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Hacia la UE del futuro

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 7:54

TRIBUNA ECONÓMICA, 5/6/2020

Algo ha cambiado en Europa. De momento, la actuación mutualizada que todo indica que va a producirse tiene un estricto carácter temporal, encaminada a luchar específicamente contra la pandemia. Pero es un gran paso para una Europa que se ha negado sistemáticamente a funcionar como un conjunto. La palabra solidaridad estaba maldita y, sin embargo, ahora el plan de reconstrucción que se está negociando bajo el mando de la presidenta de la Comisión Europea, la conciliadora Ursula von der Leyen, será financiado directamente por los impuestos de la Unión Europea. Para llegar a este punto, el cambio de actitud de Angela Merkel, la canciller alemana, ha sido decisivo. Posiblemente no la han animado motivos altruistas pero ha tenido la capacidad de comprender la gravedad de la situación y de la posibilidad de que esta crisis económica derive en una financiera. En todo caso, ha constituido otro momento “todo lo que sea necesario” para salvar al euro.

La presión de la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, ha sido crucial para que se cruce este rubicón. Al igual que siempre hizo su antecesor, desde que accedió a la presidencia ha defendido que había que actuar desde el ámbito fiscal al mismo tiempo que desde el lado monetario. Pero el tono de ella ha sido más duro, más firme, casi de exigencia. En la reunión del Consejo de Gobierno del BCE de ayer jueves se congratuló de la propuesta del plan de recuperación “dedicado a apoyar a las regiones y sectores más afectados por la pandemia, al fortalecimiento del mercado único y a la construcción de una recuperación duradera y próspera”. No obstante, éste no elimina la necesidad de que el banco central continúe prestando su respaldo. Y ella tampoco ha defraudado.

Ayer amplió el programa de compra de emergencia pandémica, PEPP, en 600 mil millones de euros, hasta un total de 1.350 mil millones, medida fundamental porque al ritmo que se ha estado comprando desde marzo el programa se hubiera quedado corto. Las compras están dotadas de total flexibilidad: “en todas las clases de activos y entre jurisdicciones”. Además, extendió el horizonte para estas compras hasta finales de junio de 2021, y anunció que se reinvertirán los importes que vayan venciendo al menos hasta finales de 2022. Por su parte, continuará el anterior programa APP en las condiciones establecidas, con una ampliación hasta final de año de 120 mil millones.?

No sólo con el plan de reconstrucción, desde el BCE también se ha dado un gran paso en la formación de la Europa del futuro. No por la fuerza de los estímulos que está estableciendo por el Covid-19, porque el BCE ya había actuado contundentemente en el pasado. Tampoco porque Lagarde esté en cierta manera obviando el reciente fallo del Tribunal constitucional de Alemania desafiando la independencia del BCE, porque en su día también Mario Draghi soslayó las denuncias judiciales alemanas. El hecho que marca una actuación radicalmente diferente es la flexibilidad con la que se ha dotado ahora el BCE para actuar asimétricamente, aportando solidaridad a Europa por la vía monetaria. Christine Lagarde, Angela Merkel y Ursula van del Leyen: ¡vaya tres mujeres!

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