Ilusiones

Alfonso Crespo | 23 de septiembre de 2012 a las 19:04

 

“Entonces, tanto los alcohólicos como los criminales son, por razones muy diferentes, comunidades. Es por eso que se entienden. Y es por eso que no pueden hacerse ilusiones sobre sí mismos. Se hacen los listos, pero no se hacen ilusiones sobre sí mismos. Saben algo, saben algo muy profundo. London, cada vez más inspirado, decía: «El alcohol es la razón pura» (risas). Es sublime como fórmula. El alcohol es la razón pura, es decir lo contrario del sueño, lo contrario de la imaginación. Todo esto está en un libro muy bello de London donde encontramos lo peor y lo mejor. Lo mejor es cuando habla de lo que es el alcohol. Se llama El cabaret de la última oportunidad. Era su manifiesto contra el alcohol y tuvo una enorme importancia en los Estados Unidos. Tanto el crimen como el alcohol son comunidades que, según los americanos, podemos llamar «patógenas» puesto que ya no pueden hacerse ilusiones acerca de sí mismas. Vuelvo entonces a mi tema. Puedo muy bien decir que una comunidad es sana desde el momento en que todavía puede hacerse ilusiones acerca de sí misma. Ustedes pueden decir que es falso, que no es verdad, pero lo que intento es reconstituir el pensamiento americano del sueño americano. Haga lo que haga, una comunidad es sana, es fundamentalmente buena y liberal cuando todavía puede hacerse ilusiones acerca de sí misma.

 

De acuerdo, entonces, el sueño americano no era más que un sueño. Pero es por eso que es potente. De allí las fórmulas de Ford: «Yo creo en el sueño americano». No quiere decir en absoluto que el sueño americano es una realidad, sino exactamente lo contrario. Cree en la eficacia del sueño americano en tanto que sueño. Es decir, cree que son todavía una comunidad capaz de hacerse ilusiones sobre sí misma. Y que por eso mismo hay algo bueno en esa nación. Pero no duró. Ya no pueden hacerse tantas ilusiones. Pasaron a un estado mucho más semejante al de la vieja Europa, que desde hacía un largo tiempo ya no podía hacerse ilusiones sobre sí misma. Nosotros éramos especialistas, éramos realmente la civilización de los alcohólicos perfectos. La ilusión no era nuestro fuerte”.

 

-Gilles Deleuze, 25 de enero de 1983. En DELEUZE, Gilles: Cine II. Los signos del movimiento y del tiempo. Cactus, Buenos Aires, 2011.

-On the Bowery (Lionel Rogosin, 1956).

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