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Los ojos que nos ven

José Antonio Martín Pereira | 21 de marzo de 2018 a las 15:15

Describir la Semana Santa sevillana desde cualquiera de las verticales del prisma que la conforman significaría dejar a un lado gran parte de la esencia mediante la cual se ha transmitido hasta nuestros días. Hablar de esta Fiesta implica tener en cuenta el carácter religioso, las más sublimes manifestaciones artísticas y las expresiones de un pueblo, de una ciudad, que ve su vida pasar por la estrechez de siete pero intensos largos días.

Ahora bien, dejando a un lado aquellos aspectos sentimentales que afloran con vigorosidad a lo largo y ancho del tiempo litúrgico presente, síntoma de que la espera acorta la distancia que desembocará en la confluencia del paralelo y meridiano que atraviesa el barrio del Porvenir, de lo que no hay dudas es de que si la Semana Santa no existiera habría que inventarla, expresión que no por repetida desluce ni un ápice la frondosidad de sus atributos.

No en vano, el desarrollo de la celebración, amén de colocar en el epicentro de la cristiandad a la ciudad de Sevilla, sanea las arcas de muchos comercios y, en definitiva, de numerosos hogares. Se trata, pues, de una prueba de superación que cada año se escenifica con más notoriedad.

En el seno de las hermandades se dice incluso que vivimos una nueva edad de oro. Discutible, con una baraja de matices que propiciarían una amplia gama de debates; pero hasta cierto punto cierto si atendemos al crecimiento de las cofradías penitenciales en lo que llevamos de siglo XXI. Por consiguiente en 1999 existían 57 cofradías con este carácter, mientras que a día de hoy con la última incorporación hace un par de años, la de la Hermandad de La Milagrosa del barrio de Ciudad Jardín, el total se ha establecido en 70. Todo ello se traslada por ende a los innumerables negocios que sobreviven y crecen gracias al fenómeno productivo y generador de riqueza que nace del desarrollo de las propias corporaciones. Subsisten por tanto oficios y profesiones artesanales (orfebres, bordadores, imagineros…) que de otro modo habrían desaparecido, y que con su supervivencia otorgan variedad al patrimonio cultural local y regional.

Y parte de ése aura que parece proteger a la Semana Santa, de la balsa sobre la que se asienta un desarrollo económico cuyo desgrane daría como mínimo para la confección de varias tesis doctorales, de la continua adaptación y de las perspectivas de futuro, se debe a los cientos de miles de visitantes que cada primavera eligen Sevilla como origen de su destino turístico. De este modo, año tras año los hoteles cuelgan el cartel de no hay billetes.

Por todo ello se hace especialmente vital el cuidado de la imagen que a través de su Fiesta Mayor la ciudad arroja al mundo. Y no hablamos de las proyecciones en FITUR (Feria Internacional de Turismo), ni de otras iniciativas con las que los distintos equipos de gobierno local han tratado en los últimos tiempos de elevar sus perspectivas, sino que es algo más metafísico. En este sentido, es posible que todos, alguna vez, nos hayamos puesto en la piel del visitante que en los días señalados de nuestro calendario camina con cámara y mapa en mano desorientado, aturdido, asombrado por tanto derroche gratuito de belleza, perplejo ante la inmensidad de una demostración mayúscula de solemnidad, devoción y amor. Son sin embargo sus férreas miradas las que deberían causarnos admiración, porque es ahí donde aún podemos hallar una pureza que no ha sido corrompida, ultrajada o manipulada. Tal vez a través de los ojos que nos ven seamos capaces de descubrir algunas de las respuestas que nos dirijan a mejorar una celebración que hoy por hoy evoluciona entre claroscuros.

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Foto: Diario de Sevilla

La Semana Santa se vende sola

José Antonio Martín Pereira | 23 de febrero de 2016 a las 10:52

Tal vez últimamente la proliferación de malas hierbas nos impidan alcanzar el frondoso bosque. Ocurre entre los medios de difusión cofrade y las principales corrientes de opinión que se ha instaurado una negatividad producto de las prácticas observadas, en respuesta al reflejo de pautas de comportamiento generalizadas dentro del contexto actual.

Acudiendo a la Resolución de 4 de noviembre de 2015, de la Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales y de Archivos y Bibliotecas, por la que se incoa expediente de declaración de la Semana Santa como manifestación representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial, encontramos sin embargo aspectos muy interesantes que reflejan en cierto grado el valor o el potencial que adquiere la Semana Santa como celebración socio-religiosa y cultural.

«Desde época medieval, las celebraciones de Semana Santa han funcionado como formas de expresión de la religiosidad popular y como referentes identitarios, no sólo para el mundo católico, sino también para gran parte del conjunto de la población y para las comunidades implicadas, que han convertido a la Semana Santa en un fenómeno plural en el que participan todos los géneros y capas sociales, en muchos casos al margen de la práctica religiosa.

