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Semana Santa 2014: a olvidar

José Antonio Martín Pereira | 24 de abril de 2014 a las 11:36

Las sillitas portátiles

Una de las principales cuestiones de fondo de la reciente Semana Santa vivida. Desde el Ayuntamiento son conscientes de que el problema se ha agravado y requiere de medidas. En este sentido, ya existe una ordenanza municipal de Medidas para el fomento y la garantía de la convivencia ciudadana en los espacios públicos de Sevilla, vigente desde 2008, cuyo artículo 26.3. es bien claro: «No podrá impedirse o dificultar, deliberadamente, el normal tránsito peatonal o de vehículos en las calzadas y aceras, respectivamente».

El mal ejemplo

De costaleros y nazarenos, porque siempre hay quien se disfraza. Los primeros, siempre en el ojo del huracán (costaba ver un costal de color blanco en el palio de La Estrella). Los segundos, dejando ver en algunos casos ejemplos poco honrosos como bien nos recuerdan durante estos días las numerosas fotografías que pululan por las Redes Sociales y vía mensajería instantánea en los dispositivos móviles.

Los lucimientos porque sí

Desde siempre los pasos en Sevilla se han lucido, y ése es precisamente uno de los encantos de su Semana Santa, pero no se puede con ello masacrar los cuerpos de nazarenos. La Capilla del Baratillo cada vez parece más la Basílica de San Pedro del Vaticano, y aquí nadie dice nada.

Las farolas encendidas en Cristo de Burgos

Murió uno de los momentos estelares de la Semana Santa sevillana. Farolas encendidas mientras al Cristo de Burgos le cantaba (extraordinariamente por cierto) Manuel Cuevas. Posteriormente se apagaron las de la propia plaza, pero no las del perímetro como venía siendo habitual. Luz que pareció alimentar los malos modales de parte del público allí congregado. Lo que antes era silencio absoluto ahora ya dejó de serlo.

Los nazarenos a cinco en La Macarena

Me comentaba un miembro de Junta de La Macarena que por qué sus nazarenos no tienen derecho a disfrutar como los demás, y lleva el hombre toda la razón. La Macarena dejó en Campana un minuto de adelanto sobre el tiempo previsto pero a qué precio, mitigando parte de su esencia con sus nazarenos de cinco en cinco. Está claro que urge una acción seria por parte del Consejo en lo que a la reestructuración de los tiempos de paso respecta.

Los niños en la calle Sierpes

La Semana Santa es de los niños, de esa ilusión que les crea ver transitar una cofradía, pero hay que enseñarles hasta dónde deben llegar. En Sierpes corren a sus anchas entres las filas de nazarenos molestando (MO-LES-TAN-DO) a los cortejos, evidencia de la falta de educación expresada en las calles durante los últimos días. Pedir cera o estampitas incluso a nazarenos de negro deja mucho que desear por la parte que a los padres corresponde.

Abucheos a Las Cigarreras

Ocurrió en la Avenida el Lunes Santo, tras el paso de Misterio de la Cofradía de San Gonzalo. Desde la propia Hermandad, e igualmente por parte de la formación musical, han aclarado que se tocaron las marchas previstas, siguiendo el guion establecido. Lástima que parte de ese público que no sale a ver cofradías sino a contemplar otro espectáculo, que además no era el que se sienta en las sillas de la Avenida y sí aquel otro que colapsa los canales de circulación cuando llegan los pasos, no comprendiera que también tiene su encanto visualizar un Misterio a tambor.

Los botellines

Sobre todo los que paseaban ciertos grupos de chavales el Domingo de Ramos. ¿Habrá algo más feo que ponerse delante de un paso con un botellín de cerveza en la mano?

Los vendedores ambulantes

Desde el Domingo de Ramos a primera hora, en El Porvenir, y hasta última hora del Sábado Santo, fuimos testigos de esos señores vociferando «botellitas de agua fresca» incluso cuando se hacían los silencios cerca de los pasos. Ojo, todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida como pueda o considere pero… ¿es esta la Semana Santa que queremos vender?

