¡gracias, Draghi!

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 22:12

TRIBUNA ECONÓMICA, 25/10/2019

La reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo de ayer fue la última que presidió Mario Draghi, el hombre que llevó a cabo en 2012 una gran hazaña: salvar al euro. “Supermario” llegó en un momento delicadísimo para la Eurozona, pero cogió el mando con determinación y valentía, y pronunció un puñado de palabras que resultaron mágicas. Sin duda, su “haré lo que sea necesario para salvar al euro y, créanme, será suficiente” pasará a la historia. El efecto que causaron fue sorprendente. El euro estaba inmerso en una insoportable tormenta, con bucles diabólicos entre deuda soberana y banca, y con ellas el mago logró calmarla.

La simple comunicación de sus intenciones restauraron la confianza en el euro, y ésta siguió afianzándose a medida con que con sus acciones se comprobaba que no eran palabras vanas. Persistente en su lucha, constante en su propósito, sin rendirse ante la dificultad y paciente ante la lenta obtención de resultados. Mostrando seguridad y calma, incluso cuando le tiraron confetis a la cara. Con inteligencia para saber elegir cuidadosamente las palabras y el tono con el que pronunciarlas: con él la comunicación se convirtió en uno de los instrumentos más importantes de su política monetaria.

Rebelde, se ha enfrentado en todo momento a quienes no compartían sus órdenes, resistiendo a los halcones, alemanes principalmente, que llevaron -sin éxito- hasta el Tribunal Constitucional alemán sus decisiones. También ha soportado duras acusaciones, como la del ministro alemán, Wolfang Schäuble, de haber provocado el ascenso en su país de la extrema derecha. Y ha sido firme ante la fuerte y constante presión desde la banca. Todos ellos han ido denunciando los efectos colaterales que su política provocaba, como el castigo al ahorrador conservador, la anomalía financiera a la que conducía o las burbujas en los precios de los activos, y han cuestionado la debilidad de los resultados en comparación con el esfuerzo monetario realizado.

Al final de su mandato las críticas se han disparado. La vuelta atrás en el crecimiento y en la inflación europeos le llevaron en septiembre a intensificar sus estímulos monetarios. Y volvió a pedir alto y claro que desde otros ámbitos se actuara. Desde su primera intervención reclamó reformas estructurales nacionales, estímulos por parte de los países con capacidad fiscal y una reforma europea: Unión Bancaria, Unión del Mercado de Capitales y un presupuesto europeo fuerte con el que puedan activarse mecanismos contracíclicos estabilizadores.

Y hasta ayer mismo lo ha seguido reclamando. No ha dejado de marcar el camino que había de recorrerse pero sin poder para exigir que se ejecutara. Él, desde el ámbito monetario, sólo podía comprar tiempo para que pudiera llevarse a cabo. En septiembre, en su discurso de despedida ante el Parlamento Europeo, señaló que no se había hecho prácticamente nada. Los políticos europeos, dentro de sus fronteras, han preferido confiarse al “salvador” y a nivel europeo han seguido siendo “tímidamente europeos”, justo la posición que Emmanuel Macron dijo que había que superar cuando llegó a la presidencia de Francia. Adiós y gracias, Mario Draghi.

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