Por otro lado, los aspectos materiales de las celebraciones de Semana Santa (pasos, imaginería, textiles y objetos relacionados) son en muchos casos de un gran valor simbólico y artístico, por lo que forman parte del Patrimonio Histórico español. Dado que generalmente están estrechamente vinculados a oficios tradicionales y talleres artesanos, merecen el reconocimiento y valorización social e institucional. Además, forman parte del patrimonio relacionado con la Semana Santa aspectos como el extenso vocabulario, la música y la gastronomía.

Hay que tener también en cuenta que la Semana Santa en España, como fenómeno plural, tiene una gran proyección internacional, en especial para Latinoamérica, no sólo como referente religioso, sino también como referencia social e identitaria».

Con ello no es de extrañar que surjan iniciativas tal cual la de la productora audiovisual Kreativa Visual, como respuesta al «respeto por el pasado y en ese cuidado por una tradición que hace falta ver, oír, oler y sentir varias veces para llegar a entenderla con el corazón». Una reproducción en la que se exponen algunos de los componentes que hacen de la Semana Santa de Sevilla un acontecimiento que por ser único se vende a sí mismo, atrayendo a miles de visitantes cada año.

Fuente del vídeo: Kreativa Visual

El tiempo para la Semana Santa 2015: escenario idílico

José Antonio Martín Pereira | 27 de marzo de 2015 a las 10:21

La atmósfera y sus componentes son un clásico de la fecha. La Semana Santa, en Sevilla como en prácticamente el resto de España, adquiere cada año un papel emocional superlativo pero también actúa en sí misma como generador económico de cara al turismo. Climatológicamente hablando nos hallamos ante la más estable de los últimos tiempos, ya que las tendencias que se observaban a lo largo de los días previos más que complicarse han ido reforzando esa situación de calma en consecuencia a las altas presiones situadas en torno al archipiélago de las Azores.

Escenario idílico en el que convergen todos los modelos y predicciones, que ha dotado de tranquilidad a las jornadas pretéritas, circunstancia a la que el cofrade está poco acostumbrado, y que invita a pensar (con relativa cautela de cara a los días finales) que viviremos una Semana Santa con riesgo nulo de lluvias y ambiente bastante caluroso. Ni siquiera parece que será necesario aclarar tecnicismos ni desgranar panoramas aún a expensas, eso sí, de que a muchos capillitas frustrados por la poca imaginación se les olvide refrescar conceptos de los que sólo se autodeterminan expertos conocedores durante un par de semanas al año (eso que nos ahorramos). Queda abierta pues la puerta del gozo…

previsión Semana Santa AEMET

Fuente captura: AEMET

Sillitas a tutiplén

José Antonio Martín Pereira | 19 de marzo de 2015 a las 9:40

La Sevilla de estos días cambia el tradicional se hacen capirotes por el nuevo modelo del se venden sillitas. Curiosa regresión de conceptos, justo ahora que el delegado de Empleo, Economía, Fiestas Mayores y Turismo, Gregorio Serrano, a través del Consorcio de Turismo de Sevilla, acaba de promocionar la Cuaresma y la Semana Santa de Sevilla en la británica ciudad de Londres con motivo de la nueva conexión aérea entre ambas ciudades. Esta imagen capta el escaparate de un comercio de la principal arteria comercial del barrio de Triana, por el que reflejará la candelería de la Virgen de la Salud cuando el Lunes Santo esté a poco de convertirse en recuerdo; pero fácilmente podría extrapolarse a otros cientos de negocios de similar tipología repartidos a lo largo y ancho de la capital y sus alrededores.

Las hay de distintos modelos y colores, para satisfacer los gustos del consumidor. Todas, sin excepción, esperan ser partícipes un año más del atentado estético, desmedido y egoísta contra los placeres que rodean al transitar de una cofradía; o lo que es lo mismo, he aquí una de las canteras de las que posteriormente nacerán muros infranqueables regentados por celosos guardianes de acera. Es evidente que la Semana Santa de calle no es la que fue, circunstancia que ocurre en gran parte porque las autoridades locales especulan mucho en la antesala pero llegado el momento esquivan las formas de efectuar remedios. Por ello volveremos a verlas, ya están preparadas a tutiplén.

sillas de los chinosFoto: Moisés Ruz

¿Con el Metro toparemos?

José Antonio Martín Pereira | 6 de marzo de 2015 a las 12:45

Un clásico de la Semana Santa y la Feria de Sevilla, importantes activos económicos de la ciudad, son las huelgas que tradicionalmente se han llevado a cabo desde los diferentes servicios municipales como medidas de presión en atención a solicitudes normalmente relativas a las mejoras laborales.

En esta ocasión la convocatoria parte de plantilla de la sociedad Metro de Sevilla, la cual según informan desde Europa Press, participada mayoritariamente por la corporación Globalvía y en un 11,76 por ciento por la Junta de Andalucía, ha acordado celebrar una jornada de huelga el día 19 de marzo y comenzar una «huelga indefinida» a partir del 29 de marzo, Domingo de Ramos.

