Archivos para el tag ‘Tiempo Ordinario’

La llave maestra

José Antonio Martín Pereira | 17 de febrero de 2014 a las 12:24

El tiempo ordinario es la llave maestra del enigma con el que Dios se acerca sin vestimenta ociosa, solo a través de la Palabra. Y lo es incluso por encima de aquello que creemos descifrar por nosotros mismos, o más allá de lo que nos puedan intentar dilucidar. La espera es armonía sobre la que descansa el ajetreo, es mar en calma de domingo que refleja en la inspiración con la que el sepia trasluce aquello que pretendemos experimentar pero aún guarnece. A veces sin buscarlo lo encontramos, y es entonces cuando las respuestas brindan por sí solas la senda verdadera.

Jesus Despojado

Foto: cortesía de EscribirEnAlbero

 

Otro dominio precede

José Antonio Martín Pereira | 30 de enero de 2014 a las 11:03

Ahora que la cadena del frío reduce su opresión, los dominios del silencio ceden paso a la algarabía propia de una ciudad que tiende, como es habitual, su mano al fulgor previo a la primavera. Respecto a la lluvia ni un ápice de nuevos designios, con la correspondiente alteración biológica adscrita al fenómeno, a la que se adhiere la particular y eterna preocupación del cofrade que sostiene que ésta retornará cuando menos se la desee.

En este sentido, esboza la luna la firme realidad de que en unas semanas el Tiempo Ordinario que viera su origen tras la Fiesta del Bautismo de Nuestro Señor, terminará por hallar el fin cerca de la calle Toneleros, como si de una composición de Juan Valdés se tratara, en el encuentro del Cristo que reparte Salud desde el Real de la Carretería.

A partir de entonces, la gubia que desde hace siglos talla la hechura con la que Sevilla recibe a la hilera de palmas que determinan que un domingo que es mudable se alce con el honor de ser el día más especial del año, se declararará dueña de delirios, a la espera de que abril trace el guión y el Giraldillo el camino. La Gloria hoy está un paso más cerca…

Triana Sevilla

Autumnus

José Antonio Martín Pereira | 23 de septiembre de 2013 a las 14:28

Cuestión azulea, envoltura de mañana tibia en aromas y ausente en ardentías que es antagonía en las tardes. Las primeras hojas bordean las distinguidas fronteras de las plazas, se eclipsa el verde. Combinación suspirada. Sinfonía postrera de lo que pareciera haberse despedido pero aún perdura, y esbozo de lo que lentamente se aproxima. A partir de ahora, el molde se irá conformando en virtud de las múltiples representaciones sagradas encaminadas a expresar la inmutabilidad de lo eterno. Tal vez no estemos tan lejos de aquello que añoramos…

1241608_731110386904167_641957468_nFoto: Ana S.

Entre el júbilo y la espera

José Antonio Martín Pereira | 15 de enero de 2013 a las 11:12

La Epifanía fue canal que desembocó en el Bautismo del Señor. Con el final de la Navidad, el pasado domingo, el júbilo relativo al Nacimiento del Hijo de Dios da paso, ahora, a un Tiempo Ordinario, el primero de los dos que consta el año litúrgico, que culminará en la venida de una nueva Cuaresma.

Entramos, pues, es un tiempo importante; tan importante que, sin él, la celebración del misterio de Cristo y la progresiva asimilación de los cristianos a este misterio se verían reducidos a puros episodios aislados, en lugar de impregnar toda la existencia de las comunidades de Fe. Por ello, los ministros de la Iglesia defienden que solamente cuando se comprende que el Tiempo Ordinario es un tiempo imprescindible, que desarrolla el misterio pascual de un modo progresivo y profundo, se puede decir que se sabe qué es el año litúrgico. Por tanto, quedarse tan solo con los tiempos fuertes (Adviento, Cuaresma y Pascua) significa olvidar que el año litúrgico consiste en la celebración sagrada, en el curso de un año, del entero misterio de Cristo y de la obra de la salvación.

