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Una parada en el camino

Carmen Pérez | 23 de octubre de 2020 a las 8:19

TRIBUNA ECONÓMICA, 17/7/2020

Como se esperaba, el Banco Central Europeo no movió ficha en la reunión de ayer. Desde que empezó la pandemia ha puesto mucha carne en el asador y era momento de hacer una pausa. El éxito conseguido hasta el momento, conteniendo la bajada de la inflación y dejando bajo control las primas de riesgo soberanas, le ha permitido tomarse un respiro. También la pausa ha sido posible porque las proyecciones macroeconómicas -caídas del PIB- no han sido tan desastrosamente malas como podrían haber sido. En el comunicado, sin embargo, reitera que ahí están ellos, dispuestos a lo que sea necesario: “El Consejo de Gobierno sigue estando preparado para ajustar todos sus instrumentos según proceda”.

Y es que el camino promete ser largo. Hace poco, el economista jefe del BCE, Philip Lane, advertía que “la débil demanda, las continuas restricciones de oferta y las continuas restricciones de distanciamiento social están obstaculizando la normalización de la actividad económica”. Dio por hecho que no se volverá a los niveles previos a la pandemia hasta finales de 2022, como pronto. Y los temores a una segunda oleada del virus que comprometa esta recuperación que apenas se ha iniciado son fuertes. Así que, posiblemente en septiembre o en diciembre vuelvan a la carga, bien incrementando las compras o bien flexibilizando más las actuaciones que pusieron en marcha.

Pero hacer esta parada también le permite al BCE esperar y ver qué hacen desde la Comisión Europea. La cumbre de líderes europeos para negociar los pormenores del fondo de reconstrucción comienza mañana. No está fácil el acuerdo. Angela Merkel ha manifestado su disposición a comprometerse a que parte de los 750 mil millones de euros sean en forma de donaciones, pero no todos los países están dispuestos a secundarla. Esta misma semana pidió a los otros líderes “mirar más allá de las cifras”, pero el primer ministro holandés, Mark Rutte, uno de los principales opositores, manifiesta cada vez que tiene ocasión que está “sombrío” alcanzarlo.

Ayer Christine Lagarde alabó las tres redes de seguridad ya aprobadas, por valor de 540 mil millones de euros, pero no lo considera suficiente. Manifestó que “la UE debe alcanzar un acuerdo rápido y ambicioso”, con medidas de carácter específico y temporal que apoyen a las regiones y sectores más afectados, basado en políticas estructurales sólidas para rejuvenecer las economías, y enfocado en áreas prioritarias como las transiciones verdes y digitales.

Ella no es una gobernadora al uso, su pasado político la condiciona, recordemos que fue ministra de finanzas en Francia y presidenta del FMI. Y eso le lleva a entrometerse en lo que debe hacerse desde el ámbito fiscal. Pero tampoco es de extrañar que lo haga, porque valiente “marronazo” le cae si ese acuerdo no se alcanza. Tendría que remediar con instrumentos monetarios una recuperación desigual, con la dificultad que entraña conseguir que en esas condiciones se trasmita de forma uniforme la política monetaria. Y mejor no hablar de lo que le tocaría hacer si en algunos de los países más perjudicados y que parten de niveles de deuda elevados se desata el temido y perverso bucle banca y deuda soberana.

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