Cabe recordar que desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección viajaron en el metropolitano 581.162 viajeros durante la Semana Santa de 2014, lo que la convirtió en la época de mayor afluencia de usuarios desde la puesta en servicio del transporte en 2009. La demanda por entonces se incrementó en un 25,59% respecto a la de 2013, estableciendo la jornada del Viernes Santo un aumento del 137,72% respecto al periodo anterior.

Ante este nuevo escenario, la pregunta que sobrevuela sobre el sector turístico de la ciudad a escasos veintitrés días para que los primeros nazarenos tomen sus calles es clara y concisa: ¿con el Metro toparemos?

metro de sevillaFoto: Metro de Sevilla

¿Estamos preparados para vender la Cuaresma?

José Antonio Martín Pereira | 20 de febrero de 2014 a las 12:34

Una delegación del Ayuntamiento de Sevilla, encabezada por el concejal de Turismo de Sevilla, Gregorio Serrano, presentaba este pasado miércoles en Madrid la oferta cofradiera y gastronómica de Sevilla en Cuaresma con idea de que ésta sirva como potencial reclamo de visitantes. Una campaña de promoción turística de la Cuaresma elaborada a través de una minuciosa agenda en la que se recopilan todos los actos y cultos, además de la gastronomía típica de la época, y que se distribuirá mediante mupis, redes sociales, folletos y las oficinas españolas de turismo.

Una buena iniciativa, sin precedentes, que sin embargo nos va a dotar, a todos, de cierto grado de responsabilidad, porque la Cuaresma, en cierto modo, es patrimonio de esa Sevilla que conforma su gente. Toca, por tanto, enseñar al visitante las grandezas de un tiempo litúrgico enraizado a través de los siglos. Pero no nos engañemos, ¿estamos preparados para vender la Cuaresma? Las cofradías son un pilar de la sociedad sevillana,de eso no cabe duda,  multitud de iniciativas en lo referente a la caridad y al sostenimiento de la fe avalan la necesidad de mantenerlas vivas, y de entregarlas en plenitud a las generaciones venideras. Sin embargo podría decirse que actualmente no están sanas, sucumben a las heridas del protagonismo, las envidias y la codicia por ascender a través de ellas. Pregunte en cualquier hermandad después de un cabildo de elecciones con dos o más candidaturas y entenderá por dónde van los tiros.

Se entiende, por consiguiente y con el debido respeto, que vender la Cuaresma no es lo mismo que vender la Navidad (que ya se hace, y muy bien). Esto es otra liga, más áspera porque aquí son muchos los equipos y es común que encaren sus partidos por separado (o sino cómo se explica que año tras año se dejen por revisar los problemas de horarios e itinerarios). Y dentro del yo soy más que tú, o del mi hermandad es más que la tuya, lo que se pretende ofertar es una galería de actos y cultos en los cuales ni siquiera sabemos la manera en la que tenemos que comportarnos, por mucho que presumamos de asistir a un porrón. Dígale usted a un visitante que se ha hecho mil kilómetros para estar aquí y al que le cuesta una auténtica pasta hospedarse en un hotel del centro que no se acerque demasiado para tomar una foto que llevarse de recuerdo cuando a su lado hay un pseudo-fotógrafo sevillano que está achuchando la cámara para sacar doscientas instantáneas iguales para poderlas subir a feisbu. Muéstrele que aquí unos señores con costal bajo el brazo se plantan y sacan pancartas, o póngale el pinganillo para que escuche esas nuevas composiciones musicales tan de Atasco en Torneo. Que aquí un capataz es más que el Ministro de Economía y pertenecer a una junta de gobierno te sirve, si así lo buscas, para llevar una inmensa llave colgada del cinturón. Dígale también, no se olvide, que aquí el cartel que anuncia lo que vendrá fue filtrado, añadiéndose a una lista de desvaríos que pesa por extensa.

Optemos pues, por la puesta en valor del patrimonio histórico, probablemente ello nos salve la cara. Eso, o correr un tupido velo a base de incienso de la calle Córdoba y confiar en que la idea, que no es mala, cuente con ese grado de suerte necesario que la lleve a enfilar la rampla del Salvador cuando la Borriquita decida medirnos qué hay de niños en nuestro interior. Pasada la Semana Santa optendremos conclusiones.

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El azulejo

José Antonio Martín Pereira | 23 de agosto de 2013 a las 13:18

Corren días, para algunos, en los que la vida fluye y transcurre bajo la circunscripción de la brisa marina. La noción del tiempo y las preocupaciones son otras. Incluso el olvido, partiendo de las propias costumbres, acentúa sus rasgos hasta desdibujarse a sí mismo entre la batería de comodidades. Lo que no cambia, por suerte, es la devoción hacia Aquel que desde San Lorenzo vela por nosotros estemos donde estemos. Presidiendo el balcón de un tercer piso, en un bloque ubicado en la principal arteria comercial de uno de esos núcleos turísticos que fermentan en invierno lo que explotan en verano, un azulejo cerámico del Gran Poder (con túnica lisa) al más puro estilo trianero recuerda a los viandantes lo inexorable del tiempo. Principio y final, único camino…