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Semana Santa 2016: a olvidar

José Antonio Martín Pereira | 30 de marzo de 2016 a las 10:52

La lluvia

La inestabilidad meteorológica prevista se hizo dueña de la primera mitad de la Semana Santa. El Domingo de Ramos, cuando todo parecía en contra, el día logró salvarse por completo con algunos reajustes horarios y recogidas a su hora. El Lunes la jornada quedó a medias, y sólo pudimos disfrutar de las cuatro últimas cofradías de la nómina. Lo peor vino el Martes, cuando se corrieron riesgos quizás bajo el amparo de las cuatro gotas que finalmente cayeron el día anterior. La mojada de los dos primeros pasos de San Benito, los de Los Javieres y San Esteban, con sus respectivos cortejos, dejan probablemente el peor sabor de boca de la pasada Semana Santa.

El uso de las sillitas

Un clásico desde 2008 en prácticamente la totalidad de los balances una vez concluida la Semana Mayor tiene que ver con las ya famosas sillas plegables y el excesivo uso que se les viene dando. Es cierto que este año se ha podido comprobar una reducción de dicha pauta, pero no menos cierto es que el uso de las mismas está lejos de desaparecer, especialmente en determinados entornos por los que transitan varias cofradías a la vez. Cuando se observa a gente joven apoltronada la deducción de lo que supone el problema cívico es bien sencilla.

Revirás eternas y palios de plomo

Tan horrendas son las interminables revirás de los pasos de Cristo, perfectamente ostensibles en puntos concretos como la plaza de la Campana, como la incesante moda a la que se aferran ciertos capataces y que consiste en no dejar que las bambalinas del paso sobrepasen ni un milímetro los varales. No hay nada más bonito que un paso de Cristo o de Misterio andando poderosamente de frente, y un palio seduciendo con su movimiento acompasado.

El comportamiento con los cortejos

Cuestión ésta imposible de resumir en unas líneas, pero francamente palpable en la calle. Va a más porque el respeto en general de la sociedad en la que convivimos decrece. Y lo peor es que este tipo de patrones del gran público empiezan a tomarse por normales, y cada año resulta más complicado hacer estación de penitencia dignamente y sin altercados.

Los abusos del comercio

Otra de las circunstancias que año tras año aumenta merced a la dificultad que supone el control estricto del sector. A lo largo de la pasada semana se ha podido ver incluso como en el interior de locales destinados a la inmobiliaria se vendían bocadillos con refresco a razón de cuatro euros y medio la broma. Luego están los que vociferan cual vendedores ambulantes de playa en medio de la cofradía despachando agua o refresco. Todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida como buenamente pueda, más ahora que el cinturón aprieta, pero tampoco podemos ni debemos dejar que la Semana Santa de Sevilla, objetivo turístico por naturaleza, caiga en las redes de la banalidad absoluta.

Cerro del Águila

Semana Santa 2014: a olvidar

José Antonio Martín Pereira | 24 de abril de 2014 a las 11:36

Las sillitas portátiles

Una de las principales cuestiones de fondo de la reciente Semana Santa vivida. Desde el Ayuntamiento son conscientes de que el problema se ha agravado y requiere de medidas. En este sentido, ya existe una ordenanza municipal de Medidas para el fomento y la garantía de la convivencia ciudadana en los espacios públicos de Sevilla, vigente desde 2008, cuyo artículo 26.3. es bien claro: «No podrá impedirse o dificultar, deliberadamente, el normal tránsito peatonal o de vehículos en las calzadas y aceras, respectivamente».

El mal ejemplo

De costaleros y nazarenos, porque siempre hay quien se disfraza. Los primeros, siempre en el ojo del huracán (costaba ver un costal de color blanco en el palio de La Estrella). Los segundos, dejando ver en algunos casos ejemplos poco honrosos como bien nos recuerdan durante estos días las numerosas fotografías que pululan por las Redes Sociales y vía mensajería instantánea en los dispositivos móviles.

Los lucimientos porque sí

Desde siempre los pasos en Sevilla se han lucido, y ése es precisamente uno de los encantos de su Semana Santa, pero no se puede con ello masacrar los cuerpos de nazarenos. La Capilla del Baratillo cada vez parece más la Basílica de San Pedro del Vaticano, y aquí nadie dice nada.

Las farolas encendidas en Cristo de Burgos

Murió uno de los momentos estelares de la Semana Santa sevillana. Farolas encendidas mientras al Cristo de Burgos le cantaba (extraordinariamente por cierto) Manuel Cuevas. Posteriormente se apagaron las de la propia plaza, pero no las del perímetro como venía siendo habitual. Luz que pareció alimentar los malos modales de parte del público allí congregado. Lo que antes era silencio absoluto ahora ya dejó de serlo.

Los nazarenos a cinco en La Macarena

Me comentaba un miembro de Junta de La Macarena que por qué sus nazarenos no tienen derecho a disfrutar como los demás, y lleva el hombre toda la razón. La Macarena dejó en Campana un minuto de adelanto sobre el tiempo previsto pero a qué precio, mitigando parte de su esencia con sus nazarenos de cinco en cinco. Está claro que urge una acción seria por parte del Consejo en lo que a la reestructuración de los tiempos de paso respecta.

Los niños en la calle Sierpes

La Semana Santa es de los niños, de esa ilusión que les crea ver transitar una cofradía, pero hay que enseñarles hasta dónde deben llegar. En Sierpes corren a sus anchas entres las filas de nazarenos molestando (MO-LES-TAN-DO) a los cortejos, evidencia de la falta de educación expresada en las calles durante los últimos días. Pedir cera o estampitas incluso a nazarenos de negro deja mucho que desear por la parte que a los padres corresponde.

Abucheos a Las Cigarreras

Ocurrió en la Avenida el Lunes Santo, tras el paso de Misterio de la Cofradía de San Gonzalo. Desde la propia Hermandad, e igualmente por parte de la formación musical, han aclarado que se tocaron las marchas previstas, siguiendo el guion establecido. Lástima que parte de ese público que no sale a ver cofradías sino a contemplar otro espectáculo, que además no era el que se sienta en las sillas de la Avenida y sí aquel otro que colapsa los canales de circulación cuando llegan los pasos, no comprendiera que también tiene su encanto visualizar un Misterio a tambor.

Los botellines

Sobre todo los que paseaban ciertos grupos de chavales el Domingo de Ramos. ¿Habrá algo más feo que ponerse delante de un paso con un botellín de cerveza en la mano?

Los vendedores ambulantes

Desde el Domingo de Ramos a primera hora, en El Porvenir, y hasta última hora del Sábado Santo, fuimos testigos de esos señores vociferando «botellitas de agua fresca» incluso cuando se hacían los silencios cerca de los pasos. Ojo, todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida como pueda o considere pero… ¿es esta la Semana Santa que queremos vender?

La basura

Otro de los temas candentes de la Semana Santa que nos dejó. El estado de las calles tras el paso de las cofradías habla del tipo de sociedad que conformamos. El análisis lo escribe por sí solo cualquier estampa recogida.

basura Semana Santa