La financiación empresarial del futuro

Carmen Pérez | 25 de noviembre de 2018 a las 12:57

TRIBUNA ECONÓMICA, 9/11/2018

Los retos a los que se enfrenta el sector bancario español, que son compartidos en gran medida por otros sistemas bancarios de la eurozona, son objeto frecuente de análisis en nuestros días. Menos usual, sin embargo, es la reflexión sobre la forma en que esta reconversión en la que está inmersa la banca, y que la hará ser distinta en el futuro, va a repercutir en la financiación de las empresas. Y al contrario, cómo el cambio que las empresas están a su vez experimentando hará que la banca modifique su modelo de negocio.

Uno de los retos que suele señalarse como clave para el sector bancario es el de incrementar su fortaleza. Todavía le queda mucho por hacer en cuanto a la reducción de activos deteriorados por la crisis y tienen que continuar adaptándose a los cambios regulatorios pendientes. En este sentido, hay que ser conscientes de que esta conveniente presión regulatoria hará que las entidades sean más sólidas,’ pero es más que posible que esto se traduzca en un mayor coste de financiación para la empresas.

Las nuevas tecnologías también está transformando la financiación empresarial, al facilitar la llegada de nuevos, numerosos y diferentes competidores financieros: desde pequeñas empresas fintech hasta las grandes tecnológicas que se están introduciendo en el mundo financiero. Asimismo, plataformas de crowdlending o esquemas basados en las redes sociales, que ofrecen factoringconfirming o hipotecas. Y fondos que invierten en préstamos corporativos de distinta naturaleza. Así, a las empresas del futuro se les está abriendo un panorama muy positivo, con gran diversificación de las fuentes a las que acudir, pero que exigirá de ellas una mejor formación financiera.

A la banca, por el contrario, esta intensa competencia le obliga a transformarse en una banca con menores costes, más eficiente y mucho más cercana si no quiere perder la vinculación con sus empresas clientes. Un enorme reto, porque además parte de unos niveles de rentabilidad muy debilitados por el impacto de la crisis y por la reestructuración acometida -oficinas y trabajadores- para adaptarse a un menor volumen de negocio.

La tendencia creciente hacia la desintermediación viene a intensificar el efecto anterior. Cada vez en mayor medida la gran empresa está financiándose en los mercados. Y también se están poniendo las condiciones -el Mercado Alternativo de Renta Fija- para que se animen las que no son tan grandes. Ante esto, la banca tendrá que reorientar su modelo de negocio, convirtiéndose en una banca de servicios para las empresas, estableciendo una relación directa y especializada con ellas, que permita que los ingresos por comisiones palien los menores de la concesión de crédito.

Por último, la empresa del futuro será diferente porque tendrá un mayor peso de la inversión en activos intangibles. Los intangibles no son colaterales claros debido a su carácter específico, a las asimetrías de información en su valoración en uso y a su bajo valor de liquidación. A la banca se le plantea otro gran reto: tan dependiente hasta ahora de las garantías físicas, no tendrá más remedio que adaptar sus sistemas de valoración y de supervisión de riesgos.


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