La basura

Otro de los temas candentes de la Semana Santa que nos dejó. El estado de las calles tras el paso de las cofradías habla del tipo de sociedad que conformamos. El análisis lo escribe por sí solo cualquier estampa recogida.

basura Semana Santa

Semana Santa 2014: confirmada involución

José Antonio Martín Pereira | 21 de abril de 2014 a las 13:10

Dejó escrito Núñez de Herrera, en su extraordinaria obra Semana Santa: Teoría y Realidad, clásico de la literatura cofradiera que todos deberíamos leer, que «la Semana Santa no había existido nunca. Que las otras Semanas Santas pertenecen a la Historia, es decir, al recuerdo». Y es precisamente en un recuerdo en lo que la hemos transformado, porque de aquella Semana Santa referida en la literatura señera, que es la misma con la que fuimos inculcados, poco o nada queda, la hemos entregado. La Semana Santa de Sevilla sufre las consecuencias de sus propios excesos, y agoniza esplendores por mucho que los números den la razón al gremio de los hosteleros.

Las sillitas portátiles, de las que llevamos hablando desde 2008 (que ya ha llovido), y cuya ordenanza municipal está vigente desde la propia primavera de de dicho año (por iniciativa de los entonces delegados de Convivencia y Seguridad, Alfonso Mir, y de Fiestas Mayores, Rosamar Prieto-Castro), asestaron en 2014 la estocada definitiva a una fiesta religiosa que vaya usted a saber hacia qué abismo camina. Se ha perdido la mesura, y las sillitas suponen una clara involución en materia movilidad. Sevilla ha sido en estos días una ciudad impracticable, donde las faltas de civismo y educación han evidenciado la urgente necesidad de que las autoridades se planteen seriamente hacer algo, porque ésta es la carta de recomendación que se llevan los cientos de miles de visitantes.

Fíjese que hoy deberíamos estar hablando de una Semana Santa radiante en lo que a la meteorología respecta, de esa celebración que apela a nuestra dimensión espiritual y trascendente en la que prima la belleza, y sin embargo resaltamos lo negativo como quien realiza el último intento por reanimar al enfermo que yace sobre el suelo. Sobre el suelo, precisamente, vimos levantar auténticos muros de carga inflados por los malos modales que no fueron sino producto de una sociedad divagante y desequilibrada. La Semana Santa, afortunadamente, llegó hasta nuestros días sorteando las innumerables trabas a las que la expuso la Historia, pero este salto es más elevado, y precisa de un profundo ejercicio de conciencia común. Este hábito, dibujado en asentamientos (ilegales) a lo largo y ancho de la práctica totalidad de los recorridos fijados por las hermandades, marca ya seriamente el comportamiento del público en la calle y esboza lo peor del ser humano. Así nunca se han visto las cofradías en Sevilla.

Asociado a este imparable fenómeno está la suciedad, el vergonzoso estado en el que quedaba cualquier calle tras el paso de una cofradía. Ríos de basura, con botellas de alcohol incluidas, evidenciando lo expuesto anteriormente en lo que al comportamiento de una sociedad supuestamente civilizada se le presupone y que no fue tal. Las cáscaras de pipas habrían dado para asfaltar la futura S-40. Inmenso el trabajo de los profesionales de Lipassam.

En otro orden de cosas, la Semana Santa de 2014 deja también el extremo intento de las hermandades por cumplir los horarios sugerido por la presión del conteo oficial de nazarenos y por las sanciones contempladas en los nuevos estatutos del Consejo. El éxito de la medida dependerá de los resultados, no obstante salta a la vista que estamos jugando con la identidad y ello supone entrar en terreno pantanoso. En una época en la que los cortejos crecen (es curioso a pesar de la manifestada crisis de fe), tal vez existan otros medios que contribuyan a que las cofradías no generen retrasos, tales como la reordenación de las jornadas o la modificación de los itinerarios. Claro que aquí, como en los apartados anteriores, al menos por ahora es difícil pensar en positivo.

resumen Semana Santa 2014