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¡Oigan a Draghi!

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:29

TRIBUNA ECONÓMICA, 21/8/2020

El martes Mario Draghi volvió a hablar. Llevaba callado desde que dejó el Banco Central Europeo en noviembre del año pasado. Le confiaron el discurso de apertura de un importante Encuentro en Rimini (Italia). A decir del presidente de la organización, fue elegido para esa tarea porque “es muy importante escuchar a las personas que han tomado decisiones valientes y altamente competentes en momentos históricos de dificultad”. Draghi habló para los suyos, los italianos, pero sus palabras son perfectamente trasladables para España.

Lanzó una advertencia sobre el alto incremento de deuda que se está produciendo por la pandemia y de cómo ésta puede ser buena o mala dependiendo de uso que se haga de ella. Utilizarla con fines productivos marcará la diferencia: “Invertir en capital humano, en infraestructuras claves, en investigación y desarrollo… es el único modo en el que puede convertirse en deuda buena”. Sin tener un norte claro la incertidumbre minará el empleo, la inversión y el consumo, y la deuda se hará insostenible aunque los tipos de interés sean bajos.

Realizó un desesperado alegato en favor de los jóvenes, calificando de deber moral enfocarse en ellos porque serán los que tendrán que reembolsar esa montaña de deuda. Privar a un joven del futuro es una de las formas más graves de desigualdad. La participación en la sociedad del futuro requerirá que los jóvenes de hoy tengan aún mayores capacidades de discernimiento y adaptación: la educación y la inversión en los jóvenes debe ser prioritario.

Valoró positivamente el fondo de recuperación de 750.000 millones de euros establecido por la Comisión Europea, fundamental para asistir a los países del sur, y pidió que la unión conseguida no sea de carácter temporal. La crisis debe servir para fortalecer Europa, avanzando en la construcción de un presupuesto propio y que se siga emitiendo deuda de forma conjunta, haciendo de este inicio el germen de un ministerio del Tesoro europeo.

Y recriminó a los políticos que no comiencen desde ya a reflexionar sobre el uso que van a dar a los nuevos recursos: “ahora es el momento de tener sabiduría para elegir el futuro que queremos construir”. Que piensen en el largo plazo, que dejen de lado las disputas electorales, que es inaceptable -siempre, pero más en estos momentos- que los gobiernos actúen movidos por objetivos con beneficio político inmediato.

El caso es que estas cuatro recomendaciones no son diferentes a las que Draghi ya hizo durante sus ocho años de mandato al frente del BCE, pidiendo de forma machacona tanto reformas estructurales nacionales como el perfeccionamiento del funcionamiento de Europa. Su falta de éxito en este sentido ha sido una de las principales críticas que ha recibido: que la ayuda a los gobiernos facilitándoles que se financiaran barato sólo servía para que se acomodaran. Nueva crisis y nuevos apoyos, y ahora no sólo desde el ámbito monetario. La ayuda para España será cuantiosa y se nos exigirá total responsabilidad a la hora de utilizarla. Esperemos no tener que suplicar que vengan hombres de negro desde Europa porque nuestros políticos sean incapaces de alcanzar un pacto de Estado para relanzar a España.

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