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Es Cuaresma

José Antonio Martín Pereira | 13 de febrero de 2013 a las 11:31

«Pulvis es et in pulverem reverteris» (Génesis 3,19). La reflexión acerca del deber de la conversión recuerda la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte. Hoy la ceniza, signo de penitencia intenso en la Biblia (cf. Jn 3, 6; Jdt 4, 11; Jer 6, 26), rememora una antigua tradición del pueblo hebreo, que cuando se sabían en pecado o cuando se querían preparar para una fiesta importante en la que debían estar purificados se cubrían de cenizas y vestían con un saco de tela áspera. De esta forma nos reconocemos pequeños, pecadores y con necesidad de perdón de Dios, sabiendo que del polvo venimos y que al polvo vamos.

Teológicamente el protagonista de la Cuaresma es Cristo (se retira al desierto a orar, se encuentra con la samaritana y la salva, cura al ciego, etc). Él es el dueño de la historia y avanza hacia la Pascua sembrando la Salvación. La Iglesia, por tanto, nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.

A partir de ahora, la ciudad hará de perfecto tapiz para que las vivencias se agolpen destronando el impávido protagonismo de los recuerdos. Es tiempo de víspera, y hasta el ceniciento color del cielo se ha empeñado en recordarlo. La Cuaresma retorna anticipando el solemne protagonismo de la Gloria, ahora que la humanidad más lo requiere. Sea, por tanto, consciente, la levedad de la llama que encendida alumbraba el anuncio y la llegada de Niño Dios, tomará fuerza nuevamente al recibir el sombreo de la perecedera señal sobre la frente, convirtiéndole en transmisor de la verdad y el gozo. Retenga, allí donde cobija sus delirios, cualquier grabado de los sentidos, y compártalo con su entorno para hacerles conscientes del periódico milagro. Es Cuaresma…