Compás de espera, regazo de mansedumbre que converge percepciones en la contemplación de Aquel que en su Buena Muerte, desde en interior de la Capilla Universitaria, vela por todos los que a sus plantas acuden.

Otoño…

José Antonio Martín Pereira | 23 de septiembre de 2012 a las 20:37

El aire verdea las nubes, permitiendo las primeras gotas sobre el apagado aparente del campo. Ramilletes de hojarasca zizaguean en busca de las innumerables grietas que arterian el asfalto. Sombras que ganan horas de reloj. Mañanas frescas ven pasar regueros de infancia y mochila al hombro. Éxtasis caótico de mediodía. La ciudad degusta el primer respiro que la recién estrenada estación brinda, y lo mezcla con la inconfundible esencia, más próxima a otro tiempo, que volvió a renacer en la capilla del Dulce Nombre de Jesús y en el corazón de Alfonso XIII, en el que ha sido el primero del conjunto de domingos que una vez disueltos terminarán por frentear al frío. Nuevo golpe a la manivela del deseo, alimentando renovadas inquietudes sobre el espesor del heterogéneo calendario particular. Otoño…

¿Cuánto falta?

José Antonio Martín Pereira | 9 de enero de 2012 a las 12:19

Una vez conmemorada la Epifanía del Señor (aunque muchos no sepan de qué se trata ni valoren su importancia), el pliego que acoge las inquietudes que oscilan entorno a las cofradías de Sevilla comienza a poblarse de sensaciones y pareceres. En cierto modo, desde hace algunos años se ha entronizado con relativa insistencia la idea de que tras la carroza de ilusiones del Rey Baltasar ya se avista la primera cruz de guía, o de que el Quinario del Gran Poder y el besapié del Señor de Pasión significan el primer golpe de martillo realizado por el llamador que representa la Plaza de España en el Misterio del Señor de la Victoria, que hace desplegar nuevamente el telón tras el que aguarda la Semana Santa.

En este sentido, no es que sea necesario emitir valoraciones puristas entorno a tales consideraciones, sin embargo nunca está de más recordar, usando la cordura, el valor del Tiempo Ordinario que comenzábamos con la conmemoración de la fiesta del bautismo del Señor, en el cual la lectura evangélica adquiere un relieve mayor que en otros tiempos litúrgicos, debido a que en ella Cristo se presenta en su Palabra dentro de la historia concreta sin otra finalidad que la de mostrarse a sí mismo en su vida terrena, reclamando de los hombres la fe en la salvación que Él fue realizando día a día.

Amén de lo anterior, el verdadero sentido del tiempo presente lo construye el propio anhelo que fragua entre la frondosidad de cultos, y que paulatinamente irá cubriendo de ansiadas percepciones la inmutabilidad del calendario. Por ello, ¿cuánto falta? La realidad dicta 83 días, aunque aquí en Sevilla ya se sabe, con el novelero mundo cofrade hemos topado.

Etiquetas:

Primera manifestación del otoño

José Antonio Martín Pereira | 24 de octubre de 2011 a las 11:33

El otoño (por fin) se ha manifestado, regalando a los escépticos de su presencia una mañana de lluvia digna de latitudes septentrionales. Hasta el presente, la impronta del propio sol había saturado la percepción de amaneceres llegando un minuto más tarde y atardeceres abandonando las sombras con dos minutos de antelación sobre el día anterior. En la memoria de todos, una sensación veraniega exprimida hasta la extenuación que ha sido capaz de alterar el pulso vital del transitar diario, inclusive el ligado a las cofradías.

Ahora es el turno de que la ciudad, toda vez que los elementos están puestos, actúe de molde en la disposición de un escenario que acogerá multitud de representaciones sagradas encaminadas a expresar la inmutabilidad de lo eterno. Perfectas escenificaciones de la emoción regaladas por Dios y ejecutadas mediante impulsos humanos conservando la maestría renacentista que no ha olvidado la simplicidad del gótico y el flanqueo de la inquietud barroca. El Tiempo Ordinario puede estar lleno de placeres…