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Sólo un camino

Carmen Pérez | 29 de diciembre de 2019 a las 22:18

TRIBUNA ECONÓMICA, 1/11/2019

Margarita Delgado, subgobernadora del Banco de España, Sabine Lautenschläger; miembro hasta hoy del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo, y Christine Lagarde, desde hoy también, presidenta del BCE, se han pronunciado en los últimos días. Han tratado diferentes temas, pero con un doble fondo común. Las tres reclaman con carácter de urgencia una mayor integración en la Eurozona. Las tres, además, ponen el acento en Alemania

Margarita Delgado disertó sobre la Unión Bancaria Europea en una mesa redonda organizada en el quinto aniversario de su creación. Se centró principalmente en la pata que le falta: el Sistema Europeo de Garantía de Depósitos. En un momento de su discurso mencionó las palabras de Mervin King, ex gobernador del Banco de Inglaterra: “Los bancos internacionales son siempre globales en vida, pero nacionales en su muerte”. Las señaló para subrayar el objetivo de la Unión Bancaria: que las entidades financieras sean una cuestión de la Eurozona, tanto en su vida como en su muerte. La situación de grave debilidad de la banca europea -con Alemania a la cabeza- está pidiendo a gritos la solidez que le conferiría concluir este proceso.

Por su parte, con el título A call for Europe, Sabine Lautenschläger hizo una exhaustiva defensa del proyecto europeo ante el nacionalismo y populismo crecientes. Frente al escepticismo -en 2007, el 57% de la polación confiaba en la Unión Europea, y ahora el 44%- recalcó los beneficios que nos ha reportado estar unidos en cuanto a paz, libertad y prosperidad. Y ante los importantes desafíos a los que nos enfrentamos actualmente, predominantemente globales -aumento de la competencia mundial, el cambio climático o el progreso tecnológico-, literalmente suplica: ¡Europa es nuestra oportunidad compartida!

Y Christine Lagarde, en una entrevista en una cadena francesa, insistió en el mensaje que su predecesor, Mario Draghi, trasmitió alto y claro en su despedida del BCE: la política monetaria tiene ya numerosas limitaciones y poco recorrido para seguir impactando sobre la economía real, urgen políticas más enfocadas al crecimiento en los países con cuentas públicas más holgadas. Pero ella dio un paso más, porque se atrevió a ponerles nombres a esos países, aludiendo explícitamente a Holanda y a Alemania: “¿Por qué no lo emplean e invierten en infraestructuras?, ¿por qué no invertir en educación o innovación?”.

Ante la desaceleración económica de la Eurozona -con Alemania a la cabeza-, la francesa apela directamente a Alemania. La española no la nombra, pero bien es sabido que la falta de avance de la Unión Bancaria se debe fundamentalmente a las reticencias alemanas. La alemana nombra nada menos que 18 veces a su tierra. “Esto no solo interesa a Europa, sino también a Alemania”, dijo, y recordó a Konrad Adenauer, uno de los padres de Europa: “Soy alemán y seguiré siéndolo, pero siempre he sido europeo y me he sentido como tal”. Ahora les falta a las tres repartir por toda Alemania, como octavillas, el magnífico artículo de Martin Wolf en Financial TimesHow the euro helped Germany avoid becoming Japan para que comprendan allí los beneficios que les ha proporcionado Europa.


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