se diera paso, un año más, al despropósito de conmemorar el Nacimiento de Jesús sin invitarle a su fiesta.

Es curioso como cada vez la Navidad toma más auge recurriendo a prácticas paganas y pecaminosas, provocando el desagrado y la repugnancia de Dios, preponderando el solsticio de invierno respecto al Misterio de Belén. Lo observamos en el adelanto incomprensible del calendario, que no respeta los límites del Adviento; en las propias luces que adornan las calles y que nada tienen que ver con el auténtico motivo que se celebra; o en los belenes institucionales, que en unos casos desaparecen y en otros, peores aún, quedan transformados en auténticos mamarrachos levantados para provocar más que para otra cosa.

Y habrá quien se remonte al origen pagano de la fiesta, ya sea recordando a los celtas y nórdicos, a los romanos o a los persas, y con ello justifique que la Navidad tiene realmente otros propósitos distintos a los de honrar a Dios o recordar que Cristo vino al mundo para salvarnos. En ese estado estamos como alertaba monseñor Asenjo el pasado año en su carta pastoral de 2018 por estas fechas, en la que ilustraba que estas fiestas se están convirtiendo en las “vacaciones de invierno” o “en las del derroche y el consumismo”. Una tendencia que se evidencia “en la ambientación navideña de muchas de nuestras ciudades, en la que se prescinde del misterio que estos días celebramos”, una eliminación de la que han sido testigos numerosas capitales.

Corren por tanto tiempos en los que a los cristianos nos toca dar un paso adelante, invitando así a la sociedad de la que formamos parte a no olvidar las tradiciones que nos dieron rostro propio y una cultura humanizante. Ojalá abunden en nosotros esos sentimientos de Jesús en esta Navidad que comenzamos a preparar hoy, primer domingo de Adviento.

navidad_sevillaFoto: Ayuntamiento de Sevilla

Crónica anticipada del Corpus

José Antonio Martín Pereira | 18 de junio de 2019 a las 22:46

Este jueves los distintos medios dedicados a la información cofradiera comenzarán con el viejo dicho de los “tres jueves que relucen más que el sol”, cuyo carácter litúrgico cada vez calza menos con las tendencias de la sociedad actual, más interesada por alargar el descanso en forma de puente en aquellas localidades donde los tres festivos, Jueves Santo, Corpus Christi y la Ascensión todavía se mantienen como tales.

Amén de esta circunstancia, que señala ciertas actitudes enfrentadas y beligerantes con respecto a la Iglesia, propias en algunos casos del laicismo desenfrenado en el que nos movemos, la celebración del Corpus Christi en Sevilla viene siendo objeto de discusión desde hace ya algún tiempo. Es por ello que desde el consistorio, con buen criterio, se están llevado a cabo una serie de iniciativas que doten a una de las fiestas con mayor arraigo histórico de la ciudad, tal vez la que más, de un sentido de participación más amplio.

Tal es así que para esta ocasión se ha vuelto a diseñar un amplio programa de actividades previas a la jornada festiva, además de un incremento en el número de altares. También las hermandades se suman a esta labor, no solo animando a la participación, sino en otros casos como por ejemplo el de la hermandad Pasión celebrando las Noches Sacramentales en el patio de la Colegial del Divino Salvador.

Sin embargo las crónicas que emergerán toda vez la imponente Custodia del Santísimo Sacramento realizada en plata de ley por Juan de Arfe (de estilo renacentista, entre los años 1580 y 1587), lo harán haciendo hincapié en el larguísimo cortejo que cada año conforma la procesión y en el poco público asistente. Una realidad que sin embargo podría contarse de distinto modo, es decir, partiendo de la reflexión común entre todos los agentes encargados de sacar brillo a un día que cada vez luce menos. Y luce menos precisamente por nosotros mismos, que preferimos quedarnos en casa descansando, irnos a la playa, o simplemente congregarnos alrededor del Señor de la Sagrada Cena, con sus cornetas de fondo, concentrando en unas cuantas calles mayor cantidad de público de la que se dará cita entre todos los Corpus que tendrán lugar en la ciudad de aquí al domingo. La cuestión de fondo es que, según parece, nos cansa ver pasar un cortejo que es amplio, pero que también se cubre de cientos de detalles, y por el contrario no nos pesa para nada esperar tres horas para ver un paso de palio en una salida extraordinaria.

Entonces, ¿dónde está el problema?
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Foto: Archisevilla/Miguel Osuna