Nos miran

Alfonso Crespo | 2 de septiembre de 2012 a las 10:49

 

Portugal bajo Salazar. En 2010 el prolífico João Canijo concentró material de archivo para “dar a ver” y desmontar el delirio idílico del país neutral durante la Segunda Guerra Mundial; se llamó Fantasía lusitana. Sin embargo, ya había alguien sobre ese tema y esgrimiendo un escalpelo mucho más afiliado. Hablamos de Susana de Sousa Dias, que en Natureza morta (2005) primero y en 48 (2010) después se ha dedicado a refilmar y manipular ese metraje superviviente para revitalizar su poder latente. El cineasta, entonces, como médium, y el legado foto-cinematográfico como colección de huellas puestas de nuevo en presente a partir de un proceso de extrañamiento. Tanto en la versión fílmica como en la museística –una instalación de tres pantallas contiguas–, Natureza morta obtiene uno de sus más poderosos efectos de la tensión entre lo fijo y lo móvil que introduce el uso de fotografías en el continuum del cine. Así, y jugando con la denominación pictórica, Susana de Sousa Dias despliega lo inanimado por antonomasia, el instante fotográfico como suerte de máscara mortuoria, para en un momento determinado abrirlo a una perspectiva temporal mediante encadenados que resumen el paso de los años y sobredimensionan el poder de las miradas quietas y petrificantes. El terrible vértigo introducido por el correr del tiempo sobre el rostro de los presos políticos documenta el callado sufrimiento de hombres y mujeres sujetos a una inconmovible dignidad, y en la dolorosa, pero también mágica, superación del corte siniestro que introduce todo acto fotográfico que se cree definitivo, se arremolina, desordenado, un concepto de resistencia vigente y válido para la transmisión. Al mismo tiempo, el espectador retiene la idea de lo que supone una dictadura de casi medio siglo.

Pero aquel que fue dueño de las imágenes fijas y móviles también soporta esa metamorfosis, en este caso un pasaje de la primavera al otoño del dictador. Es un tránsito de una honda ambigüedad, pues si por un lado recuerda que al concepto de naturaleza muerta pertenece el de vanitas, por otro no impide que pensemos en las consecuencias de una funesta y doble inmovilidad, la de quien se conjuró para perpetuarse en paralelo a la de una sociedad anestesiada que sólo se puso colectivamente en pie cuando no había más remedio.

 

  • Paco

    Acabada de ver “48”. Una magnífica exploración de la memoria colectiva, de las consecuencias en el cuerpo y el alma de los prisioneros políticos torturados. Lo mejor me ha parecido la acertada duración de cada plano, el tiempo justo para el equilibrio entre imagen y texto. Entre las imágenes que has puesto añadiría, por sorprendente, la de la mujer que sonríe.
    Gracias por este nuevo descubrimiento. Sigo atento.
    Por cierto, tras echarle un vistazo al blog de Santiago, ¿qué hay que hacer para que vuelva a él? No es justo dejarle a uno con la miel en los labios.